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miércoles, 4 de noviembre de 2020

Capitulo 15 - An empathy exercise

Recuerdo que oí a Frank decir en el baño que Bradley era tan raro porque nació prematuro, con los ojos abiertos como platos y ni una sola lágrima. Junto a él vino su hermana Linda, ahogada con el cordón umbilical.

Al año de haber nacido y debido a los pocos recursos que tenía la familia, la señora Cooperson se vio obligada a trabajar a tiempo completo y metió a Bradley en una guardería.

No tenía leche para amamantarlo, pasaba el día con su hermano mayor, sentado en una trona o encerrado en una cuna sin que nadie le cambiase el pañal hasta la noche. Vincent no le daba el biberón algunas  veces y cuando podia lo ignoraba o se iba de casa dejándolo solo. Por lo que nadie nunca lo había enseñado a relacionarse con su entorno.

A medida que crecía , su madre estaba siempre ocupada cuidando de los nuevos mellizos y su padre trabajando con Vincent. 

Por la mañana se levantaba e iba solo, nunca llevaba desayuno porque nadie se lo hacía, hasta que un año después empezó a hacérselo él. Siempre llevaba el peloenmarañado por qué no lo peinaban.

En el recreo observaba a los niños jugar desde un gran ventanal que tenía la clase, nadie se juntaba con él porque hasta los 8 años no pronunció ni una sola palabra y a veces se meaba encima.

Todos creíamos que era mudo, incluso sus padres, todo lo que tenía que decir lo hacía con señas o simplemente con la mirada.

A esa edad ya medía 1,62 y seguiría creciendo hasta medir 1,77 con tan solo 12 años. Por sus dificultades de aprendizaje lo metieron en el aula de diversificación con los chicos más problemáticos del instituto. Allí conoció a Andrew, Alexander, Bast y Juliet que también lidiaban con problemas a la hora de adaptarse al ritmo del curso.

Se acercaron a él interesados por su altura y fuerza física y tardaron poco en hacerse amigos. Aquel verano nacerían los Fumigadores de Culvert.

Bast era un líder astuto, se ocupó de buscar a los chicos más fáciles de convencer del pueblo y persuadirlos para seguirle. Sabía muy bien cómo hacer que los demás hicieran su trabajo sucio sin mancharse las manos. 

Bradley no albergaba dentro de él el mal, si bien era el segundo terror del pueblo, sabiendo esto solo tenias ganas de darle una palmada en la espalda y decirle que en algún momento acabaría todo.

El mismo día que oí a Frank decir eso, su padre dejó  a Bradley en la puerta del instituto para asegurarse de que entraba y no volvía a hacer pellas. Hizo como que entraba pero una vez dentro se escapó saltando uno de los muros bajos del recreo.

Caminó solo y vio un camión con paja, espero tras un callejón a que el conductor se sentase frente al volante y saltó a la parte trasera. No sabía a donde iba pero se bajaría allá donde parase. 

Tuvo la mala suerte de que paró en Hubert y fue pillado in fraganti por el conductor cuando iba a bajar sin tener tiempo para escapar.

Llamaron al instituto y como el día anterior, volvió a ser llevado por los pasillos por su profesor pero esta vez hasta el despacho de la orientadora.


- Volvemos a vernos- dijo ella colocando unos papeles sobre la mesa.


Bradley la miraba amenazante a los ojos.


- Mira lo que hay sobre la mesa- le dijo dando una palmada sobre una carpeta.


Bradley la tomó y enseguida la reconoció como suya. Era la carpeta de Barrio Sésamo que utilizaba en preescolar, pasó sus dedos por ella, nostálgico. Estaba muy estropeada, rozada por todas partes, doblada y con las gomillas que la cerraban pasadas y colgando rotas.


- ¿Te suena?


- La perdí hace mucho tiempo- preguntó él extrañado- ¿Dónde la has encontrado?


- Estaba en tu antigua clase, lleva ahí desde que te la dejaste cuando eras pequeño. Está muy estropeada y nadie se la ha llevado. 


Bradley la abrió sacando todos sus trabajos que habían sido guardados y quedaron un día en el olvido.


- Han estado haciendo limpieza de la clase, la encontraron detrás de el mueble donde los niños guardan las carpetas. La han traído a objetos perdidos y la curiosidad me pudo, la abrí y vi que tenía tu nombre.


- ¿Has revisado mis cosas?- preguntó Bradley tomando un tono defensivo.


- Si, y me gustaría hablar de varias cosas contigo, como lo de hoy, pero antes que nada quiero que veas una cosa que escribiste cuando estabas en primaria


Rebuscó entre los papeles de la carpeta y sacó un folio arrugado con la letra de Bradley. Tenía una caligrafía grande y mala, apretando el lápiz hasta casi hacer brillar el grafito. Los trazos eran gruesos, temblorosos y quebrados, con borrones por todas partes y los renglones estaban torcidos.


- Échale un vistazo a esto, Bradley.


Bradley Cooperson                                                                                    

Copia un poema que te guste 

El niño busca su voz 

la tenía el rey de los grillos

En una gota de agua

buscaba su voz el niño 

No la quiero para hablar

me haré con ella un anillo

Que llevará mi silencio 

en su dedo pequeñito

La voz cautiva a lo lejos 

Se ponía traje de grillo.


- ¿Lo has leído ya?


- Si.


- ¿Entendías esto cuando lo escribiste para tu clase de español, Bradley?


- Claro que sí, no soy idiota.


- Un niño de 5 años no debería entenderlo.


- ¿Quiere decir que era muy listo?


- No, Bradley, no exactamente. ¿Podrías dibujar a tu familia?


- No sé dibujar.


- No hace falta, coge un lápiz y hazlo como puedas, yo tampoco se dibujar.


Bradley cogió el lápiz como un niño pequeño, agarrándolo con todos los dedos de la mano y comenzó a dibujar, los contornos de las siluetas se asemejaban a su caligrafía infantil.

Terminó rápido, dejando ver una serie de monigotes sobre el papel. 

A la izquierda del todo, tras su madre y con una separación importante estaban Bradley y Gregory, en un tamaño ligeramente más pequeño que el resto. Sosteniendo la mano de su madre estaba Francine, en el centro de todos, sosteniendo a la vez la mano de una silueta enorme con cara de pocos amigos, acompañada de dos monigotes grandes, aunque menos.

En el cielo había un bebé con alas de ángel y aureola que parecía estar envuelto en una manta.


- ¿Quién es el angelito?- preguntó la orientadora.


- Es Linda, mi hermana melliza. Es un ángel porque está muerta, ahora está en el cielo.


- ¿Qué le pasó?


- Nació muerta. 


- ¿Quién es la niña disfrazada que hay al lado tuya?


- Es mi hermano Gregory, siempre lleva esa máscara pero no está disfrazado, aunqyey veces se viste de niña.


- ¿Quién es ese hombre tan enfadado?


- Es mi padre.


- ¿Y quienes son esos niños que hay detrás de tu padre? ¿Por qué son los únicos que sonríen?


- Son Vincent y Francis, mis hermanos. 


La orientadora cogió el dibujo y lo metió en una pequeña carpeta junto con el poema.


- ¿Cuál es la relación con tu padre, Bradley?


Él se encogió de hombros.


- Gregory, tu hermano pequeño lleva faltando unos cuantos días al instituto según tengo entendido.


- Ya.


- ¿Qué le sucede? ¿Está enfermo?


- No lo sé.


Se formó un incómodo silencio entre ambos.


- He visto que hay carteles con su cara por todo el pueblo, Bradley, y tienen tu misma caligrafía.


El continuó sin contestar, cuando no quería hablar era imposible sacarle las palabras.


- ¿Por que haces estas cosas Bradley? La semana pasada le lanzaste mortadela al coche de un profesor.


Bradley se sonrió.


- No es gracioso.


- Me llamo idiota y yo no soy ningún idiota. Dijo que no llegaría a nada.


- Pero esa no es la forma.


Bradley no le miraba a los ojos, parecía muy distraído.


- Mírame a los ojos cuando te hablo, es de mala educación no hacerlo.


- No puedo.


La orientadora escribió algo en su libreta y se puso las gafas.


- ¿Por que haces estas cosas, Bradley? No es la primera vez, siempre estas metido en líos. Si vuelves a repetir acabaras en un colegio para adultos. Este año es tu última oportunidad y deberías aprovecharla.


- No lo se.


- ¿Cómo no vas a saberlo? Tienes que ser consecuente con tus actos, es tan fácil como tomar conciencia y parar. Podría costarte una expulsión otra trastada de las tuyas si se te va de las manos. No puedes seguir en ese grupo con esos chicos, tienes que salir de ahí, tu futuro esta en juego.


- No puedo parar y no puedo irme.


- ¿Por qué?


- Usted no lo entendería, no soy bueno en nada, en lo único que soy bueno es en hacer cosas malas. Si dejo los Fumigadores ¿Quién coño voy a ser?


- Esa no es la forma.


- ¡Usted no tiene ni idea, es todo lo que tengo, no puedo irme y quedarme sin nada!


- Puedes levantarte si quieres e irte a clase, hablaremos de esto otro día.


Bradley se levantó enfadado, recogió todos sus trabajos metiéndolos en su carpeta y se marchó con ella bajo el brazo. dando un portazo

En los pasillos la guardó en su maleta y salió del instituto en dirección a los baños. El resto de los Fumigadores estaban allí, fumando junto al ventanal como siempre.

Se sentó con ellos y comenzó a fumar, después entraron a clase, los expulsaron por llegar tarde y se quedaron en detención.

Allí le mandaron una redacción como castigo sobre que iban a hacer con su futuro, pero no escribieron nada. Se dedicaron a rallar las mesas, charlar y en definitiva volver loco al profesor, que harto de ellos, no hacía ni el amago de regañarles.

Toco el timbre de final de clase, entregaron el papel arrugado, solo con sus nombres al profesor y se marcharon. No habían hecho nada en ninguna de las clases. Salieron cuanfo sonó el timbre de salida.

Bradley, de camino a casa miro por la ventana de la casa de la orientadora, esperando verla dando el pecho a su hijo.

Esta apareció tras suya, sin embargo.


- ¿Esperabas ver algo en específico?


- ¡Lo siento! 


- Pasa, vamos a hablar.


Bradley se sentó en la cocina, junto a la trona del bebé y acercó su dedo. El niño lo agarró y le sonrió, Bradley devolvió la sonrisa.


- ¿Haces esto de espiar muy a menudo?- dijo la orientadora poniendo un vaso de agua para él sobre la mesa.


- Si, pero también con mas gente. 


- ¿Desde cuando me has estado espiando?


- No lo sé.


- ¿Y por que lo haces?


- No lo se.


- Está muy mal espiar a la gente, es una invasión de la privacidad. La intimidad de las personas está para algo, hay cosas que no tienes por qué ver.


- Lo siento- contestaba Bradley mirando al bebé que reía alegremente jugando con un cubo de madera.


La mujer lo cogió en brazos y se abrió la blusa para alimentarlo. Brad observó fijamente en silencio, con sus ojos tristes y su rostro impasible.


- ¿Te recuerda a cuando eras niño?- preguntó ella.


- No, nunca me dieron el pecho.


- No voy a decir nada de esto, pero no quiero que lo vuelvas a hacer. Vas a buscarte un problema, Bradley.


- Te prometo que no lo hago con ninguna intención rara.


- Ya, pero no es apropiado, la gente que hace esto si suele tener otras intenciones. Aunque no lo hagas con ese tipo de fines no quiero volver a verte mirando por mi ventana ¿Lo entiendes?



Bradley afirmo con la cabeza 


- Ya puedes marcharte si quieres.


Regreso a casa avergonzado. Al entrar vio a uno de sus primos, Glench, sentado en el sofá comiendo galletas.


- Hola, Bradley- le saludó.


Se fijó en que junto a sus piernas había un par de maletas. No hizo el amago ni siquiera de saludarlo y subió a su habitación.

Las cosas de Gregory estaban metidas en una enorme caja sobre el suelo, en ese momento entendió lo que estaba sucediendo. Pensaban reemplazar a Gregory por Glench y mandarlo a Maine.

Bajó de nuevo, furioso y entró a la cocina donde estaba su familia terminando de comer.


- ¿Se puede saber qué horas son estas?- le dijo su padre mientras se levantaba- Tu comida está fría, caliéntala en el microondas.


Todos se levantaron y lo dejaron comiendo sopa solo. De pronto sonó el timbre, Francine abrió la puerta a un hombre y una mujer trajeados que tomaron asiento en el sofá junto a Glanch.


- Somos de servicios sociales, queremos hablar con Bradley.


- ¿Se puede saber qué está pasando?- preguntó el señor Cooperson molesto.


- Tenemos la sospecha de que sus hijos y su mujer son sometidos a maltratos físicos y psicológicos.


- ¿Quién diantres me ha denunciado? ¡Todos la tienen tomada con mi familia en este pueblo!


- La denuncia viene del departamento de orientación del instituto. Gregory lleva días si ir al colegio, hay carteles con su cara por todo el pueblo y no se ha denunciado a la policía su desaparición. Su otro hijo Bradley tampoco va a la escuela, en orientación se le ha hecho un examen y tiene rasgos de un niño maltratado, además parece necesitar de ayuda psicológica.


- ¡Bradley! ¡Ven aquí!- le llamó su padre.


Bradley apareció y se quedó de pie, observando atentamente a los desconocidos que había en la sala.


- Aquí han venido de servicios sociales a decir que yo maltrato a mis hijos ¿Has dicho tu eso? ¿Has dicho que yo te maltrato?


- No- contestó Bradley y caminó de nuevo a la cocina.


- Podrían perder la custodia de sus hijos- dijo la trabajadora social.


- ¡Por encima de mi cadáver!- contestó el señor Cooperson dando un sorbo al café.


- Lamento que tendremos que hacer unas cuentas preguntas a sus hijos sin que ustedes estén presentes.


- ¡Al demonio! ¡Preguntadles lo que queráis, en esta casa no se maltrata a nadie!


Los llevaron al piso de arriba y los metieron dentro de la habitación de Francine, con la puerta cerrada.


- ¿Tu padre te ha golpeado alguna vez, Bradley?


Negó con la cabeza.


- ¿Y a tu madre y tus hermanos?


Volvió a negar.


- ¿Dice la verdad?


- Si - contesto Vincent.


- ¿Alguna vez se te llevo a un profesional para confirmar si tenias alguna discapacidad o trastorno neurológico?


- Estoy sano, señor- afirmaba Bradley.


- ¿Tenéis idea de donde puede estar vuestro hermano?


- A veces se escapa, pero siempre vuelve el mismo día, nunca le pasa nada- aseguró Francine- es un poco rebelde. Nunca ha estado fuera más de 8 días.


- ¿Es cierto que se viste de niña en algunas ocasiones?


- Si, es que es un poco raro. Pero eso lo hace porque quiere, no es que nos parezca bien.


- ¿Tenéis miedo de vuestro padre?- preguntó la mujer.


- No- dijeron todos casi a la vez.


- No hace falta que mintáis, nos daremos cuenta. Nada de lo que digáis aquí se revelará.


- Decimos la verdad- se defendió Brad.


- Seguro que fue un malentendido- trató de cubrirle Vincent.


- Si Gregory no aparece, nos veremos obligados a tomar medidas más fuertes, si estáis mintiendo solo empeoraría las cosas. Ya podéis bajar al salón si queréis y decirle a vuestros padres que vengan para hablar con ellos por separado.


Abrieron la puerta y bajaron las escaleras hasta el salón, se sentaron en el sofá en silencio hasta que oyeron pasos en las escaleras. Sus padres ya habían bajado y los trabajadores sociales se despidieron.

Nada más salieron por la puerta Howard cogió a Brad del pelo y empezó a pegarle con un palo de escoba hasta rompérselo en la cabeza.


- ¿Qué crees que haces? Esa mentira tuya nos puede traer la ruina a toda la familia ¿Cómo se te ocurre decir que te maltratan en casa?


- ¡Yo no dije nada!- exclamo tapándose la cabeza.


- Tú sigue mintiendo- le abofeteo- hoy no vas a cenar por listo, vete a tú habitación que no quiero verte la cara.


Bradley subió rápidamente las escaleras y se encerró en su habitación. Daba vueltas y vueltas sin poder dormir.

La ansiedad que le producía el hecho de que todo estaba mal y se derrumbaba poco a poco sobre él le perturbaba y los ronquidos de Glanch desde la litera de abajo cuando termino de cenar y se fue a acostar no ayudaban.

Gregory debería estar ahí, lo que más deseaba Brad era asomarse y verlo durmiendo abajo, como siempre.

Se preguntaba porque nunca hablaban entre los hermanos, si fuera de la granja no tenía por qué reinar el silencio. Siempre estaban enfrentados.

Al final, aunque con mucha dificultad, quedó profundamente dormido. En su sueño volvía a ser pequeño y caminaba por un sendero extraño, parecía hecho de jengibre, rodeado por oscuros árboles de un bosque en el que se escuchaba el aleteo de los búhos y el sutil retumbar de un tambor, que se hacía más audible a medida que avanzaba.

De pronto, unos ratones vestidos le recibieron tocando la trompeta y tras 3 redobles de tambor empezó a ver todo tipo de criaturas fantásticas. Elfos, duendes, hombrecillos de jengibre y animales parlantes.

Mientras avanzaba por el camino, acompañado, se acercaba a un pueblecito con casas de chocolate, las farolas eran bastones de caramelo y las nubes algodón de azúcar. Había hadas revoloteando por el cielo, sapos y cerdos alados y carros de gominolas tirados por cisnes.

Vio a lo lejos una carpa de regaliz y entró en ella, avanzó por varias habitaciones hasta llegar a su cuarto cuando aún no había nacido Gregory, con las paredes azules, sin litera y con sus antiguos juguetes.

Alzó la vista y vio que el techo estaba altísimo, tan alto que tenía que fijar la vista para ver la lámpara. Miró al frente y vio a un gigante cuya cabeza se golpeaba con la lámpara. 


- ¡Bradley! ¿Qué crees que haces? Tienes 18 y han venido a recogerte del ejército- le dijo agachándose, fue entonces cuando se percató de que era su padre.


- ¡No! ¡No es verdad!- exclamó mientras miraba sus manos, que de un momento se habían transformado en sus manos de adolescente.


Sonó una trompeta, está vez con un carácter militar, como si llamase a los soldados al cuartel. Era el sonido de su despertador, que tenía un soldado que hacía sonar este instrumento.

Se vistió y se fue al instituto, nada más llegar vinieron a buscarlo y lo sacaron de clase para volverlo a llevar a orientación.


- Bradley, buenos días.


- ¡Eras la única adulta en la que creía que confiaba pero me has decepcionado como lo hacen todos! ¡Has contado lo que dije, se supone que no puedes decir lo que te cuentan los alumnos en orientación!


- Lo siento, Brad, lo único que quería era ayudarte. Cuando son casos graves si tenemos que tomar medidas.


- ¡Pues deje ayudarme, desde que lo estás intentando lo único que has conseguido es que mi padre esté enfadado y empeorarlo todo! 


Bradley se levantó y abandonó la clase.


- Los adultos sois un asco- le dijo cerrando la puerta y regresando a clases por su cuenta.


- Escuchadme todos- dijo la maestra de valores éticos calmando los murmullos- necesito silencio para explicar esta actividad.


Poco a poco se fueron escuchando menos voces hasta que reinó el silencio.


- Prosiguiendo, vamos a realizar una actividad para trabajar la empatía. No os voy a mandar a escribir nada, quiero que os pongáis de pareja con un alumno de este instituto, puede ser de otra clase pero que no sea vuestro amigo del alma.


Toda la clase comenzó a emparejarse, Bradley se puso con Bast y los demás Fumigadores se emparejaron entre ellos.

Jason se quedó solo, cuando todos levantaron la mano para decir que pareja habían elegido dijo que no tenía a nadie porque a Jack se lo habían pedido antes.

Lo dejaron salir y preguntar en la otra clase si alguien estaba solo y se puso con la única persona con la que nadie había querido ponerse del aula C, la antes popular, Meg.

A los Fumigadores los separaron redistribuyendo las parejas de gente que eran amigos, colocando a alguno de ellos en su lugar. 


- Quiero que os toméis enserio este trabajo, Shanon y Catylin separaos. Bradley estará con Shanon y Andrew con Catylin. Bast y Alexander tenéis que salir  también a buscar pareja en las otras clase.


Shanon se giró hacia Bradley, a pesar de aquella sonrisa radiante y amplia se notaba que estar con él no estaba ni mucho menos dentro de sus planes.


- Voy a explicar cómo vais a hacer este trabajo. No va a ser un trabajo convencional, de hecho os va a puntuar como si fuese un examen escrito. Hoy se forman las parejas y organizáis cómo vais a quedar y habláis un rato de vosotros, una breve presentación de la que tenéis que tomar nota. Mañana tenéis que llevar a la pareja que os ha tocado a pasar un día completo haciendo lo que soléis hacer, un día para cada uno, después vendréis al colegio y durante un día actuareis como que sois vuestro compañero. Tenéis que meteros a fondo en el papel, eso incluye comportarnos igual, vestidos igual, hacer las mismas cosas y juntaros con sus amigos. Algo así como vivir su vida por un día. La última tarea será una exposición en clase con todo lo que habéis aprendido. Recordad que tenéis que ir tomando apuntes de todo lo que hagáis. Ahora a trabajar.


- Bueno, cuéntame algo sobre ti- dijo Shanon girando su silla para verse con él cara a cara.


- Se que te doy miedo y te caigo mal, no hace falta que intentes comportarte.


- No, a mí me cae bien todo el mundo, aunque si que das un poco de grima.


Shanon se rió, Bradley alzó una ceja, se planteó si debía haberse perdido algún tipo de chiste.


- Vamos, cuéntame- dijo ella quitando el tapón al bolígrafo y colocando la libreta sobre sus piernas cruzadas


- Tu primero, no sé cómo hacer esto.


- Está bien, toma nota de esto. Me llamo Shanon Grace McFlair y tengo 15 años, mis padres me pusieron mi segundo nombre porque decían que de mayor sería una persona encantadora y llena de vida ¿Curioso, no? Hay muchas cosas que me gustan, creo que me gusta todo. Siempre estoy sonriendo, da igual que llueva o que caiga una tormenta, eso es por lo que la mayoría de gente me conoce. Me llevo bien con casi todo el mundo, soy muy extrovertida, siempre estoy de bien humor y no suelo discutir. 

Lo que mejor se me da es animar a la gente y hacer reír a los demás.


- Yo soy Bradley Theodore Cooperson, mi primer nombre me lo pusieron cuando nací, no habían pensado que nombre ponerme, mi segundo nombre no tiene nada de especial, lo tienen todos los chicos de mi familia. Tengo 17 años y la gente me tiene miedo. No me llevo bien con casi nadie, no hablo demasiado y no hay nada que se me de bien.


- ¿Y que es lo que más te gusta? ¡Es imposible que no hagas nada bien!


- No lo sé.


- Tiene que haber algo.


- No, no lo hay.


- Oh...¿Mañana a qué hora puedes quedar? ¿Y donde te viene bien?


- En la plaza del pueblo, a partir de las cuatro.


- Vale, allí estaré, se supone que tenemos que hablar un poco después de presentarnos.


Bradley permaneció en silencio.


- ¿Qué sueles hacer?


- Nada...romper cosas, fumar, beber cerveza, salir con mis amigos...


- Oh... Vaya, un gusto...¿Peculiar? Seguro que hay algo más que te gusta a parte de eso.


- También me gusta jugar al futbol y escuchar reggae. 


- ¡Eso esta mejor!- exclamo Shanon escribiéndolo.


Entré en el aula C para ver a Jason hacer su breve presentación con Megan.


- Me llamo Megan y tengo 15 años. Me encanta leer y la moda. Me encantaría ser diseñadora o modelo, tal vez en Paris..

- Me llamó Jason y tengo 15 años, soy un poco bicho raro. Me gustan los animales, leer libros, bailar, la moda, escuchar música y la ciencia. Quiero ser biólogo marino, para poder estudiar los delfines y descubrir lo que hay debajo del mar. 

Fumo muchos cigarrillos y soy tímido, pero en realidad si me gusta hablar.


- Tu eres el chico del hospital ¿verdad?


- Si, soy yo.


- Menuda la que se ha formado con Jeffrey y Shanon ¿no?


- Es muy típico de este pueblo, hablarán hasta que pase algo más interesante. Con suerte se olvidarán de mi pronto.


- Tranquilo, yo sé que nada deo que se dice es verdad. Ese tipo se inventó de mí lo mismo y fue él quién quiso besarse conmigo.



Shanon seguía tratando de hablar con Bradley pero no soltaba prenda, no hablaba casi nada y se le quedaba mirando con sus ojos tristes y su cara inexpresiva.

Al terminar el instituto Bradley volvió a casa y yo le seguí. Su padre estaba en el sofá tosiendo como un condenado. Tenía la salud de piedra, en solo un día se fumaba dos puros y se bebía dos cervezas y todavía estaba vivo. Era de esperar por su parte, había sobrevivido a a la explosión de una mina en Vietnam sin que le tuvieran que amputar la pierna y tenía plomo en un gemelo. Si eso no lo había matado nada lo haría.

Junto al sofá estaba el perro de Shanon, disecado sobre una plataforma de madera, con una placa dorada con su nombre grabado y el sombrero de cumpleaños puesto. 


- Después de almorzar tenemos que llevar esto a los McFlair, un señorito les debe una disculpa por ir a toda velocidad- se quejo Howard.


- ¡No podía frenar!- contestó Francis molesto.


-¡Me da igual! 


Después de comer subieron las escaleras y comenzaron a vestirse. Bradley no paraba de mirar a Glanch enfadado y resentido por lo de Gregory mientras se vestían en la habitación.


"¿Como pueden haber sustituido a Gregory por este tío?" - se preguntaba.


Cuando toda la familia ya se había vestido, se presentaron frente a la puerta de los McFlair. Shanon abrió y se encontró con ellos vestidos como si fueran a la iglesia. Los chicos llevaban el pelo engominado hacia atrás, acartonado por la cantidad de producto. Quedaba fatal, como si una babosa les hubiese pasado sobre las cabezas.


- La familia Cooperson se disculpa por los daños y perjuicios- dijo Francis.


- Oh..¿Que?- preguntó Shanon con una risilla nerviosa.


- Siento haber atropellado a tu perro por accidente, acepta esto como disculpa- dijo entregándole en mano el perro disecado.


Sus padres aparecieron por detrás y miraron con cara de pocos amigos, tanto a los Cooperson como el extraño objeto en cuestión.


- Muchas gracias-  dijeron los padres de Shanon cerrando la puerta.


Shanon se dio media vuelta y trato de llevar el perro a su cuarto.


- No, no, no- le interrumpió su madre- ese objeto es funesto y perturba el ambiente de la casa McFlair, entierralo ahora mismo


- ¡Pero mamá!- se quejó Shanon.


- Se pueden hablar las cosas sin discutir, no me hagas hacerlo. Es macabro, extraño y morboso y no quiero que esté dentro de mi casa. 


- Te daré una pala cariño- dijo su padre acompañándola al patio.


Shanon clavó la pala en el jardín y comenzó a cavar un hoyo para enterrarlo bajo un árbol. Lo cubrió de tierra y colocó una cruz clavada.


















































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