Los ojos de Jack estaban fijos en el espejo. Su reflejo le devolvía la mirada y el ceño fruncido.
Una peluca rubia con rizos le caía por los hombros y su enorme vestido de quinceañera violeta le tapaba completamente los pies.
Se arrancó la tiara y la dejó caer sobre la cama, acto seguido se asomó y miró su fiesta en el jardín, algunos familiares habían venido de México y estaban esperándole para preparar su quinceañera. Liam, su hermanastro estaba largándose aprovechando un despiste.
El vestido, un palabra de honor con un montón de volantes de tul que hacían la falda muy voluminosa haría dificil la tarea de lanzarse por la ventana de su cuarto.
Notó que alguien pegaba a la puerta, viendo que tenía que actuar rápido se arrancó de cuajo todos los volantes, dejó caer la peluca lanzándola al aire y se sacó los zapatos de tacón.
Se puso velozmente unas botas, la chaqueta de cuero y la gorra de su padre y se tiró al vacío.
Su madre entró justo en el instante que había saltado.
- ¿Jackie? - preguntó al ver aquel desastre- ¡Jackie!
Asomada a la ventana le vio huir corriendo. Trataba de alcanzar en algún momento a Liam al que ya había perdido de vista hacia un rato.
Finalmente después de estar corriendo unos minutos se topó con el él.
- ¿Qué quieres?- preguntó refunfuñando.
- ¡Te has largado de mi fiesta!- le gritó desde lejos.
- ¡Tu también te has largado y has roto el vestido, cuando llegues a casa te la vas a cargar y yo no pienso comerme el marrón!
- No espero que lo hagas- Jack se cruzó de brazos y miró hacia abajo caminando junto a él.
- Estás a tiempo de volver, se han gastado un montón de dinero en esa fiesta para ti, no deberías desperdiciarla.
- Se suponía que tu también tenías que estar allí.
Liam se mantuvo en silencio y continuó caminando hacia delante como si quisiera dejarle atrás.
- ¿Que es lo qué te pasa conmigo?
- Te dan toda la atención del mundo. Se gastan todo el dinero en ti y en esos concursos estúpidos, sales en la tele cada dos por tres. Todo el mundo te aplaude y te felicita, incluso te dan trofeos y dinero por eso.
Tu fiesta vale más que cualquier cosa que me puedan dar nunca.
- Yo no lo pedí, si quisieras cambiar tu vida por la mía, aceptaría.
- ¡Eso es lo peor! ¡Que no valoras nada de lo que tienes! ¡Todo gira en torno a ti, siempre eres el centro de atención! Desde que estás tú no existo para mi padre. Se que el tuyo murió pero mi madre también murió y yo no he ido a robartela.
- ¡No te he robado a tu padre!
- ¡Lo que tú digas! Eres la favorita de la casa, soy un cero a la izquierda.
- Tengo que practicar todos los días para Miss America para no decepcionar a mi madre y solo si hago todo lo que me obligan a hacer estarán orgullosos.
- De mi nunca está orgulloso nadie.
- ¡Al menos no dicen que están decepcionados de ti!
- ¡Por qué no esperen nada! ¡Diablos! ¿Por qué no te vas? ¡Con mis amigos es el único sitio donde tu no eres la protagonista!¿También me vas a quitar a mis amigos?
- ¡Voy a ir de todas formas capullo, esto es la calle y voy a donde me da la puta gana!
Liam refunfuño y continuó andando sin mirarle a la cara, con ambas manos en los bolsillos y una expresión de rabia contenida.
Llegaron al desguace de coches donde les estaban esperando los amigos punks de Liam.
El primero era Earl Cincinnati, rubio y de ojos marrones, con el pelo peinado con gomina para parecer que lo tenía en punta.
Llevaba una bomber de cuero bordada en la espalda y unos pantalones oscuros desteñidos con lejía. Era un chico alto y delgado con la nuez marcada y los labios finos.
El segundo era Maurice, corpulento y con el pelo negro y lacio cayendo sobre un lado de su cara. Era muy blanco y tenía las mejillas siempre muy coloradas, sus ojos eran muy pequeños y celestes.
El ultimo era Heinrick, este era el más delgado, estaba ligeramente encorvado hacia delante y tenía el pelo pintado de naranja chillón, con un mullet peinado también con gomina a modo de cresta.
- ¿Quien viene contigo?- preguntó Cincinnati sorprendido.
- Es la idiota de mi hermanastra siendo un grano en el culo- reprochó mirando a Jack y dandole un pequeño golpe.
- No sabía que tenías una hermana.
- Hermanastra, pero da igual, no tendría que estar aquí. Debería estar en el cumpleaños que mi padre le ha pagado.
- ¿Es tu cumpleaños?
- Si - contestó Jack girandose hacia Liam- pero me he escapado.
- ¿Jackie, puedes irte a tu quinceañera antes de tener que cargarmela doble por favor?- le pidió cada vez más molesto.
- ¡Obligame!
- Oh, venga, si de todas formas ya ha venido...- le defendió Heinrick.
- ¡No nos hemos presentado!- exclamó Maurice- yo soy Maurice.
- Cincinnati- dijo Earl revolviendo el pelo de Jack y probandose su gorra- y el que tiene el pelo como un subrayador es Heinrick.
- ¡Eh, devuélvemela!- exclamó Jack saltando para recuperarla.
Estuvo levantándola para que no pudiera alcanzarla un rato y después se la volvió a poner.
- Bueno, tenemos que coger rápido el bus para la ciudad, así que hay que ir andando- comentó Maurice.
Todos caminaron hasta Hubert y allí cogieron un autobús.
Se sentaron en los sillones del final del bus para estar todos juntos.
- ¿Por qué no traes más a Jackie?- preguntó Maurice que llevaba un rato hablando con Jack y Cincinnati.
Liam refunfuño y le miró celoso sin contestar, escuchaba la conversación y sus risas de fondo sin prestar atención a lo que decían mientras quemaba sus iniciales en el cristal del autobús con un encendedor.
Jack miró a su alrededor, las ventanas y el techo grafiteados y los árboles moverse tras el cristal.
- ¿A donde vamos?
- Vamos a ver un concierto de punk, a Columbia ¿Alguna vez has visto uno?
- No.
- ¿No?- preguntó Heinrick.
- ¿Has ido a alguna manifestación?- preguntó Cincinnati.
- Nunca.
- ¿Enserio? Creíamos que eras punk como tú hermano.
- Y lo soy, os lo juro, se tocar la guitarra eléctrica y la bateria. Pero es que no salgo mucho.
- ¿Por?- preguntó Maurice.
- Los concursos de belleza, tiene que ensayar mucho para hacer sentir orgullosa a mamá en Miss America. Seguro que gana.
- ¡Cállate Liam!
- ¿Te importa portarte bien? No sabia que eras una chica buena...¿Con que concursos de belleza, eh?
Los chicos se rieron.
- ¡No me presento por qué quiera, me obligan a hacerlo!- se defendió al sentir que se burlaban de ella y en un afán por encajar- ¡No sabéis dónde estaba antes de mudarme a Culvert!
- Eso nos interesa- dijo Cincinnati.
- En el peor de los agujeros, Dandle.
- ¿La residencia de monjas para huerfanitas y niñas problematicas? - preguntó Maurice rompiendo a reir.
- Si, allí mismo.
- ¿Sigues en ese hoyo?
- No, me sacaron de ahí. Pero me castigaban casi todos los días por meterme en peleas. Una vez le corté el pelo a una chica por meterse conmigo.
- ¿Y como terminaste allí? Es solo para huérfanas y chicas problemáticas, así que tuviste que meterte en un buen lío.
- Me metí en un buen lío, pero no os lo puedo contar - mintió.
- ¡Pero no nos dejes así! - exclamó Heinrick.
- ¿Tan malo es?- preguntaba Cincinnati con curiosidad.
- Si, os sorprendería.
- ¿Que hiciste? ¿Robar? ¿Pelearte?
Liam le miró, sabia de sobra que no había entrado en Dandle por haberse metido en problemas, sino por ser huérfana, pero prefirió callarse y seguirle la corriente porque eso ya sería pasarse de cruel.
Recuerdo bien como ese mismo día Gregory Cooperson y tenía también una fiesta muy especial. Nunca le conocí en vida, si os soy sincero hasta ahora solo lo había visto un par de veces y había oído hablar de su accidente.
Los Cooperson tenían un parecido clónico. La familia estaba compuesta por un total de 7 miembros: su padre, madre y 5 hermanos incluyendolo a el.
Vincent, de 21 años, era el mayor, tenía una cara más fina y alargada que el resto, la barbilla ligeramente torcida y el pelo rapado en cogote y patillas dejando la capa de arriba caer en forma de melena que recogía hacia atrás en una coleta muy corta.
Después estaba Bradley, seguido por Francis, y después por Francine, la única niña en toda la familia.
Por último estaba el hermano Greg, quién cumplía hoy 12 años.
Su melena estaba cortada desigual, más corta en la parte de atrás.
Una tradición familiar era tener el corte de pelo de su bisabuelo, una de las muchas. Aunque no se cumplía un corte idéntico todos lo llevaban parecido.
Greg siempre llevaba una máscara de yadroe blanca amarillenta cubriendo su rostro debido a que años atrás durante una acampada con su familia, Frank fue el encargado de cuidar el fuego pero se quedó dormido.
Aquella imprudencia permitió que el fuego se propagase en su dirección y le envolviese en llamas mientras dormía.
Su rostro entonces quedó parcialmente desfigurado, en una mitad de la cara él no tenía cejas, pestañas ni apenas labios y su piel era rosacea, con pequeñas cicatrices en forma de red y cráteres.
En su frente tenía marcas de un color rosa más oscuro parecidas a antojos.
Uno de sus parpados estaba levantado hacia arriba, el ojo bajo este era de cristal, pues el original le tuvo que ser sustituido.
Aparte de su rostro, también estaban quemados su cuello, hombro y brazo derecho hasta la punta de los dedos.
El resto de su cuerpo no sufrió quemaduras, pues el fuego fue apagado a tiempo.
Inmediatamente después le arrojaron agua alertados por sus gritos preservando que se extendiese, pero no salvandole de su desgracia.
En esos momentos toda la familia, incluidos primos, tíos, tías, abuelos y otros familiares cercanos se encontraban en el bosque ocultos tras unos matorrales.
La familia Cooperson era la más grande del pueblo, el padre de Bradley tenía ni más ni menos que doce hermanos los cuales tenían un mínimo de tres hijos. Uno de ellos tenía 10, algunos adultos, que a su vez también tenían hijos.
La principal desventaja de ser un Cooperson es que cuando tuvieses hijos con una mujer siempre saldrían varones, una extraña carga genética heredada del abuelo, que a su vez la había adquirido de un bisabuelo o tatarabuelo y que no permitía el nacimiento de una sola niña en la familia más que Francine que fue un golpe de suerte.
Hoy era un día especial, por eso toda la familia tenía que estar presente. Se juntaba en acción de gracias, Navidad y el cumpleaños número 12 de cualquier chico, la fiesta más importante en la vida de un Cooperson.
Era algo así como el bar miztvah, presentarte como un hombre a la sociedad, en este caso también a la familia, donde desde ese momento eras un Cooperson de verdad.
Había pasado por varias generaciones desde 1901, una tradición: el ritual de Hastiin Bįįh (hombre ciervo en navajo)
Un venado se acercó a beber en un charco mientras lo divisaban desde su escondite
Gregory, temeroso, sujetaba un rifle cargado en sus manos que temblaban sin cesar.
Era un niño inseguro y pacífico, nada que ver con el carácter que se esperaba de un Cooperson.
Su padre arrancó la máscara y la arrojó lejos, tras eso le abofeteó.
- ¡No pareces preparado para hacerte un hombre Gregory! - le gritó furioso al percibir su temor.
A su lado estaba Sam, un primo con el que compartía celebración esperando a tener su momento de protagonismo.
Craig no pudo contener sus lágrimas con los hombros encogidos trató de sujetar el arma con más fuerza y apuntar a su objetivo.
Todos los hijos varones de la familia estaban obligados a disparar a un ciervo al cumplir los doce y tras abatirlo con un disparo, abrir su vientre en canal con un cuchillo para posteriormente ser restregado con las vísceras.
Tan inútil y estúpido como desagradable. Desde luego una idea poco atractiva para él, una oveja negra en la familia con más interés por compadecerse del animal que de reafirmar su masculinidad de forma simbólica.
- ¡Pareces un mariquita!- vociferó su padre- ¡Deja de llorar y dispara!
Greg arrojó el rifle a la hierba seca y cabizbajo continuó llorando.
-¡En nuestra familia jamás ha habido cobardes! ¡Ponte derecho, recoge el arma y dispárale!
- ¡No puedo hacerlo!- contestó angustiado.
Su padre recogió el arma y se la entregó a Tim, que disparó con ella al ciervo abatiéndole, sin pensarlo ni un segundo. Cayó de costado con la cabeza sumergida en el charco y el disparo se hizo un fuerte eco.
Tim se acercó blandiendo el cuchillo y rebano lentamente el estómago del animal sacando sus visceras y tripas.
Las sostuvo con las manos en alto y las restrego por su rostro y pecho desnudo con mucho afán, hasta dejarlos impregnado de sangre y cubierto por los organos,.
Se encontraba rigido cerrando los ojos y mordiendose los labios mientras notaba el frío y húmedo tacto de un estómago colgar de su cuello.
Sobre su cabeza y hombros pedazos de carne cruda y sangrienta que apenas podía distingir goteaban
Todos estaban aplaudiendo y alabando al joven Tim, las botellas se descorchaban y algún que otro silbido ensordecedor se colaba entre lo anterior.
Greg era un caso a parte, ahora mismo un completo deshonor, el primero en 83 años que no había hecho el Hastiin Bįįh. Estaba en el punto de mira de todos.
Al llegar a la granja, en la barbacoa para celebrar su padre lo había apartado un momento para darle una reprimenda.
- ¡Ahora mismo me has avergonzado a mi y a toda la familia!- empezó a gritarle volviendo a abofetearle en la otra mejilla.
- ¿Por qué tenía que matar al ciervo?
- Es para curtirte el carácter, si eres capaz de aguantar esto podrás con cualquier cosa -replicó- pero mira que eres blando...
Gregory estaba quieto, con lagrimas que bañaban sus mejillas, resbalando bajo la máscara.
- Howard, ven, tenemos que fotografiar a Tim- dijo el hermano menor de su padre.
Howard se alejó para preparar la fotografía de Tim, colocó la bandera Dixie en la pared de un cobertizo y situo al chico delante de esta con el rifle al hombro.
Posó de lado orgulloso colocando su pie sobre la cabeza del ciervo.
Después ajustó su chaqueta militar y sujetó la cabeza cortada del ciervo por la cornamenta.
- ¡Muy bien hijo, así está perfectamente, saca pecho y apunta hacia la cámara!- le recomendó uno de sus tios que estaba fotografiandolo.
Sam obedeció apuntando al objetivo de la cámara y cerrando su ojo derecho.
El ciervo, unos 15 minutos más tarde estaba despiezado, parte estaba en la parrilla a punto de ser servido y el resto estaba en una nevera.
El olor de la carne al asarse era agradable, tal vez lo único bueno de ese día.
Gregory se limitó a comer deseando profundamente que todo se prolongase para evitar la bronca de su padre al que tanto temía.
Pero la noche terminó por caer y los invitados comenzaron a irse.
Toda la familia finalmente entró a la casa y el momento llegó.
- Creí que no me decepcionarias hoy, que hoy al menos te comportarias pero ya veo que no. ¿Por qué no puedes ser como tus hermanos? Siempre tienes que defraudarme y dejarme en mal lugar.
Gregory no contestó, se limitó a mirar al suelo avergonzado.
- Sube a tu cuarto, ya no tengo nada más que decirte ¿Tanto te cuesta ser un niño normal como los demás? En algo al menos. Es que no pareces hijo mío.
Corrió escaleras arriba y se metió en la cama tapándose hasta la cabeza.
En la parte de arriba de la litera estaba Bradley chistandole.
- ¿Qué quieres?- preguntó Gregory- estoy llorando, déjame tranquilo.
- ¿Que te pasa?
- No entiendo porque tengo que matar al ciervo, a mi me da igual ser o no un hombre, yo no lo he elegido y no he pedido esta estúpida fiesta. Además se supone que ya soy uno, no se que cambia si no le disparo al ciervo.
- No lo se.
- ¿Tu querías hacerlo?
Bradley se paró a pensar en como había sido su 12 cumpleaños.
La sangre le resbalaba por el cuerpo, todo era rojo excepto sus ojos que se veían blancos y abiertos.
Ese alma atormentada era una versión inmadura de Bradley.
Sus pies descalzos dejaban un rostro carmesí en la hojarasca seca, que crujia y se fragmentaba.
El olor a humedad, el canto de los pájaros, el viento meciendo las ramas y con ellas sus hojas, sacudiendose, chocando entre ellas. No recordaba a nadie más con él, solo el eco de sus pisadas y sus brazos, extendidos con las manos hacia abajo y los dedos rígidos por los que se deslizaba un hilo del liquido de olor metálico que lo bañaba.
Sacaba los dientes como un perro en un llanto contenido, una expresión parecida al terror que se tornaba en delirio.
El rifle que usó había caído a sus pies hacía un rato, hundiéndose en el lecho de hojas y ramas.
Lanzó un grito similar al de un guerrero indioamericano con su voz, entonces blanca e infantil.
De repente todo se hacía más familiar, su recuerdo era una copia de la realidad perfecta y precisa.
Casi podía aspirar el olor a tierra húmeda y sentir la fría brisa susurrar a su oído.
Su familia estaba allí, destapando cerveza para celebrar que su hijo, Bradley Theodore Cooperson se había hecho hombre ese día.
Él no podía articular palabra, solo miraba al machete que tenía en una de las manos, sujeto al borde de sus dedos, a punto de caer resbalando lentamente.
No sabía que diablos había pasado, donde estaba ¿Que estaba haciendo?
Lo habían aclamado dándole palmadas en la espalda, sobre el suelo había un venado abierto en canal con un disparo en el costado.
Eso lo había hecho él, el ritual de hombría familiar se celebraba nuevamente perpetuandose así por un año más y si no llega a ser por su orgullo hubiese llorado, porque era lo que más deseaba.
Nunca nadie le dio opción a no hacerlo, como Cooperson era una obligación y negarse era manchar el nombre de su familia y avergonzar a su padre.
"Bradley Cooperson, el único Cooperson no lo suficientemente hombre"
"Bradley Cooperson el cobarde de la familia"
"Bradley Cooperson el llorón"
«Jamás»
No quería la lidiar con eso, prefería restregarse las tripas del ciervo por el cuerpo recitando algo en su mente tan fuerte que distrajese la atención de sus pensamientos, antes que romper en lágrimas y convertirse en una verguenza.
A día de hoy, seguía prefieriendolo.
Se preguntaba si sus hermanos Francis y Vincent se habrían sentido como él, icluso su padre, pero quedaría eternamente en la duda, porque de ser así ninguno lo diría.
No quería que supiesen que lo estaba pasando realmente mal y a dia de hoy parecía haber dejado una profunda marca en él. Se encogió de hombros, una vez había abandonado esa pesadilla que deseaba en algún momento borrar completamente de su memoria.
- Supongo que si.
Gregory simplemente volvió a taparse hasta la cabeza y se echó a dormir llorando mientras que Bradley se durmió al cabo de un rato.
Para entonces Jack estaba de vuelta en el bus y tenía miedo de que sucedería al volver a casa tan tarde.
Estaba algo cansada puesto que había sido un día movido.
- ¿Te lo has pasado bien?- preguntó Cincinnati.
- ¿Lo dudas?- vaciló Jack cruzandose de brazos. Acercó uno de los pies que tenía apoyado en el respaldar del asiento de delante y sacó una caja de cigarrillos de su calcetín.
- ¿Eso lo aprendiste en Dandle?
- Es de lo poco que aprendí, si fuese por lo que me enseñaban, no sabria nada.
Volvió a colocar ese pie y acercó el otro, en cuyo calcetín guardaba el mechero.
Se metió el cigarrillo en la boca y sacó el encendedor para prenderlo.
- ¿Queréis?- preguntó tendiendo la mano agarrando la caja.
El resto sonrió y tomó un cigarrillo antes de bajar.
- Es hora de despedirse- dijo Maurice prendiendo su cigarrillo.
- Encantados de conocerte, Jackie- dijo Cincinnati.
- ¿Podéis llamarme Jack?- preguntó.
Todos se miraron entre ellos y sonrieron, para despues terminar riéndose.
- De acuerdo, "Jack"
- Eres muy ocurrente, tienes un humor...Peculiar- comentó Heinrick.
- ¿Gracias?- preguntó Jack confundido, no recordaba haber hecho ninguna broma.
Se despidió de ellos con un gesto de mano sonriendo y regresó a casa junto con Liam.
Sus padres les estaban esperando furiosos.
- No se ni que tengo que decirte ¿Te parece bien arrastrar a Jackie a tus locuras?- dijo el padre de Liam molesto- Mira su vestido, es un desastre, toda la fiesta ha sido un desastre.
- Yo no me la llevé, fue ella quien se escapó porque quiso- se excusó Liam.
- Jackie- intervino su madre aún mas molesta- ¿por qué? ¿por qué te fuiste de tu fiesta? Era muy importante para mí, es muy importante en la vida de una chica.
- ¡Yo no soy una chica!
- ¿Por qué no puedes ser como otras niñas?
- ¡Por que no quiero ser una niña!
- ¿Prefieres ir por ahí dando tiros a los ciervos como los chiflados de los Cooperson?
- ¡Lo preferiria!
Su madre comenzó a llorar desconsoladamente y se apoyó sobre el hombro del padrastro de Jack que indignado le daba palmadas en la espalda.
- ¿Estas feliz de lo que has hecho? Vete a dormir, mañana temprano viajamos en coche y te subes al escenario en Michigan, tienes que descansar para hacer una audición perfecta.
Jack fruncio el ceño y subió las escaleras hacia el cuarto junto con Liam que se metió en su habitación dando un portazo.
Al entrar miró todo su estante de medallas y trofeos, el armario repleto de vestuario.
Apretó los puños deseando profundamente que toda la pared recubierta con recortes de periódico en los que aparecía su rostro ardiesen, al igual que todas las fotos de los concursos.
Quería tumbar al maniquí que vestía su traje verde de animadora para mañana, acabar con todo el maquillaje y las pelucas y al fin sentirse libre.
Su rabia se redujo poco a poco y se tranquilizó acostándose en la cama sonriente pensando en como el hecho de que los amigos de Liam le aprobasen era un enormisimo logro y creía por fin sentirse cómoda y aceptada en un grupo de chicos, así que mentir con lo de Dandle había sido un acierto.
Allí había vivido un enormisimo infierno durante años, era un internado grande y viejo, con jardines, literas de hierro, escaleras infinitas y uniformes horribles.
Consistían en una camisa blanca y sobre ella un vestido color mostaza con el emblema de la institución. También les obligaban a llevar calcetines blancos hasta las rodillas y zapatos negros con hebilla.
Las monjas eran la mar de estrictas; pegaban reglazos aunque raramente y te despertaban temprano en la mañana para rezar el Ave María. No dejaban que ningún chico fuese visto por allí, así que las chicas gritaban de emoción cada vez que veían uno por la ventana.
Jack era una niña normal y corriente antes entrar a Dandle, siempre había sido muy obediente, jamás daba problemas. Pero desde que entró a Dandle tomó otra trayectoria y su actitud se tornó problemática y le envolvió en innumerables castigos por pelearse con compañeras físicamente.
Llegó un punto en el que antes de burlarse de ella se lo pensaban dos veces, porque tenían miedo a las represalias pero obviamente y ahora con el miedo como pretexto seguían apartándole.
Con 14 años, este mismo verano había tenido su primera menstruación. Manchó el vestido del uniforme y su silla de clase.
Una de sus compañeras le levantó la falda para humillarle, pero resultó que debajo llevaba pantalones.
Nada más soltar el borde de su falda, Jack le propinó un puñetazo en la boca que se hizo oír en toda la clase y cesó de golpe las risas.
Acto seguido le cortó la trenza de cuajo con unas tijeras dejándole el pelo corto como ella.
- Disfruta de tu corte de pelo, zorra- le dijo.
Tras ese acontecimiento, un tiempo después, su madre había decidido volver a por ella y hacerla regresar a casa junto su marido y su nuevo hermano que acababan de instalarse en una casa en Culvert. Prácticamente Jack era nueva en la vida más allá de las puertas de Dandle.
Eso no significaba libertad porque no le permitían salir, solo para hacer recados e ir al instituto.
Se pasaba los días estudiando y ensayando para concursos de belleza.
Había visitado todos los estados y ganado muchos de los concursos a los que se había presentado, de ahí todos sus premios.
Con el nombre de Honey Molly era famosa, había salido varias veces en la televisión, incluso de pequeña antes de Dandle, curiosamente nadie le reconocía sin los vestuarios, la peluca rubia, el maquillaje y los zapatos altos.
La cuestión era que su madre había rehecho su vida, había quedado a un lado la depresión por la que dejó a Jack en Dandle siete años atrás y se suponía que desde ese momento debían venir tiempos mejores, pero ella esperaba que la niña que dejó en aquel lugar hace tanto tiempo fuera la misma.
Obviamente no lo era y en la casa todo eran peleas. Jack no era fácil, tenía un carácter muy explosivo y le costaba adaptarse a una nueva vida.
Me acuerdo de cómo dos días después de su quinceañera, a Jack le mandaron a la farmacia a comprar aspirinas después del concurso de Michigan.
Su madre estaba volviendo a ver la cinta de su concurso en el televisor, era ya la tercera vez que la veía y siempre se emocionaba cuando anunciaban su victoria.
Verse le producía un gran rechazo, así como el que se siente al ver algo inquietante. Estaba irreconocible debajo de todo ese maquillaje que le bronceaba la piel y esas extensiones rubias. Sus dientes no parecían los mismos bajo esas carillas tan blancas.
No podía reconocerse a si misma, por ello se marchó tratando de no mirarse en la pantalla.
En el mostrador de la parafarmacia se encontró a Jason, llevaba un papel doblado en la mano y parecía preocupado porque golpeaba constantemente el cristal con las uñas y las llemas de los dedos. El farmacéutico se acercó al otro lado del mostrador y se puso sus pequeñas gafas doradas y redondeadas.
- Hola Jason, ¿A qué vienes?- preguntó.
- A por la caja del otro día, ya tengo una autorización de mi padre- contestó alzando en papel.
Aquello pareció servir, no llegó a mirar lo que había escrito sino que directamente le cobró los medicamentos y se los dio en una bolsa de papel.
- Dale recuerdos a tu padre.
- Descuida- dijo Jason arrugando el papel en uno de sus bolsillos y despidiéndose con gesto rápido de mano y una media sonrisa- hasta luego Jack.
- Adiós.
Al salir vio a Jason tirar la caja en una papelera y guardar dos ristras de pastillas en un bolsillo secreto en su chaqueta vaquera. Aquello se le hizo extrañamente sospechoso, aunque no supiera las razones por las que lo hacía.
- Hola, Jack- dijo con un semblante serio al verse descubierto.
- Hola, Jason ¿Y esas pastillas?- preguntó.
- Estoy mal del estómago, no quiero decírselo a mis padres para que no me lleven al médico- mintió- ¿Y las tuyas?
- Aspirinas, me ha mandado a comprar mi padre - dijo Jack.
- Hoy tengo turno de noche, fregando el suelo, así que tengo la tarde libre por si quieres hacer algo después de comer cuando termine de ayudar a mi padre a descargar la mercancía de la camioneta.
- Me encantaría, pero hoy no puedo salir.
- ¿No?
- Lo siento, mi madre no me va a dejar porque me ha castigado por destrozar el vestido de quinceañera y escaparme de mi fiesta.
- Entiendo, bueno, no pasa nada yo me quedaré estudiando o lo que sea.
- Bueno, hasta luego- se despidió Jack- tengo que estar temprano en casa y hacer la compra donde trabajas ahora.
- Adiós.
Jack dejó las aspirinas en el salón y comprobó si su madre estaba, por lo visto había salido, su padre estaba trabajando y solo estaban ella y Liam. Se quitó una horquilla del pelo y forzó la cerradura del sótano.
Bajó las escaleras y encendió la luz. Se respiraba un olor a humedad y a cerrado por la acumulación de polvo.
Abrió varias cajas de cartón hasta encontrar las cosas de su padre. Sabía que tenían que estar en algún lado.
Sacó su pipa, el tabaco, un reloj de pulsera y una foto de su padre y los colocó en una mesilla junto a un sillón, cubierto por una sábana.
Mientras seguía rebuscando en las cajas encontró el tocadiscos que tenían en su antigua casa y todos los vinilos de su padre. Lo enchufó y puso un disco de Elvis, su padre era fanático de él.
«Lying by your side, I watch you sleeping
And in your face the sweetness of a child
Murmuring the dreams you won't recapture»
Mientras la música sonaba, aspiro el olor de el uniforme de la marina de su padre y dejó la chaqueta sobre el respaldo y los pantalones en el asiento del sofá, como si estuviera ahí.
«Oh, I've lost you, yes, I've lost you
I can't reach you anymore
We ought to talk it over now
But reason can't stand in for feeling»
De pronto escuchó la puerta del sótano abrirse. Su madre bajo las escaleras enfadada y paró el tocadiscos, guardando de nuevo el vinilo en su funda.
- ¿Por qué has hecho esto?- preguntó.
- ¿El qué?
- Tocar sus cosas, no quiero que toques sus cosas, y poner música de Elvis... Ya sabes lo que he dicho de hablar de él o escucharlo
- ¡Había olvidado su cara! ¡Ni siquiera se cómo era su voz! ¡Tengo miedo de olvidarme de papá!
- Sal de aquí, Jackie - dijo secamente, señalando la puerta mientras guardaba todo en su lugar- y no entres más. Esto es parte de nuestro pasado, ahora tenemos que centrarnos en el presente ¿Lo entiendes? Esto es por el bien de todos.
Jack se marchó dando un portazo y se pasó la tarde en la habitación escuchando música. Cuando recuperó un poco el ánimo estuvo bailando e imitando a Joan Jett maquillándose los ojos de negro frente a su tocador.
Era una de sus modelos a seguir y le encantaba ver sus videoclips, incluso tenía el pelo cortado como ella. Se sabía todas sus canciones y todos los videos al milímetro, pero tenía un poco de vergüenza de admitir que le gustaba.
Al día siguiente cogió el bus para el instituto llevando un conjunto de ropa inspirado en ella: chaqueta de cuero personalizada con anillas de latas, pines, imperdibles y chapas, una camisa de cuadros grises sobre una una camiseta de los Ramones, vaqueros rotos por ella misma y unas zapatillas gastadas.
Se sentó junto con Jason, que solía estar solo cuando cogía el bus y abrió su mochila para enseñarle una cosa.
- ¡Mira! - le dijo - me he comprado una lonchera de Kiss.
- ¡Que guay!- exclamó Jason- yo tengo una de Metalica pero hoy no la he traído.
Jack volvió a guardarla y le preguntó cómo estaba, teniendo una breve conversación con él sobre cómo les iba en el instituto. En el pasillo se despidieron y se separaron para ir a sus clases.
Jason tenía educación física a primera hora y se había puesto sus pantalones deportivos. Llevaba una chaqueta de su padre que le tapaba el trasero y la mochila ajustada tan baja que le sirviera para cubrirse.
Se sentía desnudo y muy sucio, como si pudieran ver a través de él. Creía que todos los ojos le miraban y los susurros y las risas tenían que ver con el.
No podía soportarlo más. No espero ni a que el profesor pasará lista, directamente se escondió en el vestuario sintiendo su corazón latir con fuerza y encojerse.
Kurt pegó a su puerta y abrió viendo a Jason nervioso, con la espalda pegada a la pared y una mirada triste.
- ¿Que pasa? - le preguntó.
- Hagamos esto rápido, por favor. Me da miedo que nos pillen.
- Tranquilo, no va a pasar nada.
Le tomó por la cintura y comenzó a manosearle el trasero y los muslos estrujando con fuerza la carne mientras se besaba con él.
Después le volteó y pegó su cadera a la suya, tocando su espalda para inclinado.
Cuando todo acabó lo primero que hizo fue quitárse los pantalones y arrugarlos con rabia, empujandolos de un puñado dentro de la mochila. Sacó sus vaqueros y se los puso, negándose a salir de ahí bajo ningún concepto.
Solo salió cuando sabía que todos habían acabado en los vestuarios.
- Eh, Jason ¿No te vas a dar ni una sola ducha en todo el curso? - le preguntó Frank al salir del vestuario.
- No he hecho gimnasia hoy.
- ¡La higiene es muy importante!
Los amigos de Frank se rieron y se marcharon con él, girándose varias veces a verle.
Él no reaccionó, solo se marchó a clase. Mientras caminaba por el pasillo notó como su visión se nublaba cada vez más, cerró los ojos con fuerza y los abrió lentamente con esperanzas de ver un poco mejor. Al abrirlos los contornos de los objetos y las siluetas de las otras personas se habían difuminado y todo daba la sensación de estar en constante movimiento.
Arrugó la nariz y se volvió a frotar los ojos, para cuando los volvió a abrir yacía sobre el suelo y solo veía el fuerte resplandor de los focos del techo y las a sus compañeros inclinados sobre él.
- Que alguien llame a una ambulancia- decía una extraña voz muy lejana.
Volvió a cerrar sus ojos entreabiertos y finalmente quedó inconsciente. Unos médicos lo transportaron en una ambulancia hasta el hospital y allí lo colocaron sobre una camilla.
Desde el instituto llamaron a sus padres y le explicaron lo sucedido. Hablaron con los médicos sobre lo que podría haberle pasado. Aparentemente era una bajada de azúcar o de tensión, pero todavía no lo sabían a ciencia cierta.
A la salida del instituto Jack fue a verlo al hospital, pero este aún no había recuperado la consciencia. Se sentó en una silla en una esquina de la habitación a esperar que se despertase mientras trataba de hacer los deberes
Clark había pasado por delante de la casa de Jason a mediodía y al ver a su padre traer las bolsas del patio trasero en su lugar se había preocupado y había preguntado por él. Le dijeron que estaba en el hospital y el decidió ir a verle.
- Hola- saludó a Clark nada más entrar y se sentó junto a él en una silla- ¿Todavía no se ha despertado?
- No, aún no- contestó Jack- hoy se le veía un poco enfermo en clase, pero no esperaba que se fuera a desmayar.
Jason despertó en ese instante y se desperezó.
- ¿Qué ha pasado? ¿Que hago aquí?
- ¿Estás bien?- preguntó Clark preocupado - Te quedaste inconsciente.
- Si, no me acuerdo de nada, pero estoy bien.
Jack se giró hacia Clark y volvió a tomar asiento, guardando su libreta en la mochila.
- ¿Qué te ha pasado?- preguntó con mucha seriedad, mirando a sus ojos fijamente.
- Seguro que solo ha sido una bajada de azúcar, no es nada grave podéis estar tranquilos.
- Tengo que irme a casa porque no me dejan estar mucho fuera- le dijó mientras se colgaba la mochila- espero que te mejores mucho.
- Gracias.
Jack se marchó cerrando la puerta. Clark se quedó sentado en la silla que había quedado libre, junto a su camilla.
- ¿Hoy tienes algo que hacer por la tarde?
- Estoy un poco ocupado, tengo que ayudar a mi hermano a hacer una maqueta para el colegio.
- Lo entiendo...¿De que es la maqueta?
- Es una replica del colegio de papel, aún estamos trabajando en ella.
- Que guay, espero que os quede muy bien, si necesitas ayuda soy bueno en las maquetas. Puedo ayudarle yo.
- No hace falta, pero gracias por ofrecerte.
El padre de Jason entró en la habitación junto con un médico.
- Hola, Clark- saludó.
- Buenas tardes- contestó levantándose.
- Jason, veo que ya te has despertado- le dijo el médico- ¿Cómo estás?
- Muy bien ¿Que me ha pasado?
- Creemos que se te ha podido bajar el azucar ¿Comiste hoy?
- Si, desayuné esta mañana.
- Muy bien, pues probablemente ha sido una bajada de tensión, voy a tomártela y cuando termine podrás irte.
- Vale- extendió su brazo para que pudiera tomar su tensión y cuando acabó volvió a flexionarlo.
- Tu tensión está perfecta, estás fuerte y sano. Ahora vuelvo y te aviso cuando te hayan dado el alta.
El médico salió de la habitación y con él Clark. Al cabo de unos minutos regresó para decirle que ya podía marcharse.
Se levantó de la camilla y estiró las piernas. Cuando sus pies tocaron el suelo sintió un temblor, como si vibrase.
Su padre lo tuvo agarrado del hombro todo el camino por los pasillos del hospital hasta el aparcamiento.
- Lo mejor será que tomes algo dulce para recuperar fuerzas- le dijo dándole una lata de refresco de una máquina expendedora antes de que subiera al coche.
Jason la giró arrugando la nariz y al ver que no era diétetica pensó en un plan para no tener que bebersela.
La abrió, dió un sorbo, fingió dar unos cuantos más y cuando el coche tomó un bache grande se la derramó encima a propósito.
- ¡Papá!- gritó- ¡Se me ha caido encima!
Su padre frenó el coche, estaban justo delante de una máquina expendedora así que le dio dinero para que se comprase otra y esta vez se compró la dietetica.
Realmente a Jason se le daba muy bien ocultar y mentir, aunque a día de hoy no creo que aquello fuese una habilidad, al menos positiva.
Tal vez era porque era inteligente, tanto que si lo quisiera podría jugar con todos y aprovecharse de la gente en su beneficio propio. Era de esas personas que podrían manipular a cualquiera sin que se diese cuenta, aunque fuese un adulto.
A él no le gustaba eso, no era algo precisamente de lo que se enorgulleciese, todo lo contrario. Desearía no poder hacerlo porque de ser así pararía de una vez.
Realmente nunca lo usaba para hacer daño, pero lo hacía sentirse una mala persona.
Pagó y regresó al coche para bebersela, en casa se dio una ducha no sin antes subirse a una balanza y pesarse.
Solo había perdido un kilo y medio esa semana y eso le hacía estar enormemente decepcionado.
Tras ducharse entró a su cuarto, su uniforme de trabajo estaba extendido sobre la cama, lavado y planchado.
Se puso de rodillas en el suelo y sacó el cajón de dulces que tenía bajo la cama. Añadió una barrita de chocolate que aún seguía guardada en su chaqueta.
Después revisó bien el otro cajón, donde tenía aún un montón de sandwiches mohosos metidos en bolsas de plástico. Los metió en una bolsa de basura que cerró con un nudo doble y guardó en su mochila para tirarlos en el trabajo.
Comenzó a vestirse y se cepilló el pelo frente al espejo.
Cuando estuvo listo se subió en su bicicleta y pedaleó hasta el trabajo. El cielo ya estaba oscuro, no volaba ningún pájaro y la calle estaba desierta.
Abrió la puerta trasera y entró al establecimiento, acto seguido encendió las luces y comenzó a revisar la comida que estaba a punto de caducar.
Fue metiendo todo en una bolsa de basura y consiguió otra bolsa para él. En ella guardó todo tipo de dulces que iban a caducar en 5 días.
Entró al cuarto de mantenimiento y abrió la puerta que daba a los contenedores del callejón no sin antes sacar su bolsa de la mochila y echarla dentro.
Abrió el contenedor, arrojó la enorme bolsa y regresó a los pasillos del supermercado con la fregona y el cubo.
Con la música en su walkman y una infinidad de pasillos tenía toda una pista de baile para él, alumbrado por unos pocos focos tenues y la luz de las cabinas frigoríficas.
Empezó a practicar para su función de final de curso, sabiendo que a esa hora como el super cerraba las cámaras no estaban activadas.
Clark acababa de llegar y estaba rebuscando en los contenedores de la puerta trasera que Jason se había dejado abierta, entró al cuarto de mantenimiento y se asomó y vio a Jason bailar, lo observó durante un rato.
Nunca hubiera imaginado que sabía bailar tan bien.
Entornó la puerta y se fue, sin que nadie supiera que había estado ahí.
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