La vida de Jason cada vez cambiaba a más desde que yo no estaba. Ahora iba al gimnasio a sobreejercitarse y no comía casi nada.
Una mañana fue a la lavandería, la lavadora de su casa se había estropeado, acababa de venir del gimnasio por lo que llevaba una camiseta blanca con mangas rojas, los pantalones cortos rojos que eran populares en la época, unas calcetas de doble raya y su único par de zapatillas.
Miró a su alrededor para comprobar si había alguien, al ver que estaba completamente solo comenzó a bailar disimuladamente al ritmo de la música de su walkman.
Mientras estaba distraído, Jeffrey entró al establecimiento con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de traje, con una mirada desinteresada.
Venía a buscar monedas debajo de las lavadoras como de costumbre, se agachó y en su campo de visión se cruzaron las nalgas de Jason, apenas visibles por debajo de sus pantalones desde esa posición.
Él enseguida notó la presencia de alguien más y se giró bruscamente.
- ¡Hola Jason!- exclamó animosamente, tratatando de enderezarse rápido - ¿Qué te trae por aquí?
- Se nos ha roto la lavadora.
Jeffrey tiró del cuello de su camisa intentando disimular que se guardaba una moneda en el bolsillo. Cuando estaba vivo, juro que nunca odie a nadie, pero desde que habia muerto este tipo me parecía un prestencioso, siempre paseándose con las llaves de su nuevo coche sobresaliendo del bolsillo como si fuese una mera casualidad. El hecho de que hubiera espiado tanto a Jason tampoco me daba buena espina.
Detestaba aquellos trajes de segunda mano, a veces desparejados y sus camisas y corbatas lisas de colores chillones.
Su coche era un Oldmobile Cutlass en tonos crema, tenía 15 años y lo había comprado del rancho de coches de los Mavericks, por mucho que insistiese en que no era así.
Lo único que tenía nuevo era la pintura y las llantas blancas, pero eso no quitaba que fuese una horterada que por alguna razón llamaba la atención de las chicas.
- ¿Y a tí que te trae por aquí?- preguntó Jason.
Jeffrey esbozó una amplía sonrisa, alargada y llena de dientes como una hiena, blanqueados y algún que otro postizo.
Se ajustó la chaqueta y miró hacia todas partes.
- Pues bueno...Viendo si alguien se ha dejado algo interesante, pero nada.
- ¿Te gustó realmente la comida el día que almorzaste en mi casa?
- Si, tu madre cocina muy bien, a ver cuando nuestros padres se vuelven a reunir.
- ¡La ayudé a cocinar, también fue mérito mío!
Mientras se agachaba seguía teniendo los ojos de Jeff clavados en su trasero, se subió ligeramente los pantalones y cortó el secado, sin ser consciente de que aquello estaba sucediendo.
- ¿Sabes que? Al final sí me he presentado a las audiciones para fin de curso.
- Me alegro.
- Se que es un poco pronto, pero siempre viene bien prepararse, luego hay tiempo de echarse atrás.
- ¿Y ya has empezado a ensayar?
- Desde la última vez que hablamos no, como me costó tanto decidirme ayer no he tenido tiempo de aprenderme una coreografía.
- Seguro que te sale bien.
- ¿De veras?
- Claro, ¿Por qué no?
- No lo sé...- contestó Jason tímidamente - no estoy seguro.
- ¡Claro que sí!
Jason doblo y guardó toda su ropa y se fue cargando con su bolsa deportiva a cuestas, empujando la puerta de cristal.
- ¡Bueno, me marcho, ten un buen día!- exclamó muy apresurado.
Jeffrey fue tras él, intentando sin éxito cogerle el ritmo, le agarró el brazo contrario al que sujetaba la bolsa.
- ¿Que quieres?- preguntó extrañado.
- Si tienes prisa puedo llevarte en coche.
- No, no tengo prisa ¡Si hoy no tengo nada que hacer!
- Bueno, pero así no tienes que cargar con la bolsa hasta casa, pesa mucho y es un camino largo.
Jason se quedó quieto, cruzado de brazos y a la vez pensativo.
Tenía claro que no quería cargar con la bolsa y si tenía la oportunidad de evitarlo iba a tomarla sin pensarlo dos veces.
- Esta bien- aceptó- pesa un poco y va a ser mejor.
Subió al coche, arrojando la bolsa con fuerza al asiento trasero. Enseguida un aroma intenso atacó sus fosas nasales, un desodorizador en forma de pino que colgaba del retrovisor y olía tan fuerte que lo estaba mareando. Tuvo que abrir la ventanilla y girar la cabeza.
El coche arrancó y él, se entretuvo mirando los árboles, los grandes camiones pasando a toda velocidad y los cuervos sobrevolando el cielo.
- ¿Te había dicho que tenía un coche nuevo?- alardeó Jeffrey, sin apenas darse cuenta de que lo estaba haciendo.
- Llevas un mes entero diciéndolo, Jeff- suspiró Jason poniendo los ojos en blanco- todo el pueblo sabe que es nuevo.
- ¿Entonces hoy no tienes nada que hacer?
- Como tal no, no tengo tareas del insti, ni tengo que estudiar para exámenes así que puedo hacer lo que quiera.
- ¿Y que tienes pensado? ¿Vas a salir?
- No...- contestó encogiéndose de hombros- Puede que me quede en casa escuchando música o a lo mejor me voy con la bici al bosque y luego me paso por la biblioteca a leer un rato. Aún no lo sé ¿Y tu qué vas a hacer hoy?
- Tampoco tengo planes ¿Te apetece que hagamos algo?
- ¿Tu y yo?
- Si, tu no tienes planes y yo tampoco ¿Por qué no? Somos amigos.
- ¿Enserio?- preguntó incrédulo con una media sonrisa.
- ¿Lo dudas? ¡Oh venga, no seas tonto!
- No lo sé.
- ¿Y donde vamos? ¿Que quieres hacer?
Nuevamente se encogió de hombros.
- ¿Que pasa? ¿Te ha comido la lengua el gato? No seas tímido, dime.
- No lo sé, lo que tú quieras, a mi me da igual.
- Sugiere algo y lo haremos.
- Vamos al bosque.
- He oído en la radio que ya no se puede merodear por allí, dicen que entorpece la investigación.
- Entiendo...No lo sabía, entonces no sé me ocurre nada.
- Te enseñaré donde estoy viviendo últimamente ¿Qué te parece?
- Está bien.
Pasaron unos minutos en silencio, Jason estaba completamente girado hacia la ventana observando atentamente a través de ella.
- ¿Y qué tal te va en el instituto? ¿El examen que me dijiste hace un mes te salió bien?
- Si, saqué una A+. Pero en lo demás me va muy bien, ¿Cómo te va el trabajo?
- La verdad es que está bien, vender casas es muy divertido si le encuentras el gusto.
Jeffrey frenó en seco, las ruedas derraparon y Jason que no llevaba cinturón se movió en el sitio por la brusquedad. Se había cruzado un mapache en la carretera.
Cuando pasó continuaron hasta que Jeffrey paró frente a un edificio con un enorme cartel neón apagado con forma del flamenco. Había flamencos de plástico fuera clavados en el césped con sus largas patas metálicas, decolorados por el sol.
Abrió la puerta rápidamente y la cerró de un fuerte golpe.
Jason salió del coche y le siguió hasta la recepción del edificio.
- Independizarse con 21 años es un poco complicado, así que bueno, aquí me ves, en estos apartamentos de alquiler de mala muerte.
Nada más llegar entró a la habitación, Jeffrey se fue al espejo del baño a alimentar su ego, peinándose el tupé con su peine navaja, añadiendo más gomina y comprobando que todo en él estaba en su lugar
- ¿Como es vivir solo?- preguntó Jason curioso, agarrado al marco de la puerta y balanceándose sobre la punta de sus pies hacia delante y atrás.
- Bueno, tus padres no te dan el peñazo por lo que tienes más libertad, pero tienes más responsabilidades.
- Entiendo.
- ¿Te gustaría independizarte?
- Bueno, es que cumplí 15 hace tres meses, así que hasta que me vaya a la uni no creo me independice.
- A ti se te ve muy cómodo con tus padres, te dan bastante libertad.
- Bueno, paso mucho tiempo solo y también tengo muchas responsabilidades, creo que es mejor que estar solo porque tengo libertad pero nos ayudamos todos con todo.
- ¿Te has decidido ya sobre que vas a estudiar en la uni?
- Quiero ser biólogo marino, en realidad ya lo tenía pensado pero no sé si cambiaré de idea más adelante.
Jeffrey se dirigió a la habitación seguido por Jason y le invito a sentarse en su cama.
- Perdón por el desorden.
- No te preocupes, yo también tengo a veces mi cuarto desordenado.
- ¿Y por qué quieres ser biólogo marino?
- Para estudiar los delfines y para saber que hay debajo del mar ¿Sabes que hay miles de especies que aún no conocemos porque no es posible llegar al fondo marino por la presión?
- ¿Como sabes esas cosas? ¿Las aprendiste en el instituto?
- Me gusta leer, voy a la biblioteca y leo sobre cosas que me dan curiosidad. Casi todo lo que se lo he aprendido por mi cuenta.
- Eres muy inteligente y muy maduro para tu edad, tienes las cosas muy claras. Los otros chicos no tienen esas ideas, están pensando en tonterías pero tú tienes muchas perspectivas de futuro y no pierdes ni un segundo. Aunque bueno, se me olvidaba que eras superdotado.
Jason se sonrojó y se quedó en silencio.
- No te quedes callado cuando te elogien, que si te lo dicen es porque es verdad.
- Gracias...
- Hablo enserio, cualquiera diría que tienes 21 como yo.
Jason se quedó mirando su reloj de Mickey Mouse.
- ¿Tienes que irte?
- No, aún no, pero dentro de una hora y media tengo que volver a casa porque no he limpiado mi habitación y mi madre va a matarme si ve todo sucio- dijo riendo.
- Lo entiendo ¿Y que tal con las chicas? ¿Ya hay una?
Jason se encogió de hombros y sonrió.
- ¿No, todavía ninguna?
- No.
- ¿Y eso por qué? ¿No quieres novia?
- No, estoy en otras cosas.
- ¿Pero a alguien le gustaras no? ¿O no se te han declarado aún?
- No, nunca...- su tono de voz cambió y pareció quebrarse, una melancolía le inundó a medida que su sonrisa se esfumaba. Era como si toda su alegría hubiera abandonado su cuerpo y su hueco lo hubiera llenado una tristeza profunda.
- No te pongas triste que ya llegará alguien, yo también he tenido 15 años y se que es un poco duro ver cómo todos se emparejan y están enamorados con la cabeza en las nubes, al final son cosas de la edad. Todos pasamos por eso y por la curiosidad.
- Ya...
Por un momento pensó que lloraría y estaba deseando cambiar el tema para no pensar más en lo solo que se sentía y lo mucho que quería que alguien pusiera sus ojos en él.
- Anima esa cara hombre, que a todos nos llega el momento- dijo dándole una palmada en la espalda- a unos más tarde y a otros más temprano.
Jason se mordió el labio nervioso y volvió a mirar el reloj.
- ¿Y a ti te gusta alguien? No te vayas a poner rojo con esta que te conozco.
Volvió a sonreír, pero su respuesta fue una negación, aunque no muy convincente.
- Yo cuando tenía 15 estaba enamorado de una chica muy guapa, no me hacía ni caso y la verdad que estaba todo el día pensando en follar con ella. Tenía unas ganas tremendas.
Jason rió abriendo mucho los ojos y tapó su boca.
- ¿Y tu de qué te ríes si seguro que sabes de sobra de lo que hablo?
Se creó un pequeño silenció y en esto Jason miró a su alrededor otra vez rojo, deteniéndose en los detalles de la habitación.
- No mires a otro lado, si dices que no has tenido nunca ganas mientes.
- Bueno, si, pero yo no lo digo en voz alta, esas cosas se las guarda uno porque se dan por hecho que a todos les pasa. Pero si tengo curiosidad, como todo el mundo, no creo que haya nadie que no la tenga.
- ¿A ti lo que te gustan son los hombres verdad?
Jason se quedó frío. Nunca hubiera esperado que la conversación llegase a ese punto.
- ¿Por qué lo dices?- preguntó nervioso.
- A ver, eras el único que se juntaba con Orton y cuando vi tu habitación estaba llena de pósters de chicos. He hecho mis propias conclusiones, pero puedes ser sincero conmigo, soy un amigo y no diré nada.
Jason volvió a ponerse rojo y esta vez comenzó a mostrar incómodidad cruzándose de brazos y juntando sus muslos.
- Oye, que no pasa nada, tranquilo - Jeffrey colocó la mano sobre su cabeza y tomó asiento con él- es que no quiero hablarte de chicas y ponerte en un compromiso.
Jason esbozo una media sonrisa pero había dejado de hablar.
- Debe ser un poco jodido ser el único en el pueblo, más siendo adolescente que es cuando más tienes ganas de experimentar y el amor es tan importante, no me imagino lo solo que te tienes que sentir cuando ves al resto emparejarse.
Se aguanto las lágrimas apretando los dientes y agachó la cabeza, rezando porque la conversación acabase ahí.
- Bueno, pero somos amigos y a mi no me importaría ayudarte a saciar tu curiosidad.
- ¿Que quieres decir? ¿Me estás proponiendo tener sexo?
- Si, siempre que tú quieras, claro. Y así te quitas esa cosa de tener tu primera experiencia en la adolescencia, como la mayoría.
- Pero si yo nunca me he besado con nadie...
- Por eso mismo te lo digo y a este paso la primera vez que lo hagas serás más mayor, ya lo habrá hecho todo el mundo y en este pueblo pocas oportunidades vas a tener aparte de esta, a menos que pase un poco el tiempo.
Él no quería morir solo, no podía ni pensarlo, pero temía que sucediera tanto como pasar la vida sin nadie que amar y nadie que le quisiera.
Si estaba solo ahora ¿Que sería de el cuando fuese un anciano? Su cabello rojo se transformaria en blanco, ya no tendría la piel tersa y clara, ni unos labios grandes, entonces nadie lo miraría.
- Bueno, entonces ¿que me dices?
- Es que no me esperaba esto - concluyó- estoy muy confuso- Tu quieres tener sexo...¿Conmigo?
- Si, no me importaría- alardeo, casi como si estuviese haciéndole un favor- si le pongo un poco de imaginación...Eres bastante andrógino.
- ¿Que significa eso?
- Cuando eres un poco ambiguo...Osea quiero decir que no se distingue a simple vista del todo si eres un chico o una chica.
Frunció el ceño, no le había sentado muy bien que le dijeran que parecía una chica. No porque ser una chica fuera algo malo, pero no sentía que se viese como una o al menos nunca lo había pensado.
- No te lo tomes a mal, hombre, no digo que seas una chica solo que tienes rasgos de chica, puedo imaginarme que eres una. Pero eso es todo lo contrario a un insulto.
- ¡Nunca me han confundido con una! - rebatió molesto-
- ¡Pero no te lo tomes tan a pecho! Es una cuestión de percepción y parecer una chica no es nada malo.
- No digo que ser una chica sea algo malo, es que no quiero parecerlo porque no lo soy, solo es eso.
Jason lo pensó dos veces, estaba seguro de que tener relaciones era algo que requería cierto reparo. Junto a la ventana había un espejo de cuerpo completo, al ver reflejados sus gruesos muslos y su complexión corpulenta estaba mas decidido.
Se dijo a si mismo que aunque los maricas cayesen del cielo, ninguno elegiría a un gordo como él.
- Bueno vale, pero yo nunca he hecho esto antes, estoy un poco nervioso.
- Tranquilo, relájate y quítate la ropa para meterte en la cama.
- No quiero hacer algo mal.
- Yo te ayudaré, solo tienes que estar calmado.
Se sentó al borde de la cama y comenzó a desnudarse despacio, por pudor y se tumbó boca arriba mirando la lámpara del techo que tenía e aspecto de ir a caerse en cualquier momento.
Por timidez se puso rojo y se cruzó de brazos para cubrirse.
De pronto dejó de verla, tenía a Jeffrey encima pero estaba tan confundido que tardó en reaccionar.
- Tengo un poco de miedo.
- No tengas miedo, saldrá bien, confía en mí.
- ¡Es que no quiero que me duela!
- Todo saldrá bien, tranquilo.
Dejó que le guiase y diera indicaciones de lo que tenía que hacer.
Cuándo noto algo entrar dentro de él, fue una sensación extraña e incómoda, fijó sus ojos en el cuadro que había sobre la cama.
Miro detenidamente las pinceladas que habían usado para hacer el mar y el cielo, las esponjosas nubes y los cuervos posados sobre la arena.
Después giró su cabeza hacia el armario empotrado, perdiéndose entre las rendijas de las puertas y apretó los ojos.
Tanto en cuerpo y mente no estaba allí, su mente divagaba por la escayola del techo y su rostro, inexpresivo, no era muestra de placer alguno.
En silencio, seguía las grietas con la mirada, melancólico, pensaba en el verde de las paredes y el color burdelesco del del letrero del complejo de apartamentos cuys luz penetraba por las persianas.
Jeffrey, sudoroso estaba concentrado plenamente en la tarea y le dio una fuerte nalgada y mientras tiraba de su cabello hacia atrás.
Jason parecía incómodo, por su expresión.
Jeffrey lo volteó y él se estremeció, como si tuviese un escalofrío y trató de empujar a Jeffrey suavemente con sus manos lejos de él.
Emitió un quejido de dolor y cerró fuertemente los ojos expresando su molestia. Aquello debía escocerle porque enseñó los dientes y arrugó la nariz.
Abrió los ojos de pronto e intercambió miradas con Jeffrey que le acariciaba los labios y la cara. Esquivó la mirada y gimió suavemente dejando los párpados entrecerrados y se puso la mano en su vientre.
- ¿Tienes cosquillas por dentro, verdad?
Jason afirmó con la cabeza mientras se acariciaba sobre el ombligo. Parecía muy debilitado y se movía mucho mientras gemía.
Al acabar, por fin se tumbaron boca arriba uno junto al otro. Jason se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la cama y cogió el cenicero para fumar.
- ¿Te ha gustado?- preguntó Jeffrey.
- ¿Hmmm?- preguntó Jason con el cigarrillo en la boca alzando la cabeza para mirar hacia atrás.
- Que si te has sentido bien.
- No lo sé, ha sido raro- contestó sin mucha decisión, su cabeza estaba en blanco, tratando de procesar que había sucedido y como se había dado la situación.
- Voy a darme una ducha- dijo Jeffrey levantándose de la cama.
Jason permaneció sentado observando el luminoso que alumbraba solo la cama de aquel cuarto oscuro.
En su cabeza no había pensamientos y no era capaz de sentir ninguna emoción, estaba desconectado, podía verse a sí mismo desde fuera, desde una esquina de la habitación.
Un enorme impulso le recorrió y se puso la ropa, cogió su bolsa y salió de allí lo más rápido que pudo.
Jeffrey al salir se encontró solo, con el humo de una colilla mal apagada en el cenicero.
Abriendo la persiana, vio a Jason salir y perderse en la oscuridad al cruzar la carretera.
Llegó a casa y se metió en la bañera. Se pasó dos horas en el baño, lloraba porque no sabía que le pasaba a su cabeza, estaba demasiado confundido.
Fue entonces cuando aún, aunque no tomó conciencia sobre lo sucedido ni comprendió nada si notó una sensación de suciedad en su pequeño cuerpo.
Empezó a frotarse con fuerza y se hizo una quemadura entre los muslos.
Quería haberlo hecho con alguien del que estuviera enamorado, el era de esos románticos que solo harían algo con una persona que lo significará todo para ellos. El sexo sin amor nunca había entrado en sus ideas, se había imaginado su primera vez de una manera completamente distinta.
Lo más terrible para mí es que no pertenecía al mismo mundo qué el y por más que quisiera, no podía acompañarle en lo que había pasado. Hubiera deseado intervenir, hacerle ver que estaba ahí pero sabía que no debía.
Se secó las lágrimas y el cuerpo con la toalla y se puso el pijama para ir a ordenar su habitación.
Durante días, Jeffrey le llamó, tal vez quería saber por que había huido de su apartamento mientras se duchaba, sin despedirse ni nada.
En cierto modo Jason sabía que aquello no estaba bien, no era de buena educación irse sin despedirse.
No cogía ni una sola de las llamadas, no se atrevía a pedir perdón por eso, ni siquiera a discutir, realmente pensaba que todo había sido su culpa.
Él era el que había accedido a hacerlo, en ningún momento había dicho nada ni se había resistido verdaderamente.
Trató con muchos esfuerzos de olvidarlo, de sacar de su cabeza lo que había pasado porque creía que no debía sufrir por algo que aún no terminaba de entender que era.
Al dia siguiente fue a clases, a primera hora había una chica de pie junto a la pizarra.
- Ella es Jacqueline - dijo el profesor- es nueva en el instituto.
- Hola a todos- dijo ella.
- Háblanos un poco de tí, ¿De dónde vienes?
- Hubert, el pueblo de al lado, mi madre y yo nos hemos mudado.
- ¿Y donde estudiabas?
- En Dandle las monjas nos daban clases.
La gente la miró fijamente y algunos comenzaron a susurrar al oído de su compañero de al lado.
- ¿Dandle? ¿Estabas en el internado para niñas? ¿Durante cuánto tiempo?
- Si, durante 8 años.
- Entonces esto tiene que ser una experiencia muy diferente para tí, espero que te sientas cómoda aquí. Puedes sentarte al lado de Jason.
- Gracias.
- Profe, ¿No le vamos a enseñar el instituto como se hace con los alumnos nuevos?- preguntó Frank.
- Es verdad Frank, como eres el delegado ¿Te importaría hacerlo a tí?
- Si, no sería problema.
Se levantó y se acercó a Jackie y ambos se marcharon, les seguí por curiosidad.
Jacqueline era una chica muy guapa, era baja de estatura, alrededor de 1,55 calcularía, tenía el cabello completamente negro y corto como un chico, piel clara, los ojos celestes como los de Jason, pestañas grandes y labios grandes. Su nariz era muy pequeña y afilada, respingada hacia arriba y tenía cejas gruesas y oscuras que le daban una mirada profunda.
Llevaba una camiseta blanca sin mangas y sobre ella una camisa de cuadros azules remangada, pantalones rotos anchos y botas militares a juego con la chapa que colgaba de su cuello.
- ¡Buena oportunidad para perdernos clase! ¿No crees? Encantado de conocerte Jacqueline soy Frank- le tendió la mano y comenzó a caminar- mira estas son las taquillas, la tuya es esta, era de un chico pero ahora está muerto y es la única que ha quedado libre. No podrás usarla hasta que la vacíen.
- ¿Que le pasó?
- Está desaparecido, aún lo están buscando ¿Como te hiciste eso?- preguntó Frank señalando su rostro. Tenía una cicatriz que le partía la ceja en dos, otra en una mejilla y la última en la barbilla.
- Fue un accidente- respondió.
- Entiendo, bueno, este es el gimnasio, aquí celebran el baile de instituto. Este año tendremos el junior y el año que viene el senior. Te gustará, todos lo están esperando con ansias, yo incluido.
- ¿Quién es mi compañero de al lado?
- Ah...Ese es Jason, el subdelegado. ¡Mira! Estos son los baños, el de las chicas y el de los chicos. Tienen un cubículo donde escriben todos los chismes del pueblo y los profesores no entran a revisar si estás fumando. ¿Fumas?
- Si ¿Y tú?
- También, ya tenemos algo en común. Este es el salón de actos, a final de curso habrá una audición para el concurso de talentos. Si te gustan los Ramones deberías presentarte, mi hermana y su mejor amiga están buscando una voz para su grupo de rock ¿Sabes cantar?
- Si.
- Entonces es tu día de suerte, te las presentaré en el recreo, os llevaréis muy bien. Seguro que no te es difícil encontrar amigos, te adaptaras muy rápido.
- Vaya, gracias.
- Está es la cafetería, la gente se sienta por grupos. Puedes sentarte con mi hermana o conmigo hasta que vayas conociendo a todo el mundo, pero no te sientes sola o con solo una persona, creerán que eres rara.
- ¿Por qué?
- Los que se sientan solos normalmente no tienes amigos.
- Entiendo.
- Esto es el patio, ahí está el campo de fútbol, en el recreo puedes ir donde quieras siempre que llegues antes de que suene el timbre. ¡Ah! Y ese es el parking de coches, cuando tengas coche lo podrás aparcar ahí. Ese morado es el coche de Jay ¿Es chulo verdad?
- ¡Si! Es increíble.
- Es mi mejor amigo, te lo presentaré, seguro que no le importa darte una vuelta cuando tengáis más confianza.
- ¿Es un coche de carreras?
- Desde luego que lo es, todos los años se celebra una carrera en el pueblo y el participa. Por último esto es la clase de detención, si no te metes en ningún lío por suerte nunca tendrás que verla. ¡Te dejan en el insti por la tarde, que coñazo!
- Vaya, esto es muy grande
- Y que lo digas, si necesitas cualquier cosa solo dímelo. Soy el delegado, estoy para eso.
- Muchas gracias por todo.
- Ahora volvamos a clase, quedan 5 minutos para que termine. ¡Por cierto! Jacqueline es un nombre muy largo ¿Tienes algún mote?
- No, bueno si pero mejor no me llaméis así.
- ¿Como quieres que te llamen?
- Jack.
- Me gusta tu sentido del humor, Jackie, nos llevaremos bien.
Jack regresó a clase con Frank, ambos se sentaron cada uno en su lugar.
- Hola, soy Jason- se presentó- bienvenida al instituto, Jacqueline.
- ¿Puedes llamarme Jack?
- Claro, empezemos de nuevo entonces. Yo soy Jason, encantado de conocerte Jack.
Jack sonrió y miró su libreta.
- ¿Pusieron tarea?
- Si, ha mandado todos ejercicios de la página 60, ya le vale ¿Quieres que vayamos a un sitio durante el recreo?
- Me encantaría, pero tal vez mañana, Frank va a presentarme a su hermana y a sus amigos.
- Entiendo...
- Fue muy amable, creo que estaré mejor que en Dandle, allí nadie era muy bueno conmigo. Vuestro instituto es muy guay, me ha contado muchas cosas.
Jason sintió un cosquilleo dentro, pero no era agradable, tenía la corazonada de que Frank no quería que el y Jack fueran amigos y había aprovechado que era el delegado para alejarle.
- ¿Y qué tal si quedamos esta tarde?
- Estamos un poco ocupados con la mudanza, mi madre ha llamado a un camión para que traigan los muebles y tengo que desempacar cosas.
- No pasa nada.
- Escríbeme tu número, si puedo quedar un rato te avisaré.
- Perfecto- tomó un bolígrafo y escribió el número y su nombre en una hoja y después arrancó el pedazo- aquí tienes.
- Gracias.
En el recreo se encerró en el baño a fumar pero no le quedaba ni un cigarrillo. Suspiró y sacó el libro del Guardián entre el Centeno para leer un poco.
Salió a lavarse las manos antes de que acabase el recreo y se topó con los Fumigadores.
- Ey zanahoria ¿Tienes cigarrillos?- preguntó Andrew.
- Se me han acabado todos, puedes comprobarlo tú mismo si no me crees.
- ¿Que llevas en la mano? ¿Lees en el recreo? Vaya empollón estás hecho, encima la lectura obligatoria.
Le quitó el libro y lo ojeó por encima.
- No tiene dibujos, vaya mierda, yo ni siquiera me lo he comprado ¿Y vosotros?
Todos negaron con la cabeza.
- Mi padre dijo que era un vago y que seguro que no lo iba a leer, así que no me lo quiso comprar.
- ¡No te pierdes nada! ¡Pero si lo quieres toma!- le tiró el libro de Jason encima y caminó hacia la puerta. Bradley lo atrapó al vuelo y lo guardó bajo la chaqueta.
Después de clase Jason fue a comprar cigarrillos al minimercado, se acercó al área de parafarmacia y esperó a que lo atendiesen mirando hacia un estante de caramelos.
- Buenos dias señor Brown- saludó.
- Hola Jason ¿Qué quieres?
- Dos cajas de cigarrillos.
- ¿Cómo está tu padre?- preguntó colocándolas sobre el mostrador.
- Bien, esta en la tienda, me ha mandado aquí.
- Dale recuerdos de mi parte ¿Necesitas algo más?
- Dos barritas de chocolate y una caja de laxantes, cóbremelas a parte.
- Jason sabes muy bien que no te puedo vender medicamentos sin autorización de tu padre.
- ¿Puedes venderme tabaco pero no medicamentos? ¿Y que hay de la venta libre?
- Si haces un mal uso soy el único farmacéutico, me metería en un problema. Una cosa es vender tabaco a los chicos para vuestros padres y otra muy distinta venderos pastillas, eso ya va en mi moral.
- ¿Y que voy a hacer con unos laxantes?
- No lo se, pero si no es nada malo, a tu padre no le tiene porque importar firmar una autorización ¿Quieres las barritas?
- No, mejor no.
- Puedo guardarte el medicamento a tu nombre y que vengas a recogerlo otro día.
- Me parece bien.
El señor Brown se fue un momento al almacen tras el mostrador en busca de otro paquete de post-its de colores.
En un movimiento rápido abrió la caja, se la guardó bajo la manga de la chaqueta, después se apoyo a un brazo en el mostrador dejando su cuerpo caer a un lado.
Brown le cobró las dos cajas, Jason sacó la cartera y pagó también la mitad de la caja.
- Te dejo la mitad, por si se me olvida pasar a recogerla.
- Esta bien, saludos a tu padre.
Jason metió la cartera en el bolsillo de su trasero, se enderezó y cogió el ticket junto con las cajetillas
Nada más salir tiró a la basura el ticket, metió en el bolsillo interior de su chaqueta una de las cajas y la otra la llevó en la mano hasta entregarsela a su padre en la tienda.
Ya le había ayudado a descargar cajas del camión y no necesitaba que hiciese nada más en la tienda, así que le dejó ir pero le advirtió no volver tarde.
Caminó sin rumbo por la carretera, se pasaba el día dando vueltas por el pueblo y cuando se cansaba volvía a casa para echarse a dormir.
Aquella tarde Jeff volvió a llamar para citarse en el Devenson's Burger, esta vez Jason contestó al teléfono y aceptó ir.
Volvió a vestirse y a salir a la calle para encontrarse con él en el Devenson's Burger. Jeffrey iba como siempre, con su tupé y un traje de chaqueta marrón de cuadros.
Jason llevaba unas gafas de sol rojas de pasta, con cristales negros que impedían que se viesen sus ojos. Se había puesto sus vaqueros y su chaqueta de siempre.
- ¿Por qué no cogias él teléfono?- preguntó Jeffrey- llevo días llamándote para que me des una disculpa, o al menos una explicación.
- Lo siento...
- ¿Por qué te fuiste?
- No lo sé- comenzó a mostrar incómodidad, con una actitud inquieta y distraída.
- Tu estabas de acuerdo con hacerlo ¿Por qué te largaste así? ¿Cual es el problema?
- Creo que solo acepte porque me dijiste que no lo haría nunca con nadie en mi adolescencia porque era el único de "ese tipo de chicos" del pueblo.
- No te vi quejarte en ningún momento.
- Intenté que notarás que quería apartarte para no continuar...
- No fue mi culpa que te arrepintieses de lo que decidimos hacer. Era lo que tú querías ¿Por qué no me pediste que parase?
- Lo se, se que yo dije que si, pero solo quería que acabara, intenté pararlo.
Jason se puso rojo y cerró las piernas con incomodidad, llegando a cruzarlas.
- Espero que no se te ocurra contarle esto a tus padres.
- ¡Que va! ¿Por qué haría eso? Me matarían si se enteran.
- Ni a ellos ni a nadie, esto pasó entre nosotros y entre nosotros se queda.
- No lo voy a hacer, eso lo prometo, no tengo intenciones.
- Tu y yo decidimos hacer esto y tú te arrepentiste, pero ya está hecho, no puedo hacer nada. Pero al menos podrías haberlo comunicado en lugar de salir corriendo. Estas cosas suceden.
- Si, lo se...Lo siento.
Jason se levantó y se dispuso a irse.
- Adiós, tengo que irme- dijo en voz baja.
- Bien, esta vez te despides como corresponde- sacó su peine navaja y se cepilló el pelo- hasta luego, que tengas un buen día.
Jason abandonó el local y se marchó a casa, se acostó temprano y apenas habló con sus padres. Solo les contó que había una un nuevo alumno en clase y que venía de Hubert.
Sus padres ya estaban notando un comportamiento distante y extraño en él pero aún no parecía preocupante, al menos desde fuera. Lo achacaban a mi desaparición, era normal que después de algo tan fuerte su actitud hubiera cambiado.
Trascurrió alrededor de una semana. Recuerdo que encontró en su taquilla un papel, solo ponía "hora del recreo - paseo de la fama ¡No faltes!"
Se lo tuvo que pensar, le daba miedo que fuera una trampa para darle una paliza o meterse con él pero de todas formas ya tenía planeado encerrarse en el baño a la hora del recreo para poder fumar.
Mientras estaba sentado en el vater con un cigarrillo entre los dedos le temblaban las piernas, en una mezcla entre la emoción y el miedo a que fuera una encerrona para hacerle daño. Su corazón iba a mil. Nunca había tenido tanta adrenalina.
Kurt pegó a la puerta de su cubículos y Jason le abrió incrédulo.
- ¿Esperas a alguien?- preguntó Kurt en un tono seco.
- Si- contestó Jason también secamente mientras daba una calada a su cigarrillo. No imaginaba que fuese él, ni mucho menos hubiese pasado por su cabeza.
- Yo soy el que te ha mandado el papel- declaró finalmente.
Jason rió, debía ser mentira. Pero después reparó en que no se lo había contado a nadie y si sabía lo de las carta debía ser el quién la hubiese escrito.
- ¿Y por qué quieres verme?- preguntó mientras se levantaba y salía del cubículo paraa sentarse en el alféizar del ventanal.
Kurt se acercó lentamente para besarle, Jason le siguió y estuvieron besándose un tiempo largo.
- Van a pillarnos- le interrumpió Jason susurrando a su oído- como cuenten esto nos expulsan a los dos...
- He visto como me has estado espiando ¿Crees que no me daba cuenta?- preguntó Kurt agarrándole el cuello y sonriendo.
Entraron en uno de los cubículos y lo hicieron, pero esta vez fue muy distinto, tanto así que se repitió muchas veces más, tantas que costaría me costarían llevar la cuenta de ello.
Jason nunca salía al recreo pero ahora se le veía aún menos porque todos los días se metía en el mismo cubículo a fumar y esperar a tener una aventura sexual con Kurt, aunque a veces no viniera. Nunca sabía si vendría o no, la emoción venía de esa incertidumbre.
Al principio, el corazón le latía a mil y era un chute diario de adrenalina, le sacaba de su vacío por un segundo.
Y aunque en esos baños hacían de todo, fuera de ahí no hacían nada. Kurt no le hablaba, no lo miraba, ni se le acercaba. En los pasillos le agachaba la cabeza y nunca se les veía cerca el uno del otro.
La mayor muestra de cariño que hizo fue regalarle una bandana roja, que Jason llevaba atada al cuello para taparse las marcas y aquello también dio lugar en el baño.
Le dolía su actitud esquiva pero no podía hacer nada por evitarla, incluso las palabras que mediaban incluso a solas eran reducidas. Eran prácticamente desconocidos, nunca habían tenido una conversación y lo más cerca que estaban el uno del otro era para tener sexo casual.
Jason se había vuelto adicto a la sensación que le daba esa práctica, pero aún así sentía que algo le faltaba, no era suficiente. Él no sentía nada, casa vez que me metía en su cabeza me abrumaba viendo como no tenía ni una sola emoción. Era como si tuviera un hueco en el pecho.
Un día decidió citar a Kurt en el baño para hablar con él.
- ¿Que pasa?- preguntó acariciando su cabello nada más entrar, acercó su nariz para olfatearlo y olía a manzana como todos los días.
Jason no parecía de humor.
- No me mires así ¿Que quieres?- preguntó confuso al notar su expresión.
- Saber si vamos a ser algo más.
- ¿El qué?
- ¿Somos amigos, verdad?
- ¿Que tienes ahora conmigo? Sabes bien que somos.
- No, no lo se, quiero que seamos algo serio, no quiero que esto sea solo hacerlo el baño. ¿Qué soy para ti?
- Ya lo sabes, creo yo.
- ¿Y por qué solo lo hacemos este baño asqueroso mientras todos van al cine, a la bolera, al Deverson's Burger...?
- Jason, escúchame...
- Ya te he escuchado, ahora escúchame a mí, es casi como si fuéramos desconocidos, solo nos vemos cuando no hay nadie alrededor y no hablas conmigo ni a solas, estoy confundido.
- ¿Y qué quieres que haga?
- Que me digas si sientes algo por mí o esto es solo un juego que tenemos.
- Claro que siento cosas por tí.
- Tengo ganas de que me lleves a uno de los sitios a donde van la gente normales y actúes como mi amigo, se supone que somos eso ¿No?
Kurt permaneció en silencio y rió, por un momento por la forma que miraba a Jason parecía que se reía de él y de su mirada inevitablemente inocente.
- Creía que lo comprendías, pero ya veo que no.
- Explícamelo.
- ¿Quieres que nos maten a nosotros también por maricas como a tu amigo? ¿Tengo que recordarte que aún no lo han encontrado?
- No tienen porque saberlo ni interpretarlo de ese modo. Dos amigos pueden salir y hacer cosas juntos, ellos no saben lo que pasa aquí dentro, creen que estás en la biblioteca. Además no sabemos que le pasó a August. No te he pedido que actúes como si estuviésemos juntos en público, no quiero que sepan lo que hacemos.
- Joder Jason...Como te digo que es mejor que no nos relacionen, creo que soy claro a la hora de que entiendas que no quiero que nos vean juntos en cualquier sentido. Lo estoy dejando claro, parece que no sabes leer las indirectas. Tu y yo no somos novios, pero eso no significa que no seamos nada. Y claro que August está muerto, si estuviera vivo lo hubieran encontrado.
- Pero yo te quiero, eres mi único amigo y quiero que estemos juntos. Te quiero mucho.
- Jason como te tengo que explicar que no soy tu amigo, como tú mismo lo has dicho no nos conocemos.
- ¿Entonces solo es un juego?
- Si, solo es un juego.
- ¿Pues sabes que? Estoy harto de ser tu sucio secreto y ya no quiero serlo más. Si soy un juego para ti puedes joderte.
- ¿Te vas?- preguntó Miller abriendo los ojos como platos.
- Te echo, que es distinto. ¡Vete de mi puta vista!
- Adiós pues.
- ¡Encantado de no haberte conocido!
Miller abandonó el baño con una expresión de impasividad. Jason permaneció inexpresivo a pesar de la tristeza y rabia que le inundaron.
Regreso a casa, no hizo nada durante la tarde solo estuvo estudiando pero no podía concentrarse con lo que había pasado dando vueltas por su cabeza.
Caída la noche, corrió las cortinas y se dejó caer sobre su cama desecha, donde lloraba entre sus libros, sin saber exactamente el motivo. El vacío volvía a apoderarse de él.
Después se dio una ducha caliente y se echó crema por todo el cuerpo, lavó su pelo y lo peinó mirando sus ojos llorosos al espejo.
Al dia siguiente hizo el examen, le salió muy bien, estaba verdaderamente orgulloso además esa tarde si tenía un plan que no fuera estar solo.
Este curso quería empezar a tomarse los estudios más enserio, siempre había sido un buen estudiante pero quería subir su media para poder prepararse para estudiar antes de la universidad, aunque eso realmente fuese en parte una excusa para ocultar que los estudios llenaban en cierta parte un poco de ese hueco, o al menos distraían la atención.
En el recreo se echó perfume en el cuello y se quedó esperando hasta que tocó el timbre del final del recreo.
Lloró sentado sobre el váter con un cigarrillo entre los dedos porque Kurt no había venido a a buscarle y decirle que lo quería, tenía la esperanza o al menos la ilusión en su cabeza de que eso sucedería.
Se sintió pequeño y solo, había pasado de no sentir nada a experimentar el dolor más fuerte que había atormentado a su cabeza.
A la salida del instituto quedó con Jack, por fin había acabado la mudanza.
Habían preparado una botella llena de monedas para jugar al Pac- man y a otras máquinas arcade del local que habían inagurado justo ese día.
Jason y yo llevábamos muchos tiempo esperando a que por fin inagurasen el salón de recreativos en nuestro pueblucho y hubiera algo nuevo que hacer. Una pena que no hubiera estado vivo para poder disfrutarlo.
Estaba repleto de gente de su instituto, tuvieron que hacer cola para entrar y casi tuvo que hacerla también para jugar al Street Fighters.
Había un ruido inmenso, de gente hablando y riendo, música y sonidos de las máquinas, tickets saliendo y monedas entrando.
Cuando tuvo la pantalla de inicio del juego, introdujo su nombre: Red y comenzó a jugar.
Se colocó en el segundo puesto en la lista de mejores puntuaciones y recogió sus tickets.
Quería conseguir un puntero laser que había la vitrina de los premios y como en el Pac-Man logró muchos tickets pudo conseguirlo.
Era para jugar con una gatita negra callejera que siempre estaba por esa calle. Le faltaba gran parte de la punta de sus orejas y tenía los ojos rojos.
Al salir de las recreativas se despidió de Jackie y fue en su busca apuntando con el puntero al suelo.
Normalmente estaba por allí a esas horas, pero ese día la noche era especialmente oscura y sería imposible verla.
De pronto oyó un maullido. Estaba bajo un coche y los ojos le brillaban.
- ¿Como estás, eh?- preguntó agachándose y tendiendo su mano- hoy no te traigo comida.
La gata se acercó y él le acarició el lomo.
- Mira lo que tengo- sacó el puntero láser para jugar un rato con ella, que seguía a la luz y trataba de atraparla con sus dos patitas.
Jason guardó el puntero en su bolsillo y le sonrió.
- Si mañana tengo algo que te pueda gustar te daré de comer.
Se levantó para irse y la gata frotó su espalda contra sus piernas antes de correr de nuevo a esconderse bajo uno de los coches aparcados.
Todas las farolas de esa calle estaban rotas a pedradas y la única luz que había era la de la luna, que alumbraba solo su silueta.
Caminó tranquilo hacia casa porque tenía que madrugar para ir al instituto.
Al día siguiente se quedó en el baño fumando durante el recreo, volviendo a esperar a Kurt. Se había duchado, lavado el pelo y vestido para la ocasión.
Alguien pegó a la puerta de su cubículo suavemente.
Jason abrió sonriendo hasta que vio a Frank de frente y tuvo que cerrar la puerta con fuerza y poner el pestillo.
- ¿Que estás haciendo ahí dentro? - preguntó Frank sin parar de dar golpes a la puerta.
Jason no contestó, trató de no hacer ningún ruido mientras se tapaba los oídos.
- Se que estás ahí, huele a tabaco.
Continuó sin contestarle, con los pies sobre el váter y las rodillas pegadas al cuerpo para que no reconociera sus zapatillas, lo cual era inútil esta vez porque había visto que estaba ahí.
- ¿A que te dedicas ahí todo el recreo? ¿A meterte los dedos en la garganta?
Jason trataba de escuchar los ruidos de fuera para poder determinar si estaba solo o venía acompañado.
- ¿O te dedicas a chupar pollas?
Hubo otro silencio.
- ¿Vas a contestarme o me vas a dejar hablando solo como si estuviera igual de zumbado que tú?- preguntó con un tono de enfado.
Finalmente le dio varias patadas a la puerta.
- ¿Por qué no me contestas, listillo? - apoyó su espalda contra la puerta y se cruzó de brazos- Se que estás ahí dentro, me has contestado antes y se que eres tú. Eres el único que se pasa todo el recreo encerrado en el baño porque no tiene amigos.
Jason estaba esperando a que se fuera, mirando sus zapatos desde el hueco de debajo de la puerta.
Por su momento pareció darse la vuelta para irse pero de pronto notó un golpe más fuerte que hizo temblar la puerta.
- ¡Tienes todo el cuello lleno de chupetones, por eso llevas ese pañuelo todos los días! ¿Crees que no me he dado cuenta?. Se me ocurrió lo mismo el curso pasado ¡Alguien ha tenido que hacértelos!
- ¿Que mierda te importa?
- Empezaste a llevarlo un día justo después del recreo. ¿Quién te habrá hecho eso...mmmm....?- trató de pensarlo pero no le salía ningún nombre - alguien con muy mal gusto desde luego. Ya hay que tener estómago...
Comenzó a reírse y Jason se puso los cascos y el Walkman para no oírle.
- No sabía que eras de esos maricas que la chupan en los baños, Steele. Cada día me sorprendes más.
- ¡Cierra la boca y deja de decir estupideces, Frank!
- Estabas esperando a alguien, ¿A quién le abrías la puerta tan sonriente?
- ¿Por qué tienes que estar siempre vigilando todo lo que hago y sacando conclusiones?
- Porque es divertido, es como un programa de televisión.
Se creó un silencio entre los dos, roto por otro golpe en la puerta.
- ¡Abre la puerta, Porky!- le gritó.
- Que te den.
- Estás tan triste que te dejas hacer de todo por sentir algo. Abre la puerta.
Finalmente abrió la puerta, cansado de sus tonterías y Frank entró al cúbiculo, rápidamente para quitarle el pañuelo.
- Lo suponía...- dijo al ver los hematomas del cuello.
- Vale, ¿Ya estás contento? Devuélvemelo.
- Toma.
Era la primera vez que le veía a Frank la verdadera cara y entendía por qué Jason me decía que no le gustaba.
- En el fondo me das lástima...- cogió su mochila del suelo y rebuscó dentro encontrando un frasco de perfume, vaselina, un cepillo de dientes y pasta, espray de menta para el aliento y una bolsa de chicles- ¿Todo este esfuerzo para unos minutos de compañía? Pero entiendo que quieras sentirte limpio después de pasar tanta verguenza...Lo que no se es si sabes que esto no engaña a nadie, ni siquiera a ti.
Le devolvió la mochila con todas sus cosas.
- Te estoy haciendo un favor, estoy siendo bueno contigo esta vez. Si te digo la verdad, que nadie te la diría aún estás a tiempo de dejar de humillarte a ti mismo.
Se agarró al marco de la puerta y se marchó dando un paso largo.
- Disfruta el recreo, Porky- de despidió cerrando la puerta del cubículo.
Jason se quedó frío, inexpresivo como un maniquí con una mirada vacía y perdida, fija en todas las frases escritas en la puerta. Se encendió un cigarrillo y de pronto volvieron a golpear suavemente la puerta.
- ¿Quién es?- preguntó con la voz quebrada y sin fuerzas.
- Kurt, ábreme.
Jason le abrió y le dejó acercarse. Kurt le acarició la cara y el pelo y descendió los dedos por su cuello desde sus labios.
- Kurt... no cierres la puerta- dijo Jason.
Él no parecía prestarle atención, le quitó los botones a la camisa que llevaba y empezó a bajarla por sus hombros.
- Kurt, escúchame...
Le dió un beso en la boca sin dejarle hablar. Parecía estarlo ignorando.
- Kurt...
- ¿Qué quieres? No hables ahora, me estás cortando el rollo.
- Shhhhhh, habla más flojo. Es importante.
- ¿Que pasa?- susurró.
- Frank lo sabe, sabe que estoy haciendo cosas en el baño.
- ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¿Y desde cuándo lo sabe?
- Desde que me diste el pañuelo, pero no sabe que fuiste tú.
- Me lo acabo de cruzar por el camino y no hay nadie en la planta aparte de tu y yo.
- Es capaz de estar espiando. Entra a otro cubículo, cierra la puerta fuerte y pasa ahí un rato, tira de la cisterna , sal a lavarte las manos y vete al recreo. Hablamos a la salida.
- Está bien- Kurt hizo caso a todo lo que Jason dijo y al salir se topó de nuevo con Frank que estaba volviendo al baño.
En efecto había estado espiando pero solo desde el momento que había oído la puerta cerrarse.
Entró de nuevo y aporreó la puerta.
- Ya tengo a uno descartado, te tengo vigilado Steele. Me voy a enterar de quién es.
Jason suspiró con una expresión que casi parecía serena con el cigarro entre los dedos a punto de consumirse y la caja sobre el regazo. Se abrochó la camisa y se puso un cárdigan ancho de parches de colores.
Salió del baño y giró su cabeza al ventanal con sus ojos fijos en la enorme cristalera opaca por la que el sol no paraba de penetrar.
Asomado al pequeño hueco abierto del ventanal vio como todos caminaban hacia la puerta, segundos antes de que sonase el timbre, los observó a todos e imaginó de que estarían hablando, que estarían pensando, como se sentirían hoy, que harían esa tarde...
Se preguntó si alguna de esas personas se sentiría por dentro igual que él, todos los días o en algún momento y si alguien, en algún lugar remoto del mundo estaría asomado a una ventana observando a la gente pasar y pensando exactamente lo mismo, a la vez que él.
A veces se preguntaba cómo sería cambiar de cuerpo, ser otros por un día o ser un espíritu en una esquina observando sus vidas como una película, aunque ya se sentía como si lo fuera.
Por último, se preguntó cómo sería tirarse por la ventana y reventar delante de todos, como reaccionarían al ver su cuerpo destrozado. Sabía que a esa altura se moriría y lo imaginaba de una manera tan gráfica que os haría querer taparos los ojos.
Ese pensamiento lo hizo apretar los ojos, retirarse de la ventana y marcharse.
A la salida del instituto se topó con Kurt en el pasillo y este le hizo un gesto para que se metiese en el baño de la planta baja.
Dijo a sus amigos que iría un momento al servicio y entró.
Jason estaba al lado del lavabo apoyado en la pared.
- Ven esta tarde después del almuerzo al vertedero, ya no podemos hacer esto en el instituto. Yo almorzare en casa así que no llegues muy temprano. Estare a las 17:00.
Dicho eso se marchó. Jason salió del baño y caminó detrás de Kurt hasta que sus caminos se separaron cuando tuvo que entrar a la cafetería.
Se sentó en una mesa solo y no comió nada.
De todos modos casi siempre comía en casa, no era hasta hace unas semanas que había empezado a almorzar en la cafetería para poder escaquearse de la comida.
Metió el brick de leche en la mochila y sacó un tupper para la carne, las verduras y la manzana
De camino al vertedero pasó por el banco donde había siempre un hombre mayor sin hogar sentado sobre un cartón mendigando y se agacho frente a él.
- ¿Que tal estás hoy, Henry?- preguntó.
- No muy bien, no me han dado casi nada.
Jason saco su almuerzo a escondidas y se lo entregó. El hombre lo guardo cuidadosamente para que nadie lo viese.
- ¡Dios te lo page, Jason!- exclamó muy agradecido agarrando una cruz que llevaba al cuello- Tienes un corazón que no te cabe en el pecho.
- Mañana paso a por el tupper y te traigo más comida si puedo ¿Vale? ¡Ten un buen día!
- Vaya, cuanta prisa ¿Tienes algún plan hoy?
- Si - contestó sonriendo.
- ¿Una cita, granuja? - preguntó con su ronca voz guiñando un ojo al ver los chupetones de su cuello.
- Algo así - dijo Jason rojo de la verguenza volviendo a subir el cuello de su camisa.
- Venga, ya no te entretengo más ¡Adiós, muchacho!
- ¡Adiós! - se despidió caminando apresuradamente.
A las 17:00 Jason ya estaba al lado del vertedero, Kurt apareció media hora después y se disculpó por haber tardado.
Condujo a Jason a un descampado fuera del vertedero en el que había un viejo cartel de publicitario de autopista, bajo este un sofá de cuero rodeado de papeles, neumáticos y demás basura.
- ¿Lo vamos a hacer aquí?- preguntó Jason arrugando la nariz al ver tanta suciedad.
Kurt se descolgó la mochila y sacó una sábana que usó sobre el sofá .
Jason dejo su mochila dentro de un neumático y se echó en el sofá mirando las nubes.
Kurt se colocó encima de él y trato de quitarle la camisa al completo.
- No... no quiero desnudarme, déjame los pantalones y la camisa puestos.
Kurt solo le desabrochó el pantalón y lo bajó un poco de la cadera y quitó los botones de su camisa solo hasta antes de llegar a el vientre.
- ¿Algún día me dejarás?
- No lo sé - dijo Jason- tal vez si.
Mientras estaban haciéndolo se levantó un viento frío que lo hizo tiritar y hizo volar la basura y rodar por la hierba seca. Una Margarita se posó sobre su hombro, la tomó y la levantó para mirarla cubriendo con ella el sol.
- ¿Me quieres?- preguntó girándola con una amplia sonrisa.
Kurt no contestó, la margarita salió volando con el viento de su manos. Su sonrisa se desvaneció inmediatamente.
- ¡No! ¡Mi flor! - exclamó tratando de recuperarla.
- ¿Que era?
- Una margarita.
- Ah, bueno era solo una flor, puedes conseguir otra.
Jason miró los pájaros volar.
- ¿Que es lo que te gusta de mí?- preguntó sonriente otra vez
- Eres hermoso.
- ¿Y que más?
- ¿Como que qué más?
- He preguntado qué te gusta de mí.
- Es que no se qué contestar.
- ¿Piensas que soy hermoso?
- Si, si lo pienso.
Jason se rió alegremente y entrecerró los ojos por el sol, que se había movido y brillaba tanto que le hacía daño a los ojos. Puso la mano para evitar que le diera tan directamente.
Cuando todo acabo de tumbaron uno al lado del otro en silencio, escuchando el sonido de los pajaros. Jason sonrió y cerró los ojos esperando pasar un rato así. Trató de abrazarse a Kurt, pero se movió para levantarse antes de que pudiera lograrlo
- Bueno, tenemos que irnos a casa- Kurt se vistió rápidamente y se colgó la mochila para esperar a que Jason se subiera los pantalones y se pusiera el jersey.
- Ya estoy listo - dijo colgandose la mochila y doblando la sábana para dársela a Kurt.
Ambos caminaron juntos hasta que tenían que tomar diferentes direcciones para ir a sus casas.
- A partir de ahora será aquí, te avisaré en el instituto para vernos.
- Está bien- dijo Jason.
Regresó a casa, se dio una ducha fría y se pesó al salir. Solo había perdido unos gramos. Cuando se puso el pijama se maquilló de nuevo los chupetones para que no los vieran sus padres. Esta vez tuvo que hacerlo mejor para que el maquillaje no se cayese.
Limpió la casa y recogió un poco su habitación y vio una nota sobre la encimera de la cocina mientras barría.
"He hecho galletas de chocolate para tí, puedes comer algunas para merendar. Te quiere, Mamá"
Merendó solo una gelatina de fresa y esperó a que sus padres vinieran viendo la televisión en el salón.
Su madre llegó, hizo la cena y cuando acabó de comer y ayudó a recoger la mesa se marchó a dormir.
A la mañana siguiente, la cabeza le pesaba, estaba muy muy mareado, casi tenía que agarrarse a las puertas para poder desplazarse por la casa.
Se colocó la mano sobre la frente, estaba ardiendo, debía tener fiebre.
Al mirarse al espejo se notó enfermo, estaba encorvado, con los ojos entreabiertos y muy mal color.
Tenía claro que de todas formas iría al instituto, porque tenía un examen.
Desayunó y notó dolor en el labio inferior, cuando se miró en el espejo nuevamente para lavarse los dientes vio que tenía una llaga en el interior del labio.
Por su cabeza pasaron muchas ideas, pero ninguna era tranquilizadora "El sida, debo tener el sida" no paraba de repetirse llevándose las manos a la cabeza.
El creía firmemente, en su ignorancia, que el sida era una enfermedad solo de maricas y que por tener sexo con hombres era la única forma de contraerla.
Teniendo en cuenta que no había usado protección se lo podría haber pegado Jeffrey, o Kurt, daba igual, la cuestión era que ya daba por hecho que se lo habían pegado.
Después reflexionó, podía no ser el sida y solo ser una infección por la cantidad de porquería que había en el sofá, pero estaba seguro de que debía ser el sida puesto que nunca había tenido una yaga así hasta haber tenido sexo.
Rezó por qué no fuera así, estaba cruzando los dedos. Sabía que la gente se moría del sida y no quería que le pasará eso.
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