El 30 de octubre había llegado con una mañana neblinosa, los cuervos cubrían la luz del sol girando en círculos sobre la guardería.
Sammy los seguía con la mirada mientras esperaba a que Clark lo recogiese, sosteniendo la máscara de cuervo que había hecho en clase.
Se habían pasado el día en el recreo y los alrededores de la guardería recogiendo plumas de cuervo para la máscara. Él la había hecho con el plástico de una libreta antigua, pintandola de negro y pegando las plumas. El pico era de cartulina negra y como no tenía una goma estaba sujeta a un palo para poder ponersela.
Estaba casi solo y Clark venía corriendo a por él, a mitad de camino, está vez no sería el último en irse.
- ¿Que es eso? ¿Lo has hecho hoy?- preguntó Clark cogiéndolo en brazos.
- Si, es mi máscara para la noche de los muertos.
- ¡Yo también hice una cuando era pequeño, te ha salido muy bien!- exclamó observándola.
- Gracias papá.
Clark calló y miró al frente, un tanto abrumado.
- No soy papá Sammy, soy tu hermano mayor- trató de explicarle- ¿Lo entiendes?
Sammy no respondió y eso lo hizo sentirse aún más extraño. Al llegar a casa comenzó a hacer la comida, echo en falta algo y entró al salón, donde estaba Junior hablando por la CB.
- Junior, ¿Dónde está mamá?- le preguntó.
- En su cuarto- contestó encogiéndose de hombros- lleva allí desde anoche, no se ha levantado.
- ¿Le preguntaste dónde estaba el dinero de mi sueldo? Lo puse encima de el microondas y no lo veo por ninguna parte.
- Dijo que no sabía dónde estaba.
- Todas las semanas lo mismo. Voy a hablar con ella, tendría que levantarse para comer, lleva horas durmiendo.
Clark abrió la puerta furioso.
- Estoy cansado de que cojas el dinero sin mi permiso y lo gastes, lo necesitamos...
Un horrible hedor, tan intenso que nada más llegó a sus fosas nasales le produjo una fuerte arcada. Se tapó la nariz y la boca, todo por que ese fuerte y desagradable olor se suavizara. Entonces vio a su madre con el cabello hacia atrás, esparcido sobre la almohada, la piel gris y los ojos abiertos blancos.
Sobre sus labios estaba el rastro seco de la sangre que había salido a borbotones de su nariz y que llegaba hasta su pecho manchando su camisón blanco. En uno de sus brazos, abiertos en cruz, estaba aún atada una banda elástica con un fuerte nudo. En la mano del brazo opuesto estaba la jeringa, apenas sostenida entre los rígidos dedos de su mano abierta.
Clark movió ligeramente la bandeja metálica llena de cocaína que había en su regazo.
Junior apareció detrás sigilosamente y se quedó observando la escena sin taparse la nariz, como si el olor no le llegase.
- ¿Como se lo vamos a explicar a Sammy?- preguntó Junior con frialdad, sin quitar los ojos del cadáver.
Clark pasó la mano sobre los ojos de su madre para cerrarlos y la envolvió con la sábana sobre la que se encontraba.
- Ayúdame a llevarla al patio trasero- dijo Clark tratando de cargar con ella.
Junior la agarró por los tobillos y ambos la sacaron al patio trasero y la metieron en una nevera.
- ¡No podemos tenerla dentro de esa nevera!- exclamó Junior- ¡Hay que llevarla a un cementerio!
- Un entierro vale dinero, Junior y no tenemos nada.
- ¿Que vamos a hacer entonces? ¿Incinerarla?
- Si, pero eso también vale dinero, tendremos que hacerlo nosotros. Nadie puede saber que está muerta.
Junior tragó saliva y se quedó quieto. Clark rebuscó entre todos los bártulos que rodeaban la casa, deteriorándose a la intemperie y encontró un bidón rojo de gasolina. Lo trajo hasta allí y lo dejó sobre el suelo.
- Mueve el frigorífico hasta que esté alejado de todas nuestras cosas. Iré a buscar cerillas.
- Está bien- contestó Junior empujandolo con todas sus fuerzas hasta colocarlo lejos de la casa.
Su hermano mayor apareció de nuevo, se agachó para coger la botella y la colocó encima del frigorífico junto con la caja de cerillas y un frasco de cristal.
Comenzó a recoger palos que encontraba y los colocó alrededor del refrigerador.
Cuando estuvo rodeado por completo le dio el frasco a Junior y roció todo el frigorífico con el contenido del bidón hasta que no quedó ninguna parte sin empapar.
Encendió una cerilla y la arrojó sobre los palos amontonados, enseguida el frigorífico prendió y una enorme humareda fue ascendiendo creando una nube gris en el cielo.
Ambos se sentaron en unas sillas de plástico a observar el fuego.
Junior comenzó a llorar y se apoyó sobre el hombro de Clark agarrando su brazo mientras sostenía el frasco entre sus rodillas.
Clark también lloraba y acariciaba la espalda de su hermano que gimoteaba y moqueaba.
- ¿Qué pasará con nosotros? Aún no tienes 21, nos llevarán a un orfanato y nos separarán.
- No pasará nada de eso, estaremos todos juntos.
- Promételo.
- Te prometo que no nos separarán. Pero tenemos que fingir que ella está viva ¿De acuerdo?
Junior se abrazó con fuerza a él, viendo cómo la nevera era poco a poco consumida por el fuego.
- ¿Dónde está mamá ahora?- preguntó.
- Está en el cielo mirándonos, estará siempre con nosotros aunque no la veamos.
Junior miró al cielo, a las nubes blancas que se veían a través de la humareda y los cuervos que volaban revolucionados de un lado para otro. Descendió la mirada en lo que le habían parecido segundos y miró al frente, a la nevera reducida a cenizas y el ya consumido fuego.
Se levantó y se agachó frente a la montaña de cenizas mientras abría el frasco para rellenarlo. Cuando ya lo había cerrado y estaba poniéndose de pie, un viento se levantó y se llevó lo que quedaba de la montaña
- ¡No! - exclamó al ver que todo se esfumaba convertido en polvo y se hacía uno con el aire.
Clark le tocó el hombro y ambos se fueron a casa a comer. Junior colocó el tarro en la silla donde se sentaba su madre. La comida fue escasa como siempre, pero sobria y silenciosa como nunca, solo había miradas esquivas y cabezas agachadas.
Junior solo removía el plato, a penas comía y Clark lo hacía tan despacio que cada vez que miraba el reloj las manecillas se habían movido.
Parecía mentira que existiese algo que pudiera quitarles el hambre incluso a ellos.
Jason tampoco había comido, pero en cambio no era por falta de hambre. Estaba pegado al teléfono esperando a que su hermano mayor Patrick lo cogiese mientras abría un paquete que le había enviado.
El él había una carta, al levantarla vio una bola de nieve con una estatua de la libertad en el interior, rodeada de bolas de porexpan como amortiguador.
Abrió la carta y quitó el sello para guardarlo junto con los otros sellos de su colección.
"Hola Jason, te escribo para decirte cada vez estoy más cerca de casa. Espero que te guste mi regalo, no es mucho, pero estoy reservando un regalo mejor para darte. Esta navidad voy a volver a casa para cenar con la familia, estoy deseando veros a tí, a mamá y a papá y presentaros a Sissy, finalmente nos hemos prometido. Nueva York es una ciudad muy alborotada, siempre hay ruido y gente, seguro que te gustaría, no se parece nada a lo que conoces. Espero que me cuentes qué tal te va. Un abrazo, Patrick."
Colocó la bola sobre la chimenea, junto a las muchas otras que le había ido regalando y se fue a la mesa a escribirle una carta de respuesta.
"Hola Patrick, me gustó mucho el regalo que me enviaste. En casa te echamos mucho de menos y estamos deseando verte por aquí.
Muchas gracias por todo y espero que todo te vaya bien con Sissy en Nueva York. Tengo muchas ganas de verte estas navidad. Pienso en ti todos los días y te echo mucho de menos, ojalá puedas quedarte por un tiempo. Todo me va bien. Estoy muy contento por la noche de los muertos, iré a pedir caramelos con mis amigos pero aún no se de que disfrazarme aunque tengo mucho tiempo para pensarlo. Incluso estoy enamorado de alguien pero no te puedo decir quién es hasta que vengas, es un secreto. Te quiero mucho. Un abrazo. Jason."
Rebuscó en los cajones y encontró la carpeta donde guardaban los sobres y sellos para enviar las cartas.
Dobló el papel y lamió los bordes de la solapa para cerrarlo y finalmente pegó un sello.
Volvió a llamar al teléfono, de pie con la espalda pegada a la pared, pero no obtuvo respuesta. Colgó y se fue a la cocina tras escuchar ruido de artilugios
- ¿Que estás haciendo mamá?- preguntó Jason acercándose a la encimera.
- Son galletas para la noche de Halloween, después le coseré las plumas a tu túnica de cuervo.
- ¿Te puedo ayudar?
- Claro, saca las que están están en el horno. Ahora te daré el rodillo para que aplanes la masa y recortes las formas.
Jason se puso el guante para el horno y saco las galletas, dejándolas sobre la encimera. Su madre le dio el rodillo él empezó a amasar.
- ¿Hoy no trabajas?- preguntó Jason.
- No, hoy nos han dado el día libre.
Ella agarró de repente la cuchara con masa de galleta y la acercó a la boca de Jason. Este giró la cara con un gesto esquivo.
- ¿No quieres?- preguntó extrañada- Siempre chupabas la cuchara cuando hacíamos galletas ¿Ya no te gusta?
- No, ya no- contestó riendo mientras cortaba la masa con los moldes en forma de murciélago y los colocaba en una bandeja para hornearlos.
- Eso puedo hacerlo yo, ve a ver si tu padre necesita ayuda con la decoración de la casa.
- Está bien- dijo Jason besando su mejilla.
Salió afuera, su padre estaba sobre la escalera colocando las telarañas en la fachada de la casa.
- ¡Mamá me manda por si necesitas ayuda!- exclamó Jason.
- Pon las lápidas en el césped y cuelga el esqueleto en el árbol. Cuando termine de poner las telarañas pondré las luces en la puerta.
- ¿Tenemos calabazas para ponerlas en el patio?
- Si, queda vaciarlas y poner las velas para mañana. Luego le haremos cara a cada una de ellas.
Mientas Jason ayudaba con los preparativos, Jack aún no había salido del instituto. Él, su padrastro y su madre estaban en el despacho del director que tramitaba para él una expulsión de tres semanas del instituto.
- Lo que quiero que entiendan es que el comportamiento de Jaqueline puede darle problemas en un futuro. Lo que ha hecho figurará en su expediente- comentó el director apuntando sobre un papel impreso- en este instituto no toleramos conductas violentas, si bien es cierto que en el instituto hay un serio problema con la violencia no es porque nosotros como institución alentemos a ello.
- Por dios, ¿Que es exactamente lo que ha hecho?- preguntó su madre preocupada.
- Se ha peleado con un muchacho a golpes.
- ¿Con un muchacho?
- Me llamó marimacho- se justificó Jack.
- ¿Quién es el chico?
- Bryan, está un curso por encima de ella-aclaró el director.
- Tampoco tenía que llamar así a mi hija ¿A él no le pasa nada?
- Ese tipo de cuestiones tienen que atenderse con el profesorado.
- Entiendo que mi hija esté expulsada, yo en su lugar la expulsaría, pero Bryan también merece un castigo.
- Bueno, recibirá una penalización si eso la deja más tranquila. Pero en caso de que este tipo de conductas se prolongen en el tiempo nos veríamos obligados a tramitar una expulsión definitiva.
- Lo entendemos- dijo el padrastro de Jackie- veremos lo que podemos hacer y le pondremos un castigo por nuestra cuenta.
- ¡Pero si aún no he terminado el castigo que me habéis puesto!
- ¡Bueno, ya veremos qué hacemos contigo!
- Ya pueden irse- dijo el director tendiéndoles la mano- encantado de conocerlos.
- Buenas tardes- se despidió la madre de Jack agarrándolo del brazo- y disculpe a nuestra hija.
Se montaron todos en el coche donde les esperaba Liam riéndose de la situación.
- No tiene ninguna gracia, se comporta así por imitarte a tí- le recriminó la mujer con rabia- no la arrastres a tu camino.
- ¡Y qué culpa tengo yo de que me imite!- se reveló al sentirse atacado.
- Ya está bien- dijo su padre- ¡Nada de contestar!
Liam refunfuñó y se quedó en silencio hasta que aparcaron en el garaje de casa. Jack abrió el buzón esperando a que le llegase una cinta de VHS de artes marciales que había pedido por la teletienda, pero se regresó con las manos vacías y se sentó junto a la chimenea.
- ¿Tienes tu traje de cuervo listo?- preguntó Liam que acababa de aparecer tras el, agachandose. Jack seguía mirando al fuego, sobre la alfombra con el calor enrojeciendo sus mejillas.
- Si, está listo para mañana- contestó Jack con un tono sombrío, sin girar la cabeza.
Liam se levantó y subió las escaleras, en ese mismo instante su madre apareció en la habitación con un par de cintas y se sentó con su padrastro en el sofá.
- ¿Quieres ver la cinta de el programa en el que has salido Jackie?- preguntó su madre, sin hallar respuesta.
- Tu último concurso- aclaró su padre- Jackie, cariño, di algo.
- No quiero verla, no quiero ser una reina de la belleza, quiero pelear.
- ¿Otra vez con las peleas? ¡Jackie! ¡Ven aquí! ¿No has aprendido nada de lo que te acaba de pasar?
Jack se levantó en silencio y se dirigió a las escaleras bajo las cuales se encontraba la puerta del polvoriento sótano. Descendió por unos pequeños escalones y pulsó el interruptor.
Parte de la oscuridad desapareció gracias a la bombilla que colgaba del techo, alumbrando tan solo un círculo de cajas alrededor de un espejo a cuya izquierda, donde estaba el perchero con el uniforme de oficial de la marina y la gorra.
El sillón verde de su padre estaba en medio de aquel círculo junto con una mesilla que tenía sobre ella el gramófono.
Lo había colocado todo correctamente, como lo tenía colocado su padre en vida.
Rebuscó en una de las cajas y puso un disco de Elvis Presley.
- Lying by your side, I watch you sleeping...And in your face the sweetness of a child...Murmuring the dreams you won't recapture...Though it will haunt the corners of you mind.
Cogió el disfraz de Elvis de su padre y se lo probó mientras se sentaba en el sofá, encendía la pipa y ojeaba el álbum familiar.
Su madre estaba oyendo una extraña música, pausó el vídeo y se levantó, caminando por el pasillo hasta la puerta del sótano
Pegó el oído a la puerta y al ver que el sonido venía de ahí bajó los escalones y se acercó apresuradamente.
-Oh, I've lost you, yes, I've lost you...
I can't reach you anymore...We ought to talk it over now...
Apagó el gramófono y levantó a Jack de un tirón de brazo.
- ¡Ya te he dicho mil veces que no bajes aquí! ¡No quiero escuchar ni una sola canción de Elvis
- ¡También era mi padre!- exclamó soltándose- ¡No sólo era tu marido, también era mi padre!
- ¡Quítate su ropa! ¡VETE DE AQUÍ!
Jack salió corriendo escalones arriba,
- ¡No quiero volver a verte aquí dentro!- le gritaba desde abajo.
Jack subió a su cuarto y se metió en la cama echando la colcha por encima. No salió de ahí hasta la hora de cenar y nada más hacerlo volvió a subir.
Escondido bajo la colcha miraba el reloj esperando a que llegasen las doce, se había cambiado de ropa y acostado ya vestido.
En el mismo instante en que dieron las doce en punto salió rápidamente de la cama y se puso las botas, unos vaqueros y la chaqueta de su padre.
Abrió la ventana, con cuidado de que no se escuchase y saltó descendiendo por la fachada.
Caminó en el frío hasta Hubert, junto con Liam y ambos esperaron a una oscura explanada hasta que llegaron Cincinnati, Maurice y Heinrick.
- ¿Aquí es dónde os peleais?- preguntó Jackie.
- Si, pero tú solo te quedas mirando y no te metes, hazme ese favor- le pidió Liam.
- ¡No soy una gallina, si somos más pelearemos mejor!
- ¡Te van a dejar la cara como un cromo, esos tipos miden dos metros! ¡Yo estoy temblando!
- Ya casi llegan los skinhead- dijo Maurice mirando su reloj.
- ¿Qué es un skinhead?- preguntó Jack confuso.
- Pues un cabeza bola adorador de Hitler, son nuestros enemigos- contestó Maurice- ya tienen que estar al llegar.
Jackie vio unas siluetas muy altas a lo lejos, armadas con bates, acercarse rápidamente.
Sin que le diera tiempo a reaccionar Bast le dio un batazo en la cara a Liam y le dejó la boca sangrando, en acto reflejo Jack agarró con fuerza el bate para quitárselo.
- Esto es una pelea de hombres, hazte a un lado- le advirtió Bast apartándolo.
- Si es una pelea de hombres entonces no tengas miedo de pelearte conmigo- se encaró, poniéndose en su camino.
- Te voy a hacer daño, yo no me peleo con chicas- se mofó agachándose a su altura- no estamos a la misma altura y tiene que ser una pelea justa.
En respuesta le escupió en la cara, consiguió arrebatarle el bate y con él le golpeó de vuelta dos veces.
- ¡Serás hija de puta!- le gritó lleno de furia persiguiéndola con los puños cerrados para golpearlo.
Jack corrió a toda velocidad sujetando con todas sus fuerzas el bate y mirando hacia atrás para ver si aún le seguía. Veía al resto pelearse a puños limpios con los Fumigadores.
Esquivando puñetazos se cayó al suelo y Bast le intentó agarrar las piernas, pero daba patadas al aire para impulsarse y lograr ponerse en pie y alguna que otra le rozó las manos.
Finalmente lo agarró, aún llevándose una patada en el estómago, le quitó el bate y cargó con él sobre su hombro.
- ¡Suéltame!- se sacudía con fuerza.
- ¿Que pasa ahora leona, ya no eres tan dura?
Lo arrojó sobre la hierba y le dio una patada en un costado. Jack chilló del dolor y se contuvo las lagrimas.
- Te dije que te iba a hacer daño- dijo Bast con una media sonrisa, le echo una última mirada con desdén y se marchó a pelearse con el resto.
Jack se levantó de un salto y lo persiguió corriendo embistiéndolo para tirarlo al suelo y le inmovilizó los brazos hacia atrás, sin éxito porque Bast pudo liberarse fácilmente y volvió a perseguirla hasta que esta llegó a un terraplén.
- Te tengo acorralada.
- Ven a por mí entonces.
Bast trató de empujarla pero se agachó para agarrarle las piernas y tirarlo al suelo. En el suelo lo agarró del pelo furioso.
- ¿Tu de dónde has salido eh, marimacho?- le preguntó riéndose - ¿Te crees que me vas a hacer daño?
Comenzaron a forcejear y a deslizarse por el terraplén rodando. Ambos se pegaban a ciegas porque estaba tan oscuro por los arbustos y descendían tan rápido que ni se veían. A Jack se le enganchó la chaqueta en un arbusto, para que no se rasgase solto las muñecas de Bast, agarró el tallo y trató de desengancharla. Bast continuo cayendo terraplén abajo hasta aterrizar en unas zarzas.
- ¡MALDITA ZORRA, CUANDO SUBA AHÍ ME LAS VAS A PAGAR!
Jack le hizo la peseta y se marchó airoso. A su hermanos lo habían apaleado pero bien, tenía la nariz sangrando hasta el cuello y los demás también estaban hechos un cromo. Le hicieron un gesto para que se acercara rápido y salieron todos juntos corriendo, con el resto de Fumigadores detrás y la persecución duró hasta que se cansaron de seguirlos.
- ¡Nos han machacado, madre mía!- dijo Liam limpiándose la nariz- Que faena.
- ¿Nos vemos duros?- le preguntó Maurice a Jack.
- ¡Y una mierda, si os habéis ido corriendo, sois unos cobardes!- exclamó Jack ofendido- habéis dejado que nos ganen.
- No te enfades, Jackie, nos han puesto la cara como un cromo, si no nos retiramos nos mataban - contestó Cincinnati.
- ¿Y tú dónde estabas?- preguntó Heinrick.
- Peleándome con el líder, se ha quedado atrapado en unas zarzas y mírame, ni un rasguño - presumió- yo no me he rajado.
- ¡Qué fuerte! ¿Le has ganado?
- ¡Claro que si, no soy una gallina!
- ¡Eres dura de pelar, Jackie!- exclamó Cincinnati chocándole la mano, todos lo hicieron menos Liam.
- ¿Qué le ha pasado a tú chaqueta?- preguntó Liam.
Jack se miró la manga, no se había percatado de que el cuero se había rajado.
- ¡No! ¡Era de mi padre!- exclamó apenado.
Heinrick se quitó un parche de una esvástica tachada de su chaqueta, que llevaba sujeto con imperdibles y lo colocó para cubrir el roto.
- Esto es para tí, por las agallas que has tenido- le dijo.
Jack lo observó orgulloso durante todo el camino a casa, al llegar trepó la fachada nuevamente. Se desnudó, se puso el pijama y se echó a dormir, derrotado.
A la mañana siguiente madrugó, le dolía todo el cuerpo y la somnolencia no lo dejaba abrir del todo los ojos.
Se sentó a desayunar, su madre enseguida se percató de los nudillos desollados y sanginolientos de su hija, cuyas manos se apoyaban en la mesa como si nada.
- ¿Qué te ha pasado en las manos? -preguntó- Hoy tienes concurso en Oregon, Jackie.
- Lo sé- contestó secamente.
- ¿Te has peleado está madrugada, verdad? No tenías esas marcas anoche.
- ¡Si, me he peleado! ¿Contenta?
- ¡Ni castigándote me libro de pasar malos ratos contigo! Dime, ¿Que ganas, eh? ¿O que pasará cuando te lleves un susto y te hagan mucho daño? ¡Será porque en este pueblo no hay gente violenta...! Y tu, mírate, buscándote problemas. En los concursos ganas dinero, medallas, trofeos, éxito ¿Que ganas con pelearte?
- Podría ganar trofeos, medallas y éxito si me metéis en clases de lucha, quiero practicar para participar en torneos oficiales.
- ¡Otra vez con eso!- exclamó su padrastro- No hay clases de lucha para chicas en este pueblo y no vamos a fomentar a que seas violenta ¿Por qué la lucha? ¿No quieres hacer cualquier otra cosa? Las niñas no se pelean, Jackie ¿Cuantas chicas que conoces quieren meterse a lucha? ¿Cuántas que se peleen con los chicos?
- Papá me enseñó todo lo que se, puedo ganarle a los chicos, Se qur estaría orgulloso de mi, ¿Por qué no lo entiendes?
- ¿Por qué quieres parecerte a él?
- Los McKinney quieren ser pilotos como su padre, Vincent es carpintero como el señor Cooperson ¿Que problema hay?
- Los chicos se quieren parecer a sus padres y las niñas a sus madres, no suele ser al revés.
- ¡Y qué queréis!
- ¿Por qué tu padre y no yo?- preguntó - hay cosas que puedo enseñarte, también puedes aprender de mí.
- Porque papá era oficial de la marina y fue campeón de lucha de pequeño, el padre de los Cooperson sobrevivió al Vietnam y tuvo un título militar. ¿Y su mujer? Nunca pudo llegar a ser pianista, tiene cinco hijos y su marido le pega día si y día también. Se pasa el día limpiando, cocinando y sirviendo a seis personas.
- Nosotros no somos los Cooperson.
- ¿Y? No acabaste los estudios, nunca pudiste ser policía, te casaste con papá y dejaste de trabajar para tenerme, viniste a EEUU y tenías que hacer todo lo que él te decía porque todo el dinero era suyo y ahora que está muerto haces lo mismo pero con otro hombre. Lo único que has hecho es tener una hija y casarte, esa no es la vida que quiero para mí.
- Pídele perdón a tu madre, Jackie- le riñó su padrastro.
- ¡No eres mi padre, no puedes darme órdenes!
- Te cuida como si lo fuera- le defendió su madre entre lágrimas- cuidamos de tí y te queremos ¿Por qué nos tratas así?
- Me abandonaste cuando murió papá, tenía siete años y me dejaste ahí solo porque te recordaba a él. No tengo la culpa de que nos parecezcamos ni de qué tu quieras olvidarlo.
Si no fuera por él no hubiera podido defenderme del infierno que me hicieron pasar ahí dentro ¿Dónde estabas tú?
Su madre se levantó y le dió un bofetón.
- Ni siquiera os necesito, cuando te necesitaba no estabas ahí.
Recibió otro bofetón y el padre de Liam la retuvo.
- ¡Sube a tu cuarto y no bajes! ¡Saldrás solo para ir baño y esta noche para la celebración de la noche de los muertos! ¡Pero no irás a pedir caramelos!
- ¡Pues muy bien!
- Corregiremos tu comportamiento, respetaras a tu padres.
- ¡Nunca serás mi padre!
Jack subió a su cuarto y dio un fuerte portazo. Se metió bajo las sábanas y trató de echarse a dormir, lo cual no fue difícil por el fuerte sentimiento de cansancio.
Liam había bajado a la cocina y cuando lo vieron magullado, su madrastra lo culpó de ser una mala influencia para Jack, la cosa empeoró y se pasaron el día discutiendo entre ellos.
Durmió toda la tarde y a las seis su hermanastro pegó a la puerta. Jack se levantó y le abrió, estaba completamente vestido de cuervo con una máscara de cartón pintada de negro.
- Ha llegado la hora- dijo - ponte el traje de cuervo.
Jack se vistió rápidamente y al salir descolgó el farol que tenían en el porche.
Los Cooperson se prepararon mucho antes, pues vivían más lejos.
- ¡Papá!- había dicho Frank- ¿Son necesarias las alas?
- ¡Si quieres a tu hermana si! ¡Quiero que parezcais cuervos de verdad.
Los Cooperson llevaban un traje de plumas completo que tenía incluso unas botas que imitaban las patas del animal y unas grandes alas en la espalda.
No llevaban una careta si no una máscara muy elaborada con un pico de arcilla y una estructura interna de papel maché y alambre, recubierta de plumas.
Todos caminaban hacia la plaza del pueblo cargando cada uno con un candelabro en sus manos, cubiertas por guantes negros.
A las siete en punto llegaron, a la misma par que los Stevens y los Steele.
Megan y su madre llegaron con unos segundos de diferencia y a partir de ese momento comenzaron a llegar todos los habitantes del pueblo hasta que la plaza quedó completamente llena.
Megan buscó a Jason en la multitud y se acercó a él. Ambos llevaban el mismo traje, vestidos al completo de negro con una túnica larga con una capucha ancha, cubierta de plumas al igual que sus caretas de cartón, que tenían grandes agujeros para los ojos y un largo pico de cuero curvado. En una de sus manos, enfundadas en guantes de cuero sostenían una vela larga.
El alcalde, con un traje de cuervo que superaba al de los Cooperson se subía a una plataforma elevada. Se veía como una oscura silueta de enormes alas abiertas, alta y siniestra.
- Buenas noches Culvert- dijo el alcalde mientras una luz a lo lejos lo iluminaba, dejando así de ser una extraña sombra- en breve dará comienzo la noche de los muertos. Como todos los años, la empezamos con una historia.
Jeffrey extendió los brazos para acercar un gran libro antiguo y pesado a su padre, que lo abrió por la mitad.
El público enseguida se giró, tras ellos se proyectaba un espectáculo de sombras grabado, sobre un gran telón.
- Un día como cualquier otro en 1863, un hombre llamado Ronald Hostetter, experto en las artes negras estaba practicando brujería como de costumbre. En Culvert lo llamaban, el brujo del pueblo. Ronald vivía aislado en una casita, perdida en el amplio y frondoso bosque. Una tarde un hombre importante pegó a su puerta y le pidió que usará sus conjuros para traer de nuevo a la vida a sus dos pequeños sobrinos que habían fallecido por unas altas fiebres. A cambio, no sería condenado a muerte por sus crímenes contra Dios. Ronald aceptó y se adentró al centro del bosque donde según el, se encontraba uno de los portales que unían el mundo de los vivos y el mundo de los muertos y trajo de nuevo al mundo de los vivos las almas de los dos niños. El pueblo se enteró de lo sucedido y se reveló contra el padre ¿Por qué tus hijos tienen derecho a vivir y los nuestros no? preguntaban rodeando la casa del poderoso en protesta, exigiendo que todos los niños que habían muerto en el pueblo por las fiebres fueran devueltos a la vida. Por temor a las represalias, fue en busca de Ronald una vez más y le pidió que abriese de nuevo el portal y permitiese cruzar a todos los padres de aquellos niños. Ronald se negó y les explicó que los muertos pueden pasar al mundo de los vivos, pero los vivos no deben pasar al de los muertos. Solo las personas que han estado muertas y han vuelto a la vida podían cambiar de un mundo al otro. "No vayas a dónde están los muertos si no quieres, dime cómo hacerlo e iré yo, junto con todo el pueblo" Ronald una vez más se negó, así que aquel hombre robo su libro de magia oscura esa misma noche, un 30 de octubre y con su ayuda, abrió de nuevo el portal y todos lo atravesaron. Los que encontraron las almas de sus hijos, se las llevaron y las devolvieron a sus cuerpos. El 31 de octubre, día de los muertos apareció una criatura alada con cuernos y cascos en esta misma plaza, exigiendo que todos los habitantes se reunieran ahí. Las campanas de la iglesia sonaron para llamar a todos a acudir. "Mi nombre es Välma y soy el guardián del camino entre vuestro pueblo y el mundo de los muertos. Culvert ha alterado el orden natural de la vida, por eso yo os maldigo y os condeno a vosotros y a todos los que después llegen a llevar una lámpara encendida que represente la llama de la vida de vuestros muertos. Haré sus almas mortales, sus llamas se apagarán, si no suben al cielo o al infierno, en el momento en el que dejen de llevar una vela o farol en su nombre". Aquella noche del día de los muertos, Välma devoró las almas de todos los muertos de Culvert y los niños que habían sido devueltos a la vida murieron. Ronald fue quemado en la hoguera por usar la magia negra. Así una vez más, año tras año, nos disfrazamos de mensajeros de la vida y la muerte para hacer saber a Välma que no olvidamos a nuestros muertos y así, mantener viva su llama un año más.
La proyección acabó y la banda comenzó a tocar una música lúgubre. El coro de huérfanas de Dandle comenzó a cantar.
Välma, protector ordinis
Audi cantum corvorum
nos servamus animas mortuorum populorum
onerant animas in lucerna
unum annum vivificamus flamma
et ardebunt uno anno.
La manta que cubría la enorme escultura de Välma fue retirada entre varias personas dejando ver un armazón de madera que formaba la silueta de aquella criatura demoníaca.
Le prendieron fuego y todos se colocaron en fila, dando vueltas alrededor y encendiendo los candelabros, velas y faroles.
Los que ya los habían encendido se quedaban alrededor, dejando paso a los que aún no lo habían hecho.
Junior sostenía el frasco con las cenizas de su madre, el y sus hermanos se desviaron del camino hacia el bosque, allí desenrosco la tapa y dejó las cenizas esparcirse en el aire sobre el pantano, donde brillaban las luciérnagas.
- Descansa en paz mamá- dijo Junior.
Su voz, ahogada por el sonido de los pájaros estaba cargada de angustia.
Clark arropó a sus hermanos en sus brazos y se los llevó de allí.
La fiesta finalizó entre los aplausos del público que se comenzaban a quitar las máscaras revelando su identidad, de nuevo en la plaza.
Jason regresó a casa para cambiarse de disfraz y vestirse de David Bowie.
Shanon se estaba haciendo dos trenzas, para su traje de Caperucita y mientras esperaba a Jeffrey en la parada del autobús con una cesta sobre las piernas para llevar los caramelos. Jeffrey acabó de pegarse el pelo falso a la cara para su disfraz de hombre lobo, se miró al espejo en el recibidor.
Abrió inmediatamente y un montón de huevos estallaron contra la fachada.
- ¡Niñatos!- gritó al ver que habían arrojado huevos a los cristales de las ventanas.
Dicho esto los niños echaron a correr, Jeffrey refunfuñó y caminó hasta la parada encontrándose con Shanon.
Se sentó junto a ella y echo el brazo sobre su espalda. En respuesta ella se encogió, como si estuviese incómoda.
- Juntos de nuevo- dijo en un tono victorioso.
- No estamos juntos de nuevo aún, tenemos que hablar.
- ¿Sobre esos dos locos?
- No creo que estén tan locos, ni se conocían y los dos han tenido un roce contigo.
- ¿Los vas creer a ellos antes que a tu novio? ¿De verdad crees que te he sido infiel con ese rarito? ¿Por qué te cambiaría por ese? En este pueblo se dicen muchas cosas de boca en boca, luego habrá que ver si se parece a la realidad.
- No lo se, son muchas casualidades ¿Como iba a saber lo de tu pene?
- ¡Y yo que sé! Era Jason el que iba detrás de mí despechado, lo quiere liar todo, está como una regadera.
- Ya no me creo nada de lo que dices.
El autobús llegó y los dos se sentaron uno junto al otro.
- Deberías confiar en mí, eso es lo que hacen las parejas. Yo lo hago ¿Qué sentido tiene estar juntos si no te fías de mí?
- Lo mismo para mentir.
- ¿Hay pruebas de que ellos tengan razón?
Shanon dejo de contestar, miró por la ventanilla a los niños disfrazados correteando con sus cestos en forma de calabaza.
- ¿Me estás oyendo?
- Si, te oigo.
- ¿Y qué me dices?
Shanon sonrió y observó a su alrededor, muchos compañeros de instituto estaban allí, Britts, Los Fumigadores, Jack, Francine, Frank...
El trayecto hasta Hubert era corto, se bajaron todos en la parada que estaba justamente en frente de la casa de los mil horrores. Era una casa vieja, abandonada de hace tiempo. Habían conseguido conectar la puerta trasera a una nave desmontable compartimentada en varias salas a modo de laberinto.
Bradley entró rápidamente para posicionarse.
Jeffrey y Shanon se apresuraron para llegar los primeros de la fila antes de la apertura de la casa.
Tras unos minutos les atendió Bast con un bloque de folios impresos.
- Leed esto y firmad en la hoja en blanco antes de entrar- dijo entregando un bolígrafo a Jeffrey.
- Al firmar este documento autoriza y entiende que el tipo de prácticas realizadas en La casa de los mil horrores pueden producir daños y perjuicios físicos y psicológicos en los visitantes así como lesiones por caída y el peligro de verse en situaciones de terror extremo. Si sufre de ataques de pánico frecuentes, problemas de corazón o algún tipo de fobia específica no recomendamos la entrada a esta atracción. En caso de entrar será siempre bajo su propia responsabilidad habiendo leído previamente las condiciones y firmado en la hoja en blanco su decisión de no presentar ningún tipo de cargo contra La casa de los mil horrores."
Shanon y él firmaron la hoja y pasaron al interior de la casa. Todo estaba oscuro y solo podían ver las siluetas de los objetos en el recibidor de la casa, repleto de viejas fotos en blanco y negro y muebles antiguos y destartalados.
- ¿Hacia dónde vamos?- preguntó Shanon- ¿Subimos las escaleras?
- Creo que es mejor ir bordeando la escalera y ver que hay en la nave, el año pasado no la habían puesto y lo otro ya lo he visto.
- Está bien.
Mientras caminaban Jeffrey se acercaba mucho a Shanon, sobando su brazo y su espalda, ella seguía distante casi parecía que andaba rápido para no estar al lado de él.
- ¿Que te pasa? Todavía piensas que te miento ¿Es eso, verdad?
- Estoy bien, estoy sonriendo.
- Esa no es tu sonrisa de estar bien y eso que no te veo la cara.
- ¡Se que mientes, no es que lo piense!
Llegaron a la primera sala de la nave, Bradley estaba esperando junto a una pared para salir con una sierra mecánica. Reconoció la voz de Shanon y al ver que estaba discutiendo espero antes de aparecer.
- ¿Pruebas?- preguntó Jeffrey con pasivo agresividad.
- ¡Las tengo! ¿Por qué le dijiste a mis amigas que tu y yo nos acostamos? ¡No es cierto, eso nunca ha pasado!
- ¿Y esa mentira es mala? No se lo dije a tus amigas, se lo conté a Claton y como es el hermano de Catylin se lo habrá contado.
- ¿Y por qué le dijiste eso a Claton si no es verdad?
- ¿Cuál es el problema?
- Mis padres no saben que salgo contigo, imagina que eso les llega. Ya no podríamos vernos más.
- Llevamos mucho tiempo juntos y todavía no quieres hacerlo porque te da miedo. Lo dicho ya no se puede retirar, pero si lo que tanto te afecta es que sea mentira lo podemos hacer realidad.
- No quiero, Jeffrey, no quiero tener sexo contigo ni con nadie.
- ¿Es porque tienes 15? Hay más chicas de 15 años en tu instituto que ya lo han hecho .
- ¿Y quienes son? Porque solo conozco a una y es Megan.
- Obviamente no van a ir diciéndolo por ahí.
- Pues es justo lo que tú estabas haciendo. De todas maneras me da igual quienes sean, yo no lo quiero hacer y tampoco quiero que piensen que lo hice si no es cierto.
- ¿Que es lo que te da miedo?
- La sangre.
- En la luz apagada eso no se ve.
- No estoy preparada ¿No puedes entender eso?
- ¿Y cuanto necesitas? ¿Vas a ser siempre una niña pequeña? Te creía madura para tu edad Shanon, ahora veo que no.
Shanon se quedó en silencio y cruzó los brazos.
- ¿Quieres crecer o te vas a quedar así toda la vida? En algún momento tendrás que hacerlo. Yo me estoy esperando pero otro no se esperaría.
- Ya lo se, pero no quiero que metas presión.
- ¡Tengo 21 años, me buscaré a una que no sea aún una niña!
- No quiero que te alteres.
- Me he cansado de tener una relación de mocosos, eres demasiado pequeña, es eso, no es tu culpa, es mía.
- No me digas eso, por favor.
Bradley apareció tras él rojo de rabia y le agarró el hombro. Jeffrey se giró asustado.
- ¿Y por qué no lo haces?- dijo- ¿Por qué no te metes con una de tu edad? ¿Te da miedo que se de cuenta de que eres un imbécil?
Shanon le dio una torta en la cara a Jeffrey y se marchó corriendo agarrando la mano de Bradley.
Ambos salieron de la nave y rodearon la casa.
- ¿Cómo permites que te hable de esa forma?- preguntó Bradley.
- Porque le quiero.
- ¡Alguien que te quiere no te trata así!
- No es así siempre solo hemos discutido, se arreglará.
- No hay que arreglarlo, no se porque piensas que se puede arreglar. Siempre será un patán.
- ¡Por qué le quiero! ¡Tu no lo entenderías!
- No, no lo entiendo.
- ¿Sabes lo que es querer a alguien, Bradley?
- Creo que si.
- Quieres a una persona a pesar de todo, te da igual como es, es cuestión de lo que significa para tí ¿Lo entiendes?
- Más o menos.
- ¿A quién crees que quieres?
- A mi madre, a mi hermana Francine...A mi hermano Greg y...No lo sé...A Linda, pero ella está muerta.
- Gregory no es como tú, es un niño...Peculiar digamos, seguramente no apruebas las cosas que hace, pero le quieres igualmente.
- Pero no es lo mismo Gregory es mi hermano, Jeffrey no te merece y las cosas que hace no tendrías que perdonarlas a nadie. Tienes que dejarlo, te hace daño y te presiona a hacer cosas que no quieres.
- Ya que estamos con esto, tú tampoco eres un ejemplo ¿Por qué sigues en los Fumigadores? No eres el mismo cuando estás solo. He oído todas las cosas horribles que has hecho, algunas incluso las he visto, la gente te tiene miedo. Y ni siquiera creo que te traten bien ¿Crees que tus amigos deberían ponerte cabeza hueca de mote?
- Creo que no.
- Y fíjate, como no planteas irte. ¿Por qué sigues con ellos? ¿Por qué no te vas de ahí? Ese no es tu lugar.
- No puedo salir de los Fumigadores, no tengo a dónde ir. Tú lo has dicho, la gente me tiene miedo por todo lo que he hecho.
No tengo amigos, solo los tengo a ellos, si los dejo me quedaré solo y sin nada, son lo único que tengo.
- Si dejas el grupo todos olvidarán lo que pasó, la gente olvida todo rápido, aunque no debería.
Seré tu amiga si eso sirve para que te vayas. Yo sé que en el fondo no has hecho las cosas porque seas malo, se que te utilizan.
- No tienes que juntarte conmigo, no te conviene, pero con Jeffrey tampoco.
- Hay cosas que no son tu culpa, Bradley
- Aléjate de mí, soy un cabeza hueca y solo te traeré problemas.
Bradley se dispuso a irse.
- Lo que acabas de decir no es precisamente lo que diría un tonto.
- Puede que no, pero soy un tonto, solo meto la pata una y otra vez. Si fuéramos amigos metería seguro que te haría daño o te decepcionaría, como a todos.
- He oído que tú padre odia el Halloween y nunca decora la casa.
- Dice que es una perdida de tiempo y dinero. Según él es una fiesta pagana estúpida que no tiene nada que ver con el día de los muertos.
- Dicen que saca la escopeta cuando vienen a pedir caramelos y dice: ¡De plomo es de lo único que volveréis llenos si no os marcháis de mi propiedad ahora mismo!- le imito.
- Si, si es cierto- dijo Bradley entre risas.
- Entonces ¿Somos amigos?
- No estoy seguro, pero ahora tengo que entrar de nuevo a la atracción.
- Está bien ¡Adiós!
Shanon se despidió y caminó hacia la fiesta de Halloween de Jay mientras Gregory y Junior observaban como dos chicos salían llorando de la atracción con los pantalones mojados.
En ese momento, cuando estaban los quintos en la fila se percató de que este año su hermano volvía a estar a cargo de la atracción y no debía verlo.
- Mi hermano está dentro, deberíamos irnos- dijo Gregory- vamos a la fiesta de Jay, allí no estará mi hermano.
Junior suspiró aliviado, agradecido por no haber tenido que entrar allí.
Ambos salieron de la cola y fueron a la fiesta de Pauline, al llegar al jardín delantero a Greg le dio hambre.
- ¿Quieres que nos comandos los caramelos que nos han dado?- preguntó Gregory dándole una chocolatina.
- Vale, por mi bien- contestó sentándose en el bordillo de la carretera junto a él y poniéndole el sombrero que llevaba en un intento de ir de cowboy.
Greg se quitó la máscara y la dejó sobre el suelo para comer más cómodo.
- Como mola tu disfraz de Freddy Krueger- comentó un chico desconocido.
Él levantó la ceja confuso, realmente ni él ni Junior se habían disfrazado porque no tenían dinero para comprarse un traje.
- ¿Que disfraz?- preguntó aún más confundido.
- Es por el jersey de rayas, cree que vas de Freddy Krueger- contestó Junior.
Gregory se levantó y escondió la máscara en un arbusto.
- ¿Que haces?
- ¡Puedo ir sin máscara, todos pensarán que voy disfrazado! ¡Nadie va a saber que tengo la cara así de verdad! ¡Venga vamos!
Gregory entró a la fiesta, pasando al principio desapercibido. Nadie le había visto la cara y no tener cara era como no tener identidad, incluso personas que lo veían día a día no se habían percatado de él.
- ¿Cómo habrá hecho las quemaduras para que se vean así de reales?- comentaba una chica.
- Bonito disfraz de pesadilla en Elm Street colega- le dijo Jay dándole una palmada en la espalda.
- ¡Gracias!
Avanzaba entre la multitud hasta que de repente paro en seco haciendo que Junior se estampara con su espalda.
- ¿Que pasa?
- ¡Es Brittany Hoffferman!- exclamó Gregory agarrando sus hombros y zarandeandolo.
- ¡La veo, la veo!- gritó Junior apartándolo- ¿Vas a hablarle o no?
- ¡No! ¡La última vez fue un fiasco! Cuando la tengo delante se me olvida lo que tengo que decir y empiezo a sudar.
- ¡Que más da!
- ¡La otra vez pasó de mi! Creo que no se acuerda de que existo.
- Ahora te ve la cara, no va a asustarse esta vez.
Gregory se puso lo más cerca que pudo porque tenía miedo a acercarse. Junior le hacía señas para que le hablara pero él negaba con la cabeza.
La observó con su traje de Sandy de Grease.
«¡Jo, que guapa es!» pensó
- Que disfraz más conseguido de Freddy, lo único que te faltan son las cuchillas- le dijo al notarlo.
Gregory se quedó en silencio mirándola fijamente.
- ¿Te comió la lengua el gato?
- No- contestó- gracias.
- ¿Como te llamas? No me suenas.
- ¿Seguro?
- Si, seguro.
- Greg.
- ¿Tienes hermanos?
- Francis Cooperson, Bradley...
- Dios eres el hermano de Frank. Creo que no te he visto nunca, lo siento, a lo mejor si nos hemos visto antes...
Gregory tragó saliva. Era el único chico del pueblo que llevaba una máscara blanca a todas partes ¿Como no podía haberlo visto? ¡Estaba delante de ella!
- Yo a tí si te he visto.
- Entiendo- una música más animada comenzó a sonar- ¿Bailas? Te tengo justo enfrente.
- Si, claro.
Britts le agarró los brazos y comenzó a bailar con él, que no tenía ni idea de cómo moverse.
- ¿Estudiamos en el mismo instituto?- preguntó ella.
- Si, no soy de esos que los enseñan en casa o algo así.
- Que raro que no te haya visto, salúdame si me ves, aunque bueno es lógico tienes que hacer entrado este año.
- ¿Con quien vas a ir al baile junior?
- Aún no he elegido pareja. Me da un poco igual, ya acabaré con alguien ¿Tú con quién vas a ir? Oh espera, claro, tú aún estás en sexto grado ¿No?. Que tonta.
Ella le tocó la cara pasando el dedo por los surcos de sus quemaduras.
- ¡Hasta si lo tocas parece real, que angustioso!- exclamó apartando la mano.
- No lo sé...- dijo descendiendo la mirada.
- Has tenido que pasar mucho tiempo haciéndolo.
- Si, me costó mucho trabajo.
Gregory trago saliva.
Megan y Jason estaban en una esquina evaluando todo lo que sucedía en la fiesta.
- Mira a ese chico vestido de Freddy Krueger, algunos si que se lo preparan- comentó Megan.
- No es un disfraz, creo que es el hermano quemado de Bradley, hay carteles de él por el pueblo.
- ¿Quemado? ¿Que le pasó?
- Eso nadie lo sabe, dicen que tiene la cara quemada por un accidente.
- ¿Es ese niño tan raro que siempre lleva una máscara blanca?
- Si, creo que sí.
- Mira quién viene por ahí...
- Oh, genial, precisamente él...
Frank entró haciéndose ver, con su disfraz de Danny de Grease.
- Hey, Britts- le saludó- no sabía que vendrías de Sandy.
- Vaya, si que ha sido una casualidad.
- ¿Alguien tiene una cámara?
Un chico les tomó una foto juntos y una vez revelada se la dio a Frank.
- ¡Oh! ¡Sales muy bien!- exclamó- ¿Quieres quedartela?
- Vale, gracias.
- Pauline ¿Puedes poner la de Grease?
- Un momento - respondió ella yendo a poner "You're the One that I Want"
Gregory se marchó corriendo sin decir nada.
Frank comenzó a cantarla y a imitar los movimientos de la escena. Honestamente, no podía creer que se hubiera aprendido la escena completa solo para poderse llevar a Britts a la cama, pero lo había hecho.
Y no solo eso, también había conseguido que todos bailasen y cantasen alrededor.
No miento si digo que si fuera una chica, caería a los pies de Frank Cooperson como una ficha de dominó detrás de todas las que había antes que yo.
Realmente sabía cómo hacerte sentir que eras la reina del mundo.
Incluso Meg y Jason estaban bailando.
Pauline estaba hablando con Clark, Jason los miró con ciertos celos.
Pauline miró a su derecha en dos ocasiones, haciendo una ojeada a su alrededor sin buscar nada. En la segunda vez vio a Jason, su pelo rojo brillaba a lo lejos por culpa de los focos rojos.
Ella se acercó inmediatamente a él, con paso apresurado y cara de pocos amigos.
- ¿Quién te ha invitado? ¡Fuera de mi fiesta!
- ¡Es una fiesta abierta! En la puerta pone que entre todo el mundo- lo defendío Meg - además es la fiesta de tu hermana Lisa.
- Ya, pero también es la mia y no te quiero aquí. He oído lo de Shanon, Lisa es su amiga.
- ¡Nada de eso es cierto!- exclamó Jason.
- Megan tu tampoco puedes quedarte, sois tal para cual.
- No me quedo cariño, si él se va yo me voy con el.
Megan agarró a Jason de la mano y lo sacó afuera. Gregory en el exterior hablaba con Junior de lo sucedido sentado en un bordillo.
Shanon entró, sin que ninguno se percatase, enfrascados todos en sus conversaciones.
Ella tampoco había visto que Jeffrey la seguía y tras él estaba Frank, charlando con sus amigos.
- ¡Al cuerno tengo que ir al baño!- dijo Jason y volvió a entrar. Pauline seguía hablando con Clark, para que no lo viesen, Jason se escondió entre la multitud y subió las escaleras hasta el baño. No había aún girado la manivela cuando la puerta se abrió y se topó con Jeffrey.
El miedo lo inundó, volvían a estar frente a frente mirándose entre sí.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Jeffrey.
- Voy al baño ¿Y tu?
- Vengo a buscar a Shanon, hemos discutido por culpa de que hablaste de más.
Jason miró a sus pies y al suelo, después regresó una mirada esquiva hacia Jeffrey.
Jason se dio la vuelta para entrar al baño, pero se quedó parado frente a la puerta de espaldas a él, con una fuerte presión en su vientre. Jeffrey ya se marchaba pero él lo interrumpió.
Jason tragó saliva, se sintió como engullir una piedra.
Entró al baño cerrando de un portazo, Jeffrey se giró mirando hacia la puerta cerrada y bajo con las manos en los bolsillos y la cabeza alta. Shanon acababa de salir de la fiesta tratando de encontrar a Jason sin éxito. Al salir se percató de la presencia de Megan.
- ¿Dónde esta Jason?- le preguntó.
- Está en el baño ¿Qué quieres de él?
- Pedirle disculpas y retirar todo lo que he dicho de él. Necesito que hablemos sobre lo que pasó.
- ¿Y lo que has dicho de la puta del pueblo? ¿Qué vas a hacer con eso?
- Quiero arreglar todo lo que os hice.
- ¿Se puede acaso? ¿Piensas que yo quiero algo de ti después de todo? Ninguno de los dos te queremos ver, has convertido nuestras vidas en un infierno por creerte las tonterías de ese payaso y ahora quieres arreglarlo todo pidiendo perdón. No te perdono y no te voy a perdonar.
- Está bien...
- Vuelve por dónde has venido y limítate a dejarnos en paz.
Shanon se marchó triste, caminando sin rumbo por la acera oscura. Jeffrey salió buscando a Shanon.
- ¿Has visto a Shanon?- preguntó.
- No, no le he visto.
Jeffrey se marchó refunfuñando en camino contrario. Jason bajo minutos después y se encontró con Megan. Acto seguido llegó Clark a la misma par que Bradley llegaba a escena.
- ¿Habéis visto a Shanon?- preguntó.
Junior y Greg corrieron a esconderse tras la casa para que no los viera.
- Se ha ido por ahí- indicó Megan señalando a su izquierda.
- ¿Qué pasa con tanta gente entrando y saliendo y subiendo y bajando?- pregunto Clark extrañado por tanto movimiento.
- Os dejó que habléis solos- dijo con una media sonrisa y marchándose.
Jason y Clark se quedaron a solas. El primero, rojo y cruzado de brazos intento no intercambiar miradas.
- ¿Que ha pasado antes, te han echado?- preguntó Jason.
- Si, por lo de Shanon.
- ¿El qué?
- Da igual ¿Qué vas a hacer ahora?
- No lo sé ¿Qué ibas a hacer tú?
- No contaba con que me echarían de la fiesta así que no lo sé.
- Yo creo que me marcharé a casa con mis hermanos, solo había venido a ver a Pauline.
Ambos se quedaron en silencio mirando a los niños pegar a la puertas para pedir caramelos.
- Entiendo, yo veré que haré.
- Bueno, adiós.
- Adiós, Clark.
Megan regresó junto con Frankie y Britts, que estaban dentro de la fiesta.
- ¡Jason! ¡Jack y los punks se van a la ciudad! ¿Quieres venir con nosotros?- preguntó Meg.
- ¿A Columbia?
- Si.
- ¿Y dónde está Jack? No me ha invitado.
- Están en el skatepark- contestó Britts- vamos, date prisa. No creo que les importe que vengas.
Megan se levantó apresuradamente y los siguió. Al llegar al skatepark vieron a Jack a punto de tirarse de una altísima rampa con el skate. Maurice estaba apoyado en el pie de la rampa sacando un cigarro, al verlos llegar apagó ek radio cassette.
- ¡Jack! - le llamó Jason desde abajo- ¿Vais a Columbia?
- ¡Si!- gritó Jack antes de tirarse.
- Me suena tu cara- bromeó Maurice al ver a Britts- al final si has venido.
- De qué será...- contestó ella chocándole el puño.
- ¿Qué tal estáis?
- Bien - contestaron a la vez.
- Me alegro por vosotros ¿Alguien ha traído tabaco?
Jack bajó de la rampa y se agachó para sacar una pitillera de su calcetín. La abrió frente a los demás, todos cogieron un cigarrillo y se sentaron en círculo sobre el suelo, esperando que llegase Liam con los demás.
Heinrick, Cincinnati, Maurice y Liam aparecieron de la nada gritando y corriendo hacia ellos para asustarlos con una piedra gigante.
Entre los chillidos Jack se levantó y le dio una fuerte patada en el muslo a Maurice que le hizo tirar la piedra.
- ¡Que somos nosotros! - exclamó Maurice dolorido- ¡Era una broma, joder!
Todos se rieron a carcajadas y se levantaron para irse. Esperaron el autobús, sentados todos juntos. Liam traía su Polaroid colgada al cuello, la descolgó un momento para tomar una foto.
- ¿A alguien no le importa no salir en la foto?
- Yo mismo- dijo Jason tomando la cámara.
Todos posaron juntándose mucho para poder aparecer en la fotografía sin salir cortados. La foto salió y tardó unos minutos en revelarse.
Al cabo de unos minutos Jason se arrepintió de no haber aparecido en la foto. ¿Y si todos olvidaban que había estado allí aquel día? ¿Se acordarían de él pasados los años?
Aquello le dejó aún más abrumado, estaba lejos de encontrarse bien, de hecho estaba bastante mal desde el momento en el que lo habían expulsado de la fiesta y había decidido volver a entrar.
Sumido en sus pensamientos miró a ambos lados y se cruzó de brazos encogiéndose en sí mismo.
¿Por qué has elegido no salir en la foto? Cualquiera podría haberla hecho en tu lugar.
El autobús llegó y todos charlaban entre sí de temas triviales como el instituto, el baile de mañana el apagón que sufriría el pueblo esa semana. Jason era el único callado paso el primero al autobús y se sentó pegado a la ventana.
Clark estaba junto a él, jugueteando con un anillo que tenía en la mano.
Liam sacó un bolígrafo y escribió su nombre en la parte de atrás de un asiento.
- ¿Queréis poner los vuestros? - preguntó acercando el rotulador a Jason.
- No, gracias.
- ¿Qué te sucede?- preguntó Megan- al verlo tan pegado a la ventana- ¿Estas bien?
- Si- contestó sin mirarle- solo un poco cansado pero se me pasará- ¿A donde vamos?
- A un concierto punk en Columbia.
Mientras viajaban en el autobús iban cantando canciones de moda de la época en voz alta. El también cantaba, eso lo ánimo e hizo que dejara de pensar en Jeffrey y lo que había ocurrido en el baño.
Al cabo de un rato bajaron del autobús, aquello no era Columbia evidentemente, porque para ir a Columbia tenían que coger más de un autobús y en su pueblo no había estación solo unas vías que pasaban Culvert de largo.
Al salir caminaron un tiempo, pues el bus los dejaba en mitad de una carretera.
- Al cuerno el concierto, vamos por aquí- dijo Liam pasando por el hueco que se formaba en el arcén roto- seguro que hay algo interesante entre todos estos árboles tan altos. Al próximo bus seguro que le queda mucho, tenemos tiempo.
- ¿Que hay?
- A lo lejos hay un tejado ¿Lo veis?
Por aquella carretera a penas pasaban coches, había solo una parada de bus perdida en mitad de la nada.
Era sin duda un lugar extraño y ciertamente tétrico al menos en la oscuridad. En el cielo no había estrellas y los árboles tras el arsén continuaban en el horizonte siguiendo la carretera como un patrón repetido una y otra vez.
Se adentraron en aquella parte boscosa, caminando todos juntos.
- ¿Alguien trae una linterna? - preguntó Jack.
- ¡Que va!- contestó Cincinnati- ¿Qué pasa si luego no sabemos volver?
- Es fácil orientarse, con conseguir salir de aquí basta, luego solo tenemos que buscar la parada.
Continuaron caminando y abriéndose paso entre enredaderas y plantas que parecían ser parte de un jardín descuidado de una casa.
Fue entonces cuando vieron una valla de hierro abierta, era muy alta y a sus lados estaban las murallas en ruinas que cercaron en su momento la casa que estarían a punto de ver.
Pasaron la puerta y siguieron luchando contra maleza, la hierba alta y otras plantas.
Al salir de aquel jardín salvaje vieron la silueta del enorme tejado de una mansion.
- Wow imagínate una fiesta aquí dentro- dijo Britts.
- Traemos una botella- dijo Jason.
- ¿La habéis robado de la fiesta de Pauline?- preguntó Maurice.
- No, ya la traíamos .
Abrieron la puerta de la casa que chirrió y se desencajó del marco. Al caminar el suelo crujía, la madera estaba podrida y había restos de la antigua cinta policial que tapaba la puerta.
La luz de la luna se colaba por las ventanas y el hueco de la puerta , siendo lo único que la iluminaba.
Para su sorpresa la casa conservaba todos sus muebles dentro, no tenía pintadas y el papel estampado de las paredes continuaba pegado, aunque se caía a pedazos.
En el recibidor había pequeñas llaves colgando en un panel, un paragüero lleno de bastones y un perchero con un sombrero y una chaqueta, ya tiesos como una piedra por el tiempo.
A la entrada había también unos zapatos agarrados al suelo por las raíces que crecían entre las juntas del suelo de madera.
Subieron las escaleras y llegaron a una habitación amarilla, con un crucifijo sobre la cama, que había quedado un día hecha y no se había vuelto a deshacer.
En el suelo se apoyaban los retratos de los que vivieron en aquella casa, que habrían caído al suelo al ceder las alcayatas de las que colgaban.
Un fuerte viento se levantó y tiró de las cortinas hasta el exterior de la ventana.
Jason se asomó a mirar al exterior corriendo las desgarradas cortinas.
- Imaginaros como tuvo que ser cuando vivían aquí.
- Creo que somos los primeros en descubrirla, está intacta.
- ¿Bebemos ya?- preguntó Francine.
- Si, abramos la botella- contestó Megan forzando el tapón. La destapó y se pusieron en círculo pasándola hasta acabarla. Jack se negaba a beber.
- ¿Por qué no bebes?- le pregunto Maurice.
- ¿Que es?- preguntó.
- ¿Enserio? ¡Alcohol! ¿Nunca has ido a una fiesta
- No.
Jack sujetó la botella y lo olfateó.
- ¡Que fuerte huele!- se quejó retirando la cara.
- Pruébalo por lo menos.
- ¡Si huele mal seguro que sabe mal!
- ¿Alguna vez te tendrás que emborrachar no? Tiene que haber una primera vez para todo, en algún momento tendrás que probarlo.
- ¿Es como una obligación como ser humano o algo así?
- Bueno, no una obligación...
Jack dio un sorbo muy pequeño y arrugó la nariz, aquello tenía un sabor muy fuerte que le resultó desagradable.
- ¡Que asco! - exclamó escupiendo en el suelo y devolviendo la botella a Maurice ¡Si sabe a rayos! ¿Como os puede gustar esto?
- ¡Pero tampoco lo escupas!- exclamó Britts.
- ¿Cómo te piensas divertir?
- ¡Pues divirtiéndome! ¡Como he hecho siempre!
- ¿Os a subido? A mí un monton- dijo Britts.
- Pero si no hemos bebido casi nada.
Megan agarró el brazo de Jason y le invitó a bailar con ella, Jack se unió a ellos. Había sido invitada por Cincinnati pero llevaba toda la noche haciéndole el vacío.
Maurice encendió el radio cassette para poner música.
- Jackie ¿Por qué estás evitándome todo el tiempo?- preguntó Cincinnati acercándose.
- Porque no quiero hablar contigo, déjame.
- Ya te he pedido perdón, lo que te hice no fue a propósito. Me siento súper mal.
- Ya te he perdonado.
- ¡Pero me evitas continuamente!
- Solo déjame en paz.
Alguien subió el volumen de la música, Jack solo veía a Cincinnati mover la boca pero no oía nada de lo que le decía.
- ¿Qué?- preguntó intentando alzar la boca- No oígo nada.
Cincinnati se rindió y se marchó
- Me meo- dijo Jason parando de bailar.
- ¿Que? ¡No escucho con la música!- contestó Megan.
- ¡QUE ME ESTOY MEANDO, VOY AL BAÑO!
Megan miró a su alrededor y distinguió las cabezas de Francine y Britts al final de la sala. Estaban hablando con dos chicos e intercambiando copas.
- ¡VALE!- gritó ella.
- ¡VOY FUERA, AHORA VUELVO!
Jason salió de la fiesta y merodeó por los alrededores de la casa. De repente encontró un jardín con una fuente de piedra. En el agua, estancada y verdosa nadaban los renacuajos entre hojas caídas raíces muertas que flotaban. Se sentó en el borde, de espaldas a la escultura erigida en el centro de la fuente sobre una alta columna. Era una mujer con un largo vestido que alzaba sus brazos y adelantaba uno de sus pies, apoyando solo la punta como si bailara ballet. La cabeza la tenía arrancada de cuajo y el cuerpo tenía una especie de moho negruzco, quizás por la humedad.
Encendió un cigarrillo y se quedó allí. Trató de llorar, pero no le salían las lágrimas. Cabizbajo apagó el cigarrillo sobre la fría piedra y pudo soltar unas lágrimas.
Tal vez había bebido demasiado porque se le veía mareado, con movimientos extraños y lentos.
Se reflejó en el agua turbia y al ver su rostro golpeó el agua. Esta salpicó mojando su brazo y las ondas desfiguraron su imagen.
Al levantar la mirada vio a una chica con un vestido largo que llegaba al suelo sentarse a su lado.
- ¿Que te sucede?- pregunto ella.
- ¿Quién eres?
Había aparecido completamente de la nada, no había oído pasos y juraría que en esa parte del jardín no había nadie.
- Katie- respondió ella- ¿Y tu eres...?
- Jason ¿Que haces aquí?
- ¿Dónde están tus amigos?
- No quiero arruinarles la diversión, estaba triste y he salido a ver si me encuentro mejor.
- Cuéntame lo que te pasa si quieres, total, probablemente nunca nos volveremos a ver.
- Es como si fuera un fantasma, siento que si no estuviera aquí no cambiaría nada. Ni siquiera me habían invitado en primer lugar.
- ¿Por qué crees que no encajas?
- Creo que me falta algo que los demás tienen, pero no sé el qué.
- ¿Que hay de malo en ti?
- Parece que todos lo pueden ver menos yo, yo lo llamo la maldición. Y si todavía solo hubiera algo mal solo dentro de mi... Pero tuve que tener un horrible pelo rojo, pecas y una piel lechosa pálida. Unos ojos pequeños sin pestañas ¡Solo mírame los dientes, tengo una paleta rota en una diagonal! ¡Y mira estos muslos tan anchos, se rozan entre ellos y me hacen heridas, los pantalones se me clavan todo el rato! Parecen las piernas de una chica. Mi cuerpo es asqueroso, soy una bola de grasa.
- No es cierto.
- Si lo estoy, creeme. Soy un maldita ballena...Una foca con el pelo rojo.
- ¿Que están haciendo ahora tus amigos?
- No me gusta ser una carga.
- ¿Que tienen ellos que tú no tienes?
Jason se levantó y hizo un gesto señalando su pecho.
- ¿Alguna vez te sientes vacía? Como un hueco dentro de tí que te hace pensar que nada de lo que haces tiene sentido.
Siempre he sentido eso, pero no estaba tan triste. Quiero volver a tener 14 años cuando las cosas estaban bien.
- ¿Pero que ha cambiado?
- Mi mejor amigo está desaparecido, me siento solo, estábamos todo el día juntos y no tenía más amigos a parte de él. Ya todos lo han dado por muerto pero no han dejado de buscarle, si hubiera ido con él al baño no hubiese desaparecido.
Otra persona me hizo cosas muy horribles pero no puedo decírselo a nadie, no me creerían y creo que también fue por mi culpa. Me lo encuentro en todas partes y no puedo hacer que se vaya, así que tengo que estar huyendo.
Cortó lo que estaba contando ahí y se echó a llorar, la chica lo abrazó, estaba fría como la piedra. Tan fría que al sentirse tocado en un principio la esquivó.
- Entre los estudios y el trabajo no hago muchas cosas que me gusten y siempre estoy muy cansado, pero necesito dinero para mis cosas...Y quiero mantenerme entretenido, sentirme útil.
- Tus ojos son bonitos y tú pelo rojo también. De hecho, tienes una cara muy atractiva. Creo que solo te han hecho mucho daño.
- ¿De verdad lo crees?
- ¿Nunca has pensado que alguien puede puede verte y pensar "que chico tan guapo", también pueden pensar en lo mucho que les gustaría ser amigo tuyo. No lo sabremos hasta que lo digan, pero ocurrirá siempre. No todo es como lo ves, piensas en lo malo que pueden ver de tí pero no te planteas en todo lo bueno que les puede venir a la cabeza, todo eso está ahí. A veces la gente no dice todas las cosas que debería decir.
- No lo había pensado nunca. Lo único que me gusta de mí son mis ojos azules. Gracias por esto.
Jason se secó las lágrimas.
- Creo que voy a desmayarme, deberia haber comido algo. ¿Que pasa si no vienen a buscarme?
- Túmbate y vendrán a por ti enseguida.
- ¿Segura?
- Si, estoy segura.
Antes de que Katie se marchase me acerqué a ella, al ver que me miraba desde la lejanía.
- ¿Puedes verme?- le pregunté.
- Claro, yo también estoy muerta.
- Él es mi amigo, yo soy el chico que desapareció.
- Lo sé, lo he podido deducir.
- ¿Como es que te apareces a la gente?
- Está prohibido, dicen que cuando los vivos ven fantasmas se vuelven locos, así que intento que no se den cuenta de que soy una.
- ¿Crees que si me apareciese y hablase con mi amigo las cosas serían mejor?
- Sabría que estás muerto porque ya te conoce, es mejor que no lo hagas porque perdería la cabeza.
- ¿Y si está prohibido por qué lo haces?
- Estoy encerrada en este lugar hasta que quede reducido a cenizas, pero hasta que eso pase tendré que saldar mis cuentas.
- ¿Estás atada aquí?
- Puedo ir a donde quiera, pero si quiero marcharme, tendré que saldar mis cuentas aquí.
- ¿A qué te refieres?
- Todos tenemos una causa pendiente, tú seguramente también tengas una, por eso estás aquí ¿No sabes cuál es?
- No, ¿Podrías ayudarme?
- Me encantaría, pero solo tú puedes saberla. Es extraño que no la sepas, todos los muertos la saben...
- ¿Nunca has conocido a uno que no la sepa?
- No, por eso me sorprende. Los únicos que no tienen causas pendientes son los vivos.
- Pero es imposible que yo esté vivo.
- Claro que es imposible, ¿Sabes cómo moriste no?
- No, no lo recuerdo.
- ¿Nunca viste tu cuerpo?
- No, me caí y al levantarme no había nada, solo estaba yo. No supe que estaba muerto hasta un día después.
Katie pareció sorprendida.
- Este plano es muy solitario, pero tal vez encuentres otro alma sin propósito que pueda ayudarte. Te deseo muchísima suerte en tu viaje.
- Muchas gracias, Katie- le dije.
Jason bostezo y se quedó dormido, echado sobre el borde de la fuente. Katie se dirigió al interior de la casa y después salió escabulléndose entre las zarzas.
De pronto Meg y Jack bajaron las escaleras y despertaron a Jason con gritos y zarandeos.
- ¡Jason despierta!- gritaba.
- ¡Qué pasa!- exclamó al abrir los ojos.
- ¡Pensábamos que estabas inconsciente, nos habías asustado! ¡Escuchamos pasos en las escaleras creiamos que eras tú pero no había nadie!
- Solo me eché una siesta porque estaba mareado ¿Donde está Katie?
- ¿Quién es Katie?
- La chica con pelo corto y vestido blanco.
- ¿No la habrás soñado?- dijo Megan- ¿Estás seguro?
- Estaba hablando con ella hace nada.
Entraron de nuevo a la casa y Megan paró la música.
- Jason dice que ha visto a una chica fuera.
- Lo juro, estaba allí, hablé con ella tiene que estar en algún lado.
Jason insistía, comenzó a entrar en todas las habitaciones de la casa, recorriendo los largos pasillos empapelados con papeles decorados infinitos, empeñado en encontrarla.
De pronto al entrar a una habitación vio un enorme hoyo en el suelo provocado por la madera rota, miró a través de él y en el piso de abajo estaba la silueta de tiza de un cuerpo que una vez estuvo ahí.
- Katie...- susurró con la sangre helada y regresó a la sala de la fiesta con una cara de sorpresa que no podía borrar.
Aquello entristeció a Jason que pronto se vio rodeado por sus amigos.
- ¿Quieres venir a fumar?- preguntó Meg- se te ve agobiado ¿Enserio estás bien?
- No me apatece.
- Oye no te preocupes, a lo mejor solo estaba merodeando por aquí y cuando te has dormido se ha marchado.
- Pero es que no lo entiendo ¿Que hacía aquí? Esto está en mitad de la nada.
- Tal vez solo estabas quedándote dormido y no había nadie, antes decías que estabas cansado.
Trató de cambiar de tema para que lo que había pasado se borrase de su mente, pero no caía en que podía decir o mínimamente hacer. Vio una salvación que en ese momento Francine dijera que debía volver a casa, tras ver la hora en su reloj porque de volver más tarde su padre la castigaría fuertemente.
Jack le pidió a Jason quedarse con él y buscar aquella noche la tumba de su padre, por suerte está conversación lo ayudó a distraerse y no dejar que la tristeza lo consumiera nuevamente y lo volviese todo gris.
Se despidieron y regresaron a Culvert, después de una larga espera para coger el autobús una vez dentro cantaban y reían. Le hubiese gustado concluir el día en que a pesar de lo malo, había sido un día divertido pero ni siendo el Halloween en el que más cosas había hecho ni estando rodeado de gente podía decir que había sido el más feliz. De hecho, era el peor Halloween de su vida.
Miró la ventana y recordó a Katie, tenía su imagen en la mente.
- ¿Como decías que se llamaba la chica que has visto?
- Katie.
Continuaron cantando, Jason se giró hacia Clark que estaba sentado junto a la ventana y apoyo la cabeza en su hombro.
- Katie...- susurraba mientras cerraba poco a poco los ojos por el sueño.
Durmió mientras duró el viaje, Jack le acariciaba el pelo para ayudarlo a relajarse. Cuando habían llegado a Culvert lo despertó y se despidió de él al bajar, los caminos de todos se separaron.
El autobús tomó un bache y Jason se despertó sobresaltado.
- ¿Hemos llegado ya?.
- Si, bajemos.
Todos se despidieron y cada uno tomó su camino.
Jack se marchó al cementerio en busca de la tumba de Hank Stevens, su padre. Debía estar enterrado ahí porque Hubert no tenía cementerio.
Francine llegó a casa, esperaba que al ser tarde todos estarían ya en la cama o para dormir y eso la ayudaría a cambiarse rápidamente de ropa.
Si su padre veía su vestido morado corto con la espalda descubrierta, las medias de rejilla y el maquillaje ahumado la mataría. Trató de entrar sigilosamente para subir las escaleras y en su cuarto cambiarse y limpiar su cara.
Desde la puerta oyó gritos fuertes, aún temiendose lo peor entró en la casa y miró hacia lo más alto de las escaleras. Allí estaba sentado Frank balanceándose en el sitio agarrado por Vincent que inexpresivo le señalizaba en idioma Cooperson que tenía la vía libre para cambiarse. Subió a su cuarto, se puso el camisón y una vez desmaquillada se hizo las trenzas lanzándose una mirada fría al espejo.
Se sentó junto a Francis, también inexpresiva sin denotar angustia ni temor. Su mirada seguía siendo fría.
Bradley se chupaba el dedo en el cuarto escondido en el armario mientras, aún aislado ahí dentro podía oír los golpes en la cocina y la mesa arrastrarse.
- ¡HIJA DE PUTA! ¡HIJA DE PUTA!- gritaba su padre con la voz quebrada.
Bradley se armó de valor y salió del armario para consolar a Frank, que lloraba en los brazos de sus dos hermanos.
- Hoy la va a matar, Bradley está sangrando...Hay sangre por toda la cocina, hay sangre por todas partes...Todo está lleno de sangre
Hablaba entrecortado, como si tuviese hipo, sentía el corazón golpearle dentro mientras trataba de hablar.
- Baja y ayúdala, va a matarla, si no la salvas morirá...
Bradley bajó las escaleras y entró en la cocina, los azulejos estaban ensangrentados, también las losas del suelo. Su madre tenía una brecha en la cabeza y estaba reclinada junto al contenedor con los ojos entreabiertos.
- ¡SAL DE AQUÍ, BRADLEY!- le gritó su padre.
Bradley se tiro al suelo para socorrer a su madre.
- Mamá, mamá ¿Me oyes?- trataba de reanimarla- se desangra...
Su padre lo golpeó con una silla, rompiéndola en su espalda. Bradley se levantó enseguida y sujeto el cuello de la camisa de su padre, con una mano ensangrentada.
Tomó un martillo de la mesa con la otra y lo acercó a la cabeza de su padre.
Sus ojos reflejaban una furia casi inhumana, un odio intenso que salía desde lo más profundo del alma. Apretaba los dientes, rojo de rabia, daba más miedo que su padre daría nunca y tenía tanta fuerza que lo había levantado del suelo.
Tenía la frente brillante de tanto sudor y las venas saltadas, al igual que en el cuello. Los ojos se le iban a salir se las órbitas fijos en los de su padre, incluso su mano estaba blanca de apretar el martillo y las venas de su brazo comenzaban a notarse.
- No volverás a pegarle a mamá nunca más...
- Adelante, pégame con el martillo.
Bradley apretó más el martillo y crujió los dientes.
- Mátame, se ve eres capaz, estás deseando romperme la cabeza. Se lo que haces con otros chicos del pueblo, no tienes miedo de mancharte las manos con sangre. Eres igual de cruel que tú viejo, eres mi viva imagen, mírate. Vamos, mátame como matasteis a August Orton, se que fuisteis tu y tus amigos.
Soltó la camisa de su padre y dejó caer el martillo al soltarse sus dedos involuntariamente. El color le fue bajando poco a poco, jadeó y dio un paso atrás.
Su padre cogió rápidamente el martillo.
- Vete de mi casa Bradley, me da igual a dónde pero vete. Has perdido tu oportunidad de matarme, ahora largate de aquí y no vuelvas.
- Mamá... - decía tratando de levantarla- ¡Está perdiendo mucha sangre!
- ¡FUERA DE MI CASA!
- Mamá...
Ella ya tenía los ojos abiertos pero no decía nada.
- Me gustaría saber qué opinas por una vez.
- Vete de aquí Bradley- le dijo en un tono seco- haz caso a tu padre y vete.
Bradley sintió como su corazón latía muy rápido, como si fuese a salirse de su pecho. Todo a su alrededor parecía ir aún más acelerado, daba vueltas. Corrió rápidamente perseguido por su padre, tropezando y agarrándose a las paredes hasta que logró salir
Corría tan rápido que había dejado de sentir las piernas, no veía por donde iba por su velocidad pero ya no tropezaba. Iba como un trueno, mirando hacia delante y viéndolo todo borroso y fugaz.
Tal era su carrera que al asomarse su padre a la puerta no lo logro ver.
Su apresurada huida acabó en el cementerio, se dejó caer sobre el suelo de rodillas sosteniendo su dolorido costado por el flato. Miró hacia arriba y vio la tumba de su hermana Linda. Tenía una estatua de una niña arrodillada, con alas de Ángel que sostenía un ramo de flores marchitas y secas atado con una cinta. El mármol manchado había formado lágrimas negras en las mejillas de la niña.
Linda Cooperson 1966, "A veces no haber nacido puede ser el mayor de los favores"
Leyó , y echo la vista a un lado.
"Leonard Ellon, 1955, descansa en paz, tu esposa y tus hijos te recuerdan" se leía. Sobre ella se erigía una escultura de un cristo flotando sin cruz con las muñecas marcadas por los clavos.
Se acurrucó sobre la lápida y se quedó dormido.
Jack pasó por su lado después de dejar unas flores arrancadas de un rosal.
Llamó a Bradley tratando de despertarlo.
- Despierta, vendrá el sepulturero, el cementerio está cerrado.
Oyó pasos y al ver una linterna a lo lejos Jack corrió a trepar las verjas de hierro y marcharse.
Por la mañana, Bradley despertó, deslumbrado por los rayos del sol. Dolorido se puso en pie estirándose y camino arrastrando los pies.
- ¿Otra vez durmiendo el el cementerio?- preguntó el sepulturero al cruzarse con el.
- Si, es que soy sonámbulo.
- No te he querido despertar, pero si esto te pasa a menudo tus padres deberían cerrarte la habitación con llave. El cementerio no es lugar para dormir.
- No volverá a pasar- contestó Bradley cabizbajo pasándolo de largo.
- ¡Ve al médico! ¡Un día de estos te va a pasar algo!
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