miércoles, 4 de noviembre de 2020

Capítulo 3 - El fantasma de Culvert

Para empezar bien el día me di una ducha. Era sábado y había quedado con Jason para ir a tomar fotos con mi cámara desechable.
El bosque era un poco peligroso, hace unos años había desaparecido un chico y nunca habían dado con él. 
Nuestros padres nos decían que no nos alejemenos demasiado porque podríamos perdernos. No les contábamos que cruzábamos la zona señalizada con un cartel oxidado que ponía en letras rojas "RIESGO DE PERDIDA. Por su propia seguridad, no continúe adentrándose en el bosque".


  - ¿Estás mejor o te sigue doliendo la barriga?- me preguntó Jason

  - El hematoma tiene muy mal aspecto, pero nada grave- le contesté mostrándole la barriga

  - Uhhh está muy morado deberías ir al médico.

  - Tranquilo, ya no me duele, está bien. 

- ¿Vamos por ahí?- señaló a la izquierda.

- Vale ¿A donde nos lleva?

- No lo sé, estoy siguiendo el norte.

- ¿Tu brújula funciona bien?

- Claro, tu sígueme.


Nos adentramos mucho en el bosque, nunca nos habíamos alejado tanto de la zona prohibida.


- Tal vez deberíamos volver- sugerí - ¿Y si luego no sabemos volver?

- Sabremos, tu tranquilo, descuida.

Aquello no me tranquilizaba nada, pero ya que habíamos llegado tan lejos no íbamos a darnos la vuelta.
Caminamos por mucho rato, alrededor de unos 40 minutos. Iba mirando a todas partes por si había algo interesante que fotografíar pero no encontraba nada.

- ¡Mira eso!- exclamó Jason.

- ¿Que es?

Jason rompió algunas ramas para dejar un camino y me hizo un gesto para que lo suguiese.

- Ahí no hay nada.

- ¡Claro que sí! Huele a agua estancada.

Le seguí para ver si tenía razón y en efecto, había un pantano oculto.

- Nunca he oído hablar de este sitio.

- ¿Y si somos los primeros en encontrarlo?- pregunté ilusionado- puede ser que nadie haya estado aquí antes.

- Lo dudo.

- ¿Por qué?

- Mira bien, ahí hay una cuerda y un par de ladrillos. Alguien tuvo que dejarlos ahí antes de que se cortase el camino.


- Imagina cuánto llevará eso ahí.

- A saber...


Me agaché a ver qué tan profundo era, pero el agua era tan turbia que era imposible ver el fondo. 


- Parece profundo.


Jason cogió en peso uno de los ladrillos y lo dejó caer al fondo. Lo vimos sumergirse rápidamente pero no oímos ningún ruido cuando cayó.


- Lo es- dijo sorprendido.


- ¡Mira eso! - exclamé.


Un montón de luciérnagas comenzaron a revolotear y a iluminarse reflejándose en el agua. Cogí mi cámara y saqué una fotos. La agité hasta que se reveló, a penas se veía el lugar, solo los puntos de luz, como si hubiera tomado una foto al cielo.

- Parece una noche estrellada ¿A que si?- se la mostré a Jason.

- Es verdad, pero eso es porque está anocheciendo, sería mejor que nos vayamos a casa- me dijo Jason.

- ¿Volveremos a este sitio, verdad?

- Claro, cuando sea verano haremos una cabaña con tablas de madera. En tu garaje hay un montón.

- No se si mi padres me dejaran llevármelas, son para hacer reparaciones en casa.

- Podemos hacerla con ramas y cuerda. Haremos las paredes y el techo atando palos, como hacen las balsas. Formamos planchas grandes y luego para unirlas también usamos cuerdas.

- ¡Como en los Scouts!

Mire la hora en mi reloj, era muy tarde y el cielo estaba casi negro. Nos marchamos siguiendo la brújula.
Pasé un poco de miedo, sabía que no estábamos perdidos pero no podía imaginarme estándolo, perderse en el bosque debía ser una angustia terrible.

- Que pena que el campamento de los Scouts esté cerrado este año- le dije a Jason de camino a casa.

- No me extraña, después del tornado del año pasado...

- No lo han a reconstruir hasta el año que viene.

- Piensa que hubiera sido peor si hubiera llegado a nuestro barrio, recuerda que la casa de Marvin salió volando.

- ¡Adiós, Jason!- me despedí cuando nuestros caminos se separaban.

Llegué a casa, cené y me fui a mi habitación. Colgué la instantánea que había hecho en la puerta del armario, donde ponía todas las fotos.

La mañana siguiente era el último día de instituto, no solíamos hacer nada pero igualmente siempre íbamos por si ponían alguna película.

Solo dimos dos clases, el resto fue no hacer nada.

Creo que fue uno de los peores días de mi vida. Los Fumigadores me rompieron las gafas y me tiraron al contenedor de la puerta del instituto, de no ser por Jason no se cómo habria salido de allí.
Tuve que darme una ducha al llegar a casa y echar mi ropa a lavar antes de bajar a comer.
Mi padre vio un cristal de las gafas roto y me miró fijamente por encima de las gafas.

  - Me parece increíble que hayas vuelto a romper las gafas, August- me dijo- ¿Tienes idea de lo que cuestan?

- Lo se, lo siento- me disculpé.

- Son las cuartas este mes ¿Cómo ha pasado?

- Estaba jugando a las peleas con Jason y las pise por accidente.

- ¡Es que tienes que ser más cuidadoso! ¡Mira como tienes los brazos! 

- Perdón, ya no romperé ninguna más, lo juro.

Mi padre resopló, negó con la cabeza y miró a mamá.

- Tendremos que ir a comprar unas nuevas, no vayas a hacer planes para este jueves.

- Vale...

Me marché a mi habitación, no tenía mucho que hacer pero estaba demasiado cansado para salir.
Me miré al espejo de mi habitación, posé, puse caras, me mire desde todas las posiciones y nada. No me veía bien.
Quería cumplir 14 de una maldita vez para llegar a la pubertad, había muchos chicos en el instituto que se habían vuelto guapos después de que les llegase.

"¡Ojalá fuese tan genial como Frank Cooperson!" - lo repetía, todo el rato en mi cabeza.

Quería gustarle a la gente, no hacía falta que fuera todo el mundo, con tener dos amigos más ya me hubiera conformado.

Deseaba vivir alguna historia de amor ese verano, no me importaba si al empezar las clases todo quedaba en nada.

Estuve todo el día recogiendo mi habitación, vi un poco la televisión y me fui a dormir.

Me desvelé a media noche, había escuchado pasos y un golpe. Me levanté de la cama y fui a revisar la habitación de mis padres sin embargo estaban en su cama, ninguno de los dos parecía haberse movido.
Regresé a mi cuarto a por mí linterna y caminé asustado. Estaba convencido de que un ladrón había entrado a la casa.
Al final de el pasillo, la puerta del baño estaba entreabierta, por ella escapaba una luz anaranjada, intermitente y débil.
Entré con el corazón encojido del miedo y para mí sorpresa, no había nada.
Apagué  la luz y al instante gire la cabeza hacia el corredor, donde había escuchado algo deslizarse. 
Se quedó quieto un rato y de pronto oyó una ventana abrirse y cerrarse.
  
  - ¡Mamá! - grité corriendo a la habitación.

- ¿Que pasa?- preguntó ella frotándose los ojos.

- Ha entrado alguien a casa
  
- ¿Estas seguro de que no son imaginaciones tuyas?

  - ¡Claro que no!- exclamó August- ¡La luz estaba encendida y he oído la ventana cerrarse!
  
  - ¿No será que te has levantado sonámbulo y lo has soñado todo? Lo habríamos oído nosotros también.

  - Estaba despierto, me despertaron unos pasos.

  - Es mejor que te vayas a dormir y descanses, mañana tenemos misa muy temprano.

  - Lo sé, ¿Pero qué pasa con el ladrón?

  - Voy a revisar en un momento la casa, seguramente esté todo en orden. Sería imposible que entrasen a robar sin hacer ningún ruido.

  
Volví a la cama, sin embargo no pude dormir de nuevo.
No podía quitarme lo que acababa de pensar de la cabeza. Creía que en cualquier momento alguien aparecería en la la oscuridad de su habitación, caminando hacía mi cama y me agarraría del cuello.
Casi me daba la impresión  de volver a escuchar pasos frente a la puerta mientras el vello se me erizaba, aún sabiendo que estaba abierta y ahí no había nada.
A las 7:30 se levantó de la cama y se vestí para ir a la iglesia.
Me senté en un banco, después de saludar a Jason que estaba dos bancos más adelante y el cura comenzó a dar la misa. Apenas podía escuchar, estaba tan cansado que los ojos se me cerraban y no paraba de bostezar.

  - ¡August!- le susurró alguien. 
  
  - ¿Qué?- pregunté sobresaltado mientras abría los ojos- ¡Estoy despierto!

  - La misa ha terminado, levántate que ya nos vamos a casa.

  - Sí...ya lo sabía...Solo esperaba a que se 
despeje un poco el camino- mentí por pudor.

Llegué a casa deseando cambiarme de ropa, la corbata estaba a punto de asfixiarlo y los zapatos me estaban pequeños.
Me tumbé a mirar el techo, cada vez hacía más calor, un calor insoportable.
No quería ni poner un pie en la calle, era como si lloviese fuego.


  -¡August!- me llamó mi madre desde la planta de abajo- ¿Puedes ir a comprar el pan?

  "¡Mierda, que oportuna!"- pensé, pero no podía negarme.

 Cogí una bolsa y el dinero justo y fui a la panadería de los Pavok

  - Buenos dias- saludé August al entrar.

Jason también estaba allí.

- ¿A ti también te ha mandado tu madre a hacer recados?- me dijo con una media sonrisa.

Suspiré, estaba sudando como un cerdo y no podía ni hablar, estaba tratando de que me entrase un poco de aire por el cuello de la camiseta.

- Si estás tan acalorado te dejo mi turno, yo tengo que comprar más cosas.

- Gracias tío.

Mi turno llegó y me acercé al mostrador.

- Buenos días, dame una barra de pan por favor.
  
- De acuerdo- dijo Kurt, que estaba sustituyendo ese día a su padre.

Me entregó la barra de pan y me cobró, ni siquiera me miró a los ojos.
Jason fue después y con el si cruzo miradas.

  - ¿Quieres una bolsa?- le pregunto.

- Si.

- ¿Eso es una camiseta de Metro Goldwyn Mayer?

- Si, lo es.

- ¿Qué chula, dónde la has conseguido?

- La compré en una venta de garaje.

- Guay, toma tu cambio.

Me sorprendió que fuera tan amable después de el comentario que hizo en el videoclub, pero quién sabe, a lo mejor le pilló de buenas.
Abandonamos la tienda, nos despedimos y caminamos de vuelta a casa.
Acordamos quedar un poco más tarde, cuando se fuera el sol para charlar un rato en la plaza del pueblo.

- Oye Jason, ¿Te puedo contar una cosa?

- Si, claro, dime.

- Me da un poco de cosa que me tomes por loco.

- Sabes que no lo haré, cuéntame.

- Anoche escuché pasos en el pasillo y encontré la luz del baño encendida. 

- ¿No crees que pudiste dejarla encendida por accidente?

- Te prometo que la apagué antes de irme a dormir, además oí cerrar la ventana de la planta de abajo como si alguien hubiera entrado y salido de mi casa.

- A mi también me pasan cosas así desde hace tiempo, creo que a todos en el pueblo les pasa ¿Has oído hablar del fantasma de Culvert?

  - No, ¿Hay un fantasma?

- Se cree que si, que es el niño que desapareció en el bosque intentando llamar la atención de otros chicos para que encuentren su cuerpo.

- ¿Entonces dices que a todos les pasa?

- Lo oí decir en el baño una vez a un grupo de gente durante el recreo. Estaban hablando sobre que oían pasos y ventanas y puertas abrirse.

- Yo no creo en los fantasmas.

- ¿No crees en los fantasmas?

- No, claro que no. Nunca he visto uno, seguramente sea alguien que se cuela en las casas.

- A ver, puede ser alguien que se cuela en las casas pero es extraño que aún no lo hayan pillado. 

- Bueno, puede que sea rápido.

- Si, pero ¿Cuál es su finalidad? Ni siquiera se lleva nada. ¿Por qué entrarías a una casa para encender la luz del baño y luego marcharte? Es absurdo, creo que tiene que ser un fantasma.

No creía en fantasmas pero empecé a sugestionarme. Era cierto que no tenía ningún sentido colarte en casas por qué sí, pero siempre cabía la posibilidad de que todo fuera obra de algún perturbado mental.

- Perdón que te cambie de tema tan brusco, pero hoy es el partido de baseball de Kurt- me dijo Jason- me gustaría ir a verlo, no se si quieres ir conmigo.

En ese momento, pensé que debería contarle lo del videoclub.

- Oye Jason, creo que tengo que decirte algo sobre Kurt.

- Dispara.

- Creo que no le caemos bien y se ha dado cuenta de que le espiamos un poco.

- ¿Por qué lo dices?


Me retracté en mi decisión de contarlo, pensé que saber la verdad completa le haría más daño.

- No lo sé, es que es un poco obvio, siempre que nos ve , ni nos mira , incluso si nos tiene al lado. 

- No nos conoce.

- Es que me parece raro, porque nos ve todos los días, digo yo que tiene que saber cómo nos llamamos.

- El pueblo es pequeño, pero no tanto, es mayor que nosotros puede que simplemente no se fije.

- Pero a ti te conoce todo el pueblo, eres el único pelirrojo y yo soy el único que tiene un extraoral. Tiene que saber quiénes somos si o si.

- Una cosa es conocer y otra reconocer, no es lo mismo. Fue amable conmigo no creo que le caiga mal.

- Ya, pero no creo que le haga gracia que vayamos a todos los sitios a los que el va solo para verlo.

- ¿Entonces crees que es una mala idea que vayamos a su partido?

- Si, lo creo.

- No hace falta que vengas conmigo si no quieres pero si vas ten en cuenta que habrá muchas personas, nos camuflaremos en la multitud. Además puede ir quién quiera, el campo está abierto.

- Está bien...

No quería ir, pero tampoco podía negarme así que accedí.
Nos sentamos en una de las gradas y justo antes de que comenzase el partido Frank estaba paseándose con un megáfono, era todo un rey del espectáculo.

- Está va para tí, Meg- exclamó y se lo devolvió al profesor que los enseñaba a jugar.

Comenzó el partido, fue bastante emocionante. El equipo de Kurt perdió, como era esperable, todo por Frank Cooperson.

- Quiero dar las gracias a la persona que me ha motivado a ganar...¡Te amo Megan!- exclamó de nuevo con el megáfono e hizo una reverencia junto con los de su equipo recibiendo numerosos aplausos.

- Otra vez este tío...- se quejó Jason, que no hizo ni un solo aplauso.

- Es bueno, que se le va a hacer...

- Le odio.

- Se lo que nos hizo pero puede que no sea tan malo, ama a Megan.

Jason levantó una ceja y miró al frente. 

- ¿Que pasa? - le pregunté - ¿Crees que no la quiere?

- Sabe mentir muy bien, eso es todo.

Me quedé callado, no entendía porqué decía eso. Que fuera malo con nosotros no implicaba que lo tuviera que ser con todo el mundo.
Nos marchamos a casa, ya había anochecido y estaba horriblemente cansado, a pesar de que antes de salir con Jason me había dado una siesta.
Cuando me eché  a dormir cerré los ojos y quedé profundamente dormido al instante, pero el episodio de la noche anterior se repitió.
En mitad de la noche escuché de nuevo un sonido en la cocina, armado con una lámpara de porcelana bajé las escaleras y me asomé a la puerta.
Mis manos y piernas temblaban por la incertidumbre.

"¿Y si tenían razón y era un fantasma?" - pensaba.

La luz de la cocina estaba encendida, mientras que el resto de la casa se encontraba en total oscuridad. 

Me adentré con la lámpara levantada sobre la cabeza, mis temblores la hacían oscilarse y resbalarse entre mis dedos, en cualquier momento se me pudo haber caído.

De repente vi un cajón abierto, oí el golpe de la ventana del salón cerrarse y haciéndome retroceder de un salto y tropezar con el cable de la lámpara.
La tulipa de desencajó quedando torcida.
Respiró hondo, me castañeaban los dientes y mi corazón iba a mil por hora.
La brisa de la ventana de la cocina abierta mezclada con mi sudor lo congelaban. Estaba frío como el hielo.
Sentía mis articulaciones rígidas y tensas.
Mr acerqué a ver el interior del cajón preso del pánico, cerrando los ojos en un principio, esperando encontrar algo inmundo y macabro como dedos cortados, ojos o algo muerto. 
En el interior no había más que lo que había siempre: los cubiertos. Tampoco faltaba nada.
De pronto algo me sorprendió colocando una mano sobre mi hombro.
Grité atemorizado y arrojé la lámpara al suelo haciéndola romperse.

  - ¿Otra vez?- preguntó su madre mientras cerraba de golpe el cajón.

  - El f-fan, el fant-a, el fant-asma...

  - Tranquilo August, no hay ningún fantasma, no tengas miedo.

  - ¿Entonces quién ha abierto el cajón?

  - Fui yo, me levanté a tomar leche hace un rato y se ve que no lo cerré bien.

  - ¿Y la ventana? Se ha vuelto a cerrar.

  - Creo que eres sonámbulo, August. Yo no he oído nada.

- ¡Estaba despierto, lo juro!

  - Vete a dormir o mañana estarás muy cansado, ya limpiaremos este desastre en otro momento. Intenta no pensar en esto.

- Está bien.

Me acompañó al pasillo y se despidió de mi en la puerta de mi habitación.

  - Buenas noches.

- Buenas noches, mamá.

 Volví a mi cama y comenzé a temblar, sin atreverse a hacer ningún movimiento brusco. La oscuridad me estaba dando pavor.

"¿Y si el fantasma está escondido en algún lado y se abalanza sobre tí?" - pensaba.

Como entenderéis, no pude dormir, volví a levantarme destrozado como si me hubieran dado la peor paliza de mi vida.
 

©Bloodysaster, Proyecto 1

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