Allí estaba yo, sentado llorando y sin zapatos en un banco del parque. Andrew los había atado por los cordones y los había colgado en un cable de alta tensión.
Obviamente no iba a poder recuperarlos.
-Hey, ¿Por qué lloras?- preguntó una voz desconocida y a la vez familiar.
Miré hacia arriba y vi a Shanon McFlair (Insertar descripción)
- Los Fumigadores me han empeñado los zapatos en ese cable- respondí secándome las lágrimas y señalando el cable.
- Bueno, es tu día de suerte, hoy he salido a patinar y tengo mis zapatos en una bolsa. Como eres bastante pequeño puede que te estén bien.
- ¿Estás segura?
- Si, mi casa está a 5 minutos, iré patinando, no los necesito.
- Muchas gracias.
- De nada, llévalos cuando piesas al supermercado de mi padre, para no tener que ir hasta mi casa.
- Gracias, enserio...
- No es nada, ¿Como te llamas?
- August.
- Yo soy Shanon.
- Ya lo sabía, estás en la clase de Jason.
- Si, efectivamente, tu debes de ser de séptimo ¿Cierto?
- Si.
- Bueno, ¡Que llegues bien a casa!- me dijo comenzando a patinar.
En ese instante, pense que Jason estaba completamente equivocado al decir que odiaba el pueblo y que todo el mundo estaba podrido ¡Siempre, en todos los lugares había gente buena!. Esa era mi filosofía.
Al llegar casa, me cambié de zapatos y meti los de Shanon en una caja.
Había quedado con Jason esta tarde y fui a buscarlo a la tienda de su padre, porque seguramente le estaría ayudando a descargar mercancía de la camioneta.
- Que mala pata- se lamentaba su padre mientras reponía cosas en un estante- ayer no entraron ni 20 clientes, nos vamos a ir a la ruina.
- ¡No pasa nada papá, es la novedad pero pronto volverán a venir!- le tranquilizaba Jason, desempacando productos y tratando también de colocar lo máximo posible.
- Buenas tardes, ¿Qué pasa?- pregunté.
- La cadena de supermercados de los McFlair, eso es lo que pasa, ha abierto uno enorme en el pueblo y si esto sigue así nos iremos a pique- me contestó.
- Jolín... Bueno seguro que Jason tiene razón y cuando pase la novedad vuelven.
- Dios te oiga, si tengo que cerrar el negocio de mi padre estamos perdidos y con esta competencia...
- ¿Jason puede salir?
- Todavía no, quedan muchos productos sin colocar, si quieres esperar fuera no creo que tardemos mucho.
- Si nos echas una mano acabamos más rápido - me dijo Jason secándose el sudor de la frente.
Solté la caja en el mostrador y los ayudé a colocar todo lo que pude para poderme ir con Jason.
- Ya está todo, eres libre- le dijo su padre.
- ¿Me das dinero para un helado?- preguntó Jason.
- No, si quieres helado coje de la nevera uno para ti y otro para August.
- Vale...
- Estamos escasos de dinero este mes, sabes que no te quiero decir que no.
- Lo entiendo, no pasa nada, gracias papá.
- ¡No vuelvas muy tarde!
Nos despedimos y nos comimos los helados sentados en un bordillo porque estaban empezando a derretirse.
- Bonitas gafas nuevas, las de metal te quedan mejor que las de pasta- me dijo- Por cierto, ¿Que vas a hacer para tu cumpleaños?
- Mi padre va a llevarme a la ciudad.
- ¿A Charlotte?
- Si, voy a ir a Carowinds, es un parque de atracciones.
Me di cuenta de que no debería de haber mencionado eso justo después de que me dijera que su familia estaba mal de dinero.
- Que guay, ojalá poder ir...
- ¡Piensa que cuando cumplas 16 tu hermano te va a llevar de viaje y hasta puedes decidir dónde puedes ir!
- Si, es verdad - rió Jason- no se dónde quiero ir, el me dijo que podríamos ir a Honolulu ¿Si tú pudieras elegir donde irías?
- Iría a Japón.
- Creo si tuviera que elegir, me iría a fuera de Estados Unidos, a algún sitio de Europa como Grecia, Italia, tal vez Francia...Puede que incluso a Suecia o Noruega.
- Y que me dices de Irlanda.
- Me encantaría.
Suspiré, Jason se pasaba el día soñando despierto, pensando en que habría más allá de Culvert y yo le acompañaba.
- Mi hermano ha ido a todos esos sitios, menos a Japón, todavía no ha estado en Asia.
- Que suerte.
- Estoy deseando verlo en navidad y que me cuente todo lo que ha visto.
Quedamos en silencio, mirando las nubes. Nos habíamos distraído tanto que se había acabado nuestro helado sin darnos cuenta.
- Espero que lo pases muy bien en Charlotte, dame alguna foto que hagas con tu cámara.
- Lo mismo digo cuando vayas el año que viene a...
- Venecia, al final será Venecia. Lo tengo decidido.
- Bueno, también tendrás que traerme alguna foto.
- Descuida, lo haré.
- ¿Cuando te vas?
- Mañana, iremos en coche así que para cuando lleguemos ya será mi cumpleaños.
- Felicidades.
Jason me dio un abrazo fuerte, iba a estar mucho sin verme.
De la emoción no pude dormir en toda la noche, cuando el despertador sonó salte de la cama y me vestí casi de inmediato, corrí por las escaleras hasta la cocina.
- ¡Buenos días!- exclamé emocionado.
- ¿Que te he dicho sobre correr por las escaleras?- me reprochó mi padre.
- Perdón- contesté metiendo una cucharada de cereales a mi boca.
- No comas tan rápido que va a sentar mal...
- Lo siento.
- Cuando acabes ve a ver tus regalos al salón.
Fui corriendo al salón y ahí estaba, una bicicleta nueva de color azul, pero está al fin no era para chicas.
- ¿Qué, te gusta?- me preguntó mi padre- Quería que fuera sorpresa pero podemos cambiarla por otra.
- Me encanta, es perfecta.
- La cámara te la dimos por adelantado, era todo lo que querías ¿no?
- Si, muchas gracias papá- dije abrazándome a sus piernas.
Me intenté subir a la bicicleta pero mi padre me paró.
- Vamos a llegar tarde, ya la probaras cuando lleguemos a Charlotte.
Salimos de casa al acabar cargando las maletas. Ayude a mi padre a meterlas al maletero y a atar mi bicicleta sobre el techo.
Me senté atrás, en el asiento del medio para ver el camino.
- ¿Puedo elegir música?- pregunté.
- Si claro, lo que quiera el cumpleañero- contestó mi padre sonriendo y revolviéndole el pelo desde el asiento de delante.
Fue cambiando de emisora hasta encontrar una que me gustó.
- Deja esa - le dije.
Subió el volumen y bajo la ventanilla. Era I Want To Break Free, de Queen, era mi canción favorita de ese año.
- I want to break free, I want to break free...
I want to break free from your lies...
You're so self-satisfied I don't need you
I've got to break free...
God knows, God knows I want to break free...
La canté completa, canté todas las canciones de la radio que me sabía, incluso las que no hasta que me quedé dormido, porque era un viaje larguisimo.
Esa noche dormimos en un motel de carretera y al día siguiente ya habíamos llegado a Charlotte.
Levamos todas las maletas al hotel.
Cuando llegamos al recibidor no podía creerlo ¡Los techos eran altísimos! Las columnas eran infinitas y había montones y montones de plantas que colgaban de los halcones donde estaban las habitaciones, estaban hechos como de trocitos de azulejos brillantes que cambiaban de color según les daba la luz.
- No mires tanto arriba August, te vas a tropezar.
No había terminado de decirlo cuando me choqué con un señor sin querer y tuve que pedirle disculpas.
Creo que ese fue el mejor cumpleaños de mi vida, tal vez por eso es que lo recuerdo para poderlo contar con tanto detalle.
La cama de una habitación era de esas que tienen un mando a distancia y puedes hacer que se doble la cama o que te dé masajes.
No paraba de jugar con el mando para hacer que vibrase más y empezé a hacer sonidos para ver cómo me temblaban la voz.
- August, se que estás emocionado pero no jueges con la cama que como la rompas nos van a reclamar.
El restaurante del hotel era aún más genial.
Las columnas eran tubos transparentes y en ella nadaban peces de colores. Sobre la superficie flotaban plantas verdes similares al verdín del estanque.
En la pared había un gran acuario donde nadaban peces más grandes.
- ¡August!, ya han traído tu comida- me llamó mi padre.
Estaba tan emocionado que no me acordaba que había pedido la comida.
Corrí hasta la mesa para comer.
- ¡Todo esto tiene que haberos costado un montón! - exclamé.
- No te preocupes por eso, es una ocasión especial.
- Muchas gracias por todo esto.
- ¿Como está tu comida?- me preguntó mi madre.
- Está buenísima, pruébala.
Ella la probó y sonrió.
- Cierto, me debería haber pedido lo mismo que tú.
- Hay un regalo más -dijo mi guiñando un ojo a mi madre- este es una sorpresa.
Mi madre se puso el bolso sobre las piernas y sacó un sobre que me entregó.
- ¡No me lo puedo creer!- grité emocionado sacando un billete de 50 dólares.
- Gástalos con cabeza, se que lo harás, pero te lo digo porque es mucho dinero.
- Os prometo que lo voy a ahorrar y no me lo gastaré en ninguna tontería.
Después de comer dimos un paseo por la ciudad para ver algunos monumentos. Tome algunas fotos y le pedimos a una chica que nos hiciese una foto de familia.
Al día siguiente fuimos al parque de atracciones y a la piscina del hotel, acabe agotado. A la mañana siguiente me costo levantarme para marcharme.
El viaje de vuelta se me hizo muy pesado, quería dormir pero el coche se movía demasiado y siempre me acababa dando un golpe que me despertaba.
Llegué a casa, deshize las maletas y me eché en la cama. Me dormí toda la tarde.
Al día siguiente quedé con Jason para contarle todo lo que había hecho en el viaje y buscar de nuevo el pantano.
- ¿Que crees que pasó con el chico desaparecido? - le pregunté de camino a bosque- ¿Crees que lo secuestraron?
- El bosque es muy grande, seguramente se perdió y murió de hambre o de frío ¿A que viene eso? ¿Sigues pensando en lo del fantasma?
- Un poco...
- ¡Es una leyenda! A veces pasan cosas raras sin explicación y no hay que darles importancia, solo te lo dije para asustarte.
- ¿Estas siguiendo al norte?
- Si, tranquilo nostros no nos vamos a perder.
Cayó la noche, el negro cielo estaba lleno de nubes a pesar de la oscuridad pero las estrellas y la luna brillaban allá arriba.
El bosque estaba sumido en un completo silencio si no fuese por el eco de nuestros pasos sobre las hojas y ramas secas.
Por alguna razón no habíamos dado aún con el pantano y en solo unos días el bosque ya parecía otro.
No teníamos linterna y empecé a preocuparme.
- Mejor volvamos, Jason- le dije.
- ¡Pero es que no tiene sentido, estoy siguiendo al norte! ¡Debe de estar cerca!
- Déjalo, lo buscaremos otro día ¿Y si nos perdemos?
- No nos vamos a perder, llevamos la brújula y sabemos en qué dirección ir.
Aquello no me tranquilizaba en absoluto. Me resultaba extraño no poder encontrar el lugar siguiendo los mismos pasos y no reconocer nada en el camino.
- Prefiero volver a casa- insistí.
- Vale, volvamos entonces.
Los carteles de Tommy aún seguían pegados en los árboles, rasgados y con la tinta corrida por el tiempo:
¡ESTOY PERDIDO! ¿ME HAS VISTO?
Tommy
Edad: 9 años
Sexo: Masculino
Altura: 1,67
Última vez visto: 30 de marzo de 1980
cabello marrón, gafas, ojos marrones
Desaparecido entre las 17:00 y las 20:00
Si me ha visto póngase en contacto con el departamento de Sheriff de Culvert
El rostro de Tommy, el niño perdido impreso en blanco y negro convirtiendo sus ojos en dos pozos sin fondo que te miraban fijamente siempre me había generado inquietud, desde que aparecieron en el pueblo hace unos años. Era tan siniestro y tan inquietante que una vez, cuando tenía 9 años no pude dormir y hasta tuve pesadillas con él.
No se cómo explicar lo que me producía, simplemente la foto hacia que no pareciese humano, como los desaparecidos que salen en la televisión, interrumpiendo la programación.
No había cosa que me hiciera tener escalofríos como lo hacían esos anuncios, siendo aún más pequeño, como con 5 o 6 años tenía que esconderme cada vez que salían. Incluso la voz en off que relataba los datos personales para identificarlo resonaba en mi cabeza antes de irme a dormir.
Lo pensé detenidamente y me di cuenta de que desde que había desaparecido en 1980 Tommy tendría que tener exactamente mi edad en 1984.
- ¿Qué pasa? - me preguntó.
- Tommy.
- ¿Sabías que se cerró la investigación? Han dejado de buscarle.
- ¿Que crees que le pasó?
- No lo sé, se perdió.
- ¿Y si se lo llevó el fantasma de Culvert?
- ¡Deja eso ya, solo es una leyenda del pueblo!
Jason comenzó a reírse. Yo miraba a todas partes pero sentía que ya habíamos pasado por el mismo lugar.
- ¡No te rías! - dije caminando más rápido.
- No hay ningún fantasma, se lo inventaron nuestros padres cuando tenían nuestra edad porque en los años 50 un chico que estudiaba en nuestro instituto tuvo un accidente en la excursión a la fundición. Dicen que lo empujaron y que ahora busca venganza. Estaba en la clase de mi padre, y también del tuyo, recuerda que eran compañeros.
- ¡Era una persona real! ¡Podría existir perfectamente!
- Pero los fantasmas no existen, cuando nos morimos no nos quedamos aquí, vamos al cielo o al infierno o a ninguna parte.
- Pero ¿Y el limbo?
- No tenemos pruebas ni de qué Dios exista, imagina si las hay de un limbo lleno de fantasmas.
Escuché un ruido extraño y me asusté, dando un salto en el sitio.
Continúe caminando porque no quería que se notase mi temor por vergüenza.
- ¿Quieres que hablemos de algo para que se te pase el miedo?- me preguntó Jason.
- Vale.
- ¿Sabes que el señor Cooperson también iba a su misma clase?
- ¿Enserio?
- Si, y quería salir con mi madre, pero ella prefirió a mi padre.
- ¡Dios que suerte, imagínate que el señor Cooperson fuese tu padre!
- ¡Era hablar para tranquilizarnos no para tener pesadillas despierto!
Me reí y caminé rápido.
- Oye Jason - dije girándome pero estaba completamente solo, sin nadie alrededor en mitad de la oscuridad - ¿Jason?
De pronto algo me tocó desde atrás.
- ¡Voy a llevarte conmigo, August!
Grité con todas mis fuerzas asustado, Jason me soltó y preocupado trato de tranquilizarme.
- Oye, solo era una broma no quería asustarte, lo siento.
- Déjame en paz- le dije cubriéndome la cara.
- No llores, no quería que te sintieses mal.
- ¿Estamos perdidos, verdad?
- Creo que sí, vamos a tener que buscar a un guardabosques.
Nuestra linterna se quedó sin pilas, como no, muy oportuna. No veíamos nada.
- ¡Socorro! ¡Estamos perdidos!- gritábamos mientras íbamos caminando.
- ¡Que alguien nos ayude!- exclamó Jason haciendo que los pájaros volasen.
Nos sentamos cansados sobre una piedra porque estábamos cansados de dar vueltas.
- Está bien, tenemos que pensar algo- dije secándome las lágrimas.
- ¿Recuerdas cuando íbamos a los Scouts? Nos dijeron que si marcábamos el camino sabríamos por donde habíamos pasado.
- Ya, pero eso deberíamos haberlo hecho antes, no sabemos cuánto nos hemos alejado.
- ¿Y recuerdas cuando nos dividimos en grupos para acampar y el otro grupo se equivocó de camino? Encendimos fuego y con el humo supieron donde ir.
- ¡Es verdad, eres un genio Jason!
Jason sacó el encendedor e hizo una fogata, después con la camisa empezó a mover el humo para que subiese.
Yo me ocupaba de echar palos, para que no se apagase el fuego.
Estuvimos así un rato y acabé desesperándome y llorando otra vez.
- ¡Nadie viene a por nosotros, nos vamos a quedar aquí para siempre!- me lamenté.
Por suerte para nosotros el guardabosques nos encontró después de una hora. Dejamos de llorar al instante del alivio de que por fin nos iban a sacar del bosque.
Una vez fuera llamó al Sheriff para que viniese a recogernos y a llevarnos a casa.
Nos sentamos en los asientos de atrás y puse la mano sobre la reja.
- Mira, es como si estuviésemos arrestados- le dije a Jason metiendo los dedos en los agujeros
- Si lo estuvierais no estaríais tan contentos- bromeó el Sheriff sonriendo y mirándonos de reojo mientras arrancancaba el coche.
- Descuide, intentaremos portarnos bien para que eso no pase- dijo Jason riendo.
- Ha sido muy inteligente hacer ese fuego, chicos. Podríais haberos pasado días perdidos ahí dentro. La mayoría de la gente entraría en pánico, habéis sido muy valientes.
- Gracias, Sheriff- dijimos a la vez.
- Pero no quiero volver a tener que rescataros, si esa señal está ahí es porque es muy peligroso adentrarse tanto en el bosque. La próxima vez el ingenio os puede fallar.
- Lo sentimos, ya no volveremos a hacerlo- me disculpé.
- Con el miedo que habréis pasado confío en que habéis aprendido la lección.
- Hey, Sheriff ¿Puede tocar la sirena?- preguntó Jason.
- No, hijo, no es necesaria a estas horas y haría mucho ruido, despertariamos al vecindario.
- Porfa, estamos muy lejos se las casas.
- Y las luces también - insistí.
El sheriff suspiró y puso la sirena y las luces hasta que llegamos al pueblo.
Nosotros íbamos imitando el sonido de las sirenas agarrados a la reja.
Jason se bajó primero y se despidió, después me dejó a mi.
Mi madre estaba esperando en el porche preocupada porque era muy tarde y aún no había regresado.
Al ver parar el coche se acercó corriendo a la ventanilla.
- ¿Se ha metido en un lío?- preguntó nerviosa.
- El muy gamberro estaba intentando meterle fuego al instituto para no tener que ir a recuperar las asignaturas suspensas ¿verdad August?
- ¿Cómo?
- No se preocupe señora Orton, él y Jason se han dado un susto y el guardabosques los ha tenido que rescatar.
- ¿Que ha pasado, August?
- Nos perdimos en el bosque- contesté saliendo del coche.
- ¿Sobrepasaste la zona permitida? ¿Cuántas veces te he dicho que no deambules por el bosque? Es muy peligroso, ya se perdió un chico ahí.
- Buenas noches señora Orton.
- Buenas noches y muchas gracias, Sheriff.
Me despedí con un gesto de mano y mi madre me puso una mano en la espalda para conducirme dentro de la casa.
- Venga, vete a dormir, mañana hablaremos de esto.
- Lo siento, mamá.
- Menudo susto me has dado, gracias a dios que no ha pasado una desgracia.
Me fui a la cama un poco nervioso, creía que me regañarian cuando me despertase.
©Bloodysaster, Proyecto 2
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