En el canal local habían emitido otro comunicado y yo estaba escuchándolo en la radio junto con Jason, mientras el y su familia desayunaban en la cocina.
La desaparición de otro niño ha conmocionado a Culvert. El joven August Orton, de 14 años. Lo único útil que se encontró para la investigación fueron algunas huellas cerca del límite de seguridad del bosque local, se investiga una posible relación con la desaparición de Tommy cuyo cuerpo ya ha sido hallado.
La policía ha investigado la propiedad Cooperson por el hallazgo de perdigones en un llano próximo a dónde se encontraban las huellas. Francis Cooperson habría comprado munición para la escopeta que pensaba conseguir en un juego de feria al día siguiente, encontrada por la policía durante el registro policial y tanto él como Jay McKinney alegan haber estado jugando con ella haciendo disparos al aire.
Un grupo de jóvenes que estudiaban en el mismo instituto están siendo investigados de cerca por las autoridades debido a que habrían acosado a la víctima el mismo día de su desaparición y varios días previos.
Salí con él a la calle, después de que saliese a darse un paseo para despejarse. Estaba realmente ansioso y abrumado por la situación porque al igual que yo, no era capaz de entender que de un momento a otro yo había desaparecido de su vida y probablemente en el peor de los casos había sido arrancado de su mundo.
El ambiente general del pueblo era paranoico, los chicos ya no volvían tan tarde a casa, el bosque era aún menos frecuentado y por fin era popular, pero no de la manera que me hubiese gustado serlo.
Mi nombre estaba en la televisión, el periódico, la radio, los carteles y las bocas de todos los que sabían de mi existencia. No solo era popular, también era famoso hasta que dejasen de hablar de mi.
Pero del pobre Tommy, todo el mundo parecía haberse olvidado.
Al final era verdad eso que tanto oía decir: cuando uno muere todo el mundo lo quiere y lo recuerda. Ojalá en vida la gente se tomase la molestia de decir todo lo que quisiera que supieses, darte un abrazo, pedir perdón, o simplemente decirte lo mucho que le gustaba la camiseta que llevabas alguno de los días antes de tu muerte.
Ahora podría saber que pensaban y sentían todos los que me habían hecho daño en vida.
Los que se quedaron, pasaron el resto del día haciendo cartas para un altar improvisado que iban a poner en mi taquilla.
No querían dejarlo por mucho tiempo, creían que con dos o tres días sería suficiente, más de eso conllevaría sufrir por recordarme.
Al día siguiente ya estaba hecho, no tenía muchas cartas, no sabían muy bien que escribirme porque no se habían tomado la molestia de conocerme, por tanto, hacerlo era para ellos un acto hipócrita. Pero había una foto mía que pido Jason, una rosa que trajo Shanon y velas de distintos colores y formas que se encendieron durante tres días en los que las clases tardaron en regresar. Nadie volvió a mencionar mi nombre, al menos no como antes y la rosa comenzó a pudrirse sin que nadie se preocupase por ella.
Desde entonces Jsson no fue el mismo. Primero, al igual que todos sus compañeros cargó con el peso de la culpabilidad: lo que podría haber hecho y no hizo.
Después su culpa se tornó en un enfermizo resentimiento. Trataba al resto como falsos objetores de conciencia, en su mente los llamaba monstruos por todo lo que me habían hecho o todo lo que habían permitido que me hicieran.
En realidad no debía pensar así, ellos tampoco tenían por que cargar con la culpa pues yo ya hacía tiempo que los había perdonado y allá donde yo soy testigo el recor no existe. Lastimosamente en la Tierra es un sentimiento poderoso y real.
Mi pobre Saeran estaba carcomido por el resentimiento y la sed de venganza. Cada día que pasaba sus malas emociones tomaban más fuerza y se mezclaban con todas aquellas especulaciones sobre quien podría haberme matado.
No fueron más de dos meses lo que tardó en encerrarse completamente en si mismo, tan pronto como aprendió a disparar con el revólver de su padre dejó de hablar y dejarse ver por el pueblo.
Se levantaba cada día para encontrar a mi asesino y darle muerte y practicaba tanto el tiro que aprendió a dar siempre en el objetivo, hasta con sus ojos cerrados.
De hecho, no fue el único que cambió, todas las personas en cuyas vidas me crucé dejaron de ser las mismas cuando me fui.
Uno de ellos fue Jason, que a dos meses de mi muerte aún temía por su propia vida, sabía que había un asesino suelto y que de haberme matado por mi condición sexual, el sería el siguiente.
Pero ya no podían hacer mucho por mí, más allá de reflexionar sobre lo que mi muerte les había enseñado y no estaba seguro de que la muerte tuviera un significado, tal vez por eso mi alma estaba atrapada en el mundo de los vivos.
En la instituto había desde entonces muchas charlas y actividades de concienciación del acoso escolar, porque se sabia que lo sufrí. Como iniciativa, pidieron que quienes quisieran ayudar a compañeros que estaban solos, llevasen una pulsera de color rosa.
Un día como cualquier otro y sin que nadie se diera cuenta, caí en el olvido y las vidas de los chicos del pueblo siguieron su camino.
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