Buscar historia

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Proyecto 1- Capítulo 5

Tuve una pesadilla. Iba caminando por el bosque de noche, había niebla y se escuchaba a los cuervos graznar.
Pero estaba solo, no había nadie más. 
Las hojas crujían debajo de mis pies y se respiraba el olor a humedad y tierra mojada se un día de lluvia.
A lo lejos divisé algo blanco y me acerqué despacio. Un papel, sujeto al tronco un árbol con un clavo se movía violentamente con el viento y quedaba girado sin que pudiese ver de qué se trataba.
Decidí darle la vuelta y vi en el cartel las letras "¿Me has visto? Estoy perdido" y bajo esto mi rostro en blanco y negro.
Con los ojos completamente negros y ese aspecto inquietante de las fotos de los desaparecidos.
Enseguida lo solté y salí corriendo en el sueño, encontrando muchos más clavados a los árboles.
Me desperté llorando angustiado, de un sobresalto y palidecí al seguir escuchando el graznido de los cuervos fuera de la pesadilla.
Baje a desayunar y en seguida mi madre notó que tenía una cara rara.

- ¿Y esa cara? - me preguntó sirviéndome el desayuno- ¿Has tenido una pesadilla o te ha vuelto a pasar algo raro?

- Una pesadilla...

- ¿Que has soñado?

- Que estaba desaparecido.

- Pero cielo, sabes que eso no es verdad, será por lo de anoche.

- Puede ser...

- ¿Pasasteis mucho miedo?

- Si, estuvimos horas perdidos pero a Jason se le ocurrió hacer fuego.

- A quién se le ocurre...De no ser por lo inteligente que es Jason no salís de ahí, habéis tenido suerte.

- Menos mal.

- Ya, pero no se te vuelva a pasar por la cabeza sobrepasar y mucho menos ir al bosque cuando anochezca. Ya habréis escarmentado.


- Desde luego.


- ¿Hoy vas a salir?


- No, hoy me quedo estudiando.

Había salido todo bien, no me habían regañado pero estaba claro que sí volvía a pasarme lo mismo si me caería una buena.
Me di un paseo en bicicleta después de desayunar para sacar ese horrible sueño de mi cabeza. El cielo oscureció, como si de pronto fuese a caer una fuerte tormenta, estaba grisáceo y repleto de grandes nubes espesas, blancas y esponjosas como el algodón.
Una bandada de cuervos sobrevoló mi cabeza y seguía su trayecto cubriendo la luz del sol.
Llegué a casa por la tarde y comencé a estudiar para recuperar las asignaturas suspensas. 
No paraba de distraerme, una y otra vez con cualquier cosa. Los cuervos que había posados en los arboles, una mosca que no paraba de revolotear a pesar de que le había dado varias veces con un libro para asustarla.
Cogí mi walkie y traté de contactar con Jason.

- Probando... ¿Me recibes?- pregunté.

- Alto y claro - me contestó.

- ¿Recuerdas de que nos examinamos en mates? Cambio.

- La verdad es que no ¿Por qué? Cambio.

- No quiero estudiarme todos los temarios. Cambio.

- Es que no me acuerdo de lo que cayó y lo que no. Cambio.

Suspiré frustrado.

- ¿Quieres que vaya y te ayude? Cambio.

- Si no te importa si, tampoco te quiero molestar. Cambio.

- No me molesta, voy a recoger unas cosas y voy. Cambio y corto.

- Recibido.

Dejé el walkie sobre la mesa y esperé a que Jason pegase a la puerta. Saludó a mi madre y le acompañé a mi habitación.
Jason se llevó a la boca un cigarro y se lo quité.

- ¡Eh!- se quejó.

- Mi madre está en casa, le va a llegar el olor.

- ¿Crees que el humo llegará abajo? En mi casa si lo hago en la ventana no llega.

- No lo sé.

- Estoy seguro de que no, además siempre puedes echar desodorante en la habitación.

- ¿No es más fácil que no lo hagas?

- Será solo uno.

- Vale, voy a traer el desodorante espera un momento.

Traje un desodorante de spray del baño. Jason lo echó solo cerca de la ventana y esperó que se disipase un poco.

- Vale, así estaría bien- dijo mientras se acercaba a la ventana y se encendía el cigarrillo.

Me apoyé en el alféizar a su lado con mis codos, mirando las nubes moverse con el viento.

- ¿En qué estás pensando?- me preguntó.

- En nada.

- No me lo creo, a ti te pasa algo.

- Anoche soñé que desaparecía.

Jason se empezó a reír y me enfadé.

- ¡Pero no te rías, que no tiene gracia!- le grité.

- ¡No vas a desaparecer! Lo de anoche solo fue un susto.

- Ya pero lo pasé mal, no es gracioso.

- Una calada antes de desaparecer- me dijo ofreciéndome el cigarrillo - tendrás que probarlo...

- ¡Eres un capullo! ¡Deja de llamar a la desgracia! ¡Además fumar me parece una tontería!

Me enfadé con él por bromear con un tema tan serio y me pasé unos minutos sin dirigirle la palabra.

- Es solo una pesadilla, todos tienen malos sueños, tampoco le des tanta importancia, después de lo mal que lo pasamos es lógico que te durmieses pensando en eso.

Cogí el cigarrillo y me lo acerqué a la boca.

- ¿No te parecía una tontería?

- Me lo quiero demostrar.

- ¿Sabes al menos como se hace?

- Claro, no es tan difícil.

Intenté hacerlo por imitación y me tragué tragando el humo por accidente. Empecé a toser y a ahogarme, hasta se me saltaron las lágrimas.

- ¡Pero no te tragues el humo! ¡Lo tienes que soltar!

Decidí hacer un segundo intento, esta vez con instrucciones.

- Tienes que aspirar el humo, lo mantienes un poco y lo sueltas por la boca.

- Está bien- le dije muy convencido y lo volví a intentar.

Esta vez no me lo tragué pero tosí muchísimo de todas formas y notaba la boca seca.
Le devolví el cigarro con cara de asco secándome las lagrimas.

- Tenía razón en que es una tontería.

- ¡Venga ya! ¡Ni siquiera lo has hecho bien! Para poder opinar eso, como mínimo tienes que fumarte uno entero.

- ¡Ni loco!

Jason sacó un chicle de menta y me lo dió. Me lo metí en la boca con tal de quitarme el sabor a tabaco.
De pronto escuché la manivela ser forzaba, por suerte la puerta estaba desencajada y costaba abrirla.
Jason apagó el cigarro en el alféizar y lo tiró por la ventana y yo me apresuré a echar desodorante en toda la habitación.


- ¡Abre la puerta, cielo!- exclamó mi madre- está atrancada.

- Ya voy.

Intenté hacer fuerza para levantarla desde mi lado y que fuese más fácil abrirla.

  - ¿Por qué huele a desodorante? - preguntó tosiendo.

- El cuarto olía a sudor.

- Será mejor que no cierres la puerta hasta que la arreglemos, imagínate que se atasca en mitad de una emergencia.

- ¿Qué querías mamá?

- ¿Que prefieres para cenar? Carne o pescado.

- Me da igual, lo que quieras.

- ¿Jason se queda a cenar?

- No le he preguntado a mis padres ¿Puedo?

- Si claro, baja y llámales.

Jason bajó las escaleras y llamó a su padre a la tienda para pedir permiso. 
Regresó a la habitación diciendo que le habían dejado quedarse, era genial, tenía pensado estar despierto hasta tarde y ver una película y hacer palomitas.
Durante la toda la tarde tuvo que ayudarme a estudiar, no me enteraba de nada y le di mucho trabajo. 
Como no había forma de que las cosas me entrasen en la cabeza tuvimos que hacer tarjetas de colores para poder estudiar como si fuese un juego hasta que mi madre nos llamó a cenar.
Mi padre acababa de llegar del trabajo cansadísimo, intentó colgar la chaqueta y tiró el perchero al suelo.

- ¡Maldición! ¡El puto perchero quién lo mandaría a caerse!- gritó cabreado.

Jason sonrió un poco pero cambio su expresión a sería por respeto.

- ¡No digas tacos que luego los chicos te imitan!- le riñó mi madre.

Mi padre entró a la cocina y se sentó en la mesa.

- Hola, Jason ¿Como está tu padre? 

- Muy bien.

- Cuando lo vi me dijo que estáis con competencia.

- El supermercado de los McFlair, pero es la novedad, a la gente se le pasará.

- Seguro que si, la tienda de tu padre está desde que yo era niño.

- ¿Quiere que le ayude?- ñe preguntó Jason a mi madre.

- Eres un cielo, pero no hace falta.

- A mi no me importa.

- Ya has ayudado a August, tampoco te vamos a explotar.

- No es molestia.

Jason se levantó y puso los cubiertos, los vasos y los platos sobre la mesa, yo también lo ayudé porque me sentí un poco inútil estando sentado sin hacer nada.

- ¿Este año os vais a presentar otra vez al concurso de tartas?

- Claro, además este año seguro que ganamos.

- ¿Que tema habéis elegido para la tarta de la feria del pueblo?

- Es una sorpresa.

- Seguro que este año volvéis a ganar.

- Todavía estamos trabajando en el diseño, pero si sale bien tenemos la victoria asegurada.

Cenamos y recogimos la mesa. Mis padres se fueron a la habitación a dormir y me dijeron que no estuviera despierto hasta tarde.
Hicimos palomitas y vimos una película. Al acabar apareció la carta de ajuste y subimos a la habitación.

- Aún no me quiero dormir - dijo Jason mientras yo sacaba abría el cajón de mi cama nido.

- Yo tampoco- le dije- no estoy cansado.

- Vamos a hacer sombras chinas, como en los Scouts.

Hice una sombra que simulaba una araña mientras el sujetaba una linterna para proyectarla en la pared.

- Venga, adivina qué es- le dije.

- ¿Un pájaro?

- No, inténtalo de nuevo.

- No te quedes conmigo, eso es un pájaro.

- Que no, que es otra cosa.

- ¿Una araña?

- Exacto.

- Eso no parece una araña, está mal hecha.

- Bueno, a ver tú turno.

Jason empezó a hacer formas con las manos hasta que consiguió hacer algo.

- ¿Qué se supone que es eso?

- Adivínalo.

- ¿Un ornitorrinco?

- Es más fácil.

- ¿Un cangrejo?

- ¡No, es todavía más fácil!

- No lo sé...¿Una tortuga?

- Si, ahora tu.

Estuvimos jugando a eso hasta que nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente bajamos a desayunar.
Jason se marchó porque tenía que ayudar a su padre con la tienda y yo fui a comprar a la farmacia una hora después en mi nueva bicicleta.
La dejé en la entrada, dentro me encontré a Andrew, estaba metiéndose una lata de Doc Peppers dentro de los pantalones como si nada. 
Le miré de reojo, intentando que pareciese que no lo había visto y continúe caminando evitando encontrarme con él.
Él se acercó a la caja, pagó algo y se marchó. 
Tenía  un mal presentimiento porque había dejado mi bicicleta fuera, sin cadena ni nada, tal cual porque en Culvert era raro que las robasen sin que nadie lo notara. Pero la calle y la farmacia estaban vacías y al salir sabría que era mi bicicleta.
Cuando pagé, salí lo más rápido que pude y en efecto me había pinchado las dos ruedas. Metí la compra dentro de la cesta y la comencé a arrastrar la bicicleta.
Los Fumigadores me sorprendieron por dentras y me tiraron la bicicleta.

- ¡Escápate ahora!- gritó Andrew inmovilizando mis brazos hacia atrás.

- ¡SUÉLTAME!- chillé.

- ¡Pégale, Bradley, pégale! - le animaba Alexsander.


El señor Brown, el farmacéutico,  salió alarmado tras escuchar gritos para socorrerme.

- ¡Dejadle en paz o llamaré a la policía!- les amenazó.

- ¡A ti nadie te ha llamado puto viejo!- gritó Bast.

- ¡Anda que tus padres tienen que estar contentos! - exclamó el señor Brown- venga fuera de aquí, y no quiero volver a veros molestándole.

- No me toques los cojones o verás.

- ¿Con que con amenazas, eh? ¿Te crees que me va a intimidar un chico de instituto? Tengo casi 60 años.

- Y a mi que me importa, no te tengo miedo.

- Menos te tengo yo, venga largaros o cojo el teléfono.

Bast me soltó con violencia y Andrew me empujó al suelo.

- ¡Oye!- le gritó el señor Brown- ¡Serás gamberro!

- ¡Que le den! - Andrew sacó el dedo y salió corriendo junto con los demás riéndose.

El farmacéutico me ayudó a levantarme y recoger mi compra.

- ¡En las fiestas del pueblo vete con cuidado enano! - me gritó alguno de ellos desde lejos.

- ¡Mientras esté yo, os aseguro que no le vaís a tocar ni un pelo!

- Gracias señor Brown...- dijo en voz baja colocando una mano sobre mi frente.

- De nada August, ¿Te encuentras bien?

- Si, no se preocupe, esto me pasa a menudo y ya estoy acostumbrado.

- Pues no tienes que hacerlo, no pueden campar a sus anchas como si nada. Alguien tendrá que pararles los pies.

- Nadie se atreve con ellos.

- Yo si, a la hora de la verdad son unos cobardes, mira como siempre atacan en grupo.

- Muchas gracias señor Brown, tenga un buen día.

- De nada, dale recuerdos a tus padres.

- ¡Lo haré!

Llevé la bicicleta hasta casa y dejé la bolsa con la compra sobre la encimera.

- Hola mamá, el señor Brown te manda recuerdos.

- ¿Vas a salir hoy?- me preguntó mi madre mientras sacaba la compra de la bolsa y colocaba todo en su lugar.

Yo estaba sentado en la mesa muerto de calor siguiendo el movimiento del ventilador con la cabeza cerrando los ojos.

- August...Te estoy hablando.

Abrí los ojos avergonzado.

- ¡Perdón! no lo se...Creo que sí.

- ¿Por qué no sales con la bicicleta? Solo la has usado una vez.

- Es que se me han pinchado las ruedas.

- ¿Cómo?

- Había cristales en la acera.

Ella suspiró.

- ¿Sabes que no podremos comprarte unas ruedas nuevas verdad?- me dijo molesta.

- No pasa nada, puedo ponerle las de la otra bicicleta, son del mismo tamaño. Jason sabe cambiarlas.

- Pero no puedes estar todo el rato rompiendo y perdiendo todo August, tienes que ser más cuidadoso. Eres muy despistado.

- Ya lo sé.

- No se trata de que lo sepas, sino se que seas más consecuente del valor de las cosas. Ya eres mayor para que cada semana tengas que sustituir algo porque se ha echado a perder. 

- Ya lo sé, no lo hago a propósito.

- Claro que no, pero me toma mucho tiempo coser toda la ropa y quitarle las manchas y el detergente es muy caro.

- Tendré más cuidado.

- Eso dices siempre ¿Sabes cuánto costaron tus gafas nuevas? 200 dólares. 

Me quedé en silencio.

- Cuando tu padre vea que se han pinchado las dos ruedas se va a enfadar, estaban perfectamente y esa bicicleta ha costado 120 dólares.

- Ya pero yo que iba a saber.

- Pues verás cuando llegue.

Dicho y hecho, cuando mi padre llegó del trabajo se puso echo una furia.

- ¿Cómo que has pinchado las dos ruedas? Pues olvídate de que te dé dinero para las fiestas del pueblo, este mes más de la mitad de los gastos han sido en reemplazar cosas que has perdido o roto.

- ¡No fue mi culpa, había cristales en la acera!

- Voy a ver eso a ver si tiene arreglo.

- Claro que tiene arreglo, le pondré las llantas de la bicicleta antigua.

- De todas formas quiero ver eso, vamos al garaje.

Encendí la luz del garaje y mi padre se agachó a ver las ruedas.

- ¿Con cristales? Si esto tiene cortes limpios, lo que parece es que las han pinchado.

- No se.

- August, cada rueda tiene al menos 3 agujeros, esto son navajazos en toda regla.

- Había muchos cristales.

- No me mientas ¿Quién te ha pinchado las ruedas?

- No te estoy mintiendo.

- Me vas a decir quién ha sido, se de sobra que esto no lo han hecho cristales.

No quise decir nada, sabía que todo lo que dijese no tendría sentido puesto que no me creería.

- ¡Por el amor de Dios, August! ¿Por qué no quieres decírmelo? ¿Es la misma persona que te ha estado rompiendo las gafas?

- Ha sido Andrew- finalmente cedí a decírselo.

- ¿Quién es Andrew? ¿Está en tu clase?

- Es de los mayores.

- Encima...Lo que faltaba ya ¿Sabes dónde vive?

- No - mentí.

- Voy a hablar personalmente con él.

- ¡No servirá de nada! 

- Pues hablaré con sus padres, espero que sean un poco más racionales que él...

- ¡No puedes hacer eso ya me amenazó con ir a por mí en las fiestas del pueblo!

- ¿Y vas a dejar que te amenace? Digo yo que te tendrás que defender.

Mi padre se levantó y dejó la bicicleta donde estaba. 


- En cuanto me entere de donde vive se le cae el pelo- dijo antes de apagar las luces del garaje.

Le seguí hasta el salón suplicándole que no fuera a hablar con sus padres.

- ¡Déjalo ya August, alguien lo va a tener que frenar y no veo que vayas a ser tú! 

Ahí dejé de intentarlo, sabía que no podía pararlo, simplemente era cuestión de tiempo que se diese cuenta de que me hostigaban en el instituto.
No podía dormir, estaba más nervioso por que descubriese donde vivía y fuera a hablar con el qué el hecho de que quedaba tan solo una semana para las fiestas del pueblo.









©Bloodysaster, Proyecto 1

No hay comentarios:

Publicar un comentario