lunes, 10 de abril de 2023

Proyecto 1 - Capitulo 19

En casa de los Cooperson, siempre se madrugada. Gregory se despertó antes de que el despertador sonara porque otra vez Frank le había despertado pedorreandose en su cara.

  - ¿Que hay de nuevo, viejo? ¡Bienvenido a casa!
  
  - ¡Que asco!- le gritó pero Frank seguía agarrándole la cabeza contra su trasero- ¡Quítate de encima!

  - ¿Lo echabas de menos?

  - ¡No! ¡Quita ya tu culo de en medio!

Gregory consiguió quitárselo de encima.

  - Cuando seas más mayor te llevarás a las chicas a tu cama después del baile del insti, si eres como yo, claro. Por ahora eres un friki.

 Gregory se tapó los odios cabreado.

  - Ya basta no me quiero enterar de eso.

  - ¡Lo vas a dar este año en clase, pelele! Te pondrán ese cursi video de dibujos animados sobre cómo se hacen los bebés.

  - ¡Ay, para!

  - ¡Pero si ya sabes cómo vienen! ¿Que pasa?

  - ¡Eres un guarro!

  - Mequetrefe- Frank le dio un puñetazo en la barbilla- te vas a hacer tu primera paja con el libro de biología. 

  - ¡No es verdad! ¡Mentiroso!

  - Si, es verdad, ya te la sacudes con tu querida amada Brittany Hofferman. Lo sé.

  - ¡Que te follen! ¡No es cierto! ¡Sabes que nunca he hecho eso!

  - Pero si le escribes cartas de amor y luego no se las das, las he leído. Una pena, seguro que le harían gracia.

  - ¿Que has hecho que? ¡No te metas en mis cosas!

  - Mejor me meto en ella.

Gregory le devolvió el puñetazo.

  - ¡No la trates así, nunca haría eso contigo! ¡No le gustaría alguien tan malo como tú!

  - ¿Eres tonto o qué? Ya lo hemos hecho y claro que le gusto, es mi chica.

  - Eres un mentiroso.

  - ¡Es verdad! 

  - ¡Mientes! ¡No lo haría!

  - ¿Que vas a saber? Es mayor que tú ¿Crees que tiene la cabeza llena de cuentos? 

  - ¡Te lo estás inventando, no tienes pruebas!

  - ¿Qué quieres, que grabe una porno y te la enseñe, cabeza hueca? ¿No te la imaginas haciéndolo o qué? Más te vale acostumbrarte

Gregory se abalanzó sobre él forcejeando.

  - ¡Nos íbamos a casar de mayores!- le gritó mientras lloraba.

  - ¡Quítate de encima y deja de decir esas chorradas!

  - ¡Se que mientes! ¡Para de decir esas cosas!

  - ¡No eres más tonto por qué no entrenas! ¡Deja de llorar que pareces maricón!

Frank lo empujó para quitárselo de encima y le sujetó la cabeza contra la cama.

 - ¡Si al final es verdad te enteras!

  - ¿De qué? ¿Que te crees? ¿Me vas a decir lo que tengo que hacer? Me la follaré tantas veces como quiera.

  - ¡Cállate!

- Realmente le gustó, por si eso te hace sentir mejor. Yo también lo disfruté mucho, hasta el último segundo. Pero no te preocupes, cuando seas mayor y me haya cansado de ella la podrás tener tú.
Se que te gusta comerte las sobras de la comida.

- ¡TE ODIO!


El señor Cooperson apareció abriendo la puerta con fuerza. La manivela golpeó la pared.

  - ¿Que es este griterío tan temprano? ¡Me habéis despertado!

  - ¡Nada, papá!- se excusó Frank soltando a Greg.

  - ¡TE HE OIDO! ¡Antes de que te cases, nada! ¿Me oyes? ¡Como dejes preñada a alguna niña te corto los cojones!

Le dió un bastonazo en la cabeza y Frank soltó un fuerte chillido colocando las manos donde había recibido el golpe.

  - ¡Deja de molestar a tu hermano! ¡Que para algo te cambié de cuarto!- propinó otro bastonazo a Gregory- ¡Y tú deja de llorar que no es para tanto, pareces maricón! ¿No ves que esa niña es muy grande para ti? ¡No tienes nada que hacer con ella!

 Gregory chillo también y se puso las manos en la cara.

  - ¡Esa por tonto! En las vacaciones familiares no quiero ninguna tontería, ni travestirse ni rarezas ¿Estamos? Y tú, Frank, como te vea cerca de una golfilla te abandono en mitad de la carretera. ¡Ahora dejad de armar jaleo!

Cerró golpeando la puerta. Frank aprovechó y le dió un coscorrón a Greg.

  - ¡Esa también por tonto! 

Se marchó a su cuarto y Gregory se metió de nuevo en la cama con la almohada sobre la cara. Bradley seguía durmiendo con la pierna por fuera de la cama porque no cabía en la litera.
Despertó cuando sonó el despertador y todos marcharon juntos al instituto.

  - Greg cree que el sexo es mentira- se mofó Frank.

  - ¿Vas a seguir?- preguntó Gregory suspirando.

  - ¿Y de dónde sales tú? ¿Te pidieron a la cigüeña?

  - ¡Es que no me puedo creer que la gente meta penes dentro de vaginas, no tiene sentido! ¡Es demasiado asqueroso para ser cierto! 

  - ¡Ya sabes que es así! Acepta de una vez que la gente folla. Eso es exactamente lo que le hice a tu amorcito platónico.

  - ¡PARA YA FRANK! 

  - ¿De reírme de lo inocenton que eres? ¡Podría hacerlo todo el día! ¿A que viene esa cara vas a volver a llorar?

  - ¿Quieres callarte de una puta vez?- le defendió Bradley- tiene 12 años, se lo explicarán hoy en el colegio.

Frank se rió y miró a Greg, estaba tramando otra crueldad que decirle.

  - ¿Por qué eres tan malo, Frank?- preguntó Greg.

- Es muy fácil reírse de tí, eres un cabeza hueca.


Bradley agarró a Frank del cuello, lo estampó contra una alambrada hasta abollarla y continuó caminando.
Frank ya había entendido que le convenía  parar de molestar y ahora todos estaban en silencio.
Al llegar al instituto cada uno tomó un camino distinto, llegó a clase y pasaron lista. El sitio de Jason estaba vacío, era raro porque nunca solía faltar a clase.
A pear de que el despertador había estado sonando alrededor de unos diez minutos, Jason continuaba sin despertarse, envuelto en las sábanas y una melancolía que hacía que el cuerpo le pesara. Su madre había apagado el despertador y aunque lo había intentado, no logró despertarle.
Una hora después se levantó, rabiando de dolor por las agujetas y con una tristeza más acentuada que de costumbre. Mientras se cepillaba el pelo pensaba en la pesadilla que había soñado.
En ella caminaba por una playa en la noche, descalzo, hacia un mar picado. Fuertes olas rompían contra las piedras y los acantilados mientras un viento desagradable le azotaba el pelo, lo arrastraba haciéndole retrodecer y levantaba torbellinos de arena. 
Avanzar era imposible, menos cuando había comenzado a llover y se habían hecho ver los ruidosos truenos, que al caer iluminaban todo el negro cielo.
Estaba empapado, tratando de gritar para llamar la atención de Clark, que a lo lejos extendía su mano, moviendo los labios para decir algo que no alcanzaba a oir. 
Había tenido ese mismo sueño muchas las noches, la pesadilla se repetía una y otra vez sin cambiar nada.
Se preguntaba a qué se debería aquel angustioso sueño mientras se montaba en el peso y veía como no había bajado un kilo.
Se dio una ducha de agua muy caliente, casi ardiendo. El sueño seguía rondando su cabeza para cuando salió a secarse, vestirse y bajó a la cocina.

  - Si estás hoy muy cansado no hace falta que vayas al instituto- dijo su madre- luego tenemos la comida familiar y después tienes turno de noche. Te conviene recuperar energías ¿Tienes hoy algún examen?

  - No- respondió con una voz ronca y débil- pero no pasa nada, iré aunque sea la hora del recreo y daré las clases siguientes.

  - Vuelve arriba y sigue durmiendo hasta que lo necesites- le animó su padre.

Jason volvió a su cuarto, dejándose caer como un peso muerto en la cama y cerrando los ojos. No le costó nada volver a dormirse, realmente era lo que más le apetecía y de ser por el no se levantaría de la cama nunca más.
Sus compañeros estaban en clase de historia, recibiendo las notas del último examen.

  - ¿Alguien sabe que le pasa a Jason?

Nadie contestó.

  - Que alguien le diga que ha sacado un sobresaliente si lo ve.

La profesora entregó una tarea, Bradley se sorprendió al verla aprobada.
Shanon se giró y él le mostró la nota.

  - ¡Bien! ¡Enhorabuena! ¡Has sacado una A!

Bradley sonrió y revisó lo que había escrito.

  - Muy buen trabajo, Bradley, sigue así- le dijo la profesora dándole una palmada en la espalda y marchándose para seguir repartiendo.

  - ¿Por qué no hiciste esto desde el principio? -pregunto Shanon- podías aprobar si alguien te ayudaba.

  - Porque no quería acabar el instituto, estoy esforzándome porque no quiero ir a un colegio para adultos.

  - ¿Por qué? 

  - Por qué los adultos dan asco, ojalá no existieran.

  - No, me refiero a por qué no querías terminar el instituto.

  - Porque no quería ser un asqueroso adulto, ya me basta con tener que irme al ejército. Y no sé qué voy a hacer después. Me asusta pensar que tendré que decidir ser algo.

  - ¿Que vas a hacer mañana para tu cumpleaños?

  - Las maletas.

  - ¿No tienes nada pensado?

  - No.

  - ¿Quieres que quedemos hoy y te ayudo con las tareas? Mañana pensaremos algo.

  - Seguramente lo celebre con mi padre, ya sabes, una fiesta de Coopersons.
 
  - Lo celebraremos hoy si quieres, cuando acabemos los deberes ¿Cuando te vienen a recoger?

  - No lo se.

  - ¿Entonces quedamos hoy a las cinco en mi casa?

  - Está bien.

A la salida del instituto se despidieron, Bradley esperó a sus hermanos y regresaron todos a casa. Se sentaron en la mesa, ya preparada.

  - Me han dado la nota de el trabajo que hice- dijo Bradley

  - ¡No estoy para desgracias a la hora de comer! - grito su padre.

  - He aprobado.

  - ¿De quién te has copiado?

  - No me he copiado, Shanon me ha ayudado.

  - Ya decía yo que tú solo no lo podías haber conseguido.

 - Lo importante es que he aprobado.

  - ¿Y que quieres que te dé la enhorabuena por hacer lo que se supone que tenías que hacer?

Bradley se quedó en silencio y comenzó a comer, nada más terminar fue a casa de Shanon. Ella le recibió y le dejó pasar a su habitación.

  - Hoy no tenemos tareas- dijo Bradley.

  - Ya, pero por si tienes alguna duda de algo o alguna tarea atrasada.

  - No, creo que no.

  - Bueno, ponte cómodo.

Bradley se tumbó en la cama junto con ella.

  - ¿Hay algo que te apetezca hacer?

  - No se, creo que no.

  Shanon se metió debajo de las sábanas e intentó darle un beso en los labios pero el la esquivó.

  - ¿No te gusto?

- No quiero hacer esto Shanon.


  - Tú todavía eres una niña. Esto está mal.

  - ¿Por qué? 

  - Te quiero, pero no de esa forma, aprovecha que tienes 15 y no 18. Ojalá tuviese 15 años para siempre, tu aún no tienes que crecer.

  - No te entiendo.

  - Eres mi amiga, pero estamos en momentos distintos. No intentes crecer rápido, después solo querrás volver atrás.



  - ¿Quieres que hagamos una tarta?

  - No hace falta, podemos quedarnos aquí.

Bradley apoyó la cabeza sobre su pecho. Shanon le acarició la cabeza.

  - Me gustaría nacer de nuevo para arreglarme- dijo.

  - Te quiero Bradley...- susurró con una voz tierna.

 - No quiero irme al ejército justo ahora que las cosas iban un poco mejor, pensaba que si me esforzaba en el instituto mi padre me dejaría esperar un año mas.

  - Habla con el, intenta convencerle. Te echaré mucho de menos si te vas.

  - ¿Por qué me trataste bien si cuando te conocí te trataba tal mal?

  - Se que es difícil confiar en alguien y tratarlo bien si nadie lo ha hecho primero contigo.

  - Gracias por ser la única persona que me ha dado una oportunidad.

 - ¿Qué es de tu hermano?

  - Está en lucha, mi padre lo ha apuntado. Si es bueno no lo mandará a un internado militar.

  - Hablando de internados, ¿Es verdad que Jackie se ha metido en lucha?

  - Si, es la única chica. 

  - ¿Sabes que viene de Dandle, no?

  - Si, lo sabe todo el mundo.

  - Mis amigas se están preguntando todo el rato por qué todos los chicos están obsesionados con ella. Imagínate arreglarte y que Jackie se lleve las miradas.

  - ¿A caso a Jackie le gustan los hombres?

  - No, si yo también creo que es lesbiana. Pero como tú también eres un tío quería preguntarte por qué Jackie os llama tanto la atención.

  - No lo sé, no trata de impresionar a nadie. Hace cosas de chicos, supongo que solo les cae bien. A mí no me llama nada la atención. Ni ella ni tus amigas que me miran y sonrien todos los días cuando salgo del insti, aunque se levanten a las cinco para maquillarse todos los días. Me gustas tú y todo lo que haces tú, sea lo que sea. Solo porque eres tú.

  - También es porque tiene las tetas grandes.

Bradley se río como un niño pequeño, solo porque había dicho la palabra "tetas".

 - Si, también es por sus tetas.

  - ¡Si, también es por sus tetas! Ya lo has oído.

  - Teta

  - Tetillas.

Continuaron riéndose de la palabra tetas por un rato.

  - Pechotes.

  - ¿Por qué crees que yo te gusto?
  
  - Eres especial para mi, eso te hace diferente al resto.

  - ¿Cómo?

  - Porqué eres la única que me haces feliz.

Shanon le dió un beso en los labios otra vez.
Jack había vuelto de lucha, se despidió de Gregory y fue a paso lento para tardar más en llegar a casa.
Por el camino se encontró a Montgomery haciendo skateboard en las tuberías de un descampado. Se habían hecho un circuito con los muebles, los electrodomésticos y las tablas que la gente había dejado. Además de las tuberías oxidadas que estaban allí siempre.

  - ¡Hey Montgomery!- le saludo desde lejos 

  - ¡Pero si es la que le partió la nariz a Jay cuando se empalmó!- dijo uno de los chicos.

  - ¡Me pasa cuando me pongo muy nervioso! ¡Cerrad el pico que se está acercando!

  - Siento haberte partido la nariz, Jay- se disculpó.

Jay refunfuñó, no quería perdonarle por agredirlo gratuitamente.

  - ¿Te duele mucho?- le pregunto preocupado mirando su nariz vendada.

  - ¿Por qué lo has hecho?

  - Porque pensaba que todos los tíos solo queríais follar conmigo. Y tu también, porque solo me empezaste a hablar el día que me tocó hacer de Britts.

 Se miraron entre sí, nadie contestó.

  - Ya pero no puedes romperle la nariz a la gente de gratis.

  - Ya no me voy a meter en más líos, si lo hago me sacarán de lucha. Prometo que no lo voy a hacer más, me arrepiento mucho.

  - Ya me sorprendía que no te hubiesen castigado hoy- comentó Conrad.

  - Me han levantado el castigo.

 - Y bueno ¿A que vienes?

  - A jugar al fútbol con vosotros ¿Me dejáis?

  - ¿Sabes jugar?

  - Si, claro que se.

 - ¿En qué equipo quieres estar?

  - El tuyo, me da igual.

  - Bueno, vamos a jugar.

El partido comenzó, mientas jugaban apareció Liam agitando los brazos en el aire.

  - ¡Jackie! ¡A casa!- gritó- ¡Tu madre me manda a buscarte!

  - ¡Dile que me deje un poco más!- contestó Jack.

  - ¡Me tengo que ir, he quedado!

  - ¡Pues pide coger el teléfono en el bar y le dices que me quedo un poco más a jugar al fútbol!

  - ¡Te van a castigar otra vez...!

  - ¡Si, vale...!- exclamó Jack sin escucharle concentrado en perseguir el balón y quitárselo a Montgomery.

Ganó el equipo de Conrad, tras celebrarlo Jack miró la hora en su reloj.

  - Bueno, ya tendría que volver.

  - ¿Tan pronto? ¡Es muy temprano! ahora vamos a ir a mi casa- trato de convencerle Montgomery- ¿No puedes quedarte un poco más?

  - Vale, pero tengo que irme pronto.

 Se marcharon. Allí en el salón de los McKinney la mesa estaba puesta con bolsas de plástico llenas de cogollos.
Una planta de María decoraba el centro de la mesa y junto a ella sobre un plato de plástico infantil se encontraba una de las hoja cortada en pequeños trozos.

  - ¿Te gusta Little Orange?- preguntó Montgomery tomando asiento en el sofá con la planta sobre las piernas

  - ¿El qué?- preguntó Jack.

  - Se llama así, Orange- mostró el nombre escrito sobre el borde de la maceta - También está Sex Seeds.

 Conrad señaló a Sex Seeds, otra planta que tomaba el sol junto a la ventana.

  - ¿Se puede fumar con esto?- preguntó Jack sacando la pipa de su padre de el bolsillo de la chaqueta.

  - ¿De dónde has sacado eso? ¿De un anticuario?

  - Era de mi padre, estaba en el sótano.

  - Ufff, siento haberme reído, me han dicho que está muerto.

  - Da igual, no me ha molestado.

Todos se miraron entre sí.

  - ¿Qué le pasó a tu padre? Si quieres contarlo, no hace falta que lo digas.

Jack metió la marihuana en la cazoleta y  encendió la pipa con una cerilla.

  - No me gusta hablar sobre la muerte- declaró.

Pegaron al timbre, Jay se levantó a abrirle. Era Britts, nada más entrar soltó la mochila donde llevaba su ropa de ballet y se sentó junto a su hermano.

  - Dame un poco- quiero probar antes de comprar.

Montgomery le lio un porro y se lo entrego.

  - La mejor María que vas a probar- le dijo a la par que le encendía el porro.

  - Si, está bien ¿A ti que te parece Conrad?

  - Si, está bien, la compramos.

Jack observaba atento a como Britts sacaba un billete de su sujetador y metía en su lugar una pequeña bolsa.

  - ¿Y la heroína?- preguntó Britts- ¿Tienes?

  - ¡Si, pero no te la vamos a fiar está vez!- exclamó Jay.

  - No os preocupéis, traigo el dinero- sacó otro billete de su sujetador y se lo entregó a Montgomery que lo estiró y lo guardó en un fajo sujeto con una goma elástica.

  - ¿Que tal va lo de la fiesta?- preguntó él- necesito vender la mercancía.

  - Nuestros padres no nos dejan hacer una fiesta en casa- contestó Britts- Conrad no ha podido convencerla ¿A que no?

  - No y tampoco hay ninguna fiesta prevista esta semana, tendrás que celebrar otra, Jay.

  - Mi casa es un sitio un poco aburrido, quiero hacerla en otro lugar, para cambiar un poco.

  - En Halloween fuimos a una casa abandonada muy guay, incluso lo tiene todo dentro- dijo Jack.

  - Suena bien- Montgomery se interesó de inmediato- ¿Está muy lejos?

  - No, se puede ir en autobús y hacen fiestas por la noche allí.
  
  - ¡Perfecto! Podemos ir esta misma tarde.

  - Invitaré a mis amigos- dijo Britts- y algunas personas guays.

Jason continuaba en la cama, ya estaba despierto. No había almorzado y fingía que estaba enfermo.
Se levantó solo porque estaba aburrido de estar en la cama y se asomó a la ventana.
Su padre continuaba vendiendo cosas frente al garaje como el día anterior. El frasco del dinero estaba casi lleno y la gente se amontonaba alrededor de las mesas para ver los artículos. 
Jason, agachado frente a la cama buscó el peluche de la bola amarilla y bajó al jardín con él.
Saludo a su padre y lo colocó sentado junto con otros juguetes antiguos de su hermano Patrick.

  - ¿Por qué no estás en el colegio?- preguntó un niño. Al bajar la mirada resultó ser uno de los Malcom.
Eran dos mellizos que siempre iban vestidos iguales; con camisa, pantalón y zapatos de vestir, como si hubiese algo que celebrar.

  - Porque hoy no me encuentro bien, Davey - contestó Jason.
  
  - ¿Cuanto vale?- señaló a la bola tratando de ponerse de puntillas.

  - Dame cinco dólares y es tuya.

 El niño sacó un billete muy arrugado de su bolsillo y se lo entregó.
Jason sonrió, por fin había conseguido deshacerse de la bola y ahora tenía dinero para comprarse otra caja de cigarrillos y fumársela entera esa misma tarde.
Escuchó su nombre y se dió la vuelta.
Su madre estaba allí agitando los brazos.

  - ¡Tienes una llamada!- exclamó.

Jason entró y se puso al teléfono.

  - ¿Quién es?- preguntó.

  - Soy Jack ¿Quieres venir a la casa abandonada esta tarde?

  - Estoy un poco cansado y hoy tengo turno de noche limpiando.

  - Volveremos temprano contigo- dijo Meg- ¡Nos lo vamos a pasar bien, anímate!

  - Está bien ¿Que vamos a hacer ahí? ¿Otra fiesta?

  - Si, pero viene gente del pueblo.

  - ¡No, por favor! ¿De verdad es necesario?

  - ¡Solo invitaremos gente guay, unos pocos, 5 personas o así!- exclamó Britts- ¡Vamos, tengo ganas de verte!

  - Vale... Pero que sean solo cinco, si todo el mundo se entera de ese sitio dejará de ser especial ¿Donde quedamos?

  - Ve a la parada del bus, Jack, mi hermano y sus amigos van contigo.

  - ¿Puedo traer a Clark?

  - Si, claro que sí.
  
  - Vale, luego nos vemos.

Jason trató de llamar a Clark, pero nadie atendía al teléfono, que sonaba incesablemente en el recibidor sin ser atendido.
Clark acababa de llegar del vertedero, arrastrando un longboard que parecía una pequeña tabla se surf. En la parte de abajo tenía un dibujo de unos delfines nadando en el fondo del océano.
Frente a la puerta de la casa estaba aparcado un enorme camión.
Corrió al patio trasero, donde se escuchaban las voces de sus hermanos junto a otra más grave.
Cruzó la esquina de la fachada de su casa y encontró a un hombre que nada más verlo abrió los brazos con una amplia sonrisa.

  - ¿No le das un abrazo a tu padre, Clark?- le preguntó

Clark se dió media vuelta y entró a la casa, seguido por el y sus hermanos.

  - ¡Hijo!- entró tras el cerrando la puerta mientras Clark atendía al teléfono.

  - Perdona, no estaba en casa, siento que me hayas llamado tanto. No puedo ir, tengo que hacer una cosa importante.  Adiós Jason ¡Pásatelo bien!

Colgó el teléfono y se giró hacia su padre.

  - Vamos a comer al Devenson's Burger y hablamos más detenidamente ¿Que te parece?

Clark tenía una expresión amenazante y seria, sus hermanos sin embargo parecían muy emocionados por la idea.

  - Lo hago solo por ellos, voy a soltar esto y vamos.

Fue a soltar el skate en su habitación y se cambió de ropa. Regresó al recibidor y todos salieron juntos al patio delantero.

  - Papá, ¿Podemos ir en camión?- preguntó Sammy.

  - ¡Pero el restaurante está aquí al lado!

  - ¡Por favor!- suplicó Junior- quiero tocar el claxon!

  - Está bien- abrió las puertas del camión y todos entraron. Sammy se sentó en las piernas de Clark que estaban muy apretados contra la puerta.

Cuando el camión comenzó a moverse Junior tocó el claxon varias veces.
El camión aparcó frente al parking del restaurante. Al entrar Clark vio algunas caras conocidas que se giraban al ver a un forastero en el pueblo.
Allí nunca venía nadie de fuera, si lo hacía era de Hubert, pero igualmente llamaba mucho la atención.
Los cuchicheos de especulación sobre quién podría ser surgieron enseguida y Clark solo dejó de atenderlos cuando sus hermanos le tocaron la espalda.

  - Vamos a patinar- dijo Junior- papá lo va a pagar ¿A que si?

  - Ten cuidado con Sammy que es muy pequeño- contestó Clark- ¡Vamos, a pasarlo bien!

Mientras sus hermanos buscaban patines de su talla y dejaban sus zapatos en la estantería, él buscaba una mesa para sentarse con su padre.
Al sentarse vigiló la pista, sus hermanos nunca habían patinado y avanzan lentamente y con torpeza por la pista. Las piernas de ambos temblaban y parecía que en cualquier momento se caerían. Shanon estaba tratando de enseñar a Bradley a patinar, él se agarraba a los bordes de la pista asustado porque cada vez que intentaba avanzar se le abrían las piernas.
Eso lo tranquilizó, porque si les pasaba algo a sus hermanos Shanon los podría ayudar.

  - Bueno, ¿Que quieres comer?- preguntó su padre sosteniendo la carta para leerla.

  - Un bocadillo de 4 pisos y un batido de fresa.

  - Buena elección hijo.

  - ¿Para que has venido aquí?

  - Para llevaros a Virginia a vivir todos juntos al lado de la playa.

  - ¿Ahora decides cambiar no? Han pasado 18 años hasta que has querido volver. Abandonaste a mamá y me abandonaste a mí, hemos hecho toda una vida sin ti y podemos seguir haciéndolo.

  - ¿Quieres que me vaya?

  - Todo esto lo estoy haciendo por mis hermanos, pero por mi puedes irte, deberías haber vuelto cuando te aún necesitaba.

  - ¿Donde está vuestra madre?

  - Muerta, estamos fingiendo que sigue viva para que no nos separen y nos manden a un orfanato- susurró por si alguien estaba prestando atención a la conversación.

  - Por esto deberíais venir conmigo, la casa en la que vivís está en unas condiciones horribles.

  - ¿Hace 18 años cuando dejaste a mi madre embarazada lo pensaste?

  - ¿Vuestra madre os ha contado como pasó todo?
  
  - No, nunca ha hablado de ello. 

  - ¿Nunca te contó por qué te llamamos Clark?

  - No, de hecho nunca ha hablado de ti.

  - Cuando tenía tu edad, fui a jugar al billar en un bar de moteros de Virginia. Solía ir allí con los amigos, cuando aún seguía abierto. Se llamaba Clark's and Claire. Recuerdo que un día apareció una chica que no había visto nunca, me pidió jugar una partida junto a mí. No me ganó las dos primeras veces pero si la tercera, después de eso le pedí su número y volvimos a vernos.
Me enamoré de ella, fue amor a primera vista y tuvimos sexo en los baños del bar, no me puse protección porque no quería, hice la marcha atrás pero salió mal. Salimos durante 4 meses y ella me dijo que estaba embarazada, le ofrecí abortar porque ninguno estábamos preparados para tenerte pero ella se empeñó en tenerte. Sus padres me prohibieron verla y la echaron de casa cuando se empezó a notar que estaba en cinta. Intentó convencerme de que nos marcharemos juntos, pero no estaba preparado. No se cómo terminó aquí, pero me llamó cuando naciste y te dejé la radio para encontrarte y volver a por tí. Siento todo lo que ha pasado, simplemente no estaba preparado para ser padre, pero ahora si puedo ser tu padre y el de ellos, aunque no sean mis hijos. Eres tú el que tienes que elegir, puedes darme una oportunidad o puedo irme. Si eliges qué me vaya tendré que hacerlo, aunque no es lo que quiero, pero entiendo que estés enfadado y me odies.

  - Tuve que ser mi propio padre, después el mi hermano cuando tuve 12 años y cuando nació Sammy, a los 15, solo porque tú no te pusiste un puto condón. ¿Crees que yo estaba preparado? No lo estoy ahora y aún así hago lo que puedo. Si tu y mamá no estabais preparados para tener una familia era tan sencillo como no tenerla,  en eso los dos sois iguales.

  - Tu madre era una persona muy difícil Clark.

  - Le arruinaste la vida porque no te pusiste un condón ¿Por qué? ¿Que te costaba? Es verdad que ella no decidió abortar, pero no es fácil hacerlo. No fue su culpa, fue la tuya. Tuvo que prostituirse para darme de comer, no tenía nada ni a nadie. Se pasaba el día drogada para olvidar que no podía tirar de su situación ¿Y yo tengo que tener lástima de ti? Murió de una sobredosis.

  - Simplemente fue una tontería, no pensé en las consecuencias de esa decisión. Si pudiera tomarla otra vez, no lo haría.

  - Puedes quedarte en casa hasta que me piense si tengo que darte o no una oportunidad. Procura no decepcionar a mis hermanos en nada, hazlo bien con ellos porque no te tienen ningún rencor.

La camarera llegó a tomarles el pedido. Clark vio a Shanon ayudando a sus hermanos, que ya iban tomando un poco de soltura al patinar.
Se acordó en ese instante de Jason, pensó en hablar con él después para preguntarle que había hecho durante el día.
Jason acababa de llegar a la parada de autobús para esperar a sus amigos e ir a la mansión abandonada. Jack llegó junto con Conrad a la par que el autobús frenaba frente a ellos.
En los asientos de atrás cantaban a coro para hacer más ameno el trayecto.
Llegaron a la casa y para entonces Britts, Meg, Montgomery, Frankie y Jay se les habían adelantado.
Jason saludo a Meg con un abrazo mientras Montgomery trataba de cuadrar su plan para vender mercancía.

  - Voy a explorar a fondo la casa- dijo Jason ¿Queréis?

  - Que guay, yo me apunto- contestó Britts- ¿Alguien más viene?

 Jay, Conrad y Montgomery preferían quedarse en una habitación, pero el resto siguió a Jason hasta otro de los muchos cuartos.
Abrieron el armario y colgados en las perchas seguía aún la ropa de los duelos de la casa, cubierta por fundas de plástico.

  - ¿Nos la probamos?- preguntó Britts sosteniendo un vestido negro y largo que parecía ser de luto.

Jason y Jack se pusieron una chaqueta y unos sombreros que encontraron en un perchero junto con varias corbatas, que colgaban a ras del suelo. Frankie y Megan trataban de decidir que vestido ponerse. 
Cuando todos estaban vestidos comenzaron a correr por los pasillos en busca de un espejo que no estuviese corroído para poder verse.
Cuando al fin lo encontraron se miraron posando frente a los espejos de las puertas de un armario.
De pronto empezó a escucharse una música alta que provenía del exterior de la casa. Se asomaron y vieron los Fumigadores bajad de el general Lee oxidado del desguace, aparcado junto al coche de Montgomery.

 - ¿Cómo se han enterado de este sitio los Fumigadores?- preguntó Jason.

  - Es cosa mía- comentó Britts despreocupadamente mientras los saludaba agitando el brazo- me acosté con Andrew antes de empezar a salir con Frank. Lo he invitado solo a él.

  -¿Que hiciste que? Esos tipos se meten conmigo, lo sabes de sobra, podrías haberlo pensado antes de invitarlos o por lo menos consultarlo con los demás. ¿Como puedes siquiera estar cerca de ellos? Después de todo lo que le hicieron a August...

  - No puedo odiar a gente que no me ha hecho nada, Reddie.

  - Frank también ha sido un capullo conmigo toda la vida ¿Como puedes salir con un fantoche como ese?

  - Ahí te ha dado, Britts- contestó Meg

  - ¡Y que lo digas!- exclamó Jack.

 Britts no le estaba prestando atención.

  - ¡Hola nena!- gritó Andrew- espero que no te importe que haya invitado a los demás.

  - ¡No, no pasa nada!

  - ¡Britts! - dijo Jack zarandeándola- ¡Está Kurt aquí!

  - ¿Y qué pasa?

  - Ese tío es un psicópata, no puede estar aquí.

  - ¿Por qué? Mola su rollo de obsesionado con la muerte, a mi parece guay.

  - ¡No tiene nada de guay!- exclamó Jason- ¡Eso es precisamente lo último que se puede decir de el! 

  - No seais tan siesos, el tiene su rollo y vosotros el vuestro.

  - No es ningún rollo Britts, es un perturbado de verdad. No es un personaje que interpreta para quedar de diferente delante de los demás, de verdad está enfermo.

  - ¡Que exagerados! Pues ya está aquí ¿Que hago? ¿Le echo?

Todos se quedaron en silencio. Britts se giró para mirar de nuevo por la ventana, los Fumigadores habían entrado y ahora había apareció Frank con sus dos secuaces.

  - ¡Que hay de nuevo, viejo! - gritó

  - ¡Hola, Frank! ¡Sube aquí!- contestó ella.

  - ¡No puede ser! ¿A ellos también los has invitado?- preguntó Jason cada vez más enfadado- ¿Que mierda pasa contigo, Britts?

  - Es mi novio, tiene que venir, pero solo invité a él.

 Se escucharon crujidos en las escaleras y pasos en el corredor. Frank apareció en la habitación con su actitud chulesca de don Juan.

  - ¡Que hay de nuevo, pubis de fuego!- le dijo a Jason entre risas.

  - Vete a la mierda- contestó tajante.

  - No quiero peleas, pídele perdón Frank- le recriminó Britts- hoy hemos venido a divertirnos.

  - ¿Pero tiene el pelo de la entrepierna rojo o no?- preguntó Frank- es mera curiosidad.

  - ¡Q-U-E T-E J-O-D-A-N! ¡No tengo por qué aguantar esto!

Jason se marchó rojo de la furia apretando los puños y caminó por los pasillos mirando los retratos en blanco y negro de los antiguos dueños.

  - ¡Que borde! ¡Es que no tiene sentido del humor!- se quejó Frank.

  - ¡Vamos, para ya! ¡Solo déjalo tranquilo!- le gritó Jack- ¡Eres un gilipollas!

  - ¡Basta de discusiones!- gritó Britts haciendo el silencio- ¡Que nadie se meta con nadie! Cuando a Jason se le pase el cabreo volverá.

  - Espero que no te importe que haya invitado a más gente del pueblo. Están por venir. No son muchos, unas 15 personas - dijo Frank- ¿No te importa, no?

  - Bueno, ya están invitados...

  - Voy a buscar a Jason- dijo Jack- ahora vuelvo.

  - ¡Seguramente vuelva, pero voy contigo!- exclamó Megan.

Jason había salido fuera de la mansión y merodeaba en busca de algo interesante. Encontró un invernadero absorbido por la maleza y se sentó en un testero de piedra vacío.
Observó las ramas entrelazadas que se dejaban ver en los cristales, verdosos por el musgo, algunos de ellos rotos.
De pronto notó algo junto a él, miró a su lado y vio a Katie con el vestido rosa de la otra vez arrastrando sobre las raíces y ramas con espinas que recorrían el suelo.
Jack y Megan lo llamaban por los pasillos y revisaban todas las habitaciones pero no daban con él.

  - A lo mejor está fuera- dijo Jack.

  - Seguramente- afirmó Meg- vamos a buscarle.

  - ¡Seguro que vuelve! ¡A lo mejor quiere estar solo un rato! - exclamó Montgomery tomando a Jack del brazo.

  - Ya pero se encuentra mal.

  - Por eso, a mí no me gusta que me agobien. No lo conozco mucho pero por el carácter que tiene diría que a él tampoco.

  - Bueno, entonces ¿Esperamos a que vuelva?- preguntó Megan.

  - Vale- Jack se encogió de hombros.

  - Bueno, creo que yo sí voy a ir a buscarle, esto está en ruinas puede hacerse daño yendo solo.

Megan se marchó y los dejó a solas. Salió al exterior gritando el nombre de su amigo.

  - ¿Buscas a Jason?- preguntaron los chicos del pueblo que estaban llegando invitados por Frank.

Megan contó en aquel grupo más de 20 personas.

  - Frank solo invito a 15 ¿Los demás de dónde salis?

  - Bueno, cada uno hemos traído gente, no pasa nada ¿No?

Meg resopló, no le parecía nada bien que viniese todo el pueblo. Ella, como Jason era una marginada que detestaba el pueblo y solo quería reducirlo a escombros. Aunque no había querido discutir con Britts, no estaba nada de acuerdo con que invitara a su exnovio que contó a los ineptos de sus amigos que le había quitado la virginidad como si fuese un trofeo.
Pasó por delante del invernadero pero como estaba tan cubierto por enredaderas y estaba comenzando a anochecer lo confundió con un árbol.
Jason desde allí dentro no la escuchaba llamarlo, estaba hablando con Katie.

  - ¿No te asustas al verme sabiendo que estoy muerta?- preguntó ella.

  - Mi mente no está preparada para asimilar que estoy hablando con una muerta, asi que para mí es como si estuvieses viva.

  - ¿Por qué estás solo?

  - Porque mi amiga se está comportando como una estúpida y ha invitado gente de mi pueblo. 
 
  - ¿Tan malos son?

  - Me odian, pero yo los odio más a ellos. Hoy iba a ser un día especial, si venía a este lugar podía olvidarme de ellos pero ahora no tengo a dónde ir para no acordarme de mi horrible pueblo. Cada vez que venga estarán aquí.

 Jason comenzó a llorar sobre sus piernas.

  - Estoy triste y cansado. Ojalá estar muerto, quiero morirme.

  - No digas eso, a mí me encantaría volver a estar viva.

  - ¿Como es estar muerto?

  - No lo sé, es como estar vivo pero nadie puede verte. La gente no se da cuenta de que estás. Aunque cuando estaba viva no cambiaba mucho.

  - Entonces estoy condenado hasta después de muerto...

  - Bueno, eso si no asciendes, yo estoy atrapada en el mundo de los vivos. Estoy sujeta a este lugar hasta que encuentre mi causa pendiente. Realmente puedo ir a donde quiera, incluso puedo viajar, yo estoy en un plano distinto al vuestro. Pero aún así me siento encerrada.

  - En mi pueblo, todos los años nos dicen que los muertos tenéis una luz que representa vuestra alma y que desapareceis si nadie os recuerda. ¿Es cierto que se apaga cuando haceis cosas en el mundo de los vivos? ¿O solo es una leyenda?

  - Hay parte de verdad, pero en mi caso no es así.

  - ¿Que es lo mejor de estar muerto?

  - Que puedes hacer lo que quieras, incluso las cosas que no podías hacer cuando estabas vivo. Una vez estás muerto todo da igual, no tienes mucho que perder.
  
  - ¿Entonces como es que yo te puedo ver? ¿No es que los muertos no deben intervenir en el mundo de los vivos?

  - Es una cuestión de principios, no debería pero no hay nada que lo prohíba. Se trata de no romper el equilibrio natural de las cosas, como un código ¿Me sigues? Aunque yo no lo cumplo mucho. 
 
  - Entonces estar muerto es increíble.

  - No digas eso.

  - Tengo otra pregunta ¿Cómo es que yo puedo verte y otros no?- preguntó Jason.

  - Puedo dejarme ver o desaparecer, de hecho, mientras hablamos puede haber un montón de espíritus observando todo lo que haces.

  - Si un amigo mío está en el limbo igual que tú ¿Puedes decirle que siento todo lo que le he hecho?

  - ¿Como se llama?

  - August Orton, tiene gafas redondas y es muy bajito. No se si me perdonará pero yo no puedo decírselo. Si me haces ese favor estaría bien.

Katie se giró hacía mí, con una sonrisa mientras se abrazaba a Jason. 

  - ¿Sabes?- el seguramente siempre esté contigo. Y aquí donde estamos, no existe el rencor.

  - Eso me hace sentir mejor- secó sus lágrimas- ¿Como moriste? Si quieres decirlo.

  - Puedo enseñártelo si tú me dejas. 

 - Hazlo, no me importa verlo si con eso te puedo ayudar a ascender. Tu me has ayudado a mí dos veces. Sería lo justo.

  - Deja los ojos abiertos y no te muevas.

Jason se quedó quieto con los ojos abiertos y la mirada fija en una pared. Ella colocó la mano frente a sus ojos, al observar de cerca era traslucida, podía ver la pared a través de ella.
De pronto dejó de ver, todo se volvió negro y recobro la vista nuevamente.
Estaba caminando por los pasillos siguiendo a Katie. De fondo se escuchaba música, los gritos y las risas de los presentes en la fiesta.
Entró a una habitación y la vio caminar de espaldas hacia un enorme hoyo en el suelo, dio un último paso atrás. Poniendo los pies al borde del agujero y abriendo los brazos en cruz se dejó caer. Después aparecía la policía dibujando una silueta de tiza en el suelo.
Todo se volvió negro de nuevo y Jason volvió al invernadero sintiéndose un tanto extraño.

  - ¿Estas bien?

  - Creo que si camino me caigo, ha sido un poco raro ¿Como has hecho eso?

  - Me he metido en tu cuerpo para implantar un recuerdo.

  - ¿Que? 

  - Lo entenderás cuando estés muerto.

  - Nadie te vio morir, nunca supieron que te suicidaste.

  - Lo se.

Jason tragó saliva.

  - ¿Te molesta que hablemos de esto?

  - Hablar de la muerte es lo más normal para una muerta. Pero bueno, cambiando de tema. ¿Tienes idea de lo guay que es este sitio? Bueno, lo era el año pasado, ya lo tengo muy visto. Conozco cada rincón, hasta los nombres de todos los miembros de las familias que estuvieron aquí, algunas de sus historias... Ojalá pudiese encontrarme con ellos en el limbo, pero es tan grande como el mundo de los vivos. En fin, no tengo mucho que hacer por aquí, más que asistir a las fiestas como cuando estaba viva, pero en el limbo no hay noción del tiempo.

  - ¿Podrías enseñarme la casa?- preguntó Jason- había venido para explorar.

  - Te enseñaré lo que quieras, incluso las habitaciones secretas, sígueme.

Jason trató de tomarle la mano pero no pudo, sin embargo ella si podía agarrar su muñeca y arrastrarlo hacia el exterior.
Subieron las escaleras y pasaron fugazmente frente a una habitación con la puerta cerrada. Allí estaban Montgomery y Jack sentados sobre una cama, cubierta por un plástico.

  - ¿Quieres probar una cosa?- preguntó mostrándole una jeringuilla.

  - ¿Que es eso?

  - Es heroína, una droga, se inyecta en el brazo.

  - ¿Y qué pasa si me la inyectas?

  - Te sentirás bien ¿Quieres probarla?

  - Parece peligroso...

  - Será un chute pequeño, no te hará ningún daño.

  - Entonces si quiero probarla.

  - Quítate la chaqueta y dame tu brazo, no te dolerá.

Jack se sacó la camiseta y quedó solo con una camiseta de mangas cortas. Montgomery le apretó una cinta en el brazo, sujetando la jeringuilla con sus dientes.
Al acabar la clavó directamente en una de sus venas. Jack observó el líquido introduciéndose.

  - ¿Cómo te sientes?

  - Muy bien- contestó riendo- ¡Vamos a ver cómo están los demás!

Abrieron la puerta y buscaron la sala más grande de la casa, donde el resto se había reunido todo el pueblo.
Jason estaba en la otra punta del larguisimo pasillo, arrastrado por Katie hacia una habitación que tenía la puerta rota.
Era una especie de cuarto de juegos, lleno de estanterías en cuyas baldas descansaban muñecas y peluches polvorientos. En el techo colgaban avionetas, algunas yacían ya en el suelo después de haber caído por su propio peso.
Jason descendió la mirada de nuevo y la dirigió al frente, observando dos camas iguales, que quedaron hechas desde el día que la casa se abandonó.
Pasó la mano por las paredes, a medida que avanzaba. En las partes donde el papel se había caído, de podían ver el estampado de osos y conejos del antiguo papel.

  - ¿Quienes dormían aquí?- preguntó Jason.
 
  - Eran Sally y Ashley- contestó Katie señalando las fotografías que coronaban las respectivas camas de las niñas.

  - ¿Por qué dejaría alguien todo esto aquí?

  - Ellas dos eran parte de la última familia que vivió aquí. Esta casa tiene muchísima historia. He leído en las cartas que he encontrado en la casa que Ashley estaba muy enferma. Su madre, Dana, le habló a su madre para pedirle que mientras durasen los tratamientos que necesitaba les dejasen instalarse en su casa para estar más cerca del hospital. 

  - ¿Y que pasó después?
  - No lo sé, tal vez se quedaron allí porque está casa estaba muy apartada, pensaron en volver pero nunca sucedió y todo se quedó así, tal y como estaba.

  - ¿Crees que Ashley murió?

  - Espero que no, a lo mejor volvieron a la casa, quién sabe. En la cocina, hay un pastel podrido dentro del horno y el coche que he visto algunas fotos no está por ningún lado.

  - ¿Y si tuvieron un accidente? Por eso dejaron la tarta ahí dentro.

  - Me gusta más pensar que simplemente la olvidaron con las prisas de mudarse. Pero es mejor que quede en el misterio.

 Las paredes empezaron a temblar, el volumen de la música subía cada vez más creando un desagradable zumbido en la habitación.

  - Espera un momento Katie, ahora vuelvo- dijo Jason.

Jason siguió la música y se asomó a la puerta de la sala donde estaban celebrando la fiesta.



---



  - ¡HEY! -vociferó- ¿PODÉIS BAJAR LA MÚSICA?

Estaba tan alta que desde ahí nadie lo oía.

  - ¡Bajad la música!- exclamó intentando colocarse en el centro de la sala para ser escuchado pero la gente estaba concentrada en beber y bailar.

Se acercó a la radio y bajó el volumen por su cuenta.

  - ¡Eh! ¡Que coño te pasa!- le gritó alguien entre la multitud.

  - ¿Pero que estás haciendo, Jason?- se quejó Britts volviéndola a subir.

  - ¡Es una casa antigua los techos y el suelo se pueden romper en cualquier momento! ¡Las paredes están retumbando!- Jason bajo la música

  - ¡No va a pasar nada!- restauró el volumen

  - ¡Se nos va a caer el edificio encima! ¡Somos demasiadas personas en una misma habitación! La madera está crujiendo- dejó la música en un volumen medio

Jason miró las pupilas dilatadas de Britts y aquello le preocupó. Tenía que haber consumido algo.
Ella la volvió a subir, una vez más

  - ¿Estás mejor, Jason? - preguntó Meg acercándose por detrás.

 - Si, pero la música está muy alta y es peligroso. ¿Dónde está Jack?

  - Está un poco raro, está con Montgomery, espera que le llamó ¡JACK! ¡JACK!

Jack acudió rápidamente.

  - ¿Te pasa algo?- preguntó Jason viendo como sus pupilas también estaban extrañamente dilatadas.

  - Tengo la garganta un poco seca ¿Alguien tendrá agua?

  - No se, pregunta.

  - Creo que de tanto bailar me duelen un poco las piernas, me voy a echar un rato en alguna cama.

  - Es una fiesta ¿Tan cansado estás?

  - No se, me pesan los brazos y tengo un poco de picazón.

  - Estás muy rojo ¿Será alergia a los hongos o el moho?

  - No lo sé, voy a descansar un poco y ahora vuelvo. También tengo un poco de náuseas.

Jack salió de la sala.

 - ¿Que has estado haciendo? Llevamos 3 horas o más sin saber de ti- preguntó Meg.

  - ¿Cómo que tres horas? Si no llevaré ni una hora.

  - Claro que sí.

  Un montón de gritos se empezaron a oír desde fuera, alaridos que parecían los de un cerdo siendo degollado.

  - ¡SOCORRO! ¡AYUDA!- chillaba alguien.

  - ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

  - ¡AHHHHHH! 

  - ¡AUXILIO!

La gente comenzó a asomarse a la ventana para describir que era una pesadísima broma por parte de los Fumigadores.
Rieron y continuaron bailando y en sus asuntos.
Jason estaba aún asomado, viendo como los Fumigadores cargaban bates que acababan de sacar del maletero.

  - Britts, están entrando con bates a la casa- le avisó Jason.

  - Ya les dije que no quería peleas, no te preocupes.

  - ¿Y para que quieren todo eso?

  - ¡Yo que sé! ¡Alguna broma pesada de las suyas! Darnos otro susto. No te preocupes más, disfruta.

Jason salió de la sala y fuera le esperaba Katie.

  - Vamos a ver otra habitación- tomó su mano- te enseñaré mi segunda favorita, olvídate de ellos.

Los Fumigadores subían las escaleras y entraban a la sala donde todos bailaban.

  - ¡Ahora empieza la fiesta de verdad!- Kurt golpeó un aparador con el bate hasta romperlo mientras Andrew tiraba una silla por la ventana.

El pueblo los vitoreaba, entre risas, uniéndose a la destrucción desenfrenada.
Jason y Katie miraban un álbum de fotos sentados sobre una alfombra.

  - Se que es una pregunta muy personal, pero ¿Por qué te suicidaste?

  - Por qué creía que estaba muerta.

  - ¿Cómo?

  - La gente actuaba a propósito como si no estuviera ahí y llegué a plantearme si era cierto. Quería comprobar que estaba viva.

  - Puede que tu causa pendiente sea que nunca pudiste comprobar si ellos te veían o solo te hacían el vacío.

 Una pared los separaba del cuarto en el que habían estado anteriormente, al cabo de un rato oyeron voces, gritos y fuertes golpes desde el pasillo.

  - ¿Que son esos ruidos?- preguntó Katie.

  - No lo sé, vamos- dijo Jason.

 Se asomaron a la puerta y observaron 

--

  - ¡A veces creo que estoy rodeado de idiotas!

  - ¿Vas a llorar por una muñeca? No puedes ser más marica Jason.

  - Dejadlo, está loco, deberían encerrarlo en un psiquiátrico.

  - Lloro porque me hacéis sentir como el puto culo. Ahora mismo solo quiero estar bajo tierra.

  - No es nuestra culpa que estés deprimido Jason, matate de una vez y deja de llamar la atención. Solo por qué tú estás mal quieres amargarnos a todos.

 - Si pudiera elegir elegiría ser como vosotros- respondió él frotando su nariz- ¿Creéis que si fuera tan fácil como eso no lo haría?

  - ¡Solo deja de pensar y sé feliz de una vez! ¿Te crees mejor que todos nosotros, cerebrito?

  - ¡Es un listillo! ¡Se cree superior porque es más listo!

  - A nadie le gusta la gente que va de lista, es culpa tuya que nadie te quiera, deja de culpar al pueblo de estar solo

  - ¡Si, es culpa suya que esté solo! ¡Tu te lo has buscado, Jason!

  - No les escuches, a los idiotas no les gusta la gente inteligente, les hace caer en la cuenta de que son estúpidos- le susurró Katie.

  - ¡Sal de la jodida sala, zanahorio! ¡Fuiste raro hasta para nacer!- gritó Frank.

  - ¡Ya es suficiente, dejadle!- suplicó Meg.

  - ¡Que haya paz, dejadlo ya!- gritó Britts

  - Tu los has traído aquí, te pedí que no trajeses a nadie del pueblo. Esto no habría pasado de no ser por ti, es por tu culpa porque eres una mierda de amiga y una mierda de persona. Quería que este sitio fuese para nosotros, era un lugar seguro para mí. Después de lo que has hecho hoy finges que te importo.

  - Soy tu amiga, no jodas más las cosas, ya está todo bastante mal para ti para que tengas que atacar a los pocos que estamos de tu lado.

  - ¡Usa esa inteligencia que se supone que tienes! Eres un perdedor ¿En serio vas a pelearte con tus únicos amigos?

  - Planteate lo de matarte porque das asco pelos rojos.

  - No sabes lo que es un amigo Britts. A la gente le llamas la atención porque eres guapa y vistes bien, te esfuerzas por demostrar que no eres igual que las demás chicas por fuera y te olvidas de que guardas el mismo vacío que ellas por dentro ¿Sabes qué?. Hay miles de personas en el mundo que seguramente se parezcan a ti, más allá de este pueblo no saben tu nombre ni el de ninguno de los presentes. ¿Te conviene caer bien a la gente, poniéndote del lado del que más te conviene? No tendrás 15 años para siempre y cuando crezcas de darás cuenta de que no eres absolutamente nadie, solo una persona más, como todos y que la popularidad no es algo real. Creeros alguien y que os crean alguien, no significa que lo seais. Y si soy realmente soy un perdedor, me alegra saber que no tengo nada más que perder. A lo mejor por eso puedo defender lo que pienso sin miedo a decepcionar a gente a la que no le importo

Jason salió de la habitación.

  - El perdedor se marcha- se despidió.

  - ¡Matate!- coreaban.

 Caminó rápidamente por el pasillo, topándose con Frankie en el suelo, estaba llorando desconsoladamente cruzada de brazos.

  - ¿Estás bien?- preguntó Jason.

  - ¡Aún puedo sentir! ¡No estoy lo suficientemente borracha, mi vida es una mierda!

Frankie agarró las piernas de Jason mientras gemía y sollozaba. Él la observaba reír de pronto, como si delirase. Sintió un escalofrío.

  - Sabes, ser feliz es cosa de los idiotas. Tienen razón, estás deprimido porqué eres inteligente, piensas demasiado. Yo desde que dejé de hacerlo me siento mucho mejor.

Se apartó de Frankie y continuó caminando rápidamente, casi corriendo sintiendo una especie de hormigueo interno, bastante desagradable.

  - Jack está dormido- dijo Frankie haciendo un gesto con sus manos como si se tumbase en una almohada.

Jason levantó la ceja en señal de duda y paro de caminar tras girarse hacia Frankie que hizo otro gesto esta vez haciendo como si ampliase sus pupilas.

Aceleró aún más su paso, le buscó llamándole habitación por habitación hasta encontrarle sobre una cama, sin pulso ni respiración.

  - ¡Está muerto!- exclamaba Jason cargandole en sus brazos.

  Katie vio una jeringuilla en el suelo. 

  - Le han pinchado heroína.

  - ¡Ya lo se! ¡Tengo que sacarle de aquí! 

  - No te preocupes, no está muerto, aún tiene color.

Jason corría por los pasillos con Jack en brazos, Meg se interpuso en su camino.

  - Jason...

  - Déjame en paz, se que todo eso te parecía divertido, no hace falta que finjas que no por mí.

Siguió su camino esquivandole, ella trataba de cogerle el ritmo siguiéndolo.

  - ¡No sabía que este sitio te importaba! ¡Lo siento! No lo habría destrozado si lo hubiera sabido.

  - ¡Déjame Meg! ¡Estoy muy mal!

  - ¡Quiero acompañarte! ¡Estoy preocupada por Jack! ¿Por qué está así?

  - Un hijo de puta le ha dado heroína, si no le saco de aquí morirá. Jack es muy influenciable, no sabe distinguir lo que le hace mal y lo que le hace bien. Pero yo puedo solo con esto.

  - ¡No te dejaré solo!

  - ¡Quiero estar solo! 

Megan se quedó quieta en el pasillo mientras Jason bajaba las escaleras a toda prisa y salía de la casa.

  - ¡Adiós Katie!- exclamó.

  - ¡Adiós, Jason y muchas gracias!

 llegando rápidamente a la parada de autobús que llego inmediatamente. Jack, por suerte, despertó al final de el trayecto.

  - ¡Cómo me alegro de que estés bien! ¡Que susto he pasado, creía que te iba a pasar algo!- se abrazó con fuerza a Jack.

  - ¿Donde estoy?- preguntó el muy desorientado colocando sus brazos alrededor de Jason a tientas.

  - Estamos llendo a casa, estás a salvo.

  - Me encuentro muy mal...No debí hacerle caso a Montgomery.

  - No me puedo creer que te hayan hecho esto.

  - No pasa nada, fui yo quien le dijo que sí.

  - Que suerte que estés despierto, te iba a llevar al hospital y tus padres se hubiesen enterado de lo que ha pasado.

  - Si, ya, menos mal ¿Puedes acompañarme a casa? Sigo encontrándome un poco mal. 

  - Claro, todavía me queda una hora para entrar al trabajo.

  - ¿De noche? 

  - Si, para limpiar y quitar los artículos que están en mal estado. El supermercado tiene muy poco personal.

  - ¿Y cuanto te pagan?

  - Poco para lo que hago.

  - Eso no es muy "sonriente" por parte del señor McFlair.

  - Supongo que no lo es.

Los demás continuaban la fiesta. Vieron aparecer a una chica extraña que atrajo toda la atención por su largo vestido rosa.

  - ¿Quién eres tú?- preguntó Frank.

  - ¿Habéis visto el agujero del suelo de una de las habitaciones?- preguntó Katie.

  - Si, allí murió una chica- dijo Meg- he visto la silueta de tiza.

 - ¿Que? ¿Yo quiero ver eso?- exclamó Britts- ¡En esta casa murió una chica!

  - ¿Hay fantasmas? - preguntó una chica, temerosa.

  - ¡Qué va! Si los fantasmas no existen- se mofó Frank.

  - ¡Una casa encantada!- chilló Andrew dando un susto a Britts por la espalda- ¡AAAAAAH!

 Ella dio un sobresalto y río después apoyando una mano sobre su pecho.
Katie se dio media vuelta y caminó despacio por el pasillo.

  - ¡Eh, espera! ¿Dónde está el cuarto de la muerta?- preguntó Kurt.

  - No habéis aprendido una mierda de la muerte de August ¿verdad?- comentó Meg resoplando.

  - ¡Pero si eres tú la que has contado lo de la muerta!- le recriminó Alexsander.

  - ¡Como un dato! ¡Lo estáis convirtiendo en un espectáculo, sois unos morbosos!

Hicieron oídos sordos y siguieron a Katie por el pasillo hacia la susodicha habitación.

  - ¡Increíble! ¡Me voy a mi casa por mi cuenta! ¡Que lo sepáis!

Todos rodearon el agujero, asomándose para ver la silueta de tiza.

  - ¡Uhh! Eso sí que ha sido una caída ¿Cuántos metros puede haber de un cuarto a otro?- preguntó Frank.

  - Ni idea, con lo altos que son los techos...

De pronto Katie apareció caminando hacia atrás y se aproximó al borde del agujero.

  - ¡NO! ¡NO! ¡NO! - gritaban todos a coro tratando de pararla.

  - Es una broma, ¿Como se va tirar?- se rió Frank y eso resultó tranquilizador para los demás, que también rieron.

  - Buena esa, desconocida- dijo Britts.

Katie se dejó caer hacia atrás en el hoyo cayendo exactamente de la misma manera donde cayó la primera vez, encajando en la silueta.
Todos chillaron y se taparon los ojos. 

  - ¡Sigue siendo una broma!- exclamó Frank antes de ver como un charco de sangre aparecía debajo de su cuerpo
 
 Todos empezaron a gritar y llorar huyendo despavoridos del sitio. Descendieron por las escaleras colapsadas y salieron al jardín.
Megan estaba fumando sentada a los pies de un árbol y se rió al ver correr toda una turba, entre tropiezos.

  - ¿Pero a dónde vais corriendo?- preguntó.

  - ¡Se nos ha aparecido la muerta! - chillaba alguien a lo lejos.

  - ¿Katie?- preguntó Meg con incredulidad- ¿Era yo la única sobria?

Todos habían desaparecido antes de responder a su pregunta. Se encogió de hombros y miró la luna.

  - ¡Que grande!- comentó dando una calada al cigarro- tiene que ser una superluna o algo así.

Jason también la estaba viendo mientras regresaba del trabajo a pie. Estaba agotado y en momentos como ese echaba especialmente de menos su bicicleta. 
Llegó a casa y se quitó los zapatos en la entrada, subió directamente a la planta de arriba y cerró la puerta del baño.
Mientras se desnudaba dejó el grifo abierto llenando poco a poco la bañera hasta la mitad con agua caliente.
Se metió y se quedó ahí dentro, llorando con la barbilla sobre las rodillas.
Puso 7 pastillas sobre su lengua y se las tragó con la ayuda de la alcachofa de la ducha.
Sus padres estaban en el cuarto, pero aunque tenían las luces apagadas aún no estaban durmiendo.
Su madre llevaba un rato escuchando sus sollozos por el conducto de ventilación. Se levantó descalza y en camisón, abrió la puerta del baño y encendió la luz.

  - ¡Jason! ¿Que sucede?- exclamó poniéndose de rodillas para abrazarlo- ¡Estás temblando!

Jason tiritaba y trataba de responder pero no era capaz de articular palabra. 

  - ¡Contéstame! ¡Jason!

Su padre entró también al baño alertado por los gritos de su mujer.

  - ¡Hijo! ¡Que te pasa!- gritó de pie, junto al retrete, observando la escena desde lejos.

  - ¡Sal de la bañera, Jason!- su madre tiraba de él fuera de la bañera tirando de sus brazos, que estaban rígidos cruzados en su pecho.

  - Mamá...

  - ¿Que te han hecho para que estés así? - le acarició la mejilla y le apartó el pelo mojado- dinos quien ha sido 

Jason negaba con la cabeza, seguía sin poder articular palabra..
Su madre consiguió sacarlo al fin de la bañera, haciendo mucha fuerza.
Entre ella y su marido lo consiguieron poner de pie envuelto en una toalla grande y lo ayudaron a caminar hasta su habitación.
Mientras su madre lo sentaba en la cama, su padre sacó un pijama del cajón y se lo entregó.

  - Sal un momento, voy a ayudarle a vestirse.

 Le puso la parte de abajo del pijama y cuando consiguió ponerle la de arriba se sentó junto a él.

  - ¿Me lo vas a contar?- volvió a preguntarle.

  - Creo que no puedes hacer nada mamá.
 
  - Que tal, si te metes en la cama, te doy un vaso de leche y mañana cuando hayas dormido intentamos hablar- me secó las lágrimas y se levantó a traer la leche.
  
  - Si.

Su madre le secó las lágrimas y se levantó a traer la leche. Jason, mientras se tumbaba bajo las sábanas oía susurros frente a la puerta de su padres hablando.
Al cabo de unos minutos ella regresó con el vaso de leche y lo dejó en la mesilla, tomando asiento en la cama.

  - Mamá, ¿Me dejas tener el pelo rubio?- preguntó Jason con una voz reducida, como si tuviese que sacarla de dentro, haciendo un enorme esfuerzo para hablar.

  - ¿A que viene eso ahora?

  - Porque odio ser pelirrojo, no tiene que ser rubio, puede ser cualquier otro color.

  - No voy a dejar que hagas eso Jason, te vas a estropear el pelo.

  - ¡Se ríen de mí todo el rato! ¿Que os cuesta?

  - No insistas.

  - ¡Por favor! ¿Es que no os importa?

  - Si nos importa, por eso mismo te dejaré hacerlo cuando sea porque tú quieres y no porque unos imbéciles deciden por tí.

  - ¡Que más da! ¡Solo quiero que me dejen en paz! ¡Si cambio eso pararán!

  - No eres tú el que tiene que cambiar, la solución es que esa gente aprenda a respetar. Ese es el color de pelo con el que has nacido, no tienes que avergonzarte ni le debes nada a nadie. Tienes que ser fuerte.

  - ¡Pero estoy harto de ser el único que tiene que ser fuerte! ¡Solo quiero que acabe!

  - No pensaba que volveríamos a tener esta conversación. Hace años desde la última vez.

 Se levantó de la cama y rebuscó en el armario. Encontró a Flipper, el delfín de peluche de Jason y lo metió en la cama, arropándolo también.

  - ¿Esto se te hace familiar?

  - Un poco, pero era muy pequeño

  - ¿Sabes qué pasó ese día?

  - Mi hermano me compró ese delfín en el acuario porque estaba triste.

  - No era solo porque estabas triste, era para que te acompañase cuando no querías contar por lo que estabas pasando.

  - Ya soy muy mayor para peluches, mamá.

  - Si no me lo vas a contar a mí, al menos cuéntaselo a él, pero no te lo guardes.

El camión de la basura aparcó frente a la casa. 

  - ¿Quieres ir?- preguntó su madre al oír el ruidoso motor.

 Jason negó con la cabeza, no tenía fuerzas, sus párpados se cerraban y sus ojos se ponían en blanco.

  - El día que te cortaste el pelo, fue exactamente igual que este- comentó ella con un aire melancólico mientras le besaba la frente- y me sentí igual de impotente que me siento ahora, por qué por mucho que haga no puedo hacer nada por proteger a mi hijo.

Jason se quedó en silencio cruzando miradas con ellas.

  - No lo digo por tí, no es tu culpa. Buenas noches Jason, descansa.

  - Adiós mamá, te quiero.

Ella apagó la luz y cerró la puerta. Jason corrió al baño y vomitó todas las pastillas que se había tomado. Se pasó la noche yendo al baño hasta vaciarse.
No podía parar de pensar en lo que había dicho su madre, especialmente lo último. Pensó en Patrick y en lo bien que estarían las cosas si él aún estuviera allí.
Recordó el día que Patrick se fue, como si se hubiese llevado una parte de su alma con él y recapituló su vida.
Empezando por los los años dorados de su vida, desde el día que nació hasta los siete. A los 5 años, en un test de nivel para preescolar descubrieron que era más inteligente que otros niños. 
Saco la máxima puntuación en el test y la respuesta a una de las preguntas sorprendió a la psicóloga. Le mostró varios dibujos y le pidió que dijera que veía en casa imagen, eran pictogramas sencillos: un perro, un gato...
En una de las imágenes él se quedó en silencio, pensativo. 

  - ¿Qué es? Vamos Jason, es muy fácil, fíjate en su ropa.

  - Es un ladrón.

  - ¿Como lo sabes?

  - No es por su ropa, es porque alguien que no ha hecho nada malo, no tiene que taparse la cara con un antifaz.

Esa respuesta fue la que llevó a sus padres a hacerle un examen de coeficiente intelectual, alentados por sus profesores. Sacó 130, superdotación.
Para ese entonces, era un niño genio que prometía un futuro brillante. Se propulsó al estrellato a los 8 años cuando lo mandaron a Oregon a un concurso de jóvenes promesas en representación del instituto. Competía con adolescentes que le doblaban la edad pero aún así respondió 96 preguntas correctas de 100.
Ganó una beca de 2.000 dólares y una conmemoración que descansaba en una vitrina de su antiguo colegio, junto con otros premios.
A los 7 sus padres lo llevaron a un reality de televisión, esta vez competía contra adultos y no consigó ganar, pero si estuvo a punto y consiguió mucho dinero que quedó guardado en una cuenta bancaria, junto con su beca, para financiar sus estudios en el futuro.
Su genialidad lo ponía en el foco de todos los adultos, en todo el pueblo se ganó su cariño, amor y admiración, pero los niños no lo querían igual.
Ser inteligente dejó de hacerlo feliz ese mismo año y decidió simplemente ser un niño más. A los 9 años, ganó las olimpiadas de matemáticas y anunció a sus padres, antes de subir al escenario, que lo que más deseaba era golpearse en la cabeza hasta quedar idiota.
Bajó con una victoria y una despedida, no quería volver a ser premiado por ser inteligente.
A partir de ahí, abandonó una trayectoria que lo lanzaría al estrellato, de la misma manera que dejó el ballet y se centró en no destacar para ser aceptado. Pero eso no ocurrió, siguió siendo un inadaptado y todos sus intentos por encajar fallaban.
Para entonces quería crecer, ser mayor de una vez porque tal vez cuando eso pasase le costaría menos integrarse. Ser pequeño le parecía una completa mierda, se sentía como un adolescente atrapado en el cuerpo de un niño y si sus cuentas no fallaban, de adolescente debía ser un adulto en el cuerpo de un joven, pero ahora que había crecido no tenía ni la menor idea de lo que era.
Hizo amigos de la edad de su hermano y por las noches saltaba la ventana de su cuarto y se iba con ellos a el puerto para charlar sobre la vida.
Pasaba las tardes en la biblioteca leyendo o alquilando libros para adultos que leía en los baños del colegio, cuando no estaba jugando con Saeran y August.
Un día como otro llegó a casa y le dijeron que Patrick se iba a la universidad.
Ahí todo su pequeño mundo se desmoronó, empezó a fumar y se volvió muchísimo más huraño. Se podría decir que los cigarrillos sustituyeron a Patrick, porque se convirtieron en su forma de paliar todos aquellos sentimientos que un niño se su edad no solía tener. Si ir por delante ya era confuso, despedirse de Patrick lo cambió para siempre. Perder el mayor pilar emocional en su vida fue de devastador.
Su vínculo con el era tan fuerte que se podía decir que Jason no era capaz de vivir sin Patrick, porque lo era todo en su pequeño mundo. Su amor por el era casi romántico.
De ahí que buscara a su hermano en otros hombres.
Su adicción al tabaco escalaba cada vez más desde la despedida, a diferencia de él, que pasaría de estar en lo más alto a lo más bajo. Sus padres descubrieron que fumaba porque el colegio les notificó de que en mitad de clase, se le había caído una caja de cigarros.
Cumplió 10 años y las cosas no mejoraron, término asistiendo al psicólogo por su adicción y por comportamientos sexuales inapropiados, a raíz de que había tratado de tener relaciones con uno de sus amigos, 8 años mayor que él. Este evidentemente no solo rechazó la oferta sino que le regañó escandalizado.
El rechazo lo dejó llorando y despierto toda la noche y al levantarse tuvo una controvertida conversación en la mesa durante el desayuno.

  - Mamá- preguntó Jason decidido- ¿Cómo consigo que alguien que me gusta tenga sexo conmigo?

  - Jason, ¿Pero que estás diciendo? ¿Dónde has escuchado eso?

  - En los libros, las pelis...Mis amigos también hablan de sexo, y los adultos, a veces. Vosotros hacéis bromas sobre sexo.

  - Pues esas cosas no las tienes que decir en voz alta.

  - ¿Por qué? Todos los animales tienes sexo, vosotros lo tuvisteis que hacer para tenernos a Patrick y a mi.

  - Es un tema para mayores, Jason- dijo su padre.

  - Pero si puedo competir con adultos y comportarme como un adulto ¿Por qué no puedo hablar de sexo? Por esa regla de tres puedo incluso tenerlo.

Su padre le dio un tirón de oreja, Jason chilló y cerró los ojos.

  - ¡Los niños no tienen sexo!

  - ¡No soy un crío! 

  - ¡Estás castigado sin ver la televisión y vamos a controlar lo que lees! ¡Se acabó juntarte con los chicos del instituto! ¡Son muy mayores para tí y estás viendo y aprendiendo cosas que no te convienen todavía!

  - ¡Pero son mis amigos! ¡Los niños no me caen bien!

  - ¡Tienes que hacer cosas de tu edad, Jason! - exclamó su madre metiendo una mano en el bolsillo de su cárdigan.
  
Sacó un mechero y lo confiscó agarrándolo con fuerza mientas Jason trataba de quitárselo.

  - ¿Esto para que lo quieres si no es para fumar? ¿Que te hemos dicho de fumar?

  - ¡Devuélvemelo!

El psicólogo le sirvió de poco o nada. No dejó los cigarrillos y siguió siendo un niño hipersexual y precoz. Su primer beso fue con Juliet a los 11, estuvieron saliendo juntos y metiéndose mano desde los 12 a los 15, cuando Jason rompió con ella.
Ahora que estaba dando un repaso a su vida se daba cuenta de que nunca había sido un niño feliz, por mucho que su madre había hecho por cuidarlo, no podía protegerlo de sí mismo.
Bostezó y miró el vaso de leche que aún no se había bebido junto al reloj, que marcaba una hora más desde la última vez que lo había mirado, la que había transcurrido mientras observaba la pintada del muro a través de la ventana.
Se bebió el vaso de leche y se echó a dormir.
Se levantó a la mañana siguiente con los rayos de sol dándole de lleno en la cara. Una vez vestido salió por la puerta con la capucha puesta y jugando con una manzana.
Comenzó a chispear, pero el suelo estaba mojado y resbalaba, tenía que andar con cuidado. Volvió a echar de menos su bicicleta.
El autobús escolar pasó frente a su puerta y paró al verlo, abriendo la puerta.

  - ¿Subes?- preguntó el conductor.

No hubiese aceptado de no ser por la lluvia. Se sentó en los asientos del fondo, al lado de Megan.

  - Jason, siento lo que pasó ayer- le dijo.

  - Está bien, a ti te perdono, yo también fui un poco gilipollas contigo.

  - ¿Jack está bien?

  - Si, tranquila.

  - ¿Y tu? Estas raro.

  - Es que no he dormido bien.

Megan le dio un abrazo y un beso en la mejilla. Continuaron el trayecto hablando sobre temas triviales y Jason pareció animarse más.
Caminaron por los pasillos del instituto, Jack estaba hablando con Montgomery, sujetando su skateboard.
Jason miraba discretamente, haciendo un análisis del comportamiento de aquel sujeto, cogiendo a Jack en brazos para chincharle.

  - Están todos los tíos obsesionados con Jack...- dijo Meg resoplando.

Montgomery saludó a Meg mientras hacía cosquillas a Jack.

  - ¡Déjame! ¡Déjame!- exclamaba entre risas tratando de salir del hueco donde le había acorralado.

Jason levantó una ceja. Le parecía verdaderamente ridículo algunos chicos tratasen de ligar de esa forma.
Una multitud se apartó dejando ver una melena rojo sangre que resaltaba en todo el pasillo.
La persona se giró, ante la expectación de Jason que se preguntaba quién era aquella otra pelirroja. Al ver que era Britts el cuerpo de le daba las fuerzas suficientes para correr rápidamente hasta donde estaba en menos de dos segundos.

  - ¿Britts?- se preguntó Meg- ¿Pelirroja?

Toda la multitud que se había apartado estaba alrededor de ella, que entre elogios avanzaba hacia Jason.

  - ¡Hey!- exclamó ella saludándole.

Aquella energuia que le quemaba el pecho y la garganta ardía con más viveza. Tenía la cara roja y temblaba un poco el cuerpo.
Britts se le puso enfrente, confusa y en silencio.

  - ¡Como está mi pelirroja!- exclamó Frank.

En ese mismo instante Jason la estampó con una taquilla y la tiró al suelo, acorralandola.
Jack pasó por detrás, huyendo de Montgomery en skateboard.
Britts reía creyendo que se trataba de una especie de broma hasta que Jason la agarró del pelo con violencia.

  - ¡Para, me haces daño!

  - ¡Me han humillado toda mi vida por esto...! ¡Y llegas tú y...!

  - Jason Steele- exclamó el director, suelta a tu compañera ahora mismo y acompañame a mediación- tu también Britts.

Jason soltó a Britts observando a su alrededor, ella se levantó mirando a sus pies.

  - ¡Jacqueline, baja del skate, no se puede patinar por los pasillos! 

Jack intento frenar pero se estampó contra el hombre al perder el equilibrio, tirándolo al suelo.
Antes de caer se agarró al brazo de un chico que iba a clase, los apuntes se le cayeron y Montgomery se resbaló y terminó encima del director.

  - ¡En todos mis años como director no he tenido que castigar a tantas personas 
a la vez! ¡Jacqueline y Montgomery al aula de castigo! 

Jason y Britts se fueron a mediación y se sentaron en un par de sillas de la solitaria sala.
Shanon apareció y se sentó frente a ellos.

  - ¿Que haces aquí?- preguntó Jason.

  - Soy la medidora del instituto- contestó Shanon cogiendo un bolígrafo y un papel.

  - Ya se de que lado te vas a poner, no hace falta que hablemos.

  - Como me lleve contigo no tiene que ver con mediación.

  - ¡Me ha agarrado del pelo!- exclamó Britts- ¡Y me ha estampado con una taquilla!

  - ¿Por qué le has agarrado del pelo?- preguntó Shanon

  - Ella sabe lo que pasó ayer por la tarde.

  - ¡Si ven que te molesta, no pararán! ¡Solo deja de preocuparte porque te digan cosas sobre tu color de pelo! ¡Me pongo pelirroja si me da la gana, no todo gira en torno a ti!

  - Es mucho más fácil que paren ellos si saben que le molestan, Britts. 

  - ¡A tí te elogian, a mí me siguen humillando! ¡Solo porque eres tú!- atacó Jason- ¿Por qué pelirroja? Hay miles de colores.

  - Ser pelirrojo no es motivo para empujarla, Jason- interrumpió Shanon.

  - ¡Quería verme diferente! ¡Ya está, hay miles de rubias! ¡Me parecía guay! ¿Contento?- chillaba Britts ofendida.

  - ¡Qué divertido y genial es todo cuando puedes dejar de hacerlo cuando te da la gana!

  - ¡Basta, no os griteis! ¡Las cosas se pueden hablar!

  - ¡Me tiraste por las escaleras! ¿Tu vienes a dar lecciones? ¿Me escuchaste cuando traté de hablar contigo? Lo que dijo Jeffrey sobre mi es mentira pero te gustaba más creer que yo era el malo porque es más cómodo que hacer frente a la realidad ¡Me has jodido la puta vida y eso qué creía que era imposible!

  - Se que es mentira, Jason. Basta, intenté arreglarlo pero no me dejaron.

 - ¿Quién?

  - Meg, me dijo que no querías saber nada de mí. Yo no te he odiado nunca pero si tú lo haces yo no puedo hacer nada más que pedirte perdón. Intenté arreglar lo que os hice.

  - Yo no te odio, Shanon. Tampoco lo he hecho nunca, es a Jeffrey al que no puedo ni ver.

  - ¡Lo siento, lo siento por lo que te he hecho!

  - ¡No llores! - exclamó Jason agarrándose a ella- no quería decir eso.

  - No te disculpes, has dicho la verdad. Era mucho más cómodo pensar que Jeffrey no me mentía, pero aún no sé qué pasó.

  - ¿Me puedo ir?- preguntó Britts levantándose- esto no es lo que veníamos a hablar.

  - Ahora vamos con eso- dijo Shanon secando sus lágrimas.

Britts esperó un momento.

  - Creo que los dos tenéis que disculparnos uno con el otro.

  - ¿Yo?- preguntó Britts-¿Por qué? ¿Por hacer lo que me da la gana con mi cuerpo? ¿Por que mi novio le hizo una estúpida broma de mal gusto ayer por la tarde en una fiesta? ¿Que culpa tengo yo de que te humillen todo el tiempo? 

  - Le deberías de pedir perdón por ser una amiga que ignora como se siente y prefiere alimentar su vanidad. Cuando le haces daño a alguien le pides perdón, no se trata de que estés de acuerdo con lo que se te acusa, se trata de que nadie se sienta dolido por algo que hayas hecho.

  - Lo siento Jason- dijo Britts, aunque esa disculpa no sonaba en absoluto auténtica.

  - Yo también lo siento.

Britts salió de la sala y se fue a clase, dejando a Jason con Shanon.

  - Que fue lo que pasó.

  - No puedo contártelo, Shanon, ojalá pudiera.

  - Por favor, necesito saberlo me está carcomiendo.

  - No puedo Shanon, de verdad que no puedo contarlo.

  - ¿Por qué? ¿Tan grave es para que no quieras ni pensarlo?

  - No me creerías, hay cosas que es mejor no saber.

  - Por favor, necesito saberlo me está carcomiendo.

  - No puedo Shanon, de verdad que no puedo contarlo.

  - ¿Por qué? ¿Tan grave es para que no quieras ni pensarlo?

  - No me creerías, hay cosas que es mejor no saber.

 - Quiero ayudarte, pero no sé cómo.

  - Gracias de todas maneras.

  - Venga, vamos a clase- le animó ella dándole una palmada.

En clase Jason estaba pensando en lo que Shanon había dicho de Meg. Estaba muy distraído y le costaba concentrarse.
Las horas pasaban lentamente y no paraba de repetir en su cabeza lo aburrido que le resultaba, mirando su reloj.
Montgomery y Jack estaban en el aula de castigo rellenando una hoja de reflexión.
Ellos se lo estaban pasando mucho mejor porque allí, rallando las mesas y viendo las horas pasar.
Mientras Jack jugaba con el skate vago sus pies.

  - ¿Que has puesto en la reflexión?- preguntó Jack.

  - No he escrito nada ¿Y tu?

  - Que debería cumplir las normas del instituto la próxima vez y no patinar por los pasillos.

  - ¡Dejad la charla por ahí!- exclamó el profesor- ¡Cada uno a lo suyo!

Jack suspiró y se echó sobre la mesa mirando de reojo a Kurt, que estaba detrás de él tratando de entregarle una nota.

"¿Nos vamos de aquí?"- leyó.

La arrugó y la dejó en una esquina.

  - ¿Que tengo que hacer para tenerte?

  - No lo vas a hacer, así que no te molestes ¿Por qué estás tan empeñado conmigo? 

  - Eres lo único que no puedo tener, eso me invita a seguir intentándolo.

Montgomery estaba estirando el brazo tratando de llamar a Jack, que enseguida se giró mirándole.

  - ¿Vas a venir esta tarde con nosotros?

  - No creo que pueda, tengo que hacer unas cosas...

  - Será tarde, cuando ya haya caído la noche.

  - Lo pensaré...

  - Irán América y Atlanta, las chicas de la carrera ¿Las recuerdas?

  - Si, me acuerdo de ellas.

  - Venga...¡Por favor!

  - Está bien, lo intentaré.

Realmente no tenía nada que hacer ese día, por sorprendente que resultara. La razón detrás era que no le gustaba llevar tan poca ropa ni ponerse un bañador de mujer. 
Estaba seguro de que prefería quedarse en casa a pasar por esa situación tan incómoda.
El timbre de salida sonó y Montgomery se sentó con Jack en el bus.
Jason caminó hasta los asientos del final y se sentó solo pegado a la ventana.

  - ¿Hey, qué tal?- preguntó Meg soltando la mochila en el suelo para tomar asiento.

  - Le dijiste a Shanon que la odiaba.

  - Si ¿Que?

  - ¡Sabías que eso no era verdad! ¡Todo lo que ha estado pasando podría haberse solucionado antes de no ser porque estás resentida con ella!

  - Es normal que esté resentida, igual que es lógico que lo estés tú.

  - Me da igual ¿Por qué no lo consultaste conmigo? ¿No podías contarme que ella quería arreglar las cosas y decidir yo si quería hacerlo? 

  - Perdón, pensaba que tú tampoco la aguantabas.

  - Olvidalo, Meg.

  - ¿Me vas a dejar sentarme?

  - No- arrojó su mochila sobre el asiento de al lado.

Megan se quedó un rato mirándole y se sentó también sola junto a una ventana, mirando a Jason de vez en cuando con una expresión triste.
Él trataba de ignorarla, miraba por la ventanilla esperando a que arrancase el autobús escuchando las risas y las conversaciones de otros compañeros.
Llegó a casa y subió la mochila a la habitación, quitó los zapatos y fue a la cocina.

  - ¿Que es eso mamá?- preguntó Jason.

  - Es el pastel de carne para la comida de mañana.

  - ¿Va a venir el abuelo?

  - Seguramente si.

  - ¿Quieres que te ayude?

  - Mejor ahorra energías para ayudar a tu padre después con la tienda, no quiero que te canses mucho ¿Que tal el instituto?

  - Bien...

  - Ese bien no suena muy bien.

  - Aburrido, como siempre.

  - ¿Te han dado las notas de algo?

Jason negó con la cabeza y su madre le echó el brazo sobre la espalda tocando algo extraño.

  - ¿Esto qué es?- preguntó palpando su espalda, aquello producía un pequeño crujido dió un tirón y resultó ser un papel arrugado.

  - No lo sé- se encogió de hombros- hasta ahora no me he fijado ¿Que pone?

  - Mátate -leyó horrorizada- ¿Quién te escribe que te mates?

  - No lo sé mamá, no conozco la letra.

  - Iremos a hablar al instituto, esto se va a acabar.

  - ¡No, por favor!

  - Vamos a ver qué piensa tu padre.

Ella lo busco en el salón y le mostró la nota.

  - ¿Quién ha sido? - preguntó su padre.

Jason no contestó, se hacía una idea pero realmente podía ser cualquiera.

  - Bueno, a ver si en directoria dan con el gracioso que lo ha hecho y nos da una explicación.

  - No tenéis que hablar con el director no tiene importancia.

  - El episodio de anoche no se va a volver a repetir, Jason. Esto lo teníamos que haber hecho hace mucho tiempo.

  - ¡Pero yo no quiero que lo hagáis!

  - ¡Es por tu bien!- exclamó su madre- ¡Esto se tiene que acabar! ¡Mañana mismo vamos a hablar con el director!

 - ¡NO!- gritó Jason.

  - Soy tu padre y si a mí no me parece aceptable voy a intentar solucionarlo. Te guste o no, estamos preocupados porque queremos que estés bien ¿Lo entiendes?

 Jason subió a su cuarto y se echó en la cama, metiéndose bajo las sábanas. 
Su teléfono de Garfield comenzó a sonar, lo levantó alargando su brazo y asomó la cabeza fuera de las sábanas.

  - ¿Diga?- preguntó.

  - Soy Jack ¿Quieres venir a la piscina?

  - ¿La piscina? Está cerrada, es invierno.

  - Nos vamos a colar.

  - No quiero, gracias. No voy a quedar más con esa gente despues de lo que hicieron en la casa abandonada, tu tampoco tendrías que perdonarles por lo que te hicieron.

  - No lo sé, ya estoy bien, no era su intención, no me han hecho nada malo.

  - Como veas Jack, pero yo no voy, quiero echarme una siesta antes del trabajo.

  - ¿Y si viene Meg?

  - No creo que venga, tampoco está de acuerdo con lo que pasó ¡Pero estoy enfadado con ella por otra cosa!

  - Me han dicho que te invite.

  - Lo que han hecho no se puede arreglar, Jack.

  - Vale, llámame antes de las ocho si cambias de idea.

  - Adiós, Jack.

Colgó el teléfono y se volvió a envolver en el edredón, cerrando los ojos.
Se echó una siesta de 30 minutos y se vistió para ir al trabajo donde las bolas McFlair le acosarían con su incesante sonrisa una buena parte de la tarde.
Alguien llamó, al cabo de dos horas al teléfono. Volvía a ser Jack, insistiendo.

  - ¿Quién es?

  - Soy yo, Jack.

  - ¡Jack, esto es el teléfono del supermercado! ¡No es para atender llamadas personales!

  - Quería decirte que Clark va a ir.

  - ¿Enserio? ¿Seguro que va?

  - Si, lo hemos invitado.

  - Vale, a lo mejor me paso después del trabajo, pero primero tengo que ayudar a mi padre.

  - Es a las 8, tienes tiempo aún.

 Jason se dio cuenta de que el señor McFlair le estaba mirando y colgó el teléfono.

  - ¿Quién era?- preguntó.

  - Se ha equivocado de número.

  - ¿Estás repartiendo los puntos para la promoción de las bolas amarillas?

  - Si, se han acabado las papeletas para pegarlos, hay que pedir mas.

  - La idea de la mascota está saliendo genial. ¿Puedes reponer el estante de los peluches?

  - Si, ahora lo hago 

El señor McFlair se retiró y Jason fue al almacén para traer más mercancía.
Mientras estaba colocando las bolas les iba dando un puñetazo en la cara una por una.

  - Jason- dijo el señor McFlair tras el.

  - Solo las estoy poniendo bien, es que no están redondas.

  - No te estaba preguntando por eso, es que se ha acabado tu turno, puedes irte a casa.

  - ¡Gracias! ¡Ya recojo mis cosas y me, voy!

Fue al cuarto de limpieza a cambiarse y se dirigió a la tienda. La cuidó durante un rato cobrando a los clientes hasta que su padre le dejó irse.
Ya había anochecido y eran casi las ocho, tuvo que darse mucha prisa para estar a tiempo.
Cuando consiguió llegar todos ya habían trepado la valla y se estaban bañando en la piscina.

  - ¡Jason!- exclamó Jack sentado en el borde de la piscina con una camiseta muy ancha y los pies en el agua.

 Clark estaba buceando, sacó la cabeza y le saludó con el brazo.
En ese instante se percató, al ver a Jack con camiseta de que no estaba dispuesto a quitarse la ropa, es más, ni siquiera traía un bañador para hacerlo.
Trepó la vaya, se quitó solo los zapatos y puso los pies en remojo.
Montgomery agarró a Jack de las piernas y le tiró al agua.

  - ¡Capullo!- le gritó- ¡No me quería bañar!

Montgomery le tenía agarrado y no le dejaba moverse.

  - ¿Habéis bebido ya?- preguntó Jason al ver comportamientos extraños.

  - Un poco- contestó Frank.

  - ¿Queda algo?- preguntó.

  - Ni una gota, nos lo hemos bebido todo.

 Suspiró, ser el único sobrio era una mierda. Jack parecía estar bastante borracho porque no se soltaba tampoco de Montgomery.
Distinguió a Megan entre los demás.
  - ¿Meg?- preguntó Jason.

  - Jack me dijo que ibas a venir- dijo nadando hacia el- quiero hablar contigo.

  - ¡Estás borracha! 

  - Pero no estoy gilipollas, me entero de lo que está pasando.

  - Ya te has disculpado y ahora no me apetece perdonarte.

  - ¿Quieres jugar a la botella?

  - ¿Como la vais a girar en el agua?

  - No la giramos, hacemos una patata caliente con los ojos cerrados.

  - No quiero, no beso a gente que no me gusta de esa forma, ya lo sabes.

  - Clark va a jugar, te lo digo por eso.

Jason se sonrojó avergonzado

  - Bañate vestido no pasa nada- le dijo- Jack va con camiseta.

 Se quitó la chaqueta y se bañó con la sudadera y los pantalones.
Nadó hasta Clark y se abrazó a él.

  - No bajaste el otro día a tirar la basura- le dijo.

  - Es que no me encontraba bien.

  - Tengo que contarte una cosa increíble.

  - ¿Enserio? ¿Que es?

  - ¡Eh, poneros todos en circulo! ¡Vamos a empezar!- gritó Frank levantando la botella.

  - Yo no quiero jugar- dijo Jack- pero me quedo en el círculo.

  - ¿Como que no?- preguntó Jay- ¡Un pico solamente no hace falta que te líes con nadie!

  - Está bien...

  - ¡Venga, cerrad todos los ojos!- insistió Frank.

 Comenzaron a pasarse la botella, Jason estaba repitiendo el nombre de Clark como un mantra, con la esperanza de que le tocase con él.
El fue el primero en que le tocase la patata caliente, el siguiente fue Frank.

  «me cago en la puta»- exclamó en su mente, poniendo los ojos en blanco.

  - Lo estás disfrutando, eh ¿Es tu día de suerte?- le dijo.

  - Que sea maricón no significa que me gusten todos los tíos, tu por ejemplo me das asco.

 Frank le dio un pico en los labios, apenas los rozó, tenía la cara como su hubiese chupado ocho limones, aunque Jason no tenía mucha mejor cara.
Sacó la lengua como dando una arcada y pasó la botella. 
Frank incluso hizo el amago de escupir un poco.
Los siguientes en besarse fueron Frank y su propia novia. 
Después les tocó a Jay y Conrad.

  - ¡Ay, que guapo eres Jay!- exclamó Conrad.

  - Ay marica ven aquí- dijo Jay haciendo un gesto con el dedo mientras se acercaba a darle un pico.

Todos se reían como si fuese gracioso pero a Jason la broma le estaba cayendo bastante gorda.

  - Ja ja ja- río con sarcasmo- miren, son maricas, es gracioso.

 También se rieron de su comentario como si fuese un chiste.

  - Buena esa- dijo Montgomery.

  - ¡Que gracioso es este tipo!- exclamó Cincinnati.

A los siguientes que les tocó besarse fueron Montgomery y Jack.

  - ¿Pico o lío?- preguntó Montgomery.

  - Pico- contestó Jack tímidamente, su intención era darle uno pequeño, casi sin tocarse pero Montgomery le apretó los labios contra los suyos.

Megan estaba mirando con desdén la escena, tal vez pensando en lo increíblemente macacos que eran todos los chicos de su instituto. La forma en la que Montgomery ligaba con Jack se le hacía cada vez más repulsiva. 

  - ¡Suertudo!- gritó Maurice.

Jack tenía la cara roja y estaba muy callado. Cerraron todos los ojos y le volvió a tocar otra vez, esta vez con Meg.

  - ¿Pico o lío?- preguntó Meg.

  - Pico.

  - ¿No te atreves conmigo?

Meg se acercó a Jack nadando y le arrancó de los brazos de Montgomery arrastrándole al fondo del agua.
Le saco a la superficie entre risas y le agarró de la cintura.

  ¡Uy! ¡Uy! ¡Uy! ¡Uy! - empezaron.

  - ¿No era que tú no tenías miedo a nada?- preguntó Meg.

Jack no le respondió directamente le agarró la cara y empezaron a liarse.

  - ¡Esa sí que no me la esperaba!- gritó Frank riendo a carcajadas.
  
  - ¡Métele la lengua hasta la garganta, Jackie!- chilló Britts.

 Jason miró a todos con rabia, no entendía porque los chicos gays eran asquerosos y aquello le parecía increíblemente guay a todos.

  - ¡Sigan así! - dijo Maurice cuchicheando algo con Cincinnati.

Megan le sacó la camiseta a Jack dejando ver el escote de su traje de baño y se agarraron los pechos mutuamente.
 - ¡Vaya par de bolleras! ¡Quién lo diría!- exclamaba Conrad.

Britts se acercó a Frankie y comenzó a liarse con ella.

  - ¿Que está pasando aquí?- preguntó Clark confundido.

  - Yo que se- dijo Jason frunciendo el ceño cruzado de brazos.

Meg paró de liarse con Jack y miró a Britts y Frankie que estaban atrayendo ahora todas las miradas hacia ellas.
Jack estaba tratando de cubrirse el pecho aprovechando que no le miraban

  - ¿Que ocurre?- preguntó Meg.

  - Dame mi camiseta, por favor.

  - ¿Estás bien?

Las miradas volvieron a Jack, a pesar de que ya no había nada que ver. Megan le ayudo a ponerse la camiseta.
Montgomery le cogió en brazos de nuevo.

  - ¿Que te pasa? Te veo rara.

  - Es que me he acordado de una cosa.

  - Cuéntalo

  - Es una cosa que pasó hace mucho tiempo.

Meg se acercó a Jack.

  - ¿Quieres hablarlo en privado conmigo?- preguntó ella.

  - No hace falta.

El resto estaban atentos a como se encontraba Jack y no a la escena de Frankie y Britts besándose.
De pronto se vieron varias luces en la oscuridad apuntandolos.

  - ¡La pasma! ¡La pasma!- gritaba Liam que había ido a orinar, desde el otro lado de la valla.

Todos salieron rápido de la piscina, cogieron sus cosas y las arrojaron por encima de la vaya para poder trepar.
Huían empapados y descalzos por la carretera, perseguidos por un coche de policía al que trataban de despistar dividiéndose y tomando callejones.
Montgomery se quedó a solas en un callejón con Jack, ambos escondidos tras unos contenedores.
El coche pasó y ambos suspiraron aliviados.

  - ¿Nos secamos y nos vestimos y te acompaño a casa?- preguntó Montgomery.

  - Está bien.

Jason había terminado con Clark escondido entre unos arbustos junto a la carretera.

  - ¿Que era lo que me querías contar?

  - Mi padre ha vuelto y quiere llevarnos a mi y a mis hermanos a Virginia.

  - ¿Y tu quieres irte?- preguntó Jason inundado de repente por una enorme tristeza.

  - No, no quiero.

Aquello lo alivió, no quería que se fuera.

  - Pero si cambias de idea, no se te ha perdido nada en Culvert...

  - No lo sé, es que no me quiero ir.

  - Yo si pudiese irme, me iría muy lejos de aquí. 

  - Se ve que tienes ganas.

  - Es que no me gusta estar aquí.

  - A mí tampoco me gusta este sitio, pero no pienso tanto en irme.

 - Bueno, ¿Te vas a ir ya a casa?

  - Supongo.

  - Si quieres puedes subirte conmigo en el camión de basura y ver si encontramos algo.

  - ¿Eso se puede hacer?

  - Bueno, nadie lo tiene por qué saber.

  - Cuando pase por tu casa súbete conmigo.

  - De acuerdo.

Después de unas horas Jason, cuando el camión pasó frente a su casa bajó y se sentó con él en el asiento de copiloto. Viajaron juntos por todo el pueblo, recogiendo la basura.
En una de las casas, apoyado junto a un bidón había un longboard con un dibujo de unos delfines nadando.
Clark se lo trajo y lo colocó sobre sus piernas.

  - ¿Cuanto nos queda?

  - Todo Hubert.

No hay comentarios:

Publicar un comentario