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miércoles, 4 de noviembre de 2020

Capitulo 13 - ¿What is being in love?

Jason despertó con el uniforme del trabajo puesto, acostado sobre la cama sin deshacer. Dolorido y agotado, se puso lo primero que encontró en el armario.

Casi perdía el autobús escolar por unos minutos. 

Miraba al resto de personas mientras subía las escaleras y caminaba para elegir su asiento. Todos estaban hablando, haciendo ruido y lanzando cosas.

Frank le hizo la zancadilla y se tropezó cayendo al suelo.


- ¡Eh, cuidado! ¡Vaya caída!- exclamó levantándose a ayudarle y tendiendo su mano - ¿Estás bien?


El resto se rió mientras él se levantaba y se iba a la parte final del autobús a sentarse solo porque Jack se iba a pie.


Ese día tenía el turno de tarde, así que al terminar el instituto, tuvo que marcharse de nuevo a trabajar. Estaba agotado y su mente solo hacia pensar en los días de trabajo que le quedaban hasta llegar al fin de semana, en el que no haría nada especial.

El uniforme verde lo hacía parecer un leprechaun, la camisa tenía un cuello largo y puntiagudo y un círculo con su nombre bordado a la derecha y el del establecimiento en la izquierda. Tenía que llevar un gorro que solo era decorativo y le hacía sentirse aún mas imbécil.

De pronto la campanita de la puerta sonó al abrirse.

Jeffrey apareció allí para comprar un desodorizador y se acercó al mostrador.


  - Buenas tardes, Jason- dijo caminando con las manos en sus bolsillos.

  

 Aquella mirada altiva, la cabeza levantada y esa tonta sonrisa alargada lo ponían de los nervios, pero ahora también tenía un factor de temor.

Cada vez que lo veía, recordaba las cosas que le había hecho y se reprendía.


«Debiste ser mas listo, idiota, idiota, idiota...»


También recordaba aquella incomodidad que sintió al tener a Jeffrey sobre él, cómo le miró a los ojos y aún viendo su expresión de disgusto continuó.


  - Bienvenido a Sunroad Mart, donde los clientes son lo primero ¿Qué desea?- dijo Jason sonriendo y mostrando todos sus dientes mientras entonaba el lema que le hacían repetir cada vez que alguien se acercaba al mostrador.

Su sonrisa falsa duró apenas segundos, sentía que no podía mantenerla y qué en ella había más falsedad que de costumbre.


  - ¿Qué olores de desodorizador tenéis? 


  - De lo que quieras, pino, abeto, limón, naranja...Depende de lo que busques.


  - ¿Y qué tipos tenéis? ¿Cuál tarda mas en irse?


  - ¿Quieres uno de los grandes o de los pequeños?


  - ¿No se, cuál te gusta más a ti?


  - Dame uno de pino de los que tienes colgados ahí atrás.


 Jason descolgó uno y lo colocó sobre el mostrador.

Jeffrey aspiró el aire y se acercó el ambientador a la nariz.


  - ¿En sí que me recomiendas?


- Es solo un ambientador, el que te guste más...


  - Definitivamente me llevaré este, al fin de al cabo es una cuestión de gustos y creo que huele bastante bien. Es el que siempre uso. Como ya dicen...Más vale malo conocido que bueno por conocer.


La mirada de Jason, sombría y oscura estaba fija en él, que ya había colocado el ambientador en el mostrador.

 

  - ¿Me lo vas a cobrar o no? ¿Jason?


Agitó la mano frente a sus ojos.


- ¿Hola? ¿Estas ahí?


- ¡Si! Espera un momento...- cogió el ambientador y le cobró. Mientras buscaba el cambio le miraba de reojo.


Cuando estuvo a punto de entregárselo se le cayó todo porque le temblaban las manos.


- Lo siento...


- Da igual, ya lo recojo yo...


Jason sacó el ticket y se lo entregó con sus manos aún temblorosas.


- Gracias - dijo Jeffrey doblando el ticket para guardarlo en el bolsillo del pantalón, junto con las llaves de su coche.


Miró fijamente como se iba y se quedó con la mirada pérdida en la puerta de cristal. Si la cosa no podía empeorar más ,apareció Frank, con sus dos secuaces caminando con la cabeza alta y rápidamente entrando en un pasillo.

Dio una vuelta al supermercado y se apoyó en la caja.


- Así que trabajas aquí...¿Y no te cuesta mantenerte fuerte para no comerte toda la comida? Bueno, supongo que sabiendo que el negocio de tu padre va a quebrar te has tenido que unir a la competencia.


- ¿Vas a comprar algo?


- Me llevaré un chupa-chup de fresa, otro de cereza y una caja de chicles.


- Son 5$.


Frank le puso el billete en el bolsillo de la camisa y le arrimó las cosas.


- Quédatelo todo, para que te disimule el aliento después de chupar pollas.


- Escucha, estoy es mi trabajo y puedo echarte del establecimiento si vienes a hacer esto.


- Bueno, ya sabes lo que dicen...¡El cliente siempre tiene la razón!


Jason sacó el billete del bolsillo y se lo entregó.


- Quédatelo, así no tienes que ganartelo- volvió a meterlo dentro de su bolsillo - voy a llegar al fondo de lo que sea que estés tramando en los baños.


- ¡Mételo por el culo, Frank!- exclamó mientras golpeaba el mostrador, estampando el billete con violencia.


- Ohhh, no creo que al risitas le guste eso- hizo una falsa expresión de lamento- tendrías que haber aceptado ese billete... Mételo a la caja registradora porque la empresa va a perder dinero.


- ¡Sal de aquí!


- Dame una hoja de reclamaciones, tengo derecho como cliente.


Jason se vio en la obligación de dársela. Frank la rellenó y la metió en la urna de las reclamaciones. Después se guardó los chupa chups y los chicles.


- Bueno... Tendrás que seguir con tu propio negocio por lo que veo.


Frank y sus amigos se marcharon riéndose. 

Cuando acabó su jornada, estaba exhausto,se subió a la báscula, se dio una ducha y se echó sobre la cama mirando al techo. 

Cerró los ojos y suspiró, se movió después varias veces hasta encontrar la postura más cómoda para dormir.

Al día siguiente la rutina matutina se repitió, al llegar al instituto vio al grupo de Kurt pasar rápidamente y tuvo que pegarse a la taquilla abrazando sus libros para que no se estamparan con él.

Kurt ni siquiera le echó una pequeña mirada, lo pasó de largo como si nada y eso que esa tarde seguramente se verían otra vez.

Jason simplemente trató de ignorarlo pero era evidente que le afectaba, no prestaba atención el clase y mostraba una actitud triste y distraída.


- Jason, mira a la pizarra- le reclamo el profesor- ¿Que te pasa últimamente? Estas muy disperso.


- Solo estoy un poco cansado.


Lo cierto era que el hambre le afectaba el rendimiento. Estaba mareado todo el tiempo, como si hubiera ruido en su cabeza y de vez en cuando veía negro unos segundos y luego volvía a ver, o pequeñas partículas flotaban en el aire.

Sentía un extraño sentimiento de limpieza y de desnudez, como si no tuviera piel y un estado de adormecimiento mental.

No pensaba en nada, de hecho si, pero no podía pensar mucho y eso era bueno, porque no sufría tanto. Cuando necesitaba hacerlo y además concentrarse le costaba.

Aquello era como flotar y vagar en un sueño, le pesaban los párpados tanto que si los cerraba se dormiría y tenía la sensación de que su espíritu ascendía y se perdía en la nada.

Aquello le daba poder y control sobre si mismo.

En el recreo se marchó al baño y se encendió un cigarrillo. Le quitó el hambre y alivio esas sensaciones. Después masticó chicle de menta y olió el envoltorio durante un rato mientras leía un libro.

De pronto de sintió observado y miró hacia arriba.

Era Frank, de pie sobre el váter del otro cubículo. Jason pegó las rodillas a su cuerpo.


- ¡Déjame en paz!- le gritó.


- Entonces dime de una puta vez que tramas.


- ¡No estoy haciendo nada! ¡Me meto en los baños para fumar!


- Entonces, ¿quién te hizo los chupetones? Es el baño de tíos, tuvo que ser un tío, a no ser que metas una chica al baño.


- Fue una chica.


- ¿Quién? ¿Es Lisa, la rarita del curso B? ¿Quincy? ¿Quién es la friki? Sabes que no me voy a meter con ella.


- ¡No te incumbe, Frank! ¡Déjame!- gritó Jason pateando la puerta.


Frank se marchó riéndose. 

Jack entró al baño de los chicos y se topó directamente con él.


- Te has equivocado de baño, Jackie- le dijo.


- No. ¿Con quién hablabas? He oído golpes.


- Con Jason, está ahí dentro.

- ¡El golpe lo he dado yo porque Frank no sabe meterse en sus asuntos!


La campana sonó y todos comenzaron a entrar a las clases. Pasaron despacio, sin atender, sin escuchar nada. 

Su cabeza seguía divagando como su mirada que recorría las ventanas viendo los cuervos posarse en las ramas de los árboles.

El timbre de salida fue como una bendición. Después de la cafetería se dirigió a la tienda de comics, compro dos con sus ahorros  y se dio un pequeño paseo hasta casa, donde después de pesarse y bañarse como todos los días, se puso el uniforme y colocó los comics en la estantería.

Al final terminó desvistiéndose para verse al espejo, se estrujó la barriga con rabia y se miró las piernas, seguía teniéndolas muy gruesas. 

Se subió a la báscula y tuvo que sorber mocos al ver que los números no habían bajado, ni siquiera un gramo.

Las pastillas laxantes se había terminado e iba a tener que arreglárselas para conseguir otra caja y por si eso fuera poco iba a llegar tarde al trabajo.

Se puso su ropa normal y se llevó el uniforme en la mochila para cambiarse, se negaba rotundamente a salir a la calle de nuevo con aquella cosa tan horrible.

Estudio un poco antes del trabajo, hizo las tareas y reviso que todo estuviera perfecto.

Llegó tarde al trabajo y al ponerse el uniforme se desmotivo aún más.

Después de horas de pie salió a la puerta a fumarse un cigarillo sentado en la acera.


  - He venido a verte- dijo Kurt- ¿Como estás?


  - ¿Como crees que estoy?- preguntó en un tono distante.


  - ¿Que te pasa?


  - ¿De verdad te importa?


  - ¿Por qué te pones así?


  - ¿Enserio te importa? Sabes por lo que has venido a verme.


  - ¿Estás bien?


  - No, claro que no.


  - ¿Por qué te comportas así? No lo pagues conmigo, no he tenido la culpa de que lo que te ha pasado.


- Te avergüenzas de mí. Siempre, desde pequeño me he sentido como que algo está mal en mí y todos saben que es menos yo. Dime qué es lo que está mal.


  Kurt se quedó en silencio.


- Cuando me dijiste que no podías acercarte a mí porque sabrían lo nuestro, me mentiste y lo supe. ¿Por qué no quieres que piensen que somos amigos? ¿Por qué nadie quiere estar conmigo? ¡Algo falla en mí y no me decís que es para mejorar!


Al no recibir respuesta se puso las manos en la cabeza y se tiró con fuerza del pelo.


- ¡POR QUE NO CONTESTAS! ¡CONTÉSTAME!


- ¡Estas loco, deja de gritar! ¡Imagina que pasa alguien y te ve!


Se levantó y le dio un pequeño empujón en el pecho con la palma de sus manos, cerrando después los puños con fuerza y clavando su mirada llena de ira y rabia.


- ¡DIME QUE ESTÁ MAL!


Kurt le sujetó las muñecas y le apartó.


- Te quiero...Pero tu no me quieres a mí- le reprochó liberando sus propias muñecas.


- Si eso, ¿Cuál es tu maldito problema, Jason?


Miller estuvo a punto de marcharse molesto, pero Jason lo detuvo. 


- No te enfades conmigo, por favor- le rogó agarrándose a el tratando de retenerlo- no te vayas...


Kurt suspiró y le empujó la cabeza para quitarselo de encima cuando vio que se abrazó a él.


- No te vayas, lo siento...- suplicaba con la voz quebrada.


 Agarró la presilla del pantalón con uno de sus dedos mientras le miraba a los ojos.

Para entonces ya tenía unos ojos y tristes, rodeados de ojeras por dormir mal. Antes no tenía esa mirada, era profunda y vacía a la vez. Vacía porque sus ojos eran como mirar a un agujero oscuro y profundo porque no sabías donde estaba el fondo.


- Estoy solo ahí dentro...- le dijo metiendo otro dedo y jugando con la presilla tirando de ella y tratando de sonreírle.


Kurt le siguió hacia la puerta del cuarto de mantenimiento. Jason le bajó los pantalones y se puso de rodillas, le dolían al apoyarlas pero de todas maneras lo hizo para sentir algo, aunque fuera dolor. Fue todo rápido, le pidió que se marcharse y regresó a su puesto antes de que el señor Mcflair viniera a supervisar.

Al terminar al trabajo se fue a casa, por el camino iba pensando como haría para esconder la comida.

Tenía una infinidad de trucos para no comer, el primero era comer con un vaso opaco y escupir la comida masticada dentro, el segundo era colocar un tuper entre sus piernas y cuando tampoco miraban, irla echando ahí con el tenedor para luego cerrarlo y esconderlo bajo su chaqueta.

De hecho tenía una lista con todos los trucos, doblada y escondida en su diario bajo la cama.

3- Tirar la comida a la basura cuando nadie mire y taparla con una servilleta.

4- Escupir la comida en una servilleta y meterla en el bolsillo.

5- Si hay un plato con desperdicios, coger una porción y tratar de esconderla para tirarla.

6- Si alguien te obliga a dar un mordisco a algo, escondete la comida en el hueco del labio y los dientes superiores y escupela despues.

7- Si la comida es liquida tirarala rápidamente por el desague cuando no miren.

8- Habla y distrae a la gente para que no preste atención a lo que comes.

9- Si alguien te pregunta si quieres comer di que te encuentras mal, que ya comiste no que tienes hambre.

Llegó a casa cansado, se dio una ducha, volvió a pesarse, se cambió los vendajes de las heridas y bajó a la cocina.

La radio estaba encendida con un informativo local, estaban hablando sobre mí pero cuando él llegó ya habían cambiado de tema.


- ¿Qué tal el trabajo?- preguntó su padre.


- Muy bien, cansado, pero bastante bien- contestó a su madre mientras esta le servía la comida, aún con el uniforme de la pastelería puesto- ¿Y que tal os fue a vosotros?


- Muy cansado, pero hoy hemos vendido mucho. Mañana tendrás que ayudarme a traer las cosas del almacén para la tienda- contestó su padre.


- Está bien papá.


- A mi los pies me están matando...No soporto tanto tiempo de pie. Hoy te he hecho espaguetis, se que te gustan- besó a Jason en la mejilla y le revolvió el pelo.


- Gracias, mamá- respondió sonriente.


 Su madre suspiró y se marchó a cambiarse. Quedó solo con su padre que ojeaba el periódico por encima de las gafas.


- ¿Va todo bien en el instituto?- preguntó.


- Si, todo bien. Mañana tengo un examen de Física y Química- contestó Jason mientras echaba la comida en el tuper que guardaba en el hueco de la mesa ,aprovechando la distracción de su padre ojeando el periodico.


- ¿Tienes algún plan mañana?


- No, no se lo que haré.


Su madre regreso con el pijama puesto y comenzó a fregar los platos.


- Tienes que salir un poco más, estar encerrado tanto en casa no es bueno.


- Lo se.


- Sal con la bicicleta al menos y date una vuelta, no te va a pasar nada por salir un poco.


- Es que con las tareas y el trabajo no tengo mucho tiempo.


- Pero al menos los fines de semana. Nos da mucha pena verte así de solo- dijo su madre- tiene que haber alguien en el instituto con quién puedas quedar.


- Estoy bien así mamá, no te preocupes, no pasa nada.


- Pasar tanto tiempo solo da demasiado espacio para pensar, tampoco es lo mejor. Todo el mundo tenemos que pasar tiempo con nosotros mismos, pero ahora que August no está tendrás que buscar otra compañía.


Su padre se levantó y se fue a dormir diciendo que estaba cansado. Jason recogió la mesa y dejó los platos en el fregadero. 


- Lo sé.


- ¿Por qué estás tan frío últimamente? Estas diferente, te noto raro. ¿Es por qué lo echas de menos?


- Estoy igual que siempre mamá ¿Por qué dices eso?


- No estás como siempre. ¿Ha pasado algo más o es eso?


- Todo está bien, de verdad. Ya han pasado meses desde que teorizaron que podría estar muerto.


- Se que me estás mintiendo, estás raro. Estabas muy apegado a él.


- ¡Estoy exactamente igual!


- No le mientas a tu madre- le riño su padre que había regresado a por un vaso de agua.


- No estoy mintiendo.


- Antes estabas todo el día en la calle, la bicicleta ya ni la tocas, los patines no los has vuelto a mencionar y ya no sales a pescar con tu padre.


- Estoy un poco cansado.


- ¿No descansas, cielo?


- No, ahora tengo muchlosueño, creo que voy a irme a dormir. No quiero comer más estoy muy lleno.


- Vale hijo, descansa bien que mañana hay que madrugar.


- Buenas noches, mamá - dijo dándole un beso en la mejilla- y buenas noches, papá.


- ¡Recuerda pasarte por la tienda mañana!


Subió las escaleras, sentado sobre la cama con el libro de biología en sus piernas echó una ojeada a cómo había quedado su habitación. Estaba remodelada al completo, ya no tenía gotele en las paredes, que tampoco eran ya celestes sino moradas.

Los muebles eran los mismos, pintados ahora de blanco, aunque redistribuidos mejor. El pequeño espejo que había sobre la cama había sido sustituido por uno de cuerpo completo que se encontraba en una pared.

Alrededor pegaba recortes de revistas de moda, hombres vestidos con trajes elegantes, ropa extravagante y colorida, ojos bonitos, rostros de chicos guapos, torsos desnudos y cuerpos perfectos, manos bellas, chicas con cabellos brillantes y lustrosos, rostros también de hermosas muchachas de labios rojos. También pegaba palabras que hacía con letras recortadas: perfection, love, beautiful, pretty, handsome, perfect, good-looking, radiant..

Descendió su mirada hacia el libro, pasó la tarde estudiando y cuando ya estaba agotado fumó apoyado en la ventana. Siempre miraba a un pequeño muro de una antigua construcción, o lo que quedaba de él. 

Jason mordió una manzana que guardaba en su mochila suspiraba melancólico. Era lo único que había comido durante el día, a parte de el yogurt del almuerzo.


Sintió un sabor intenso y dulce en el paladar, comer se sentía tan bien, llevaba días sin comer nada y algo tan sencillo se convertía en toda una delicia.


Lanzó el hueso de la manzana con todas sus fuerzas tras el muro, al caer sonaron las hojas secas caídas, que anunciaban que el invierno estaba cada vez mas cerca.

Lo habían pintado pero en la oscuridad no era capaz de entender que ponía, bajó a la calle y se paró a leerlo.

HERE LIVES A FAT FREAK (aquí vive un gordo fenomeno).

El camión de la basura apareció frente al muro cubriendolo y de él bajo Clark.


- Buenas noches, Jason- dijo alegremente saludando con la mano en el aire.


- No son tan buenas- dijo con una sonrisa incomoda.


- ¿Que sucede?- preguntó mientras vaciaba los cubos.


- Una pintada, pero la ha hecho un gilipollas, no tiene importancia, puede comerme los cojones.


- ¿Una pintada?- Clark volteó el camión para verla - uhhh, es jodida ¿Es sobre tí?


- Eso me temo, pero no me afecta, de verdad, no tiene importancia.


- Sabes que lo que pone ahí no es verdad, bueno, tengo que irme, hasta luego. Espero que lo puedas arreglar.


- ¡Hasta luego!- exclamó Jason con los brazos cruzados mientras Clark se alejaba a toda velocidad.


Subió a su habitación, tiro de las sábanas, cerró la luz y se lanzó en la cama a dormir. Se preguntaba en que momento había empezado a odiarse de tal manera.

Antes de dormir solían venir a su cabeza malos recuerdos y pensamientos.

Había sufrido fuertes burlas desde que era muy pequeño.

Recordó cuando tenía ocho años. En aquel entonces era un niño raro que hablaba con los adultos, se mantenia callado cuando no tenía nada que decir y siempre decían que era muy portado.

En otras palabras maduró a marcha forzada, o como lo suelen llamar, creció demasiado rápido.

Para entonces era aún mas pelirrojo que ahora, su pelo era completamente naranja y su cara todavía mas pecosa. A dia de hoy le había oscurecido pero no lo suficiente para confundirse con un castaño rojizo.

También era mucho más relleno, con mofletes inflados y una enorme cicatriz en la frente, hoy en día desaparecida, causa de una caída de un toro mecánico y que lo obligaba a llevar un flequillo largo que tapaba sus entonces escasas cejas.

Poco a poco fue cerrando los ojos hasta que se quedó dormido. El despertador sonó a las 6, se preparó para el instituto y cogió su bicicleta.

El cielo estaba nublado y repleto de cuervos que tapaban la escasa luz del sol formando una densa nube negra, con sus horribles graznidos descordinados.

No podía más con la rutina, era como si estuviera atrapado en un bucle en el que los días se repetían.

Dejo la bicicleta en el aparcamiento poniéndole una cadena con candado y entró al instituto. Se había levantado con una desgana y un cansancio que no eran proporcionales a las horas que había dormido. Le dolía la cabeza y veía borroso.

En cierto momento dejó de ver, todo se llenaba de parches negros, las imágenes perdían la forma. Parpadeó para ver si se solucionaba pero para entonces ya yacía inconsciente en el suelo otra vez.

Fue trasladado en ambulancia al hospital y lo dejaron en una camilla. Por la tarde  algunos compañeros fuero a visitarlo para ver si estaba bien.

Jack, Francine y Britts estaban sentadas en unas sillas junto a la camilla esperando a que se despertase, por lo visto había tenido una bajada de azúcar o eso creía en médico que acababa de salir a la par que Shanon entraba en la habitación junto con Clark.


- ¿Está bien?- preguntó preocupada.


Jack la miró, las chicas en general, quitando a las de su grupo le parecían idiotas. Siempre preocupadas por los chicos, el romance y sumidas en su débil mundo de color rosa. Le repugnaba la feminidad, la detestaba tanto que cuando veía a otras chicas el rechazo era instantáneo.

No entendía como a alguien le podía gustar ser una chica, siendo algo tan aburrido, limitado y doloroso, con lo sencillo que era ser un hombre para muchas cosas.

Shanon le recordaba a las chicas del internado que le hacían la vida imposible, era muy parecida a ellas con una felicidad desbordante y una aparente simplicidad mental que la hacía ver como una tonta a sus ojos.


- Si, está bien- contestó- ha tenido una bajada de azúcar- despertará dentro de poco.


- Me quedaré a esperar- dijo Shanon.


Clark también se quedó de pie junto a ella, le había extrañado no ver a Jason sacar la basura nuevamente y le había preguntado a su padre, que le habia dicho la habitación para que fuese a verlo.

En todo el panorama entró Meg y Shanon se giró hacia ella cruzando los brazos en un gesto de disgusto.

Ambas producían un fuerte contraste, Shanon tenía una melena rubia con un flequillo mal cortado y una coleta alta en mitad del la cabeza, hecha con un coletero rosa que combinaba en color con unos grandes pendientes de aros grandes. Llevaba un conjunto de chaqueta corta y unos vaqueros láser, ambos holgados, unas impecables converse blancas de plataforma con estampado de cebra.

Siempre hacía un molesto sonido al masticar chicle y tenía una voz irritantemente aguda, unas paletas muy cuadradas, ligeramente más grandes que el resto de sus dientes y una pequeña torcedura en la parte superior del tabique.

Era una chica muy guapa a decir verdad.

Megan tenía ahora el pelo ondulado, por los hombros y teñido de rosa pastel con las raíces castañas un poco crecidas. Vestía con ropa pasada de moda porque a diferencia de Shanon su madre no tenían tanto dinero. Llevaba una camisa blanca, una chaqueta de piel marrón,  pantalones beige acampanados de cintura alta y unas botas blancas.


- ¿Que haces tu aquí?- preguntó Shanon.


- Quería saber como estaba pero ya me iba- dijo molesta mientras se marchaba por donde había venido- hasta luego.


- ¿Por qué se ha ido?- preguntó Clark.


- No la conocéis bien- masculló.


Todos se miraron confundidos, los presentes no eran muy amigos del chisme y del rumor. Se decía de Megan que era una fresca porque todos se habían enterado de que lo había hecho con Frank, pero por lo visto también lo había intentado con Jeffrey, aunque el se había negado.

Antes, cuando estaba con Frank todo el mundo le hablaba pero ahora era raro verla acompañada de alguien. Ahí me di cuenta de lo efímeras que son a veces las cosas y como puedes estar en lo más alto un día y que al siguiente todo sea un recuerdo.

Jason dio una sacudida de depende y todos se quedaron observandolo atentamente, movía los dedos y los ojos un poco, frunciendo el ceño en una expresión extraña.


- ¿Jason?- preguntó Clark- ¿puedes oirnos?


Él no oía nada, estaba caminando en un lugar donde no había nada, solo oscuridad en la que poco a poco se hacía paso.

Todo era de color negro excepto él que parecía brillar con una luz propia.

Se paró en seco y miró a su alrededor, viendo que no había suelo ni cielo, tampoco horizonte que los dividiese, por más que avanzaba no llegaba a ninguna parte.

De repente empezó a oir algo, pensó que era su percepción pero después se dio cuenta de que no se estaba volviendo loco y verdaderamente de algún lugar, tal vez desde arriba se escuchaba el lago de los cisnes. Alzó la cabeza para buscar de donde podía venir exactamente aquel sonido.

Al mirar al frente vio  una figura difusa, esqueletica y aparentemente cubierta con un manto negro con el que se fundía. 

Le tendió la mano invitandole a un pas de deux y al tomarla comenzó.  Mientras bailaban al ritmo de la música esta se hacía más fuerte, casi insoportable hasta que de repente se levantó sobresaltado y abriendo los ojos, tosiendo y con sensación de falta de aire. 


 «¡Se ha despertado!»


«Está despierto»


Escuchaba a su alrededor voces lejanas, sin distinguir a quien pertenecía cada una, fue entonces cuando se fijó en que su habitación del hospital estaba llena de personas y aquello le sorprendió.


- ¿Cuántos dedos tengo?- preguntó Shanon poniendo 3 dedos delante de sus ojos.


- Hay 3.


- Que bien que estás bien- dijo Britts.


- Estoy un poco mareado, ¿alguien puede decirle al médico que me he despertado? 


- Si, iré yo- contestó Shanon mientras salia de la habitación en su busca.


- ¿Y alguien puede llamar a mi padre y decirle que venga a por mí? 


- Yo puedo hacerlo- dijo Clark mientras tomaba un teléfono que estaba junto a la camilla y tecleaba el número que dictaba Jason.


Su padre fue a recogerle, después de eso fueron al médico y le hicieron una revisión general. 

No parecía tener nada pero era la segunda vez que acababa en el hospital con una bajada de azúcar.  

Como no detectaron ningún problema de salud aparente, le volvieron a dar el alta.

Su padre recibió la llamada al teléfono de la tienda, la cerró rápidamente y fue a buscarlo en coche. Jason se sentó en los asientos de atrás con la espalda pegada a la puerta para tener espacio para poner las piernas y calmar el mareo.


- Hoy no hace falta que me ayudes, descansa para recuperar fuerzas.


Esa tarde fue a observar a las chicas que practicaban ballet en el salón de actos del instituto para la función de final de curso, siempre iba a ver los pasos y quedarse con ellos. Tenía una memoria prodigiosa, tal vez por eso le costaba tanto olvidar las cosas que no le gustaban.

Después de eso había quedado con Jack para ir a la bolera.

Al girar la mirada vio que Gregory .también estaba allí observando a Brittany Hofferman. Estaba enamorado perdidamente de ella o eso decían en mi clase, aunque no sé si era o no rumor.

Se marchó de allí y antes de ir al trabajo, fue a comprar laxantes a la farmacia.

Shanon estaba en la farmacia en ese momento, comprando cantidades insanas de bolsas de patatas y gaseosa, la saludó con un gesto mientras ponía una media sonrisa.

Ella continuó metiendo caramelos a la cesta, que colgaba de su brazo.


- Hoy voy a dar una fiesta en mi casa, es el cumpleaños de mi perro Drake.


Jason levantó la ceja mientras la observaba sonreir, tenía una sonrisa y una risa artificiales, es decir, no se entendía tanta felicidad constante en una persona. 

Hablaba en voz alta todo el tiempo, no se le borraba la sonrisa ni un momento y se reía hasta de las piedras. Cualquiera que no la conociese pensaría que era una lunática pero yo le tenía cariño porque conmigo siempre había sido amable, aunque luego no se acordase de mí.

Nunca la habían visto enfadada, ni llorando, asustada ni triste.

Siempre estaba tan feliz por fuera que nadie diria que tendría algún problema que la perturbase.


- ¿Quieres venir? - preguntó mientras se dirigía rápidamente al mostrador.


- ¿Por qué quieres invitarme? Llevamos años en la misma clase y creo que nunca hemos hablado.


- Porque me caes bien, a mi todo el mundo me cae bien- contestó colocando todo lo de la cesta sobre el mostrador, ocupandolo al completo.


- No me gustan demasiado las fiestas, pero gracias por la invitacion.


- Vale, si cambias de idea...- dijo mientras metía todo el bolsas y le daba una invitación horrible en una tarjeta rosa, recargada y noña a más no poder.


Jason se despidió de ella y volvió a hacer el mismo truco para conseguir las pastillas. Al salir leyó la invitación observandola con mas detenimiento. Era una cartulina rosa pintada, escrita a mano, con una foto de su perro impresa pegada en un lateral y algunas pegatinas brillantes.


«Te invito a la chupi chupi fiesta de mi perrito Drake a las 6:30 pm ¡¡¡No faltes!!! XX Shanon"


Solo para reirse, decidió ir. Al llegar Shanon le saludó efusivamente mientras alzaba a su perro, con un sombrero de cumpleaños frente a él.


- ¡Di hola Drake!- exclamó moviendo su pata.


Jason se aguantó la risa, era la fiesta más ridicula a la que había ido, Shanon le colocó un sombrero de cono como a todos los invitados.

Se sentó en el sofá, viendo como le cantaban feliz cumpleaños a un perro alrededor de una tarta de chucherias para perro en forma de hueso. 

Todo el mundo parecía divertirse pero el no lograba entender nada, entonces empezó a pensar que tal vez no era tan ridícula sino que él no lo entendía y por tanto era tonto. ¿Por qué otra razón los otros si lo comprenderían?

La fiesta entonces tomó otro tinte y empezó a parecerse a otras en las que había estado. De pronto, sintió un profundo miedo de que Jeffrey pudiera estar allí.

Shanon se acercó a él.


- ¿No vas a levantarte? ¡Es una fiesta!- preguntó, claramente borracha mientras soplaba un matasuegras- no puedes estar sentado y triste.


- No, estoy bien aquí- contestó él con una mirada triste. Ya tenía ganas de irse, todo estaba comenzando a ser incómodo.


- ¿Quieres ver mi habitación?


- Vale.


Shanon le agarró un brazo y lo hizo subir las escaleras hasta su cuarto. 

Todo tenía estampado, el papel de la pared, las cortinas, la colcha, los cojines, la alfombra, hasta las lamparas. Era tan cateto que hasta irritaba.

Shanon saltó encima de la cama sin contexto, Jason estaba menos borracho y le miró con extrañeza.


- ¡Vamos! ¡Ven conmigo!


Le hizo caso y se unió a ella, pero rápidamente se cansaron y se quedaron tumbados sobre la cama.


- ¿Alguna vez te has enamorado?- preguntó Shanon.


- Sí, muchas veces.


- Yo no se si estoy enamorada ¿Como sabes que estás enamorado de alguien?


- Porque podrías morir por esa persona, podrías pasar horas sin hacer nada y sentir que lo has hecho todo por que esa persona está contigo. Intentarias cualquier cosa, aunque fuese ir caminando a la luna con tal de que te quiera.

Y si te pide que te arranques el corazón, te lo arrancas porque no crees que vayas a sentir nunca nada así por alguien.


En ese momento comenzó a llorar, era la primera vez que la veía así y se quedó perplejo. No sabía que hacer.


- ¿Crees que debería volver con Jeffrey?- preguntó- ¡le dejé porque me dijeron que me engaña con otras, pero yo creo que no es verdad!


- Si eso es cierto, no merece que vuelvas.


- ¡Pero yo le amo, sin el no soy nada! ¡Se que lo entiendes, me lo acabas de demostrar!


- Le caes bien a todo el mundo, tienes una casa enorme, ropa bonita, unos padres que te quieren...Eres guapa y siempre estas sonriendo. Si yo fuera especial, tal vez no me enamoraría, por qué no necesitaría alguien que pensase que lo soy.


- ¿No sientes a veces que aunque tengas lo que se supone que tienes que tener estás vacío? 


- ¿A ti también te sucede?


- No siempre, pero a veces si...Me gustaría no tener vergüenza a no sentirme siempre  bien.


- ¿Qué es lo que tiene Jeffrey?


- No lo se, por mucho que me molesten sus cosas siempre le perdono. Por eso creo que estoy enamorada.


- ¿Qué es lo que más te molesta de él?


- Me molesta que a veces parece que se cree mejor que todo el mundo, mirando a todos por encima del hombro. Esos trajes tan feos que le sientan mal a todo el cualquiera y ese tupé tan recargado de gomina. Parece que se le ha caido agua en la cabeza. Cree que lo sabe todo y me hace sentir como que no tengo idea de nada. Todos creen que soy una tonta ¿Sabes? Seguro que tú también lo piensas.


- No, no creo que seas una tonta.


- Si- contestó Shanon sonriendo y secándose las lágrimas- creo que sí lo soy, porque yo misma me hago estar triste. Si no pensara que me pone los cuernos no estaría así. El me ha dicho que no lo ha hecho y estoy acusándolo sin fundamento.


- Está intentando manipularte, es un gilipollas. Cuando alguien me hace daño, escribo todo lo que me han hecho, en una libreta y los insultos que le diría. Cuando estoy solo lo grito todo y me imagino que se lo digo a esa persona. 


Comenzaron de nuevo a saltar en la cama.


-  ¡Jeffrey, detesto lo que haces! ¡Eres un dolor de cabeza!


- ¡Hueles a pino! ¡Tu coche es hortera!


- ¡Tus dientes son blanqueados! ¡Tus trajes son de segunda mano!


- ¡Tienes la polla como el jorobado de Notre Dame!


Shanon interrumpió su salto, quedándose parada frente a él.


- ¿Que has dicho?- preguntó cambiando nuevamente su tono- ¿Cómo sabes que la tiene rara? Es mayor que nosotros, no lo has podido ver en los baños, ni en los vestuarios.


- No, yo...


- ¡QUE! - gritó- ¿TU QUÉ? ¡EXPLICAMELO!


- Me lo dijo él.


- No es verdad, nadie se la ha visto, solamente yo. Me dijo que era un secreto y tú y el no sois amigos, no tendría por qué contartelo. A no ser que lo sepas porque conozcas a alguien que la ha visto ¿Quién es?


- Shanon escúchame...


- ¡DÉJALO! ¡SOLO DÉJALO ESTAR Y VETE!


Jason se levantó de la cama, caminó hacia las escaleras y notó un fuerte empujón que lo hizo rodar hasta en salón, en medio de un montón de invitados.

Shanon bajo las escaleras furiosa, tropezando, cogió la tarta y se la estampó a Jason en la cabeza.


- ¡FUERA!


El se levantó y salió corriendo despavorido, el resto reían.


- ¿QUE TIENE DE GRACIOSO?


Se hizo el silencio y todos se miraron entre sí, volviendo poco después a la normalidad.


- ¡LA FIESTA SE HA ACABADO! ¡ESTOY ENFADADA!- exclamó arrancando las decoraciones de cuajo y empujando a los invitados del salón- ¡FUERA DE MI PUTA CASA!


Todos, que hasta ahora pensaban que era una broma salieron corriendo rápidamente, en cuestión de segundos la sala quedó vacía con los restos de las decoraciones rotas sobre el suelo y la mesa puesta, aun con comida y vasos a medio beber.

Sus padres aparecieron justo en ese mismo instante, viéndola llorar junto a las escaleras con la cabeza sobre las rodillas.


- No, no llores - dijo ¿Qué ha pasado?


- Es el peor dia de mi vida- dijo con la voz rota, tenía todo el rimel corrido, el pelo despeinado y las manos churretosas de secarse las negras lágrimas que tenía en las mejillas- Drake se ha perdido porque dejé la puerta abierta y mi fiesta ha sido un desastre, les he echado a todos. Jeffrey me ha sido infiel...


Su padre se agachó y le colocó la mano sobre el hombro sonriendo.


- ¡No pasa nada! ¡Te compraremos otro perro si Drake no aparece, pero seguro que lo hace! ¡Y hay muchos chicos! ¡Puedes buscarte otro mejor que Jeffrey, el mar está lleno de peces!


- ¡Cuando encontremos a Drake haremos otra fiesta!- exclamó su madre.


- ¡No es lo mismo!- dijo Shanon.


- ¿Qué decimos los McFlair?


- Las personas optimistas siempre tienen un plan, las excusas son para gente pesimista.


- ¿Quieres ser feliz verdad? Tu mente es muy poderosa, sólo piensalo. Si piensas que estas feliz, estas feliz ¿Quienes dicen que es imposible hacer lo que estás pensando?


- Los perdedores.


- ¿Por qué?


- Porque su mente es débil.


 - ¿Y qué eres tu?


- Una ganadora.


- Entonces sonríe, nuestros actos reflejan como somos, si estas feliz por fuera estás feliz por dentro.


Shanon se levantó y sonrió como hacía siempre. Esa noche hizo un montón de carteles de perro perdido para colgarlos por el pueblo.








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