miércoles, 4 de noviembre de 2020

Capitulo 11 - Fish out of the water

 Jason llegó al instituto, la llaga de la boca le ardía, por suerte no tenía que hablar con nadie.

A la salida del instituto usó el teléfono en una cabina trató de pedir una cita en el hospital para hacerse las pruebas del sida. Como era un pueblos pequeño era cosa fácil. Se acercó al hospital del pueblo, siempre tenían folletos de información en la recepción, en un stand.

Extendió su mano para coger un folleto del sida y su mano se cruzó con la de Clark.


  - ¿También vienes a hacerte las pruebas?- preguntó Clark mientras escondía su folleto rápidamente.


  - ¡No le digas a nadie que he estado aquí!- suplicó Jason aterrado de que se corriera por el instituto el rumor de había contraído el sida, incluso antes de saber con quién estás hablando.


  - No, no lo haré, espero que tu tampoco-contestó Clark, con el mismo miedo en sus adentros. 


Ambos se miraron por un momento.


- ¿Quién eres tú?- preguntó Jason extrañado.


- El basurero, si me ves todos los días. Yo al menos a tí si, paso por delante de tu casa a recoger la basura.


- ¿Ah si?


- Si, y estudie en tu mismo instituto, me acuerdo de tí porque eras el único pelirrojo. Me gradué cuando entraste.


- Lo siento nunca había reparado en tí.


- No pasa nada.


 Jason se llevó el folleto y se acercó  a la sala de espera, estaba casi solo, las manos y las piernas le temblaban y no paraba de mirar el reloj, si esperaba un minuto más sentía que perdería los nervios.

Clark estaba también allí, apoyado en el mostrador preguntando algo.

Se alejó del mostrador y se sentó junto a Jason saludandole. Su corazón estaba latiendo a mil y tenía los ojos rojos como si fuese a estallar en llanto de imaginar que moriría.


  - ¿Éstas bien...?


  - No...- dijo tratando de sacar fuerzas de sus adentros para hablar.


  - Tranquilo, todo va a ir bien. Yo también estoy nervioso.


Le sujetó con fuerza una mano hasta que una enfermera llamó a Jason. Tras despedirse y que Clark le desease suerte se sentó en una camilla a esperar que le hiciesen el test.


  - ¿Cuantas veces has tenido relaciones?- preguntó la enfermera.


Jason no quería contestar, estaba muy avergonzado, desearía poder decir "nunca" pero no podía.


  - No lo se- contestó Jason mordiéndose las uñas- no las he contado, pero se que he tenido más de 10.


  - ¿Siempre con personas diferentes?


  - Sí.


  - ¿Cuántas?


  - Solamente dos, una vez lo hice con una de ellas. El resto fueron con la otra.

 

  - ¿De todas esas veces, cuántas usaste protección?


  - Ninguna


  - ¿Por qué crees que puedes haberte infectado?


  - Tengo dolor de cabeza, síntomas de fiebre y una llaga sobre el labio.


  - Puede ser fiebre común y una simple llaga, no tiene por que ser el sida. Voy a tomarte unas muestras de sangre y podrás recogerlas la semana que viene.


  - De acuerdo- dijo Jason cerrando los ojos mientras le ataba una banda elástica al brazo izquierdo.


  - Tranquilo, no te va a doler.


Miró hacia un poster "¡Usa protección!", después a su vena atravesada por la aguja, tenía pánico a las agujas. Volvió a cerrar los ojos hasta que notó un algodón con alcohol limpiando su herida.

Se fue a casa a estudiar, no podía recoger los resultados hasta la semana que viene y estaba inquieto porque tenía que hacer todo eso a escondidas de sus padres.

Además, no había podido dar a Clark las gracias porque cuando salió de la sala ya se había marchado. Tendría que hablar con él cuando fuera a recoger la basura pero siempre se le olvidaba y la acaba sacando su madre.

A la semana siguiente fue a recoger los resultados , por suerte solo tenía fiebre común porque al estar con Kurt en el sofá había cogido frío, aquello le alivió profundamente. 

El miercoles, temprano en la mañana le despertó el estruendoso ruido del camión de basura, como de costumbre.

Se asomó a la ventana, bajó las escaleras en pijama y cogió la bolsa de basura que había en la cocina para llevarla afuera.

Clark estaba subido en la parte trasera del camión, saltó al vacío desde la plataforma y levantó en peso uno de los cubos para arrojar las bolsas al camión.


  - ¡Clark! - exclamó Jason al reconocerlo mientras tiraba la bolsa al camión.


  - Hola, Jason- contestó ajetreado volviendo a colocar el cubo vacío y tomando el otro para repetir la misma operación.


  - Mira mi camión, es inconfundible, tiene un oso de peluche en la parrilla delantera ¡Ahora ya no puedo pasarte desapercibido!


  - Es asqueroso- dijo arrugando la nariz- ¿Por qué alguien pondría eso ahí?


  - No lo sé, creo que es como las sirenas en los buques. He oido decir que a las chicas les gusta.


  Jason rió alzando una ceja.


  - ¡Brian!- gritó Clark- ¡Palanca!


El mecanismo del camión chirrió al accionarse y arrastró la basura al interior del camión, una de las bolsas explotó y el líquido marronaceo bañó a Clark de pies a cabeza.

Estaba cálido y le empapó el mono de trabajo.

Jason se tapó la nariz, apestaba a pescado podrido, tanto que casi se le saltaban las lágrimas.


  - ¿Quieres que te de algo para limpiarte?- preguntó.


  - No, no es necesario, tengo en el camión.


  - ¡Basta de cháchara!- gritó Brian- ¡Aún nos queda todo el vecindario!


  - Bueno, tengo que irme, que tengas una buena mañana.


  - ¡Espera! ¿Tienes libre este sábado a medio día? Quiero invitarte a comer para agradecerte lo del otro día en el hospital.


  - Si, creo que sí, mas o menos a las una.


  - ¡Es para hoy Clark! ¡La basura no va a recogerse sola!


  - Bueno, que tengas un buen día- se despidió Clark sujetandose a la baranda de la parte trasera del camión.


Subió impulsándose a la plataforma y se despidió como lo hacen los soldados.

Jason agitó su mano acercándose a la puerta donde recogió el periódico.

El mono de trabajo de Clark se inflaba al viento y su flequillo, levantándose, le golpeaba suavemente el borde de la frente.


  - ¡En el Devenson's Burger, no lo olvides!- gritó Jason mientras se quedaba observando al camión desaparecer.


Acto seguido se agachó a por el periódico, que descansaba sobre los escalones de su puerta, atado con una goma elástica morada y lo dejó sobre la mesa de la cocina.

Hacía un día soleado y espléndido pero tenía un examen el lunes e iba a quedarse estudiando. Le abrumaría pero no tenía nada mejor que hacer y nadie le había invitado al autocine de esa noche. Su deseo era que Kurt le llamará para ir, pero sabía que eso no sucedería.

Cuando recibió una llamada de él se quedó pegado al teléfono con el corazón en un puño, creyendo que sucedería.


- ¿Si?- contestó descolgando el teléfono.


- ¿Tienes algo que hacer?- preguntó.


- No, solo estudiar para el examen.


- ¿Te apetece que nos veamos hoy en el vertedero?


- Si, me voy a dar una ducha y te llamo antes de salir.


- De acuerdo.


Jason fue rápidamente a darse un baño, pesarse en la báscula, lamentar haber perdido solo unos gramos y echar colonia a distancia en su pelo antes de peinarlo.

Trató de ponerse la mejor ropa que pudo. Como hacía mucho frío se puso una chaqueta de pana beige y un jersey verde estampado con líneas.

Para ir al vertedero cogió su mochila y su bicicleta y pedaleó dándose un paseo.

Cuando llegó al lugar dejó la bicicleta tirada antes de subir la pequeña cuesta que llevaba al sofá. Se descolgó la mochila y la dejó caer en el mismo neumático, que aún seguía allí.

Se sentó en el sofá con un cigarrillo a esperarle. El viento apagaba la llama y le despeinaba el pelo

Kurt apareció, otra vez tarde, arrastrando su bicicleta y la dejó caer junto a la de Jason.

Subió la cuesta y saludó con un gesto de mano, regresando esa mano al bolsillo donde se encontraba.


- ¿Que te ha pasado en el labio?- preguntó Kurt.


- Me ha salido una llaga.


- ¿Es contagiosa?


- No lo sé, creo que no.


Kurt se acercó y le olió el pelo. Esperaba que le elogiase por oler bien pero nuevamente no sucedió.

  Comenzó a desabrochar su chaqueta y a bajar la cremallera de sus pantalones. Jason hizo lo mismo y se dejó caer hacia atrás quedando completamente tumbado.

Kurt le puso sus frías manos en la cintura para sujetarle y arrimarlo a él.


- ¿Te gustan los delfines?- preguntó Jason.


- Si, supongo.


- Son mis animales favoritos.


Kurt no le respondió, estaba demasiado concentrado en el acto estrujando sus caderas.


  - ¿Sabías que los delfines se enamoran?


- Tonterías, los animales no razonan.


- Oí que una vez un delfín se enamoró de otra delfín y cuando le separaron de ella se puso tan triste que se suicidó dejando de respirar y se dejó caer al fondo del tanque.



 Kurt nuevamente no contestó, colocó sus manos en el trasero de Jason y lo magreó.


- ¿No te parece hermoso? Prefería estar muerto que lejos de ella ¿Que mayor demostración de amor hay que no poder vivir sin alguien?


- ¿Que?


- Da igual - respondió Jason con la sonrisa desvanecida.


Al acabar, Kurt se levantó y le dió un beso en la mejilla, inclinado sobre él.

Jason se encendió un cigarrillo y le miró con esos ojos que ponen los perros cuando te marchas y les dejas solos en casa, o atados en la puerta de un supermercado.

Tiró de su chaqueta para que no se fuese.


- ¿No puedes quedarte un rato conmigo? Es viernes y nadie nos verá aquí.


- Tengo planes - contestó Kurt y se reajustó el cinturón- he quedado con mis amigos para el autocine.


- Está bien, lo entiendo, me quedaré solo.


- Bien, bueno, ya me voy. Nos veremos en el instituto el lunes.


- Te quiero.


- Yo también.


Jason volvió a sonreír y Kurt se dió la vuelta para marcharse. 


- ¡Adiós!- exclamó levantándose del sofá y sacudiendo la mano mientras Kurt se montaba en su bicicleta y se despedía también de él agitando su mano.


Cuando acabó el cigarrillo bajó la cuesta y se montó en su bicicleta. Estaba debatiendo si debía ir al autocine solo, realmente para ver una película no necesitaba hablar ni que le invitarán.

Finalmente decidió ir porque no se le ocurría algo mejor que hacer 

Clark tenía una cita con Pauline, trabajaba de camarera en el Devenson's Burger.

Estaban sentados en el césped y los faros de los coche los iluminaban desde atrás hasta que se apagaron cuando la película comenzó proyectándose sobre un gran telón.

Se acercó a él y acurruco la cabeza en su hombro agarrando su mano, Jason les estaba mirando.

Ella le sujetó la cara con ambas manos y le besó en los labios.

Se entristeció por los celos, quería  algo así. Buscó a Kurt con la mirada pero no lo encontraba.

Al acabar la película regresó a casa arrojándose sobre la cama y comenzó a dar vueltas a la situación.

Estaba pensando todo el tiempo en Clark, me parecía raro porque era mucho más mayor que él pero los gustos de Jason eran así.  Le recordaba a su hermano, a Patrick y eso le hizo sentirse aún más solo.

Estuvo llorando toda la noche, tanto que decidí irme porque no podía quedarme observándolo llorar por horas sin poder consolarlo.

Fui a casa de Clark, recuerdo que lo saludaba siempre que sábana la basura cuando estaba vivo. Era muy amable, a veces hablamos un poco, hablaba con todos los vecinos.

Nunca hubiera imaginado que fuera tan pobre, sus hermanos estaban durmiendo en colchones en el suelo con una manta.

Encima el techo tenía goteras y la pintura descascarillada estaba sobre sus sábanas en forma de polvo blanco.

Tampoco me sorprendía, su familia tenía muy mala fama en el pueblo.Había oído decir que su madre era prostituta y que ni el y sus hermanos eran hijos de clientes de su madre que además según decían era drogadicta. 

Esperé a que despertarán. Por la mañana Clark despertó a sus hermanos para llevarlos a la escuela.

Junior tenía 12 años así que en un tramo se separó y caminó solo hasta el instituto. Clark tomó otro rumbo y llevó a Sammy hasta la puerta del colegio.

Todavía cursaba preescolar porque tenía  3 años y los pasillos estaban decorados con nubes y flores, tonos y temas infantiles variados aunque en un avanzado estado de deterioro.

Cuando él estudiaba allí los colores de las paredes estaban más vivos, los juguetes nuevos eran esponjosos y suaves y los columpios del patio de barras delgadas tenían un color distinto al rojizo del óxido.

Eso fue allá por 1972 cuando el tenía 5 años. En esos tiempos él tenía un overol azul estampado, un jersey amarillo y un chubasquero rojo, a juego con sus botas de agua, no tenía mucha ropa así que era lo que solía llevar durante el otoño. 

Siempre se fijaba en unas pegatinas de girasoles a la derecha del pasillo de la entrada principal, bajo los tablones, había 14 en total, siempre las contaba colocando la mano.


1 2 3 4 5 6 7....


Ahora ya no estaban o quedaban los restos del pegamento dejando una silueta más clara por la suciedad de la pared. Las habrían arrancado Dios sabe cuando por que se estaban despegando.


...8 9 10 11 12 13 14


Siempre los contaba, hasta varias veces, una y otra vez, una y otra vez. Como un ritual, pero ya no podía poner la mano encima de ellos como cuando era pequeño.

Me sorprendió poder leer así su cabeza, siento que para mí era prácticamente un desconocido. Fue muy extraño.

Se despidió y se dirigió a casa lo más rápido que pudo. Vivía cerca del campamento de trailers y caravanas.

No lo he mencionado antes, pero su casa era tan vieja por fuera como por dentro. Tenía la fachada sucia y con la pintura caída. En el patio había una bañera, debajo de una fogata apagada porque no tenían agua caliente, dos coches oxidados sin ruedas, una barbacoa sucia y coja apoyada en una montaña de ladrillos y un grifo alargado del que colgaba un cubo.

Al entrar caminó hasta a la cocina, limpió los platos del desayuno y el resto de la casa.

Su otro hermano menor regresó del instituto a la hora de comer y pegó a la puerta.

Clark le abrió y miró la hora en el reloj, se le había ido el tiempo y había olvidado recoger a Sammy del colegio.

Salió corriendo en su busca, cuando llegó estaba de pie cogido de la mano por una monitora, fuera del colegio ya cerrado.

Lo cogió en brazos e intentó consolarlo.


  - Creía que no ibas a volver a por él- dijo la monitora.


Clark levantó a Sammy y le miró a los ojos.


  - Sabes que eso no es cierto- le secó las lágrimas- yo nunca te voy a dejar solo.


Se lo llevó a casa y le sonó los mocos en la puerta, le quitó la chaqueta y lo llevó a la cocina.

Junior ya se había hecho su comida con lo poco que había encontrado el la nevera. Removió un cuenco de Kefir con una cuchara doblada, en el líquido flotaba un filete rodeado de M&M's.


  - Tranquilo, ya hice la comida- dijo Junior a punto de beber un sorbo de zumo de naranja sin colar.


- No sorbas por la parte rota del vaso- le advirtió Clark muy ajetreado recogiendo algunas cosas. En cuanto se fijó en la comida de Junior arrugó la nariz- ¿Que es esa asquerosidad, Junior?


- Son mis tres comidas favoritas en una.


Clark suspiró agotado.


- No sorbas de la parte rota del vaso que te vas a cortar.


- Ya lo sé, siempre bebo de este vaso.


- Estás sorbiendo precisamente de donde te estoy diciendo que no lo hagas, te vas a cortar el labio.


 Junior había dejado una papilla para Sammy en la encimera y una lata de judías.

Sammy se sentó y comenzó a comer con una cuchara de plástico descolorida, Clark tomó otra cuchara para comerse las judías. No pudo evitar sentirse mal, tenía la cabeza perdida, no había sido capaz ni siquiera de llegar a casa a tiempo para hacer la comida.

Realmente no debía sentirse así, cuidar de dos niños a tiempo completo no era una responsabilidad que no correspondía a una persona de su edad, él realmente era el primero en necesitar que lo cuidasen.

Removió su lata y arrugó la nariz, las judías no sabían mal pero estaban caducadas y el líquido tenía un aspecto distinto.

Al terminar de comer se levantó y entró en la habitación de su madre con un plato para ella. Vio que la puerta estaba cerrada y se escuchaba a varias personas hablando. Pasé al otro lado de la puerta y la vi fumando sentada en la cama, en ropa interior y cubierta con una bata mientras hablaba con los Fumigadores. Era muy guapa, aunque le faltase una paleta. Tenía el pelo rubio a vetas, como Clark.


- Aquí no hay suficiente dinero- les dijo devolviendo todo a Bradley.


- ¿Cuánto falta?- preguntó Andrew.


- Faltan 7 dólares.


- ¿Y si te los traemos?


- No os molestéis...


- ¿Por qué? Te pagamos un poco más - insistió Alexander sujetando los hombros de Bast- es su regalo de cumpleaños para que se estrene.


- ¿Y cuántos cumple? ¿18? No voy a prestar mis servicios a un niñato.


- No es ilegal- se justificó Bast.


La mujer se echó a reír y sopló humo.


- ¿No tenéis deberes del instituto que hacer? Anda venga, iros de aquí - les echó levantándose para abrir la puerta.


- ¡Oh, venga!- exclamó Andrew quejándose al verse obligado a abandonar la habitación porque estaba sacándolo a rastras.


- ¡Está jóven, que consiga una chica, coño! ¡Hay muchas en el pueblo para tener que pagar una prostituta!


Los Fumigadores se marcharon y ella se quedó fumando junto al recibidor apoyada en la pared.


- No se ni porque he dejado entrar a esos canallas...


En efecto era cierto lo de que su madre era puta, debía ser fuerte ver cómo había hombres extraños en la casa. Volví a entrar en la mente de Clark, estaba recordando cuando era pequeño y venían a su casa, como se escondía bajo la cama y no salía hasta que se hubiesen ido.

Aquello me descolocó. No entendía como una mujer podía hacer eso en la misma casa que sus hijos y peor, con ellos dentro.


- Voy a darle de comer a Sammy- dijo apareciendo en la cocina.


- Ya ha comido- contestó Clark secamente.


- Puedo hacer un zumo de naranja para Junior, es su favorito.


- Ya se lo ha tomado, vete a la habitación, están en el salón y no quiero que te vean así.


- Estoy bien.


- Todavía tienes blanca la nariz- dijo Clark.

 

Había visto a sus hermanos pequeños pasar mucho tiempo fuera de casa jugando en la calle, pero siempre estaban acompañados o vigilados por la gente del pueblo por lo que allí nunca había peligro alguno.

Junior sabía cocinar, así que no sería un problema que no estuviera en casa, pero Clark no quería cargarle esa responsabilidad a un chico de apenas 12 años. Aún así era muy listo y sabía valerse por sí mismo. 

Sammy comía solo, solo necesitaba comida que pudiese ingerir sin tener que masticar demasiado porque no tenía todos los dientes por una condición genética, a Junior también le faltaban unos cuantos pero tenía suficientes para comer. 

Era cierto que no tenían el mismo padre, dos de ellos eran clientes de su madre y el de Clark era el novio de la adolescencia de su madre.

Era camionero, lo único que tenían de él era una foto enmarcada sobre una estación de radio CB con un post it que decía: "Tu nickname es T-D-D"

Desde que Junior descubrió la radio CB hablaba por ella todos los días, decía que iba a encontrar a su padre. 

De eso me había enterado también de oídas porque se lo iba diciendo a todo el mundo.

Desde que había escuchado "Teddy bear" de Red Sovine se había obsesionado con la idea de encontrar a su padre y creía que los camioneros lo ayudarían.

De pronto Clark palideció, había quedado a las una con Jason y se había olvidado completamente, iba con 10 minutos de retraso. La falta de sueño y la carga de responsabilidad le estaban afectando.

Se puso la chaqueta rápidamente y se despidió de sus hermanos. Caminó a toda velocidad, llegando al Devenson Burger's.

Buscó a Jason con la mirada, tenía miedo de que se hubiese cansado de esperarle y se hubiese ido, ya eran las 15:30 y aún le esperaba ojeando la carta.

Para entonces ya la habría ojeado más de 20 veces, parecía molesto con él.


  - Pensé que no vendrías- dijo en un tono neutral al verlo sentarse, efectivamente no se lo había tomado muy bien- Iba a irme.


  - Lo siento mucho, he tenido que resolver una serie de cosas, pero nunca te dejaría tirado. 


  - No pasa nada, no importa...


  - No hacía falta que me invitases a comer, con una disculpa era suficiente.


  - No seas modesto solo quería pagarte lo que hiciste por mí- dijo tendiéndole la carta- puedes pedir lo que quieras ¿Alguna vez has comido aquí?


  - Solo una vez.


  - ¿Enserio? Yo cada vez que puedo, me encanta la comida basura. Lo mejor son las hamburguesas pero los nachos también están buenísimos y los bocadillos, solo valen un dólar por piso puedes ponerle hasta 12 pisos y te regalan un batido de vainilla o de fresa o de chocolate...¡Pero no hablemos de mí...! Es mejor que hablemos de ti.


  - Creo que no hemos hablado nunca.


  - Cierto, creo que no.


Se miraron entre ellos, Jason echó una mirada a la ventana. También estaba tenso, llevaban viviendo en ese pueblo durante años y nunca se habían dirigido una sola palabra.

Es más, habían obviado la existencia uno del otro durante bastante tiempo y de no ser porque se habían encontrado en el hospital tal vez nunca habrían hablado.


  - ¿Has resuelto esas cosas?- preguntó para romper el hielo.

 

  - ¿Qué cosas?


  - Por lo que llegaste tarde.


  - Si está todo bien ¿Te dieron los resultados?


  - Si, no tengo el sida y ya me encuentro mejor.


  - Me alegro de eso. 


Una camarera fue a tomar los pedidos, llevaba un uniforme amarillo con delantal y un gorro.

Apuntó lo que habían pedido en un postit y lo clavó en el mostrador.


  - ¿Cómo es ser basurero?


  - Esta bien, la mayoría de la gente arruga la nariz al oírlo, pero alguien tiene que hacer el trabajo. 


- ¿Es un buen trabajo?


- Depende, es cansado, no pagan mucho y no huele muy bien, pero tiene su encanto algunos días. Supongo que se puede decir que es un trabajo sucio.


- ¿Que es lo mejor de ser basurero?


- Se encuentran cosas increíbles en la basura, la gente tira casi todo lo que ya no quiere y ya sabes lo que dicen...Lo que es basura para unos es un tesoro para otros. 


La camarera apareció dejando ambos pedidos sobre la mesa, para Jason un bocadillo de 8 pisos un batido de chocolate con una pajita curvada.

Clark había pedido una hamburguesa de dos pisos y nachos con queso.


- ¿Y que más?


- A veces sabemos demasiado, te sorprendería lo que tiran a la basura...Se puede saber mucho d alguien solo por su basura.


  - ¿Qué es lo más raro que has encontrado en la basura de alguien?


  - Tal vez por privacidad sea mejor no decirlo, al final es la intimidad de las personas del pueblo y son cosas que no debería saber.


- Entiendo ¿Entonces revisáis las bolsa


  - Solo algunas, sabemos en las que buscar. Normalmente miramos lo que hay fuera de los contenedores.


  - ¿Qué sabes de mí?- preguntó curioso- eso si puedes decírmelo.


  - Bueno, has tirado muchas bolsas manchadas de pintura morada, por lo que estarás pintando tu habitación y estás deshaciéndote de cosas, a veces las bolsas se abren solas y se ve lo que hay. Había muchos cuadernos. ¿Me equivoco?


  - Vaya, es increíble. Has dado en el clavo, estoy sorprendido.


  - Recoger basura te da mucho tiempo para pensar y reflexionar, hay que mantener la cabeza entretenida. Bueno, muchas gracias por todo, tengo que irme a cuidar a mi hermano pequeño.


  - Yo voy a intentar trabajar en la cadena de supermercados de los McFlair, está afectando mucho al negocio de mi padre y mi madre solo es pastelera a media jornada. Estamos pasándolo un poco mal y por eso te preguntaba por el puesto de basurero, he visto que buscan personal.


  - No seas tonto, trabajar allí es mejor que cargar bolsas malolientes. Si tienes oportunidad no te pares a pensar en ser basurero, a no ser que estés en un caso crítico.


  - Bueno, hasta luego, que tengas un buen día. Encantado de conocerte y...


Se cortó ahí, no sabía que más decir.


  - Lo mismo, muchas gracias por la comida y que tu también tengas un buen día.


Jason pidió la cuenta en el mostrador y pagó, después se fue a casa a estudiar. Caída la noche, casi de madrugada una piedra golpeó su ventana. Se asomó a la ventana y vio a Kurt abajo.

Se vistió rápidamente y trató de no hacer ruido al bajar las escaleras y salir.


  - ¿Que haces aquí?- preguntó Jason.


  - No podía dormir y se me ocurrió venir, pero no pensaba que estuvieses despierto.


- No suelo dormir muy bien.


  - ¿Vas a ir a la fiesta de Jay?


  - ¿Va a dar una fiesta?


- Si, irá todo el mundo 


- Ni siquiera lo sabía, no me ha invitado.


  - ¿Y? Puedes colarte, ya lo hicieste una vez.


  - Si quisiera que estuviese allí me lo habría dicho.


  - Bueno, siempre puedes no ir si no quieres.


Kurt le acarició la cara pero Jason se sobresaltó al oír el camión de la basura y le empujó a esconderse tras un árbol.


  - Espera, tengo que tirar la basura- dijo yendo rápidamente a la cocina. Abrió la puerta del patio trasero, tomó dos bolsas y corrió con ellas hasta la acera.


Clark estaba vaciando las dos latas de que tenían en el patio delantero.


  - Buenas noches...O días- dijo Jason dándole las bolsas.


  - Hace un rato he encontrado algo que te puede gustar.


  - ¿Qué es?- preguntó Jason abriendo sus ojos en señal de sorpresa.


  - Es un peluche de Garfield.


Jason arqueó la ceja mientras abría una bolsa que Clark acababa de darle.


  - Vaya...- Jason no supo que decirle.


  - No pasa nada, vi que tenías una chapa de Garfield en la mochila y pensé que te gustaría. Si no lo quieres puedo llevármelo.


Cambió la expresión de su cara drásticamente. No se esperaba que se hubiese acordado de él, de ahí su manera extraña de mirar.


  - No, si me gusta, muchas gracias- dijo avergonzado- solo tendrá que ir directo a la lavadora.


  - ¡Me alegro entonces - exclamó montándose en la plataforma del camión- ¡Buenos días!-


Jason se quedó parado viéndolo ir: su pelo rubio y su mono inflándose al viento. Mientras, Kurt se asomaba tras el árbol al ver que tardaba mucho.


  - ¿Estás bien?- preguntó Kurt al verlo absorto observando al vacío.


Jason se giró hacía él y miró a su alrededor.


  - ¿Que has dicho? No estaba escuchando lo siento.


- ¿Por qué te quedas mirando a la nada?


- Me distraje.


- Si, bueno ¿Quieres venir conmigo al vertedero?


  - Voy a llevar el peluche a casa y ponerlo con la ropa sucia y enseguida regreso.


- ¡A saber dónde ha estado eso!- exclamó con una mueca de asco- espero que el olor a basura de ese tipo no se te haya pegado.


 Jason lo llevó a casa y cogió una sábana que estaba sucia para meterla en su mochila. Cogió su bicicleta y pedalearon hasta el vertedero.

Cuando llegaron, Jason se sentó sobre las piernas de Kurt mientras levantaba su camiseta y desabrochó sus pantalones para bajarlos un poco junto con sus calzoncillos.


  -  Quiero hablar contigo. He pensado que si salimos durante las clases al baño, a la misma vez, nadie puede controlarnos -dijo Miller agarrando las caderas de Jason para hacerlo moverse.


- ¿Vamos a vernos para hablar?


- No tonto, para seguir follando.


- ¿Y los que se saltan las clases? Siempre hay aunque sea una persona en el baño en clases.


- Si bajamos a los baños abandonados no pasará nada, mi clase esta en la primera planta y la tuya en la segunda, pero tardamos lo mismo en llegar.


- Nunca he entrado ahí.


- Es que no entra nadie, por eso mismo te lo digo.


- Nos perderíamos mucha clase.


- ¿Y? No te va a pasar nada por saltarte un poco de clase, vas bien con todo.


- Ya pero se lo dirán a mis padres si falto mucho, además es muy sospechoso.


- No digo todos los días, será en momentos puntuales. Por ejemplo el lunes tenemos educación física a la misma hora, tu te quedas un poco en el vestuario y yo voy "al baño" y hacemos algo rápido. 


- Es que una cosa es en el recreo o aquí y otra durante las clases, Kurt.


- ¡Pero si en educación física no haces absolutamente nada, Jason! Siempre estás en el banquillo, finges que estás malo o te traes pantalones vaqueros para que no te dejen dar la clase. Se que la vas a aprobar con un suficiente y seguro que te dejan hacer un trabajo para subir nota y acabarás aprobando con notable.

Ya no te estoy diciendo que te saltes las clases que vas bien, sino que aproveches un poco.


El comentario le hirió bastante y sus ojos se volvieron tristes y esquivos.


- Lo se.


- Ponte pantalones cortos. Si lo hacemos con ropa será más rápido, será solo un momento para desquitarnos, solo no te pongas calzoncillos. La froto un poco entre tus muslos hasta que me corra y nada más. No tardaremos nada, te lo prometo.


- Odio los pantalones cortos y hace frío...


- Luego te cambias será solo una clase, yo siempre hago la clase con pantalón corto.


- Me veo gordo con ellos.


- Te los pones solo para esa hora ¿Que te cuesta? No te ves gordo, si no te ves bien con los rojos puedes ponerte otros.


-  No quiero, enserio, no seas así. Además los rojos son los únicos que tengo, no tengo mucha ropa.


- Será solo una hora.


- No puedo, Kurt.


- ¡Vale, tu ganas! ¡Es una chorrada, Jason!


- ¡Tu no lo entiendes! - le gritó lleno de rabia.


 Jason bajó su camiseta, subió sus pantalones y comenzó a llorar tumbado en posición fetal, de espaldas a él.

 Kurt le acarició el pelo.


- ¿Pero por qué te pones a llorar de repente?


  - Me he arrepentido, no me apetece hacer nada hoy, mejor lo dejamos para otro día.


  - ¿Pero que te pasa?


  - No lo sé.


Miller no pareció tomárselo bien, pero no dijo nada, se levantó y se puso la camiseta después de abrocharse los pantalones y le preguntó si debía irse.


- Haz lo que quieras - le dijo Jason, esperando que se quedase.


- Hemos venido para follar, si no vamos a hacer nada creo que es mejor que me vaya. No acabé el trabajo de física y es muy tarde.


Jason se tumbó y miró al al cielo que comenzaba a ponerse azul y le dejó irse.

Su tristeza se marchó, paró su llanto en seco.

«¿Que ha pasado?» - se preguntó, nunca sus emociones se habían marchado de la nada sin dejar rastro ¿A dónde había ido?

No sentía nada, el viento le golpeó la cara y eso fue lo único que logro devolverlo a la tierra, como si su alma se despegase de la realidad. Regreso a casa para cambiarse e ir al instituto, de dio una ducha y aquello fue todo. 

En el instituto no lo vio ni una sola vez, no supo de Kurt hasta la noche siguiente, cuándo se coló en la fiesta de Jay, buscando a Kurt con la mirada. Al entrar, las luces de neón rojas le hicieron arrugar los ojos.

La música alta, el olor a alcohol y la gente despreocupada, era como volver al inicio del verano pero aunque todo era igual no se sentía como si lo fuese.

Se acercó a una mesa y se llenó un vaso de alcohol.

Por un momento creyó verme allí, yo estaba, de hecho frente a él.

Podía sentir que estaba, pero ni él ni nadie eran capaces de verme. Con él pasaba algo parecido, la diferencia es que no debería pasar cuando estabas vivo.

Estaba solo en esa esquina vacía, podía verlos a todos pero nadie a él y me miraba fijamente a los ojos.

Bebió todo el contenido del vaso de un trago y se cruzó de brazos, miró varias veces a su alrededor pero siempre terminaba agachando la cabeza y mirando al interior del vaso.

Quería irse de allí, ni siquiera sabía por que había venido, sentía que aquel no era su sitio y por alguna razón no debería estar ahí perdiendo el tiempo.


«¿Que pasaría si muriese? ¿Todo el mundo lo olvidaría y harían una fiesta como si nada hubiese ocurrido?»


«¿Realmente cuanto vale una vida humana? Todo sigue igual que antes cuando te marchas»


«¿Merece la pena estar aquí? ¿Y si muriese mañana? ¿Y si hoy fuese mi último día? ¿De qué sirve estar aquí hoy? ¿De que le sirvió a August estar aquí si ahora nadie le recuerda? Si estoy o no estoy aquí, no va a cambiar nada»


Después de pensar todo eso sus ojos se cargaron de aún mas tristeza de la que solían tener. Cogió otro vaso y también se lo bebió de un trago.

De pronto vio a Clark a lo lejos, también parecía solo y confundido.

Se acercó a él lentamente para saludarlo.


  - Hola Jason, ¿De qué vas disfrazado?


  - De nada, es mi ropa normal, no sabía que la fiesta era de disfraces, me he colado.


  - Yo también ¿Estás buscando a alguien?


  - Al menos no soy el único que no es bienvenido y no, creo que no...


Vio a Kurt alejarse con Frank a una esquina, conversando con un pequeño grupo.


  - ¿Por qué estás aquí entonces?


  - No lo sé, me pregunto un poco lo mismo. ¿Y tu por qué te has colado?


- Pasaba por aquí y la gente estaba entrando, no sabía que tenían que invitarme. A priori parece una fiesta abierta.


Ambos quedaron en silencio. Jason miró hacia atrás, de pronto comenzó a escucharse una música melancólica.

La luz cambió a morado y todos parecieron emparejarse entre sí.

Giró su cabeza hacia Clark y se cruzó de brazos, retirando la mirada sobre su propio hombro con un rostro inexpresivo.


  - No tenía nada mejor que hacer esta noche, solo daba una vuelta, pero puede que me vaya. Solo he entrado por curiosidad y por una copa, nadie la echará en falta.


  - ¿A dónde vas?


  - No lo sé, pero fuera de aquí, esto está lleno de críos y creo que no pinto nada.


  - ¿Puedo ir contigo? 


- No se exactamente lo que voy a hacer.


- Da igual, llévame contigo, no necesito ir a ninguna parte.


  - De acuerdo, iremos a ninguna parte.


Ver tantas parejas había comenzado a incomodarlo y en el momento en el que Jeffrey había hecho su aparición sentía que no podía estar allí.

Su mera presencia le causaba un gran terror, aunque él no se había dado cuenta de la suya.

Salieron juntos de allí y caminaron por las vías del tren en la oscuridad.

Llegaron frente a un muro y ambos lo treparon y saltaron desde arriba.


  - ¿Dónde estamos?- preguntó Jason.


  - No lo sé, estaba todo muy oscuro, no he llegado a ver ningún letrero.


Comenzaron a caminar hasta que vieron un enorme tanque con delfines y supieron enseguida donde estaban. Era el acuario de Hubert, ahora cerrado al público pero donde aún seguían cuidando a los animales.

Se sentaron en el suelo junto al tanque, había un foco azul que lo alumbraba desde arriba. Sobre ellos se proyectaba el reflejo del agua en forma de luz azul creando pequeñas ondas.


  - Mira- dijo Jason abriendo los ojos sorprendido- es hermoso.


Señalaba a un gran delfín de color gris que estaba pasando por delante de ellos lentamente.

Clark sonreía y lo observaba con atención, prendado por la belleza de aquella criatura, Jason también sonreía mostrando todos sus dientes incluso el que tenía partido a la mitad.


  - Si, es increíble- dijo Clark.


El delfín emitió su sonido característico, aquel canto hizo que Jason en un principio riera alegremente.


  - ¿Nunca habías visto un delfín?- preguntó Clark 


  - Si, pero hacia mucho tiempo que no veía uno en persona y me encantan, son mi animal favorito.


  - Yo nunca había visto uno, esta es la primera vez.


Tuvieron un breve silencio.


  - Mi hermano me llevaba aquí cuando era muy pequeño, la primera vez que me llevo fue el día más feliz de mi vida.


  - ¿Patrick? ¡Le recuerdo, éramos amigos cuando íbamos a la misma clase! ¿Qué es de él?


  - Hace mucho tiempo que no lo veo, se fue a la universidad y ahora está viajando. Siempre me traía aquí cuando estaba triste hasta que cerró.


  - ¿Eso te hacia sentirte mejor?


  - Si, los delfines siempre parece que sonríen, aunque no estén felices. Pueden estar muy tristes pero nunca parece que lo están. Eso me animaba, me hacía pensar en que había muchos niños o animalitos que se sentían así en el mundo


Clark se tomó un momento para pensar mientras observaba la expresión del animal que daba vueltas en el tanque junto con otros dos.


  - ¿Los delfines pueden estar tristes?- preguntó Clark confundido.


  - Los delfines de los acuarios casi siempre están tristes. Los capturan  y los traen aquí, ellos saben que este no es su sitio y se sienten encerrados. Dan vueltas y vueltas en el mismo tanque y no llegan a ninguna parte. A veces pueden ver el mar a lo lejos a través del cristal, pero no saben llegar. Así que este delfín seguramente esté muy triste.

 Su naturaleza no es hacer trucos para entretenernos, cuando me enteré que Flipper, ese delfín del programa se había suicidado dejé de venir aquí.

Era mi programa favorito y yo era muy pequeño, me afectó mucho 


  - Son animales, se supone que no pueden pensar, me sorprende.


  - Los delfines son muy inteligentes, eso es lo que los hace estar tristes. He leído muchas cosas sobre ellos, se que una vez un delfín se enamoró de una delfina y cuando la trasladaron a otro parque dejó de respirar y se dejó caer al fondo del tanque. Los delfines tienen la respiración voluntaria, así que si paran de respirar mueren.


  - ¿Crees que los delfines saben lo que es el amor?


  - Tal vez, si sienten tristeza y dolor seguro que pueden sentir también el amor. Creo que pueden amar como las personas, no igual porque ellos no entienden lo que es enamorarse. Pero no pueden hablar, puede que entiendan más de lo que pensamos.


- ¿Estas borracho?


- Si- contestó Jason riendo- ¿Estoy diciendo muchas estupideces? Puedo callarme.


  - No, me interesa ¿Dónde crees que van los delfines cuando se mueren? Siempre me he preguntado si hay un cielo para los animales.


  - Creo que van al mar, puede que esa sea su única manera de regresar cuando están encerrados e ir donde les corresponde. Eso si tienen alma claro, hay gente que dice que no tienen alma, pero yo creo que si la tienen. Si los humanos venimos del cielo, supongo que ellos vendrán del mar. Se que es una tonteria pero a mí me gusta pensarlo. ¿Estoy hablando demasiado?


- No, está bien, puedes seguir.


 Clark se tumbó sobre el suelo dejándose cubrir al completo por el reflejo del agua.

Jason también se echó lentamente y colocó los brazos sobre su cuello.


  - ¿Alguna vez te has preguntado que pasaría si murieses?


  - Claro que sí, como todos. 


  - Me pregunto a veces que pasa con nosotros cuando nos morimos. A donde iremos o de que estaremos hechos. ¿Y si no vamos al cielo y nos quedamos en la tierra? ¿Podremos ver a los demás? Debe ser triste vagar por los mismos sitios ahora que estás muerto porque nadie puede verte ni saber que estás ahí, pero tú si los verías a ellos y sabrías todo lo que les sucede. Pero aunque estuvieses allí, no podrías hacer nada por ellos. Además, también los verías crecer y tu siempre tendrías la misma edad con la que moriste. ¿Qué haría todo el mundo si yo muriese? ¿Que pasaría con mi cuarto y todas mis cosas? ¿Algo cambiaría? ¿Como me vestirian para meterme en el ataud? ¿Crees que la muerte sirve para algo, es una lección? ¿Tenemos una misión en el mundo o solo estamos aquí porque nacimos? Imagínate que morir no tuviera ningún significado, eso me parece atroz, no quiero ni pensarlo.


  - Creo que nada pasa por casualidad.


  - ¿Entonces por qué August tuvo que morir? Le echo de menos ¿Quieres decir que su muerte tiene un significado?


  - No hay un motivo. El dolor y las cosas malas no tienen ningún significado ni enseñanza, aunque puedas aprender de ellas. Solo están ahí, su muerte es solo una muerte más. A veces las cosas solo son injustas, pero nos cuesta entenderlo.


  - ¿Por qué siento que te entiendo? ¿Es por esto que la gente bebe? A veces creo que nadie me entiende y no tengo sitio en ningún lugar, pero ahora siento que estoy en el lugar correcto.


- ¿Nunca lo has encontrado?


- Muchas veces creo que lo he encontrado, pero luego era solo cosa mía y vuelvo a sentirme como que falta algo, incluso con August sentía que algo me faltaba. A este paso creo que nunca lo encontraré. Tengo miedo de que se pase el alcohol y está sensación se vaya y solo piense en lo mucho que me arrepiento de decirte todo esto ¡Dios, ni siquiera te conozco! Seguro que después de esto no volverás a acercarte a mí. Lo siento por ser un bicho raro, no debería hablar más, creo que después me arrepentiré.


  - Tranquilo, a mi también me pasa, soy un poco bicho raro y no voy a juzgarte, y menos por lo que digas borracho.


Jason sonrió y se levantó.


  - Todos lo hacen, no te juzgaré si te vas ¿Me empujas?- preguntó intentando trepar al interior del tanque.


Clark le agarró las caderas y cuando ya había trepado la barrera de vidrio le dio un pequeño empujón.

Jason cayó al fondo del tanque sumergiéndose y abrió los ojos cuando todas las burbujas se habían disipado.

Los delfines comenzaron a rodearlo mientras aguantaba la respiración bajo el agua por unos 10 minutos.

Después salió a respirar, sacudió su cabello y se lo echó hacia atrás.

Se agarró al borde del vidrio y saltó fuera del tanque cayendo en cuclillas.


  - ¿Cómo puedes aguantar tanto bajo el agua?


  - Quien sabe, tal vez soy un pez fuera del agua - bromeó.


  Clark no sabía que contestar, tenía la boca entreabierta en señal de sorpresa observando a Jason empapado delante de él.


  - Es verdad lo que dicen - dijo Clark sonriendo.


- ¿El qué?


- Que estás un poco loco.


- ¿Quién lo dice?- Jason cerró los ojos y movió la cabeza a ambos lados- pero ahora solo estoy borracho, te prometo que yo no soy así.


- ¿Que te pasa? ¿Estás bien?


- No, estoy un poco mareado ¿Quién lo dice?


- No es importante, la gente dice muchas cosas, no creas que me lo he tomado muy enserio. Si te encuentras mal te llevo a casa.


- No...No hace falta puedo volver solo. Me sentiría muy tonto.


- No es nada, estaré bien. Creo que solo fueron 4 copas, las otras veces llegué bien. 


- No me fío de que te vayas a casa así, déjame que te acompañe.


- De verdad no es necesario.


- No deberías beber tanto siendo tan pequeño. Venga vámonos, si te pasa algo me voy a sentir mal.


Clark le acompañó caminando hasta la puerta de su casa.


- Eres muy amable, nunca nadie se preocupa por mí así- le dijo Jason - muchas gracias.


- No estoy siendo amable, cualquiera debería haber hecho lo mismo en mi lugar. Si llego a estar ahí dentro no te hubiera dejado beber así.


- Buenas noches, Clark.


- Buenas noches, Jason.





























 








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