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miércoles, 4 de noviembre de 2020

Proyecto 1- Capítulo 6

Tuve suerte, mi padre estuvo muy ocupado y no se enteró de dónde vivía Andrew por lo que mi preocupación volvió a dirigirse al miedo de que cumpliese sus amenazas y me buscase en las fiestas del pueblo.
Jason había venido a mi casa a recogerme para ir juntos.
Ya allí nos adentramos entre la multitud viendo que podíamos hacer.

- ¿Me vuelvo a subir al toro mecánico?- preguntó pateando una piedra que estaba en su camino.

- Ya ganaste el año pasado- le contesté dando un mordisco a una mazorca.

- Por eso mismo, si gano este año me dan una camiseta- la señaló desde lejos, pero como era bajo no veía nada- es bastante guay.

- ¡Mierda! ¡No veo!

- ¿Quieres que te levante?- me preguntó riéndose.

- ¡No, qué vergüenza! Mejor nos acercamos un poco.

"Señoras y señores, el concurso más esperado vuelve a Culvert. La elección de la Miss y el Mister del pueblo y este año, con un certamen junior" - se escuchó decir al presentador del concurso desde unos altavoces.

Jason giró la cabeza inmediatamente y me cogió del brazo.

- ¡Olvida la camiseta!- me dijo.

Nos abrimos paso en la multitud para estar cerca del escenario, yo no entendía por qué y me quejaba porque no dejaba de chocarme y pedir disculpas y en un par de ocasiones me pisaron el pie.

- ¿Qué pasa?- le pregunté jadeando y sudando por la pequeña carrera que me había hecho dar.

- ¡Kurt! ¿Y si se presenta? No puedo perdérmelo.

- ¡Ni siquiera sabes si lo hará! Vamos a ir a por otra mazorca o una manzana de caramelo.

- ¡Estoy seguro! Es el chico más guapo del pueblo ¿Por qué no se presentaría?

- No sé, pues porque no quiera.

- ¡Tonterías...!

"Nuestro primer candidato para mister junior es Frank Cooperson, lo sentimos mucho chicas pero ya está cogido "

Frank apareció en el escenario y saludó, lanzó unos besos al aire había el público justo donde estaba Megan. 
La gente le aplaudía y gritaba para animarlo, aclamándole constantemente.
Jason no tardó en mostrar disgusto y mirarme para esperar una respuesta.

- Es guapo - le dije.

- ¡Si no se presenta a todo lo que puede y hace su show revienta! Tampoco es para tirar cohetes...

No se si lo decía por qué lo detestaba o porque de algún modo lo envidiaba, pero era innegable que era guapo. Todo el mundo lo pensaba y lo decía.

"Nuestro candidato número  2 es Kurt Pavok"

Jason cambio de expresión al momento y comenzó a aplaudir. 
Kurt no tenía una puesta en escena tan rebosante de carisma, no sonreía ni caminaba tan decidido, sino que se mostraba más serio. 
Siempre era de pensar que el atractivo no solo estaba en lo físico y era cierto, podía ser muy guapo pero le faltaba gancho.

- ¡Te dije que se presentaría! - exclamó ilusionado - ¡Es mucho más guapo que Frank!

- Es de los mayores, no tienes ninguna posibilidad con él.

- ¡Soñar es gratis! ¡No seas así!

- Es que te veo muy ilusionado y no quiero que sufras.

- Se que no tendría una oportunidad jamás, pero para que me voy a fijar en un crío teniéndolo a él.

- Jason...- comencé a reírme y me tapé la boca, pero aún así se me oía.

Kurt me echó una pequeña mirada mientras saludaba al público con la mano y enseguida me la retiró.

- ¡Ay calla que nos están mirando!

- ¡Por qué eres así!

- ¿Así como? Estoy siendo realista, los de mi curso son muy inmaduros, yo prefiero a los mayores. ¿Que preferirías, a un mocoso de tu clase o al señor Harvey?

- ¡El señor Harvey está casado y hasta tiene hijos, podría ser tu padre! 

- No estoy diciendo que vaya a estar literalmente con el, solo que si puedo tener un hombre no me pienso conformar con un crío ¿Entiendes? Soy mucho más maduro que los demás.

- ¿Pero cómo vas a estar con un señor tan mayor? ¿Que tiene? ¿50 años? Ni siquiera está bien, es más estoy seguro de que es ilegal.

- Si yo también quiero no es nada malo.

- Claro que sí, lo que estás diciendo es un disparate.

- No es un disparate.

- Me estás diciendo que si tuvieses oportunidad estarías con el señor Harvey ¿Cómo no va a ser un disparate?

- Te digo que no lo es, tiene mucha experiencia de vida y seguro que es mejor en la cama.

- ¡Debes estar bromeando...!- exclamé riéndome de incredulidad.

- En cierto modo si, sabes que solo tengo ojos para Kurt. Todo en el perfecto...

- Eso decías el año pasado de Jim, y el anterior de Terry, y el anterior de Bryan y el anterior de Brenner...

- ¡Calla y no me lo recuerdes! ¡No se que les veía a esos tipos! ¡Pero esta vez es diferente!


Empezaron a nombrar a los demás candidatos, no los conocía demasiado así que no presté mucha atención. Estaba distraído imaginándome en el puesto de Frank.
Me hubiera gustado que eso me hubiera pasado a mí y fantasear al final era gratis. 
Si tan solo hubiera sido guapo podría haber tenido mi pequeño momento de fama y siendo muy guapo hasta de triunfo.

- Imagínate ser tan guapo como para poder participar en un concurso y ya si nos ponemos así, ganarlo- me dijo Jason- ¡Quién pudiera!

Ambos estábamos pensando lo mismo, por algo éramos amigos.
Para la desilusión de Jason, ganó Frank. Le pusieron una corona de latón y una banda.

- ¡No puede ser! - dijo poniéndose la mano en la cara- ¿Por qué diantres gana en todo lo que hace? No lo soporto.

- ¡Deberías alegrarte por él!- traté de convencerlo.

- Esta vez no ha sido ni por mérito propio, lo votan solo porque es él.

- Tiene carisma.

- A eso me refiero, tiene el poder de conseguir que todos hagan lo que él quiere y no tiene ni que mover un dedo.

- Creo que no estás siendo objetivo.

Jason frunció el ceño, parecía molesto pero no pensaba decirle lo que quería oír.

- Bien, tú lo admiras, yo no le soporto, no hay caso- me dijo.

Frank acababa de bajar del escenario, me separé un momento para darle la enhorabuena y actuó de forma amable ¡Incluso recordaba mi nombre! Estaba convencido de que no era malvado, tal vez no era un ángel pero no lo veía como un monstruo.

- Y ahora le felicitas...

- ¿Por qué estás así?

- ¿Lo que nos hizo no te parece motivo?

- Fue una broma de muy mal gusto pero un mal acto no convierte a alguien en un monstruo.

- Como me gustaría pensar como tú...


Fuimos a un carrito de comida para comprar una manzana de caramelo.

- Por cierto, Andrew quiere vengarse de mí - le dije.

- ¿Por qué? ¿Que le has hecho?- contestó Jason desconcertado- ¡No me digas que les has plantado cara y me lo dices ahora!

- Que va, ojalá, me pinchó las ruedas de la bicicleta y el señor Brown tuvo que defenderme, le echó la bronca y ahora me la quiere devolver.

- Tranquilo, que hoy no nos ponen una mano encima, no les tengo ningún miedo.

- ¿Te has dado un golpe en la cabeza?

- Mientras estén las fiestas del pueblo estará la policía rondando la zona, si nos molestan la llevan clara. Tú tranquilo.

- Tienes razón, vamos a que te montes en el toro.

Jason se subió en el toro mecánico y consiguió la camiseta, se quitó la que llevaba y se la cambió por la nueva.

- El secreto está en mantener relajado el torso, si sigues el movimiento del toro ya has ganado- me dijo orgulloso.

- La última vez salí disparado- le dije riendo - casi mejor que ni lo intente.

- Ahora tengo que ir al baño.

Había mucha cola en los baños portátiles y empezó a impacientarse.

- ¡Al cuerno! Vamos a un callejón porque no me puedo aguantar más.

Fuimos rápidamente a un callejón y Jason se metió tras el contenedor para intentar orinar. 
Estaba extrañado de no habernos cruzado con los Fumigadores en ningún momento pero cuando estaba a punto de comentarlo una mano me tocó el hombro.

- ¿Nos echabas de menos?- me dijo Andrew.

Jason y yo echamos a correr por el callejón y volcamos dos cubos para frenarlos. Al llegar al final , era un callejón sin salida y no tuvimos otra que intentar trepar la alambrada.
Jason era más rápido que yo y tenía más habilidad para trepar. 
Los Fumigadores no paraban de sacudir la valla para hacernos caer, yo iba por la mitad y Jason estaba arriba a punto  de saltar al otro lado pero me daba miedo seguir avanzando con las sacudidas.

- ¡Baja o te bajamos nosotros!- me gritó Bast.

- ¡Trepa más, te queda poco!- exclamó Jason mientras subía un poco más alto.

- ¡No puedo la valla se mueve mucho!

Jason consiguió saltar al otro lado y caer en cuclillas evitando los alambres de espino.

- ¡Vamos August, sube rápido!- me gritó.

- Vamos a bajarlo de ahí de una vez- dijo Alexander- me estoy aburriendo.

Comenzó  a trepar la valla y al tener los brazos largos me agarró por un tobillo.

- ¡Suéltame! ¡Suéltame!- chillé.

Comenzó a tirar haciendo que me soltase de un brazo.

- ¡Ya lo tengo!- exclamó orgulloso.

Forcejee pero no tenía forma de escapar, me agarró también del otro tobillo y tuve que agarrarme con las manos con aún más fuerza para que no me bajase.

- ¡Tira fuerte, que ya baja!- gritaba Bast.

Comenzaron a animarlo repitiendo su nombre mientras hacía todos mis esfuerzos porque no me bajasen.
Conseguí soltarme un tobillo, Andrew me lo trató de agarrar para hacer fuerza entre dos y así bajarme de un tirón.

- ¡AHHHHH!- gritó Andrew de pronto-  ¡Esta sí que me la devuelves, comepollas!

Mire hacia atrás mientras avanzaba rápidamente a lo más alto de la valla y vi Andrew tocarse el labio y mirar sus dedos manchados de sangre. Tenía los dientes completamente rojos.
Le había dado una patada accidental, me quedé un rato mirándolo.

- Lo siento - le dije.

- ¿Te hace gracia, friki? ¡Te vas a enterar! ¡Dame la navaja, Bradley!

- ¡Córtale el cuello a ese hijo de puta!- exclamó Alex.

Andrew comenzó a trepar pero yo tenía miedo de saltar.

- ¡Salta, August! - me gritó Jason.

- ¡Está muy alta, me dan miedo las alturas!

- ¡Ven aquí que te corto esa cara de pringado que tienes!

- ¡Tu puedes!- me animó.

Andrew estaba a punto de volver a atraparme y tuve que saltar por inercia y miedo.
Miré hacia atrás triunfante mientras corría y vi a lo lejos las luces de un coche de policía.

- ¡Ven por mi ahora sí puedes!- les chillé desde lejos.

Empezaron a insultarme y a patear la valla furiosos.


- ¿Que hacéis ahí? ¿No veis que no se puede trepar por la valla?- escuché a lo lejos y vi la silueta de lo que parecía un policía con una linterna que poco a poco al ir corriendo se iba haciendo más y más pequeña.

Paramos de correr y nos quedamos en mitad de una carretera.

- ¡Lo has hecho! ¡Le has dado una patada a Andrew!- gritó Jason emocionado sujetando mis manos.

- ¡Pero si fue un accidente! 

- ¡Da igual, lo has conseguido, has sido el primero en plantarle cara! ¿No vas a celebrarlo!

Jason estaba saltando y vitoreando.

- ¡Les hemos ganado! ¡Les hemos ganado!

- ¡Shhh! ¡Vas a despertar a todo el vecindario!

Una ventana se iluminó y caminamos rápido para que no salieran a regañarnos por hacer ruido. Nos despedimos donde todos los días y cada uno marchamos para casa.
Intenté ser silencioso para no despertar a mis padres y me fui a dormir. A la mañana siguiente desperté bajé las escaleras esquivando escalones.

- ¡August! Una mala caída y te quedas en el sitio - me riñó mi madre.

- ¡No me caeré, tengo cuidado!

Ella suspiró y bajó esquivándome. Llegué a la cocina y arrastré la silla para poder sentarme.
Me gustaba sentarme con la silla al revés, cuando pones las piernas a los lados del respaldo y apoyas los brazos.

- Siéntate bien...- volvió a quejarse mi madre.

- ¡Pero mamá! ¡Que tiene de malo!

- Las sillas no se usan así, el respaldo es para que pongas la espalda y te sientes derecho.

- Se que es para eso pero ¿Por qué no puedo hacer lo otro?

- Precisamente porque si no te sientas derecho te harás daño en la espalda y si lo haces fuera se van a pensar que eres un maleducado.

Resoplé y me levanté para dar la vuelta a la silla.

- Además que nadie se sienta así, es hasta más incómodo no se ni como puedes hacerlo- dijo riendo.

- Para mí no es incómodo- le sonreí.

- Espera a que te apoyes más fuerte de la cuenta en el respaldo y la silla vaya al suelo contigo ¿Que quieres para desayunar?

Me levanté de la silla y miré la nevera.

- Me lo hago yo solo.

Mi padre entró y dio los buenos días, no paraba de bostezar. Mi madre le dio el café pero cuando estaba a punto de beber un poco se le aflojó la mano y derramó un poco sobre sus piernas.

- ¡Maldición! - exclamó- ¡Como quema!

Le di una servilleta para que se secase.

- Ya sabemos a quien ha salido August...

Yo me reí tapándome la boca y mi madre me miró con complicidad mientras sacaba dos tostadas ya listas para comer y las untaba con mantequilla.

- ¿Cómo te lo pasaste anoche? - me preguntó mi padre.

- Muy bien- contesté omitiendo detalles que no me fuese a preguntar.

- ¿Te volvió a molestar ese chico?

- No...- mentí - no pasó nada.

- Me alegro de que no te hiciese nada, porque hoy le vamos a ir a ver por si se le vuelve a ocurrir.

- ¡No, papá, pero si ya me ha dejado en paz!

- En el momento menos pensado vuelve, tu verás que cuando me vea a mi se le paran los pies.

No quería, es más me negaba a que eso pasase. ¿Y si se lo contaba a los demás? Me pegarían y me harían de todo y cubrirían a Andrew pero como le rechistase más a mi padre todavía las cosas se ponían peor, no tuve más remedio que ceder.
Andrew vivía en un trailer, en el campamento de caravanas del pueblo.
Mi padre pegó a la puerta. Yo tenía el corazón en la garganta y estaba tratando de distraerme mirando a mi alrededor pero lo único que había era un perro ladrando sin parar atado a un árbol con una cadena, juguetes esparcidos por el suelo, cuatro sillas y una mesa de plástico y una bandera sostenida en un ladrillo.

- ¿Quién es?- preguntó la voz de una niña.

- Dile a tus padres que venimos a hablar con Andrew.

- Vale, esperad un momento.

Enseguida el padre de Andrew abrió la puerta y al lado de él estaba su hijo, cabizbajo y mirándome directamente a los ojos con una expresión de rabia y odio.

- ¿En qué problema está metido ahora?- preguntaba el señor Moore.

- Andrew ha estado hostigando a August en el instituto, le ha roto 4 pares de gafas y el otro día le pinchó las ruedas de la bicicleta.

- ¿Es eso verdad Andrew?

Andrew no respondía, seguía mirándome.

- ¡Contéstame! ¿Es verdad? ¿Has estado molestando a este chico?

- Si...

- Pídele disculpas.

- Lo siento August - me dijo entre dientes, no parecía arrepentido, ni en su tono ni en su mirada.

- ¡No quiero que vuelvan a venir a decirme que has hecho otra fechoría, ni en el instituto ni en ninguna parte!

Agarró a Andrew del brazo y lo metió dentro de la casa.

- ¿Hay alguna forma en la que pueda pagar o compensar los daños que ha hecho?

- No, no es necesario ya está todo cubierto.

- No va a volver a molestar ¿Verdad que no, Andrew?

 Estaba cruzado se brazos apoyado en la pared con la mirada alta, como si no le importase ni siquiera un poco que le estuviesen regañando. Si hubiera estado en su lugar yo ya estaría llorando.

- ¡Porque estás castigado! ¿Lo oyes? Ni un centavo, no te voy a dar ni un centavo ¿Me estás escuchando? ¡Y te olvidas de salir! ¡Cuando vuelvas de la escuela de verano te quiero aquí!

Seguía con ese semblante apático mirándome de reojo y hasta haciéndome un gesto de amenaza pasando el dedo por su cuello, no sin antes comprobar que nadie más lo estaba viendo.

- ¿Como lo vas a compensar?

- Y yo que se- decía resoplando y encogiéndose de hombros.

- Enserio no es necesario - decía mi padre.

- Claro que lo es, está vez tiene que aprender de una vez la lección. ¿Que le parece que le corte y riege el césped todo el verano?

- ¡No pienso hacerlo!- se quejó Andrew.

- ¡Lo que quieras o no da igual! ¡Lo harás y punto! 

Andrew se dio media vuelta y caminó por el pasillo cerrando la puerta de su habitación de un portazo.

- ¿Otra vez con los portazos? ¡Ya hablaremos tu y yo a solas!

Se creó un silencio incómodo donde todos nos miramos entre todos.

- Discúlpeme, no sabemos que hacer con él, no es el primero que se queja de su comportamiento.

- No se preocupe - decía mi padre con tono tranquilizador- bueno que tenga un buen día.

- Lo mismo le digo, acordaré con mi hijo lo del castigo.

- Hasta luego - me despedí.

De camino a casa estaba pensando que haría esa tarde. Había pensado en comer en casa de Jason.

- ¿Puedo ir a casa de Jason a comer?- pregunté.

- Pregúntale a tu madre.

- ¿Y si dice que si?

- Está bien pero tendrás que preguntarle también a la madre de Jason.

Llegué a casa y mi madre me dio permiso para ir, a la señora Steele no me molestaba que comiese con ellos.
Dejé mi bicicleta en el jardín y pegue a la puerta.
Jason me abrió y me invitó a pasar.

- Quítate los zapatos porque hemos fregado el suelo y todavía está mojado- me dijo.

Su madre estaba en la cocina preparando un filete con tomate, espárragos y patatas. ¡Incluso hizo salsa! Me saludó y yo también a ella antes de tomar asiento.
Noté que Jason cortaba todo el filete en trozos muy pequeños y tardaba en comer.

- No juegues con la comida- le dije al ver que la  desplazaba en el plato.

- ¡No estoy jugando con ella!

- ¡Pues déjala quieta! ¿Qué haces?

- Pues comer.

Se comía un pedazo pequeño de casa cosa, primero el tomate, luego la verdura, luego las patatas y luego la carne, siempre en el mismo orden.

- Ya he acabado - dijo- no quiero comer más.

Lo habría visto de comerse 8 pedazos de cada comida y muchas estaba contando. No había comido casi nada, al menos desde mi perspectiva solo había reordenado la comida para que pareciese que lo había hecho.

- ¡Pero si no has comido nada!

- Claro que he comido, pero no tengo más ganas estoy lleno.

- Bueno, no comas más sino quieres- dijo su madre retirándole el plato- ¿Quieres comértelo tu, August? Estas muy delgado.

- No creo que pueda, gracias.

- Bueno, entonces lo guardaremos 

Nos levantamos de la mesa al acabar y salimos al jardín para cojer la bicicleta.

- ¿A que hora vuelves?- preguntó la madre de Jason desde la puerta.

- ¡Antes de cenar, como siempre!- exclamó.

- ¡Alejaros del bosque!

- ¡Si!

Comenzamos a pedalear, realmente sin rumbo.

- ¿Que quieres hacer?- pregunté.

- No lo sé, ¿Que quieres hacer tú?

- A mi me da igual.

- A mi también, tampoco se puede hacer mucho.

- Hace mucho calor, ¿Vamos a ver si han abierto la piscina?

- Vale.

Fuimos a ver si la piscina del pueblo estaba abierta. En Culvert estábamos muy lejos de la costa y no podíamos ir a la playa, era la única manera de refrescarse.
Bajamos de las bicicletas y miramos agarrados a las rejas como la piscina estaba completamente vacía.

- Que asco- dijo Jason arrugando la nariz.

Había musgo en las grietas y briznas verdes sobresaliendo. El resto era tierra y restos de hojas secas.

- ¿Que hay, chicos?- preguntó el tipo que estaba limpiando la piscina.

- ¿Cuando estará llena la piscina?

- Dentro de dos días, hay mucho trabajo por aquí.

Yo suspiré decepcionado.

- Volved dentro de dos días y ya no estará tan asquerosa.

- ¿Que le ha pasado?- pregunté.

- Este invierno la han vaciado en lugar de cubrirla y bueno...

Nos marchamos de ahí, sentí una especie de pesar dentro y Jason tampoco ayudaba a liberme de él.

- Quiero irme de este pueblo - dijo pedaleando.

- Tampoco es para tanto, en dos días la piscina estará lista.

- Eso no arregla nada.

- No seas tan negativo, nacimos aquí y todos nuestros recuerdos están ahí.

- Lo sé, no es que sea negativo es que todo este pueblo es como esa piscina está vacío y lleno de mierda.

- Ya, pero has visto como plantas siempre crecen, hasta en los lugares más inhóspitos.

- ¿Y eso? ¿Te has puesto profundo de pronto?- preguntó Jason entre risas.

- ¿Tu también has visto esa hierba verdad? ¿Como habrá podido crecer ahí?

- No lo sé.

- Es la naturaleza, Jason

- Vas a tener que hacerle caso a tu madre sobre ponerte el casco, me parece que te has caído muy fuerte esta vez de la bicicleta, August.


- ¡Pero no me cortes el rollo! Es la naturaleza, la vida, la forma en la que están echas las cosas nos fortalece para crecer en la adversidad y no morir en el intento.

- Creo que ya lo he pillado, puedes dejarlo ya.

Me cambié a su lado izquierdo pedaleando rápidamente.

- ¿A que ya no parece tan asqueroso?

- ¿El qué?- preguntó Jason confuso por haber perdido la atención de la situación.

- La piscina, cuando le cambias el significado para ti a las cosas empiezas a verlas de otra manera.

- Hablas cómo tú madre.

- ¡Tu también te pareces a la tuya!

- Bueno pero en otro sentido.

- Ya claro...

- Dios te oiga, si tan solo tuviera el pelo rubio...Creo que esto de nacer pelirrojo es como la piscina, hay que buscarle la moraleja filosófica.


De fondo se escuchaba el sonido de un cortacésped viejo desde un jardint. Se oía tan fuerte que un señor en bata y zapatillas salió al exterior pensando que alguna moto se había accidentado.
El cortacésped se había hecho pedazos, el motor se había achicharrado y humeaba dejando un olor extraño en el ambiente.

- ¿Eso también tiene un trasfondo profundo, Gus?

- ¡Cállate!- exclamé.

- El romántico sonido de la explosión del cortacésped inicia una bella tarde en Culvert, está lleno de verdaderos atractivos nunca antes vistos como la piscina vacía, los postes de la luz caídos o la impresionante fragancia a desagüe que se respira por las calles. 

- ¿Que haces hablando solo? Luego soy yo el que se cae de la bicicleta.

Esta vez fui yo quien se rió, decía que yo decía locuras pero si alguien estaba de remate era el.

- Si nos vamos a poner a romantizar, a mi me gusta mucho más imaginar que estamos en un programa, o una pelicula, o mejor, una serie de televisión.

- ¿Y qué tal un libro? ¿Y si alguien estuviese contando nuestra historia?

- Eso querría decir que somos los protagonistas.

- Si te lo dijera...Pero me vas a decir que es un disparate.

- Bueno, los dos decimos muchos disparates todos los días, por uno más no cambia nada.

- A veces creo que sí, que alguien está contando nuestra historia, que somos una idea, el producto de la retorcida mente se alguien.

Me dejó un poco desnudo, en términos de expresión no esperaba en absoluto que fuera a decir algo así. Jason siempre decía cosas disparatadas pero eran ocurrencias graciosas o alguna que otra cosa subida de tono.
Aquello no me parecía un disparate, más bien algo de lo que asustarse.
Me quedé callado hasta que encontrase algo que pudiera responder, pero ante algo así lo tenía difícil.

- Sabía que no debería haberlo dicho...- trató de disculparse.

- No, no te preocupes.

Volvió a crearse un silencio y lo rompí para no hacerlo sentir mal.

- ¿Realmente piensas eso? ¿Crees que tú y yo no somos reales? ¿Que nada de esto es real?

- Si, en serio lo creo, no siempre pero si algunas veces ¿A ti nunca te ha sucedido?

- No, nunca, estoy seguro de que soy real, o al menos lo creo muy firmemente...

En ese momento lo empecé a dudar, aquello me aterró aún más que los carteles de los desaparecidos pero no podía sacar ese pensamiento de mi cabeza.

- Sabía que no lo entenderías.

- Quiero entenderlo.

- No, si lo entendiras sería lo último que dirías...

- ¿No te da miedo pensar que nada existe de verdad? A mi si me asustaría.

- Estoy acostumbrado, es como soñar despierto, pero a veces si tengo miedo porque si no existo nada de lo que hago o lo que pasa a mí alrededor tiene sentido.

En ese momento tragué saliva y sentí como una mariposa en el estómago, no en un buen sentido sino todo lo contrario.
Me pasaba eso cada vez que tenía una emoción fuerte que no entendía.

- Oye, ¿Quieres ir a comer helado?- me dijo.

- Si, claro.

Dejamos las bicicletas a la entrada del Devenson's Burger, tenían los mejores helados del pueblo. Nos sentamos en los asientos rojos, uno delante del otro y pegados a la cristalera para ver lo que pasaba fuera.

- Dos de chocolate, por favor- dijo Jason colocando un billete sobre la mesa al ver a la camarera

La camarera tomó nota y se fue a la barra.

- No hace falta que me lo compres.

- He ahorrado un poco, no te preocupes.

- Respecto a lo de antes, todo lo que hemos vivido entonces ¿Para ti no ha sido real?

- No te preocupes más, no tendría que haberte contado eso.

- ¿Qué crees que pasará cuando crezcamos? ¿Piensas que seguiremos juntos?

- Claro que sí.

- Mi madre dice que ya no está con sus amigas de siempre.

-  Las personas cambian con el tiempo, pero no tienen porque separarse, mi padre conserva a todos sus amigos del instituto.

- ¿Qué pasará si te marchas? Tu quieres irte del pueblo.

- Pues hablaremos por teléfono, o por cartas, pero para eso aún queda un montón.


- ¡Aquí tenéis chicos!- exclamó la camarera colocando una bandeja metálica redonda en la mesa con dos copas de helado transparentes en forma de cáliz. Antes de marcharse colocó dos cucharillas.

- Me iré a dónde tú vayas.

Jason me sonrió, tenía una mirada de lástima. Percibí, siendo intuitivo, que pensaba que eso no podría ser porque él se iría a Yale y yo tendría que seguir el camino que yo escogiese.

- ¿Vendrás conmigo a Yale?

- Si, iremos juntos a Yale.

Jason rio.

- Pero necesitas muy buenas notas para que te admitan y es muy cara. 

- Ya, lo sé...Pero no quiero que nos separemos, se que en realidad no podría ir a Yale aunque quisiera.

- Tranquilo, podrás venir a verme a New Haven, eso sí consigo entrar claro.

- Con tus notas, una carta de recomendación y el dinero que tus padres han ahorrado seguro que sí.

- Sino siempre puedo ir a Oxford, como mi hermano. Mi padre dice que sueñe a lo grande, que aquí no seré alguien importante pero fuera de Culvert...¡Quién sabe!

Si se gradúaba en la universidad y conseguía ser biólogo marino ganaría mucho dinero.
la mayoría de los chicos trabajarían en lo mismo que sus padres, yo era partidario de que no había que ser conformista,  pero claro, era muy mal estudiante.
Si no hubiera sido mal estudiante, también hubiera soñado a lo grande. Realmente no tenía muy claro que quería ser, supongo que porque no veía todas las puertas abiertas como las veía Jason.
Pero si me imaginaba siento muchas cosas como actor famoso, escritor o incluso guionista de cine.
Pensaba cómo sería si me entrevistasen o si escribiese una biografía sobre mi propia vida, aunque no tenía una vida muy interesante en mi fantasía pretendía que si y firmaba muchos muchos libros.
Y ahí sentado se me vino a la cabeza que, de hacerse realidad el convertirme en un escritor de renombre podríamos ser protagonistas de nuestra propia película, libro o incluido serie de televisión.
Si eso pasaba todo el mundo nos vería, todos sabrían quienes somos.







Proyecto 1- Capítulo 7

Llevaba desde que había empezado el verano esperando el gran día: la feria del 4 de julio. 
Fui a comprarme un perrito caliente y me senté en un banco a comérmelo junto con Jason.
A lo lejos vimos a los Fumigadores estado comprando algodón de azúcar y intentando conseguir premios en la caseta del señor Holligan.
Bradley había conseguido un pececillo naranja en una bolsa plástica llena de agua disparando a 5 botellas con una escopeta de balines y no paraba de mirarlo pegando los ojos a la bolsa.
Si el padre de Jason hubiera estado aquí  habría dicho que era demasiado cruel dar  peces como premios. El que Jason consiguió el año pasado duró una semana y el mío dos días.

- ¿Queréis ir al túnel del terror?- preguntó Bast.


Andrew acababa de llegar con otro pez de vientre blanco y escamas del lomo amarillas de un dorado brillante.

- ¿Cuanto me dais si me lo trago vivo?- dijo levantándolo y tocando la bolsa para ver si el animal reaccionaba.

- ¡Pero que dices!- exclamó Bast entre risas.

- ¡Es una broma...!

- Antes de que acabe la feria acaban esos peces ya han acabado en la papelera - me dijo Jason al oído.

Nos levantamos y nos abrimos paso entre la multitud agarrados de la mano. Estábamos buscando alguna casera que tuviera premios interesantes.

- ¿Que te parece esa?- preguntó señalando una caseta con gorros de mapache y escopetas de perdigones.

- Siempre me han dado grima- le dije arrugando la nariz.

- Quedará muy bien con mi uniforme de scout cuando reabran el campamento.

- ¡Me da calor solo de verlo! ¡Y seguro que sería un nido de pulgas!

 Jason y yo nos acercamos a la caseta, el me sonrió y colocó una moneda sobre el mostrador.
El propietario de la tómbola tomó la moneda y se la guardó entregándole cinco dardos con punta y mirando con incredulidad.

- Si explotas cuatro de esos globos con los dardos puedes llevarte lo que quieras, solo puedes fallar un tiro- explicó entre dientes con un cigarro encendido colgando de sus labios.

Jason acertó los tres primeros y falló el ultimo. Yo miraban expectante miraban expectantes mientras Jason respiraba intentando mantener la concentración. Lanzó el dardo acertando el último tiro.

- ¿Qué quieres?- preguntó el hombre apoyando los codos sobre la barra.

- Un gorro de mapache, por favor- exclamó Jason.

En cuanto se lo dio se lo puso en la cabeza para celebrar su victoria. De pronto noté una mano en mi hombro, detrás de nosotros estaba el mismísimo Frank.

- ¿Que hay de nuevo, viejo? Bonito gorro, Jason- le dijo- ¿Podéis moveros un poco?

- Si, claro- le dije echándome a un lado.

- Tienes toda la caseta para tí, Frank- se quejó Jason- hay espacio de sobra.

Frank sonrió y levantó las cejas apoyando un brazo en el mostrador y dejando su cuerpo caer a un lado.
Se sacó la cartera y dejó una moneda decidido.

- Vámonos - me dijo Jason tomando mi mano.

- No le des órdenes, el puede hacer lo quiera - dijo Frank.

- Tienes 5 disparos, solo puedes fallar uno.

- Tranquilo, no lo fallaré- contestó Frank entregándole el quinto dardo con una sonrisa.

- ¿Estas seguro?- preguntó August- deberías cogerlo.

- ¡Nunca he fallado un disparo!- exclamó mientras calculaba la trayectoria del dardo. Al lanzar acertó.

- ¡Venga ya!- exclamé- ¿No puedes pasar ni un segundo sin alardear?

Acto seguido me miró para que nos fuéramos, pero yo no reaccioné. Frank acertó el último tiro.

- ¿Qué tal si lo intentamos de nuevo?- dijo Frank sonriendo con malicia mientras sostenía otra moneda.

- No, muchacho, acabarías con mi negocio- contestó el hombre riendo- ¿Que quieres?

- La escopeta.

El hombre se la entregó y Frank la sostuvo admirándola. Jay empezó a mirarla también y la sostuvo simulando que lo apuntaba.

- ¡Es chulísima!- exclamó.

- Bueno si necesitáis conseguir algo ya sabéis a quien llamar para que dispare - nos dijo Frank y se marchó.

- ¿Lo has oído?- le dije a Jason emocionado.

- No es cierto...- dijo Jason entre dientes comenzando a marcharse con las manos en los bolsillos.

- Está intentando ser amable.

- ¡No es amable, es un hijo de puta!

- ¿Por qué lo odias así? No te está haciendo nada.

- Tu no ves lo que yo veo.

- A todo el mundo le cae bien.

- Ellos tampoco lo ven...

Nos alejamos mucho, buscando otra caseta interesante. De nuevo volvimos a toparnos con Frank, está vez disparando a botellas con balines para ganar un peluche para Megan que ya sostenía dos en los brazos.
Jason los vio de reojo y empezó a apartarse lo máximo posible.

- ¿Vamos al circo o al túnel del terror?- me dijo.

- Al circo que el túnel del terror me da miedo.

- Si queréis ver fenómenos no tenéis más que miraros al espejo- dijo Bast que pasaba por allí con Bast y Andrew.

- ¡Casi me dejan sin ir a la feria por tu culpa, gnomo de jardín!- me gritó Andrew- ¡No te pegamos porque como se entere mi viejo me castiga!

- Te está bien empleado.

- ¡Cállate, en cuanto se olviden las cosas te pongo la boca en el asfalto! ¡Te voy una poner las paletas a juego con tu amigo!

- Esa ha sido original, lo admito - vaciló Jason- me sorprende tanto ingenio viniendo de tí.

- ¡Más vale que tú también cierres la boca, zanahorio! 

- ¿O qué? No podéis hacerme nada.

- Te vendría bien cerrar un poco el pico para que no tiemble el suelo cada vez que andas- le dijo Alexander.

- ¡Dios, esa si que ha sido ingeniosa! ¿No te lo parece, Jason?- preguntó Bast chocándose las manos con los demás.

Jason se quedó en silencio y se empezó a poner muy rojo.

- ¿Vas a llorar o qué?

- ¡Dile algo tu también, Bradley, que siempre estás callado!- le ánimo Alexander.

- Me gusta tu gorro - le dijo a Jason.

- ¡No, joder! - se quejó Bast- ¡Pero no lo elogies!

 -  ¡Se supone que lo tenías que insultar!- le riñó Alexander poniéndose la mano en la cabeza.

- ¡Pero mira que eres tonto, Bradley! ¡No das ni una!- le decía Andrés riéndose y enseñando sus dientes pequeños y afilados.

Todos se rieron menos Bradley, que permanecía inexpresivo como siempre y nos pasaron de largo.

- Vamos a tirar al pringado ese al agua fria, que esté año otra vez está en la caseta de la diana- les escuché decir desde lejos.

- Ni en feria descansan de ser tan imbéciles- dije, después miré la cara de Jason y me preocupé- ¿Que te pasa? ¿Estás bien?

- Estoy bien- dijo frotándose la nariz- solo estoy rojo por el calor.

- ¡Pues quítate la chaqueta, estamos en verano!

- Es por el gorro- dijo quitándoselo.


Encontramos  la atracción  de "The Ring Bell", Jason corrió hacia ella y busco una moneda en su bolsillo.

"Prueba tu fuerza ¿Eres todo un hombre o solo eres un debilucho?" - decían los altavoces de la atracción 

Me dio su gorro para que se lo sostuviese e hizo varias pruebas con el mazo antes de meter la moneda.
Finalmente metió en la ranura y se e hizo la campana sonar. Las luces en forma de estrella de la parte superior se encendieron.

- ¿Has visto eso? - me dijo mientras le entregaba su gorro que le estaba sujetando - saqué la puntuación máxima.

"¡Vaya, eres todo un hombre!"

"Tienes un segundo intento"

- ¿Quieres hacerlo tú?- me preguntó volviendo a colocarse el gorro.

- Está bien.

Cogí el mazo con las dos manos y traté de tomar un poco de carrerilla para darle fuerte pero apenas llegué a la mitad del trayecto.

"Vaya, amigo, más suerte la próxima"

Me decepcioné un poco y solté el mazo de mala gana, Jason me apoyó un brazo en el hombro.

- No te desanimes, tiene un truco, no es la fuerza es la precisión.

- ¿Cómo?

- Tienes que darle al centro de la base. Sujetas el mazo en la parte baja del mango y con los brazos extendidos dejas caer el mazo en el centro con lo más fuerte que puedas. Ya he encontrado antes la posición exacta en la que hay que colocarse.

- ¿Como sabes eso?

- Mi padre me contó todos sus trucos el año pasado ¿Recuerdas que no pudimos conseguir ningún premio?

- ¿Y como ha conseguido saberlos?

- Mi abuelo por parte de padre tenía una caseta en la feria y le revelaba todos los trucos. Le dijo que no se los contase a nadie pero no le hizo caso y se los contó a Howard.

- ¿Al señor Cooperson? ¿Significa eso que...?

- Si, era su mejor amigo, Frank los habrá aprendido de su padre. Te voy a demostrar que hay truco.


Echó una moneda y seguí los pasos que me había dicho, en efecto conseguí hacer sonar la campana en los dos turnos.

- ¡Vaya! - exclamé sorprendido.

- ¿Lo ves? 

Asentí con la cabeza y comenzamos otra vez a caminar.

- El túnel del terror está más cerca que el circo ¿Quieres que vayamos?

- Bueno, vale.

Nos topamos de nuevo con los Fumigadores.

- ¡Abrid paso, panda de mocosos!- exclamó Bast colándose delante en la fila a empujones junto con su grupo.

Jason suspiró y me miró.

- ¡Vayamos donde vayamos nos topamos con Frank o con ellos! ¡Que te apuestas que volvemos a ver a Frank!

- Nada, seguro que nos lo volveremos a encontrar.

Nos habían visto, pero nos ignoraron, estaban apoyados sobre la cabina de las entradas fumando y haciendo toser a los que tenían atrás en la fila.

- ¡Me muero por un cigarrillo!- exclamó Jason cuando nos dimos media vuelta.

- ¡No fumes más, luego te quejas de que tienes tos por la mañana!

Dicho y hecho, estaba en los coches de choque, pero no nos había notado, estaba ocupado estrellándose contra otros coches junto con Megan.
Al fin llegamos a la carpa de circo.

"En cinco minutos empezará el concurso de tartas" se escuchó decir por megafonía.

- ¡Mierda! ¡Tenemos que irnos, rápido!- me dijo.

- Voy un momento al baño, cuando acabe voy a verte.

- De acuerdo- dijo Jason mientras salía corriendo.

Mire la cola del baño, de nuevo era largisima. Frank estaba esperando en la cola del baño portátil de al lado y empezó a chistar para llamar mi atención.

- Ey, lo mejor es que vayas fuera a mear, hay mucha cola. Yo lo he hecho antes y eso está vacío.

Por un momento recorde lo que nos había pasado a mí y a Jason con los Fumigadores la última vez que fuimos a orinar donde no debíamos, pero como las cosas estaban más calmadas desde lo de mi padre no tenía que pasar nada. Culvert era un pueblo tranquilo, nunca pasaba nada y nadie me vería.

- Gracias- le dije sonriendo.

- De nada colega.

Seguí su consejo y salí del recinto de feria a una zona baldía. Me desabroché la cremallera del pantalón y ni un segundo después oí un sonido extraño que me hizo volver a abrocharla.
Escuché tiros al aire y lo único que se me ocurrió fue salir corriendo en dirección al bosque, ni siquiera me di la vuelta a mirar estaba tan atemorizado que lo único que hacía era correr y correr.
El bosque estaba oscuro y de noche , era como un complejo laberinto sin salida.
Trataba de acelerar más, aunque me doliesen las piernas y seguía escuchando pasos haciendo crujir las hojas detrás de mí.
Me vino un olor a agua y por inercia, sabiendo que se trataba del pantano corrí para poder esconderme aprovechando que tenía ventaja pero antes de llegar mi pie se atasco en una rama y caí al suelo comencé a gritar pidiendo ayuda al oír cómo se aproximaban a mí.
Y de pronto, estaba de pie frente al pantano.
El agua brillaba por el reflejo de la luna sobre el agua, llena de verdín y turbia. Las luciérnagas revoloteaban a mi alrededor.
Estaba completamente solo, con el ulular de las lechuzas y el sonido del aleteo de los pájaros inundado por una paz que jamás había sentido antes, como si fuera parte de el viento que corría entre los árboles. Sin embargo no lo sentía en mi piel, no agitaba mi pelo ni me erizaba el vello de mis brazos.
Aquello me desconcertó, recordaba haber estado corriendo hace unos minutos hasta caer al suelo y no siquiera sabía cómo demonios me había levantado.
Hice el camino de vuelta, igual de confundido que me encontraba antes, con intenciones de buscar a Jason.
Llegue al recinto ferial y me paré frente al escenario donde estaban premiando a los ganadores del concurso de tartas. Jason y su madre habían ganado, su tarta temática del pueblo era maravillosa llena de casitas en miniatura. No me podía creer que hubiese hecho mi casa.
Sonreí y traté de acercarme a él cuando bajó del escenario pero me pasó de largo como si no me hubiera visto.

- ¡Enhorabuena, Jason! - exclamé- ¡Este año sí que os habéis superado!

No me prestó atención, aquello me cabreó, pensé que sería alguna de sus bromas y me puse delante de él para cortarle el paso.
Parecía estar buscando a alguien porque miraba para todos lados con una expresión de preocupación. De pronto me atravesó, literalmente se fusionó conmigo.

- Mamá - le dijo a su madre- August no está y habíamos quedado en ir después al circo.

- ¿Dónde crees que puede estar?

- Iba a ir al baño, puede ser que hubiese mucha cola y aún siga ahí.

- Ve a buscarlo, te espero aquí.

Yo hacía señas para que me viera y lo llamaba por su nombre, pero no funcionaba y tuve que seguirlo hasta los baños.
Me buscó con la mirada y al no encontrarme se marchó, buscándome por el resto de la feria.
Por más que hacía no conseguí que me viese, lo atravesé dos veces más pero nada.
Llegó de nuevo a donde estaba su madre y se marchó con ella.

- ¿No lo has encontrado?- preguntó ella.

- No, no está por ningún lado.

- ¿Has buscado bien? 

- Si, he mirado bien pero no está por ningún lado.

- A lo mejor te está gastando una broma.

- No, si fuera eso ya habría aparecido.

- Que raro...Puede que se haya tenido que ir de sopetón.

- ¿Y si le ha pasado algo?

- Cuando lleguemos a casa lo llamas, cielo. Pero no parecía que le pasará nada ¿Estaba enfermo?

- Que sepa no, no me ha dicho nada.

Los seguí hasta casa y entre con ellos. Jason subió las escaleras y entró a su habitación, yo me quedé parado en el pasillo y entré a la cocina.
Todo aquello era muy extraño, el tampoco se había percatado de que yo estaba ahí, entonces pensé que tal vez al caerme me había desmayado y que todo probablemente era un sueño.
Me pellizqué un brazo, pero no sentía ningún dolor. Pensé que quizás Jason se refería a eso cuando hablaba de soñar despierto.
Escuché el teléfono sonar unos pasos detrás de mí, al voltearme vi a Jason en pijama bajando apresuradamente las escaleras.


  - ¿Si? - preguntó - ¿Ha pasado algo? 

No podía escuchar la respuesta así que me acerqué y pegué el oído al teléfono.


  - August aún no ha vuelto a casa, ¿Está ahí contigo?- preguntó mi madre preocupada.

  - No, no está aquí.

  - ¿Cuando os separasteis? 

  - No nos separamos, quería ir al baño, le dije que nos veríamos después del concurso de tartas pero no apareció.

  - ¿Dónde crees que puede estar?


 - No lo sé, lo busqué por toda la feria pero no estaba. Creí que había vuelto a casa él solo porque estaba enfermo o algo.

  - ¿Sabes si pudo ir al bosque?

  - Con lo miedoso que es no creo que fuese al bosque solo y de noche, a lo mejor se ha entretenido por el camino y está al venir.

  - Esperaré un poco, gracias Jason, descansad.

  - Buenas noches

Jason colgó el teléfono y fue a la cocina.

  - Mamá, August no ha vuelto a casa- dijo asustado.

  - ¿Dónde se habrá metido?

Jason se encogió de hombros.

  - Bueno, seguro que vuelve a casa, puede haberse parado por el camino de vuelta- dijo su padre - vamos a intentar calmarnos.

 - ¿Puedo ver la película de esta noche con vosotros?

  - Es para mayores.

  - Vaya mierda...

  - ¡Esa boca!

Jason subió a la planta arriba y cogió carrerilla para tirarse contra la cama y rodar haciendo la croqueta.
Cogió el libro del Guardián entre el centeno, se lo habían mandado de lectura obligatoria para el curso. Los libros que te hacían leer en el instituto solían ser aburridos pero el decía que ese le estaba gustando.
Tenía ganas de leerlo cuando volviese al instituto.
Caminé por la habitación y di una vuelta a su cama. Nunca me había pasado una cosa como esta, me preguntaba cuando despertaría porque a ese punto esto ya se había convertido en una pesadilla.

  -¡Jason!- exclamé desesperado- ¿Cómo puedo hacer para despertarme? Dime algo.

No me escuchó, sonrió por algo que había visto en el libro.


Pensé en todas las veces que cuando tenía una pesadilla, intentaba tomar el control del sueño y tiré un vaso que habia en la mesilla al suelo.
Jason se sobresaltó, soltó el libro y miró el vaso roto.

  - ¿Pero como ha podido pasar esto?- preguntó para sí mismo agachándose para recoger los cristales- estaba muy alejado de el borde de la mesa.


Se marchó de la habitación y me senté sobre la cama poniéndome las manos en la cara.

  - No puedes hacer eso- me dijo alguien- va contra las normas.

Miré en dirección a dónde me hablaban y vi un chico completamente calcinado en una esquina de la habitación vestido con lo que quedaba de una camisa anticuada y unos pantalones de vestir.
Comenzé a gritar del terror mientras se me a acercaba, creyendo que me haría daño.

  - ¿Quién eres tú?- pregunté atemorizado.

  - Sabes quién soy- me contestó sonriendo- y yo también se quién eres, August.

  - No, te has equivocado, nunca nos vemos visto ¿Como sabes mi nombre?

  - Claro que no, cuando yo morí tu nunca habías nacido pero has oído hablar del fantasma de Culvert.

  - ¿Tu eres el chico que se cayó en la fundición?
  
  - Si, pero no me caí, alguien me empujó.

  - ¿Quién?

  - No lo sé.

Me quedé frío, no comprendía que estaba sucediendo.

  - ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me conoces?

  - Te he visto crecer, ahora estás muerto, así que ahora tu también puedes verme a mí ¿Todavía no te has dado cuenta?

Comencé a reírme, debía estar bromeando.

  - ¿Sabes cómo despertarme?- pregunté sonriente.

  - No es un sueño, August, estas muerto.


Aquella afirmación me heló, pero todo era en esencia tan surrealista que seguí manteniendo que debía de tratarse de un sueño.
Jason entró a la habitación y volvió a sentarse en la cama cogiendo su libro para retomar la lectura.

  - Cuando me despierte del desmayo volveré a la feria.

  - ¿No te has dado cuenta de que él no puede verte pero tú si a mí?

  - Nada de esto tiene sentido ¿Por qué ibas a estar tú en este cuarto conmigo? Es obvio que cuando aparece algo extraño y sin sentido es que estás soñando, cuando me despierte...

  - No vas a despertarte, August.

  - Claro que sí.

  - Esto no es un sueño.

Dejé de sonreír y me quedé paralizado.

  - ¡Jason!- exclamé.

  - Es inútil, no puede oírte, no sabe que estás aquí.

Corrí hacia el interruptor y traté de comunicarme en código morse encendiendo y apagando la luz.

  - ¡Para de hacer eso!- me gritó el chico cogiendo mi muñeca y apartándola - ¡Va en contra de las normas!

Jason miró hacia arriba viendo la luz parpadear y después miró a su alrededor.

  - ¿Qué normas?- pregunté.

  - Los muertos no pueden intervenir en el mundo de los vivos, hay que respetar el orden natural de las cosas.

  - ¿Y que pasa si lo hacen?

  - A nosotros no nos pasaría nada, pero tendría consecuencias para los vivos.   

  - ¿Y ellos? ¿Pueden interferir?

  - No deberían, pero no es que haya un castigo por no cumplir la norma. Es una cuestión de equilibrio, si se rompe el equilibrio puede haber graves consecuencias en su plano terrenal y el nuestro.

  - ¿Estamos en el limbo?

  - Algo así.

Me senté en el suelo devastado, consideré por primera vez que tenía razón, tal vez estaba muerto.

  - ¿Por qué estoy aquí?- pregunté - ¿Y como puedo ir al cielo?

  - Llevo años aquí y aún no he conseguido ascender- me contestó apenado- tal vez tienes algo pendiente.

  - ¿Tengo que saldarlo antes de ascender?

  - Si eso es lo que te retiene, pero a lo mejor simplemente no estás preparado para ascender todavía.

  - ¿Por qué no iba a estarlo? ¡No quiero estar aquí!

  - Puede ser porque aún no has aceptado que estás muerto.

Comencé a llorar sobre mis piernas, no podía creer lo que estaba sucediendo.

  - ¿No puedes ayudarme?- pregunté apenado.

  - ¿No sabes cómo moriste? 

  - No, intento recordarlo pero no sale nada.

  - ¿Que es lo último que recuerdas?

Traté de hacer memoria de todo lo que había hecho durante el día para poder saber que podía haber sucedido.

  - Estaba en la feria, fui a hacer pis a un descampado y comencé a correr. Huía de algo pero no lo recuerdo, intenté esconderme pero tropecé con una rama y me caí. Después estaba en el mismo lugar, creí que me había levantado y me marché. 

  - ¿Por qué huías? 

  - No lo sé, tenía miedo.

  - Intenta recordarlo.

  - Creo que oí disparos, pero fue todo muy rápido.

  - A lo mejor alguien te mató.

Me reí, pero esta vez por nervios.

  - No es posible, no tengo ningun problema con nadie ¿Por qué harían eso? No puedo estar muerto y si lo estoy es porque me golpeé mal al caer.

  - Se que es difícil pero sería mejor que aceptases lo que ha pasado. Yo tampoco me acuerdo de quién me empujó...

Lo único que pude hacer fue quedarme allí hasta que amaneciese, para probarme a mí mismo que estaba realmente muerto. Fui muy tozudo pero no era algo fácil de asimilar.
Jason se fue a dormir, yo simplemente me senté en los pies de la cama y el otro chico desapareció asegurándome que si necesitaba algo de él, solo tenía que llamarlo. 
De pronto oí un estruendo, a través de la ventana veía una luz en el cielo. Había estallado una tormenta de verano y llovía tan fuerte que hacía ruido contra el cristal. 
Jason se despertó cuando sonó el despertador, se desperezó y bajó a la cocina. Le seguí y me quedé de pié junto a la nevera viendo como la familia desayunaba. 
Volvieron a llamar al teléfono, como anoche.

- ¿Puedes ir a ver quién es, Jason?- preguntó su madre con el uniforme de trabajo puesto, retirando la cafetera para servir el café.

- Si, ahora voy.

Descolgó el teléfono, al otro lado había alguien respirando de una manera muy agitada.

- ¿Hola? ¿Se encuentra bien?

- Buenos días, Jason. Me imagino que estarás desayunando.

- Si, Clarice ¿Que ha pasado?

- August no llegó anoche, llamé al departamento de sheriff para que enviaran un coche patrulla a buscarlo por la feria pero no estaba por ningún lado. Le buscaron también por la calle, de haber estado ahí lo hubieran encontrado porque casi todo el pueblo estaba en la feria o en casa pero tampoco lo han visto.

Jason se quedó en silencio sin saber muy bien que responder.

- Denuncié su desaparición anoche y hoy van a buscarlo por el bosque, los vecinos se han ofrecido voluntarios para ayudar en la investigación. Van a buscarlo durante todo el día, por si quieres colaborar.

- Yo también iré, no se preocupe.

- Siento mucho este disgusto a la hora del desayuno.

- No se preocupe, tranquila, seguro que lo encontramos en el bosque.

Jason entró corriendo a la cocina.

- ¡August ha desaparecido!- exclamó llorando- ¡No lo encuentran por ningún lado!

Su madre se abrazó a él y trató de consolarle.

- No pasa nada, piensa que lo están buscando. Se ha podido perder en el bosque.

- La policía va a buscarlo hoy al bosque, la madre de August dice que algunos vecinos van a ayudar voluntariamente a encontrarle.

- Iremos está noche - dijo su padre.

- Yo voy a ir ahora.

- Haces bien, hijo, les hará falta ayuda.

Jason acabó de comer, se vistió rápidamente y preparó una mochila con la linterna, la brújula, un botiquín, comida y agua.
Caminó hasta la entrada del bosque y vio al menos 10 coches de policía y muchas personas del pueblo.

- Hola Jason, siento mucho lo ocurrido - le dijo el señor Holligan.

- No pasa nada, le encontraremos.

- No creo que haya ido muy lejos.

El rastreo comenzó, cada uno iba por su cuenta pero en un espacio controlado, lo que quería decir que no podían separarse de los agentes de policía.

- Aquí hay huellas- dijo uno de ellos y tomó una foto- pertenecen a alguien con las características de August.

- ¡Que nadie pase por esta zona, por favor! 

Aquello debió ser un alivio para todos. Empezaron a seguir mis huellas pero en un punto, donde la tierra no estaba húmeda y cubrían las hojas, las rocas y la tierra y se habían perdido y con ello el rumbo de donde podría haber ido.
Mi madre estaba allí, estaba llorando todo el tiempo, intentaba abrazarme a ella pero no podía tocarla. Mis brazos se atravesaban en su cuerpo.

- ¡August!- gritaba mi profesor de matemáticas, pero su voz se hacía eco.

El resto comenzaron también a llamarme a medida que avanzaba.
La mayoría habían venido preparados y comieron juntos en una zona de árboles caídos. Estuvieron conversando sobre sus teorías de mi desaparición, obviamente sin mi madre presente.

- ¿Creéis que ha sido un secuestro?- susurro un vecino.

- Después de lo de Tommy no me extrañaría que hubiese un enfermo que se dedica a llevarse a los niños- comentó otra vecina también en voz baja- en todos estos años lo no han encontrado.

- ¿Insinúa usted que los tiene retenidos?- preguntó otro vecino.

- O los ha matado el muy desgraciado.

- ¡Si llega a ser mi hijo, yo mismo le vuelo la cabeza a ese hijo de puta!- exclamó el señor Cooperson.

- ¡A mi ni me haría falta que lo fuera, con saber quién es el infeliz lo haría! ¡Me aseguraría de que no le volviese a hacer algo a otro chico!

- ¡Pobre señora Orton, yo también soy madre!- se lamentaba otra vecina.

Después de comer retomaron la búsqueda hasta que comenzó a anochecer.
El bosque era ya un horizonte negro difuso e infinito y aunque avanzaban todo parecía igual.
Nadie respondía a mis llamadas, solo los pájaros que con un aleteo se cambiaban de árbol.
Una lechuza ululaba y miraba con sus ojos amarillos desde una piedra.
Adentrarse demasiado suponía perderse, el bosque tenía una extensión tan inmensa que seguramente jamás nadie había visto al completo y como todos los bosques, cambiaba constantemente.
La búsqueda concluyó al llegar al cartel que pedía que por tu seguridad, retrocedieses y al árbol que todavía conservaba el inquietante cartel de Tommy.

- Por vuestro seguridad, a partir de mañana no podréis participar en la investigación. Haremos un rastreo por el área peligrosa del bosque.

Nadie contestó, solo se escucharon pisadas al retroceder el camino. No podía creermelo, en efecto debía de estar muerto porque todo el pueblo me estaba buscando y de ser un sueño, esto ya se había convertido en mi peor pesadilla.
Jason se acercó para hablar con el que estaba a cargo de la investigación.

- ¿Creen que cruzó el límite?- preguntó 

- No lo sabemos con exactitud, las huellas que hemos visto van en dirección al interior del bosque pero la mayoría se han perdido por la tormenta.

- ¿No podría ir a buscarlo mañana? Estuvimos en el bosque hace poco y nos perdimos por cruzar el límite, se cómo regresar, además iría con vosotros.

- Tranquilo chico, sabemos lo que hacemos, corremos riesgo incluso de perdernos nosotros en la investigación y si eso pasase tendrían que rescatarnos en helicóptero ¿Sabes cuántos hectáreas tiene este bosque?

- No.

- 79,000 km², solo 10.000 km² menos que el bosque nacional Tongass, solo que sin una sola vida humana en kilómetros. Además lo mejor es que nadie se adentre en el bosque estos días para no contaminar la zona en caso de haber una escena del crimen.

- Se que quieres ayudar, pero es mejor que nos lo dejes a nosotros, el caso está en buenas manos.

- Buenas noches oficiales - dijo Jason desesperado y se marchó, topándose con sus padres al principio del bosque.

- ¿Han encontrado algo?- preguntó su padre.

- Solo huellas, pero la mayoría se han borrado con la tormenta de anoche. Creen que cruzó el límite pero ya nadie puede colaborar en la investigación para no contaminar nada.

- Esto no huele bien, después de que os perdiérais no creo que se le ocurriese volver a cruzar el límite.

- A mi también me parece extraño, además solo, porque sus huellas estaban aisladas.

- Será mejor que nos vayamos a casa a descansar, mañana hablaremos con la madre de August y capaz nos interroge la policía porque fuimos las últimas personas en verlo.

Se marcharon a casa. Amaneció un día más conmigo, dentro de la habitación de Jason incapaz de irme a casa y ver cómo de destrozados estarían mis padres.
Nunca lo hacían, pero a la hora de desayunar encendieron la radio. Desde el departamento de Sheriff habían emitido un comunicado en la emisora local:

"Pedimos atención a todos los oyentes, durante la feria del pueblo desapareció un adolescente de 14 años con cabello castaño y ojos oscuros. Mide 1,53, tiene gafas, brackets y un aparato extra-oral. La noche de su desaparición llevaba una camisa amarilla, pantalones negros y  zapatillas deportivas blancas. Responde al nombre de August Orton, si lo han visto o tienen información sobre él informen al departamento de Sheriff de Culvert. Gracias por su atención."

Después del comunicado, como una casualidad siniestra y oportuna el teléfono sonó.

- ¿Si? ¿Quién es?- preguntó Jason.

- Buenos días, ¿Son ustedes los Steele?

- Si.

- ¿Con quién hablo ahora mismo?

- Soy Jason.

- ¿Puedes ponerme con tu padre?

- ¡Papá, llaman del departamento de Sheriff, dicen que tienes que ponerte al teléfono!

Su padre tomó el teléfono.

- Buenos días, agente.

- Buenos días señor Steele, usted, su mujer y su hijo tienen que presentarse a testificar hoy en el departamento de Sheriff. Tengo entendido que fueron las últimas personas en ver al desaparecido.

- Si, es así.

- Bueno, os esperamos.

Se vistieron de una manera un poco más formal y se presentaron allí.
Metieron a Jason dentro de una habitación en la que solo había una mesa, dos sillas y una pared con cristal.

- Buenos días, Jason- le dijo el agente sacando una libreta y un papel.

- Buenos días agente.

- Quiero que seas sincero y preciso con todo lo que te pregunté ¿De acuerdo?

- De acuerdo.

  - ¿Estaba August contigo antes de desaparecer?

  - Si, no nos separamos en ningún momento, solo cuando quiso ir al baño. 

  - ¿Sabes a qué hora aproximadamente lo viste por última vez?

  - No lo sé, el concurso de tartas empezaba a las diez y media, así que alrededor de esa hora.

  - ¿Estuvisteis con alguien más?

  - No, estábamos los dos solos y mi madre, pero solo estuve con ella en el concurso de tartas mientras August estaba en el baño.

  - Entonces...August estuvo contigo, se despidió de ti para ir al baño y en ese momento fue en el único que os separasteis y durante todo ese tiempo estuviste con tu madre.

  - No es exactamente así, me separé de ella para buscarle pero no estaba por ningún lado así que volvimos juntos a casa.

  - ¿Por qué lo estabas buscando?

  - Se suponía que cuando regresara del baño iría a ver el concurso de tartas pero no lo vi en ningún momento en el público.

  - Su padre dice que un chico de vuestro instituto, Andrew, se metía con él.

  - Si, es cierto, también se metía conmigo.

  - ¿Os molestó en algún momento de la noche? 

  - De hecho si lo hizo, fue un poco antes de que nos separasemos.

  - ¿Crees que podría tener algo que ver en su desaparición?

  - No lo sé, puede que sí.

  - ¿Que os dijo?

  - A él lo llamo niña o marica, algo así, siempre dice ese tipo de cosas. A mi solo me dijo gordo.

  - Tengo entendido que este chico no actúa solo ¿Sabes los nombres de quienes iban con él?

  - Bradley Cooperson, Bast y Alexander, no recuerdo sus apellidos.

  - ¿Interactuasteis con alguien durante la noche aunque fuera solo unos segundos?

  - Frank Cooperson y Jay McKinney, su hermano está en un correccional por si eso sirve de algo y Frank es el hermano menor de Bradley.

El agente comenzó a tomar apuntes rápidamente, incluso pasó la hoja para seguir apuntando.

  - Tu versión corresponde con la que le contaste a la madre de August, eso está bien. Creo que por hoy es suficiente, si necesitamos algo más volveremos a interrogaros.

  - ¿Soy sospechoso?

  - Todos los que estuvieron cerca de la víctima ese día son al final sospechosos, sean inocentes o no. Pero si eres inocente puedes estar tranquilo.

  - ¿Puedo marcharme?

  - Claro, pero antes de irte si tengo una pregunta.

  - De acuerdo.

  - ¿Que pasó entre vosotros, Frank y Jay?

  - Nada importante, Frank estaba alardeando porque consiguió una escopeta de perdigones lanzando dardos a globos Jay solo estaba con el, no mediamos palabra. Yo estaba un poco tenso con Frank porque no nos llevamos muy bien.

  - ¿Que te sucede con Frank?

  - Es un imbecil, gasta bromas crueles y se cree mejor que los demás pero es lo suficientemente hipócrita para que no le descubran.

  - ¿Le hizo alguna vez una broma cruel a August?
 
  - Nos invitaron a una fiesta, fingieron que se había cancelado y la celebraron sin nosotros.

  - Bueno, puede que sea una broma cruel pero no deja de ser algo normal entre chicos de vuestra edad. Yo me refiero a algo más grave.

  - Los Fumigadores hacían cosas peores, le pegaban palizas y rompían sus cosas.


Tomó apunte de ello y sonrió a Jason.


  - Ahora sí puedes marcharte- abrió la puerta para invitarlo a salir.

  - Gracias.

Se levantó de la silla y fue acompañado a una sala de espera, sus padres entraron después a la misma habitación y salieron muy alterados.
En general, durante el día nadie habló, todos se quedaron en casa.
Un día después la policía regresó y registró toda la casa, pero no encontraron nada.
Ese mismo día habían ido a la casa de mi madre, tampoco habían encontrado nada. El padre de Jason había invitado a mis padres a la casa para comer juntos y habían estado hablando con ellos sobre cómo avanzaba el caso.
Los agentes empezaron a especular que me habría escapado, pero yo nunca haría algo así. Iban a interrogar a los Fumigadores, a toda la familia Cooperson y a los McKinney y probablemente también revisarían sus casas.


  - ¿Crees ya que estás muerto?- me preguntó el chico calcinado tomando asiento junto a mí, en la alfombra.

  - Si, pero no quiero aceptarlo- le contesté llorando y cubriendo mi rostro.

  - No llores, estamos en la misma situación y no sirve de nada.

  - ¿Si estoy muerto porque siento tanto dolor?

  - Es porque aún estás en el limbo, sigues siendo humano, tu alma está ligada al mundo terrenal.

  - ¿Cuando esté en el cielo dejaré de llorar?

  - Si, según tengo entendido cuando tu alma asciende deja de estar ligada al dolor.

  - Eso es lo que necesitaría ahora, porque no quiero estar muerto y seguir sufriendo.

  - Tienes que aceptar que estás muerto, con saber que lo estás no es suficiente.

En ese momento lo acepté, finalmente tiré la toalla en esa lucha sin sentido.
De pronto noté mi cuerpo volverse transparente, mire las puntas de mis dedos casi invisible y grité de horror.

  - ¿Que es esto?- exclamé- ¿Me estoy desvaneciendo?

  - No, es solo que te has alejado un paso más de tu ser terrenal.

  - ¿Se supone que esto es bueno no?

  - Claro que sí, ahora puedes ir donde quieras cuando quieras, ya no tienes que caminar. Estás definitivamente en el limbo, ya no estás a un paso de la línea que separa el limbo de tu anterior realidad.

  - ¿Quieres decir que puedo teletransportarme?

  - Si, y puedes manifestarte, pero no lo hagas, conoces las normas y eso no estaría bien.

  - ¿Que más puedo hacer?

  - Muchas cosas, pero tienes que ser cuidadoso con el orden.

  - ¿Ahora tengo poderes?

Traté de flotar y vi como podía llegar al techo.

  - ¡Wow! - grité emocionado- ¡Podías volar todo el tiempo y no me lo habías dicho!

Atravesé el techo y aparecí en la habitación de matrimonio y se ahí me teletransporté al cuarto de Jason.
Vi una criatura extraña, no puedo describir que aspecto tenía, prácticamente porque no fui capaz de comprenderlo a grandes rasgos.
No se parecía a nada de lo que había visto antes y emitía una luz que iluminaba cada lugar de la habitación por recóndito que fuera, ni una sombra era capaz de hacerse ver en su presencia.

  - ¿Que eres?- le pregunté, sin sentir ningún miedo, sino todo lo contrario.

  - ¿Estás preparado para ver lo que te sucedió, pequeño August?- preguntó con una voz extraña que se escuchaba en cada rincón, como si se hiciera eco dentro de mi cabeza.

  - Lo siento, pero no creo que pueda hacerlo.

  - ¿Por qué no? 

  - ¿Y si me pasó algo horrible?

  - Necesitarás descubrir cómo moriste para poder ascender, tienes que ser valiente.

  - ¿Y si es una muerte horrible? No estoy seguro de que quiera ascender ¿Qué pasará conmigo? ¿Desapareceré?

  - Solo los que han ascendido conocen lo que hay más allá. Si te enfrentas a lo que sucedió, conocerás de inmediato todos los misterios que hay después de la muerte.

- No quiero ascender, lo siento mucho.

Me entristeci tanto que me sentí derrotado, no quería abandonar el plano terrenal, era lo único que conocía.

  - Mientras más tiempo estés presente en las vidas de los demás, más sufrimiento será para ellos. Si tú no te dejas ir, acabarán siendo ellos los que no te dejarán marcharte. Debes abandonar el plano terrenal, August.

- ¿Y que haré?- pregunté llorando - ni siquiera entiendo lo que sucede.

  - Tu eres el único conocedor de las respuestas que necesitas, solo tienes que encontrarlas en ti. Como recompensa por ser un alma blanca y noble en lo que respecta a los valores de el mundo donde vienes puedo concederte un deseo que te ayude en tu camino hacia el lugar que te corresponde.

  - ¿Un deseo?

  - Si, pero solo tendrás uno y debes tener cuidado con lo que pides y como lo formulas, si te arrepientes o cometes un error, no habrá vuelta atrás con todas las consecuencias que conlleve.

  - ¿Puedo pedir cualquier cosa?

  - Si, exactamente lo que desees. Pero debo advertirte de que solo podrás pedirlo al seguro de que tú elección es sabía.

  - Prometo hacerlo.

- ¿Cuál es entonces tu deseo?

- Aún no se que debería desear ¿Tendré otra oportunidad para pedirlo?

- Cuando vuelva a ser tu momento para ascender, estaré ahí para guiarte. Entonces, podrás pedirme lo que quieras.

- ¿Eres Dios? ¿Qué eres exactamente?

- Yo no soy Dios, soy algo más allá de un concepto, es por eso que los humanos no podéis acercaros a entender mi naturaleza. Soy todo lo que sabes que existe y conoces, lo que no sabes que existe ni conoces. Todo lo que comprendes y lo que no comprendes soy yo.

- ¿Pero eso no es Dios? ¿Eres más que Dios?

- Como ya te he dicho, pequeño humano, soy todo lo que puedas imaginar y al mismo tiempo, nada de lo que imagines. Suerte en tu viaje, August.

Desapareció y con él la luz de la habitación. Aquello me hizo sentir como si algo me faltara, por primera vez me sentí vacío.
Acababa de preguntarme lo que sentía Jason, que estaba justamente en la planta de abajo.
  

 

Proyecto 1- Capítulo 5

Tuve una pesadilla. Iba caminando por el bosque de noche, había niebla y se escuchaba a los cuervos graznar.
Pero estaba solo, no había nadie más. 
Las hojas crujían debajo de mis pies y se respiraba el olor a humedad y tierra mojada se un día de lluvia.
A lo lejos divisé algo blanco y me acerqué despacio. Un papel, sujeto al tronco un árbol con un clavo se movía violentamente con el viento y quedaba girado sin que pudiese ver de qué se trataba.
Decidí darle la vuelta y vi en el cartel las letras "¿Me has visto? Estoy perdido" y bajo esto mi rostro en blanco y negro.
Con los ojos completamente negros y ese aspecto inquietante de las fotos de los desaparecidos.
Enseguida lo solté y salí corriendo en el sueño, encontrando muchos más clavados a los árboles.
Me desperté llorando angustiado, de un sobresalto y palidecí al seguir escuchando el graznido de los cuervos fuera de la pesadilla.
Baje a desayunar y en seguida mi madre notó que tenía una cara rara.

- ¿Y esa cara? - me preguntó sirviéndome el desayuno- ¿Has tenido una pesadilla o te ha vuelto a pasar algo raro?

- Una pesadilla...

- ¿Que has soñado?

- Que estaba desaparecido.

- Pero cielo, sabes que eso no es verdad, será por lo de anoche.

- Puede ser...

- ¿Pasasteis mucho miedo?

- Si, estuvimos horas perdidos pero a Jason se le ocurrió hacer fuego.

- A quién se le ocurre...De no ser por lo inteligente que es Jason no salís de ahí, habéis tenido suerte.

- Menos mal.

- Ya, pero no se te vuelva a pasar por la cabeza sobrepasar y mucho menos ir al bosque cuando anochezca. Ya habréis escarmentado.


- Desde luego.


- ¿Hoy vas a salir?


- No, hoy me quedo estudiando.

Había salido todo bien, no me habían regañado pero estaba claro que sí volvía a pasarme lo mismo si me caería una buena.
Me di un paseo en bicicleta después de desayunar para sacar ese horrible sueño de mi cabeza. El cielo oscureció, como si de pronto fuese a caer una fuerte tormenta, estaba grisáceo y repleto de grandes nubes espesas, blancas y esponjosas como el algodón.
Una bandada de cuervos sobrevoló mi cabeza y seguía su trayecto cubriendo la luz del sol.
Llegué a casa por la tarde y comencé a estudiar para recuperar las asignaturas suspensas. 
No paraba de distraerme, una y otra vez con cualquier cosa. Los cuervos que había posados en los arboles, una mosca que no paraba de revolotear a pesar de que le había dado varias veces con un libro para asustarla.
Cogí mi walkie y traté de contactar con Jason.

- Probando... ¿Me recibes?- pregunté.

- Alto y claro - me contestó.

- ¿Recuerdas de que nos examinamos en mates? Cambio.

- La verdad es que no ¿Por qué? Cambio.

- No quiero estudiarme todos los temarios. Cambio.

- Es que no me acuerdo de lo que cayó y lo que no. Cambio.

Suspiré frustrado.

- ¿Quieres que vaya y te ayude? Cambio.

- Si no te importa si, tampoco te quiero molestar. Cambio.

- No me molesta, voy a recoger unas cosas y voy. Cambio y corto.

- Recibido.

Dejé el walkie sobre la mesa y esperé a que Jason pegase a la puerta. Saludó a mi madre y le acompañé a mi habitación.
Jason se llevó a la boca un cigarro y se lo quité.

- ¡Eh!- se quejó.

- Mi madre está en casa, le va a llegar el olor.

- ¿Crees que el humo llegará abajo? En mi casa si lo hago en la ventana no llega.

- No lo sé.

- Estoy seguro de que no, además siempre puedes echar desodorante en la habitación.

- ¿No es más fácil que no lo hagas?

- Será solo uno.

- Vale, voy a traer el desodorante espera un momento.

Traje un desodorante de spray del baño. Jason lo echó solo cerca de la ventana y esperó que se disipase un poco.

- Vale, así estaría bien- dijo mientras se acercaba a la ventana y se encendía el cigarrillo.

Me apoyé en el alféizar a su lado con mis codos, mirando las nubes moverse con el viento.

- ¿En qué estás pensando?- me preguntó.

- En nada.

- No me lo creo, a ti te pasa algo.

- Anoche soñé que desaparecía.

Jason se empezó a reír y me enfadé.

- ¡Pero no te rías, que no tiene gracia!- le grité.

- ¡No vas a desaparecer! Lo de anoche solo fue un susto.

- Ya pero lo pasé mal, no es gracioso.

- Una calada antes de desaparecer- me dijo ofreciéndome el cigarrillo - tendrás que probarlo...

- ¡Eres un capullo! ¡Deja de llamar a la desgracia! ¡Además fumar me parece una tontería!

Me enfadé con él por bromear con un tema tan serio y me pasé unos minutos sin dirigirle la palabra.

- Es solo una pesadilla, todos tienen malos sueños, tampoco le des tanta importancia, después de lo mal que lo pasamos es lógico que te durmieses pensando en eso.

Cogí el cigarrillo y me lo acerqué a la boca.

- ¿No te parecía una tontería?

- Me lo quiero demostrar.

- ¿Sabes al menos como se hace?

- Claro, no es tan difícil.

Intenté hacerlo por imitación y me tragué tragando el humo por accidente. Empecé a toser y a ahogarme, hasta se me saltaron las lágrimas.

- ¡Pero no te tragues el humo! ¡Lo tienes que soltar!

Decidí hacer un segundo intento, esta vez con instrucciones.

- Tienes que aspirar el humo, lo mantienes un poco y lo sueltas por la boca.

- Está bien- le dije muy convencido y lo volví a intentar.

Esta vez no me lo tragué pero tosí muchísimo de todas formas y notaba la boca seca.
Le devolví el cigarro con cara de asco secándome las lagrimas.

- Tenía razón en que es una tontería.

- ¡Venga ya! ¡Ni siquiera lo has hecho bien! Para poder opinar eso, como mínimo tienes que fumarte uno entero.

- ¡Ni loco!

Jason sacó un chicle de menta y me lo dió. Me lo metí en la boca con tal de quitarme el sabor a tabaco.
De pronto escuché la manivela ser forzaba, por suerte la puerta estaba desencajada y costaba abrirla.
Jason apagó el cigarro en el alféizar y lo tiró por la ventana y yo me apresuré a echar desodorante en toda la habitación.


- ¡Abre la puerta, cielo!- exclamó mi madre- está atrancada.

- Ya voy.

Intenté hacer fuerza para levantarla desde mi lado y que fuese más fácil abrirla.

  - ¿Por qué huele a desodorante? - preguntó tosiendo.

- El cuarto olía a sudor.

- Será mejor que no cierres la puerta hasta que la arreglemos, imagínate que se atasca en mitad de una emergencia.

- ¿Qué querías mamá?

- ¿Que prefieres para cenar? Carne o pescado.

- Me da igual, lo que quieras.

- ¿Jason se queda a cenar?

- No le he preguntado a mis padres ¿Puedo?

- Si claro, baja y llámales.

Jason bajó las escaleras y llamó a su padre a la tienda para pedir permiso. 
Regresó a la habitación diciendo que le habían dejado quedarse, era genial, tenía pensado estar despierto hasta tarde y ver una película y hacer palomitas.
Durante la toda la tarde tuvo que ayudarme a estudiar, no me enteraba de nada y le di mucho trabajo. 
Como no había forma de que las cosas me entrasen en la cabeza tuvimos que hacer tarjetas de colores para poder estudiar como si fuese un juego hasta que mi madre nos llamó a cenar.
Mi padre acababa de llegar del trabajo cansadísimo, intentó colgar la chaqueta y tiró el perchero al suelo.

- ¡Maldición! ¡El puto perchero quién lo mandaría a caerse!- gritó cabreado.

Jason sonrió un poco pero cambio su expresión a sería por respeto.

- ¡No digas tacos que luego los chicos te imitan!- le riñó mi madre.

Mi padre entró a la cocina y se sentó en la mesa.

- Hola, Jason ¿Como está tu padre? 

- Muy bien.

- Cuando lo vi me dijo que estáis con competencia.

- El supermercado de los McFlair, pero es la novedad, a la gente se le pasará.

- Seguro que si, la tienda de tu padre está desde que yo era niño.

- ¿Quiere que le ayude?- ñe preguntó Jason a mi madre.

- Eres un cielo, pero no hace falta.

- A mi no me importa.

- Ya has ayudado a August, tampoco te vamos a explotar.

- No es molestia.

Jason se levantó y puso los cubiertos, los vasos y los platos sobre la mesa, yo también lo ayudé porque me sentí un poco inútil estando sentado sin hacer nada.

- ¿Este año os vais a presentar otra vez al concurso de tartas?

- Claro, además este año seguro que ganamos.

- ¿Que tema habéis elegido para la tarta de la feria del pueblo?

- Es una sorpresa.

- Seguro que este año volvéis a ganar.

- Todavía estamos trabajando en el diseño, pero si sale bien tenemos la victoria asegurada.

Cenamos y recogimos la mesa. Mis padres se fueron a la habitación a dormir y me dijeron que no estuviera despierto hasta tarde.
Hicimos palomitas y vimos una película. Al acabar apareció la carta de ajuste y subimos a la habitación.

- Aún no me quiero dormir - dijo Jason mientras yo sacaba abría el cajón de mi cama nido.

- Yo tampoco- le dije- no estoy cansado.

- Vamos a hacer sombras chinas, como en los Scouts.

Hice una sombra que simulaba una araña mientras el sujetaba una linterna para proyectarla en la pared.

- Venga, adivina qué es- le dije.

- ¿Un pájaro?

- No, inténtalo de nuevo.

- No te quedes conmigo, eso es un pájaro.

- Que no, que es otra cosa.

- ¿Una araña?

- Exacto.

- Eso no parece una araña, está mal hecha.

- Bueno, a ver tú turno.

Jason empezó a hacer formas con las manos hasta que consiguió hacer algo.

- ¿Qué se supone que es eso?

- Adivínalo.

- ¿Un ornitorrinco?

- Es más fácil.

- ¿Un cangrejo?

- ¡No, es todavía más fácil!

- No lo sé...¿Una tortuga?

- Si, ahora tu.

Estuvimos jugando a eso hasta que nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente bajamos a desayunar.
Jason se marchó porque tenía que ayudar a su padre con la tienda y yo fui a comprar a la farmacia una hora después en mi nueva bicicleta.
La dejé en la entrada, dentro me encontré a Andrew, estaba metiéndose una lata de Doc Peppers dentro de los pantalones como si nada. 
Le miré de reojo, intentando que pareciese que no lo había visto y continúe caminando evitando encontrarme con él.
Él se acercó a la caja, pagó algo y se marchó. 
Tenía  un mal presentimiento porque había dejado mi bicicleta fuera, sin cadena ni nada, tal cual porque en Culvert era raro que las robasen sin que nadie lo notara. Pero la calle y la farmacia estaban vacías y al salir sabría que era mi bicicleta.
Cuando pagé, salí lo más rápido que pude y en efecto me había pinchado las dos ruedas. Metí la compra dentro de la cesta y la comencé a arrastrar la bicicleta.
Los Fumigadores me sorprendieron por dentras y me tiraron la bicicleta.

- ¡Escápate ahora!- gritó Andrew inmovilizando mis brazos hacia atrás.

- ¡SUÉLTAME!- chillé.

- ¡Pégale, Bradley, pégale! - le animaba Alexsander.


El señor Brown, el farmacéutico,  salió alarmado tras escuchar gritos para socorrerme.

- ¡Dejadle en paz o llamaré a la policía!- les amenazó.

- ¡A ti nadie te ha llamado puto viejo!- gritó Bast.

- ¡Anda que tus padres tienen que estar contentos! - exclamó el señor Brown- venga fuera de aquí, y no quiero volver a veros molestándole.

- No me toques los cojones o verás.

- ¿Con que con amenazas, eh? ¿Te crees que me va a intimidar un chico de instituto? Tengo casi 60 años.

- Y a mi que me importa, no te tengo miedo.

- Menos te tengo yo, venga largaros o cojo el teléfono.

Bast me soltó con violencia y Andrew me empujó al suelo.

- ¡Oye!- le gritó el señor Brown- ¡Serás gamberro!

- ¡Que le den! - Andrew sacó el dedo y salió corriendo junto con los demás riéndose.

El farmacéutico me ayudó a levantarme y recoger mi compra.

- ¡En las fiestas del pueblo vete con cuidado enano! - me gritó alguno de ellos desde lejos.

- ¡Mientras esté yo, os aseguro que no le vaís a tocar ni un pelo!

- Gracias señor Brown...- dijo en voz baja colocando una mano sobre mi frente.

- De nada August, ¿Te encuentras bien?

- Si, no se preocupe, esto me pasa a menudo y ya estoy acostumbrado.

- Pues no tienes que hacerlo, no pueden campar a sus anchas como si nada. Alguien tendrá que pararles los pies.

- Nadie se atreve con ellos.

- Yo si, a la hora de la verdad son unos cobardes, mira como siempre atacan en grupo.

- Muchas gracias señor Brown, tenga un buen día.

- De nada, dale recuerdos a tus padres.

- ¡Lo haré!

Llevé la bicicleta hasta casa y dejé la bolsa con la compra sobre la encimera.

- Hola mamá, el señor Brown te manda recuerdos.

- ¿Vas a salir hoy?- me preguntó mi madre mientras sacaba la compra de la bolsa y colocaba todo en su lugar.

Yo estaba sentado en la mesa muerto de calor siguiendo el movimiento del ventilador con la cabeza cerrando los ojos.

- August...Te estoy hablando.

Abrí los ojos avergonzado.

- ¡Perdón! no lo se...Creo que sí.

- ¿Por qué no sales con la bicicleta? Solo la has usado una vez.

- Es que se me han pinchado las ruedas.

- ¿Cómo?

- Había cristales en la acera.

Ella suspiró.

- ¿Sabes que no podremos comprarte unas ruedas nuevas verdad?- me dijo molesta.

- No pasa nada, puedo ponerle las de la otra bicicleta, son del mismo tamaño. Jason sabe cambiarlas.

- Pero no puedes estar todo el rato rompiendo y perdiendo todo August, tienes que ser más cuidadoso. Eres muy despistado.

- Ya lo sé.

- No se trata de que lo sepas, sino se que seas más consecuente del valor de las cosas. Ya eres mayor para que cada semana tengas que sustituir algo porque se ha echado a perder. 

- Ya lo sé, no lo hago a propósito.

- Claro que no, pero me toma mucho tiempo coser toda la ropa y quitarle las manchas y el detergente es muy caro.

- Tendré más cuidado.

- Eso dices siempre ¿Sabes cuánto costaron tus gafas nuevas? 200 dólares. 

Me quedé en silencio.

- Cuando tu padre vea que se han pinchado las dos ruedas se va a enfadar, estaban perfectamente y esa bicicleta ha costado 120 dólares.

- Ya pero yo que iba a saber.

- Pues verás cuando llegue.

Dicho y hecho, cuando mi padre llegó del trabajo se puso echo una furia.

- ¿Cómo que has pinchado las dos ruedas? Pues olvídate de que te dé dinero para las fiestas del pueblo, este mes más de la mitad de los gastos han sido en reemplazar cosas que has perdido o roto.

- ¡No fue mi culpa, había cristales en la acera!

- Voy a ver eso a ver si tiene arreglo.

- Claro que tiene arreglo, le pondré las llantas de la bicicleta antigua.

- De todas formas quiero ver eso, vamos al garaje.

Encendí la luz del garaje y mi padre se agachó a ver las ruedas.

- ¿Con cristales? Si esto tiene cortes limpios, lo que parece es que las han pinchado.

- No se.

- August, cada rueda tiene al menos 3 agujeros, esto son navajazos en toda regla.

- Había muchos cristales.

- No me mientas ¿Quién te ha pinchado las ruedas?

- No te estoy mintiendo.

- Me vas a decir quién ha sido, se de sobra que esto no lo han hecho cristales.

No quise decir nada, sabía que todo lo que dijese no tendría sentido puesto que no me creería.

- ¡Por el amor de Dios, August! ¿Por qué no quieres decírmelo? ¿Es la misma persona que te ha estado rompiendo las gafas?

- Ha sido Andrew- finalmente cedí a decírselo.

- ¿Quién es Andrew? ¿Está en tu clase?

- Es de los mayores.

- Encima...Lo que faltaba ya ¿Sabes dónde vive?

- No - mentí.

- Voy a hablar personalmente con él.

- ¡No servirá de nada! 

- Pues hablaré con sus padres, espero que sean un poco más racionales que él...

- ¡No puedes hacer eso ya me amenazó con ir a por mí en las fiestas del pueblo!

- ¿Y vas a dejar que te amenace? Digo yo que te tendrás que defender.

Mi padre se levantó y dejó la bicicleta donde estaba. 


- En cuanto me entere de donde vive se le cae el pelo- dijo antes de apagar las luces del garaje.

Le seguí hasta el salón suplicándole que no fuera a hablar con sus padres.

- ¡Déjalo ya August, alguien lo va a tener que frenar y no veo que vayas a ser tú! 

Ahí dejé de intentarlo, sabía que no podía pararlo, simplemente era cuestión de tiempo que se diese cuenta de que me hostigaban en el instituto.
No podía dormir, estaba más nervioso por que descubriese donde vivía y fuera a hablar con el qué el hecho de que quedaba tan solo una semana para las fiestas del pueblo.









©Bloodysaster, Proyecto 1