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viernes, 27 de marzo de 2020

Capítulo 2 - La fiesta de Jay

Por suerte, Jason seguía conmigo en el recreo y regresábamos a casa juntos. No nos veíamos por las tardes, no solo por lo tensas que estaban las cosas sino porque teníamos los examenes finales y había que estudiar muchísimo.
Intentaba que todo estuviera bien con él pero solo había silencios incómodos y un trato distante, como si hubiéramos vuelto a ser desconocidos.
Había llegado el día y me temía que se enfadase aún mas conmigo, así que trate de arreglar un poco las cosas.

- Oye Jason, le pregunté a Frank y me dijo que no sabía que era tu cumpleaños- le comenté mientras ibamos de camino a casa después de clases.

- Ya, claro...¿Y la nota?

- Podría ser cualquiera, a lo mejor solo quieren felicitarte.

- ¡No me creo que seas tan inocente de defenderle! ¡Ha sido él!

- Le pedí a Jay que atrasara la fiesta un día, pero mañana vienen sus padres y no puede cambiarla.

- Si, claro, seguro que es por eso...

- ¿Ha pasado algo interesante hoy en clase?- quise romper la tensión.

- Hoy faltó el profe de mates y en historia no hicimos casi nada, vimos un vídeo de el holocausto y los Fumigadores dijeron que eso era mentira y los expulsaron- contestó tratando de aguantar la risa para permanecer serio y así demostrar su enfado.

- A nosotros también nos han puesto un vídeo, pero era una entrevista a chicos locos de un manicomio, me quedé dormido, como estoy en última fila no se dieron cuenta.

- Bueno ya he llegado a casa, pásatelo bien- se despidió fríamente.

Dejo la bicicleta tirada en mitad del jardín y entro por la puerta trasera sin mirarme a la cara.
A lo largo del día estuve intranquilo reflexionando sobre si realmente deberia ir o no a la fiesta de Jay, pense que de todas formas Jason estaría enfadado conmigo asi que me vestí y me prepare para ir. 
Cuando llegué, Jay me abrio la puerta pero vi la decoracion a medio poner y la casa vacia.

- ¿Que pasa?- pregunté extrañado.

- Al final no voy a poder celebrar la fiesta hoy, mis padres van a volver antes de lo previsto y bueno...- me abrazó y me dio una palmada en la espalda- otra vez sera tío...

- No pasa nada, está bien, bueno...Me ire entonces.

No podía sentirme mas culpable y egoísta que en ese momento. Fui a mi casa a buscar el regalo que tenia para Jason y espere a que abriese.


- ¿Qué quieres?


Le entregué el regalo cabizbajo con un nudo en la garganta.


- No sabía si lo ibas a querer después de lo que he hecho...


Jason suspiró y finalmente hizo un gesto para que entrase. 

- Venga, pasa- dijo poniendo los ojos en blanco.

Saludé a sus padres que acababan de volver del trabajo y los ayudé a poner la tarta sobre la mesa en el salón y a encender las velas.
Mientras le cantabamos, sopló las 15 velas una por una. Aplaudimos y acercamos los regalos para que pudiera abrirlos.



- Te va a gustar- le aseguré.


- ¿Qué es?- pregunto agitándolo.


- Ábrelo.



Rompió el papel y sonrió al ver el contenido, mostrándolo a sus padres.


- ¡Es el kit de cultivo de cristales! ¿Te acordaste de que lo quería? Hace mucho que te lo dije.


- Lo compré un poco después de que me lo dijeras y lo guardé para tu cumpleaños.


Jason me abrazó y ahí entendí que me había perdonado, pero eso no me quitó el cargo de conciencia.


- Este es mi regalo- le dijo su padre- adivina lo que es.


- ¿Monos marinos?- preguntó rompiendo el papel enseguida- ¡Gracias papá!


- Recuerda que no son un juguete y cuídalos bien.


- Los cuidaré bien, lo prometo.


- Este es el regalo de mamá.


Jason lo abrió muy emocionado.


- ¿El set de química? ¿Como lo has conseguido?


- Tu tía nos lo ha mandado, le encargué que lo comprase en una juguetería de la ciudad.


- ¡Gracias, mamá!


- Y espera a ver lo que te ha enviado Patrick desde Francia.

Su madre colocó un paquete pesado y enorme sobre la mesa. Jason recortó el sello con unas tijeras para guardarlo y abrió el paquete. Primero saco una postal de la torre Eiffel y le dio la vuelta, detras habia pegada una carta doblada. Tras desplegarla la leyó en voz alta:

 Querido Jason:

Seguro que disfrutas mucho del microscopio que te he regalado, mamá me dijo que hace tiempo que querías uno. Ha sido todo un engorro enviarlo a Estados Unidos pero espero que haya llegado el día de tu cumpleaños. 

Me gustaría haber podido estar ahí contigo pero imagino que estaras pasándolo muy bien con todos tus amigos en tu día especial.

Te prometo que para cuando cumplas 16 lo celebraremos juntos y nos iremos de viaje, se que nunca has salido del pueblo. Iremos a Hawaii o a dónde tú quieras. Ya estoy a punto de recorrer toda Europa de voluntariado y he visto sitios increibles que me encantaría enseñarte. 

Llámame para poder felicitarte en persona y saber cómo te va ¡Felicidades al mejor hermano del mundo!

- Patrick

Jason se levantó corriendo hacía el teléfono y llamó a Patrick. 

- Hola ¡Sí! ¡Está todo genial! Me va muy bien....¿Enserio? WOW ¡Claro que me gustó tu regalo, muchas gracias! ¡Yo también te echo de menos! Bueno...Te dejo, entiendo que estás ocupado ¡Disfruta de París! ¡Adiós! - le escuchaba decir desde el pasillo.

Volvió a acercarse a la mesa, cortamos la tarta, comimos un trozo cada uno y subimos a la habitación para hacer nacer a los monos.
Primero había que sacar la pecera de la caja, después echar el sobre para purificar y por último abrir el sobre de los huevos.

- ¿Por qué no eclosionan? - preguntó Jason- se supone que salen instantáneamente...

- A lo mejor hay que esperar unos días, en las instrucciones pone que hay que darles de comer 5 días después de que salgan de los huevos.

- Habrá que esperar a que nazcan- dijo decepcionado dejando el sobre de la comida junto al tanque.

- ¿Me avisarás cuando nazcan?

- Claro que sí, quiero mirarlos con el microscopio.

- ¿Y que vamos a hacer ahora?

- Vamos a fabricar cristales, elige un color, puedes quedarte con uno.

- ¿Enserio? 

- Si, claro, venga coje el que quieras.

Elegí el azul. Hicimos todo lo que ponía en las instrucciones, cuando llegó la noche me marché con mi cristal.
Tardaba unos días en acabar de crecer después de unas 6 horas ya se empezaban a ver cristalitos.
Lo puse sobre mi mesa de noche, encima del despertador para ver cuanto habría crecido cuando me levantase.
En cuanto sonó, a la mañana siguiente, cogí el cristal. No había crecido mucho, aún era pequeño y no le habían salido puntas afiladas como las fotos de la caja.
Cogí la bicicleta para ir al instituto y tuve la suerte de cruzarme con Jason.


- Hola - le dije pedaleando rápido para alcanzarle- ¿Como va tu cristal?


- Solo ha crecido un poco, casi nada. Hoy voy a ver cómo reaccionan los químicos de mi kit, por si después quieres venir a verlo.


- Vale, ¿Y tus monos?


- Aún no han eclosionado.


Aparcamos las bicicletas y entramos al instituto. Mientras iba por el pasillo comencé a escuchar la conversación de un pequeño grupo en la entrada. 
Hablaban sobre una fiesta, aquello me extrañó pero mucho más cuando al seguir avanzando había más personas hablando sobre ello.
Era la primera vez en mi vida que sentía rabia y odio por alguien. No era una sorpresa el hecho de que me habían mentido y si habían dado la fiesta sin mi, ni tampoco que la habían hecho precisamente el día del cumpleaños de Jason para que si invitaba a alguien, nadie fuese. 
Mi culpa solo hizo crecer, ahora no solo me sentía un egoísta, también un estúpido.
Frank apareció frente a mí, sacando cosas de su taquilla como si nada, cerró la puerta de la taquilla y se dio la vuelta para hablar con Jay.
Me separé del lado de Jason y me acerqué a ellos lleno de rabia, sin ni siquiera pensarlo dos veces.


- Parece que anoche si hubo una fiesta- le dije a Jay.


- Falsa alarma, mis padres no volvieron ese día. No te dije nada porque bueno, ya habías ido hasta mi casa para irte, no iba a marearte haciéndote ir dos veces- se excusó vagamente.


- Podrías haberme llamado.


- No tengo tu número y tampoco iba a presentarme en casa, no quería molestar a esas horas. Lo siento mucho.


- No me mientas.


- No te estoy mintiendo, es así.


- Jason tenía razón sobre ti, Frank- declaré, dirigiéndome a él.


- No te equivoques, amigo, yo no tengo nada que ver con lo que sea de lo que me estés acusando.

- Hiciste todo esto para reírte de mí y de Jason.

- Tonterías ¿Eso crees? Oye, ¿Porque no lo olvidamos?

- ¿Por qué has hecho? No te hagas el tonto, se que todo fue a propósito.

- Esta bien, tu ganas, era una novatada. Tampoco es para tanto, solo estábamos bromeando...

- Lo que nos has hecho ha sido cruel.

- Era una broma pesada, nada más, tal vez se nos haya ido un poco de las manos.

No supe que responder a eso. Casi soy yo quién le pide disculpas a él por ofenderme por lo que me había hecho, pero apareció Jason y le plantó cara.

- ¿Te parece bonito meterte con los que no son de tu curso?- le preguntó enfadado.

- Ya se lo he explicado, no he metido con nadie- contesto tajante- solo ha sido un malentendido.

- Engañarás a otros pero yo sé cómo eres.

Frank sonrió y levantó una ceja.

- Lo que sea, tenemos clase ahora- contesto con desdén cuando oyó el timbre- nos vemos.

Se marchó sin mostrar ningún atisbo de remordimiento. Creía que pediría disculpas, se arrepentiría o algo, pero no. Siguió su vida como si nada hubiera pasado.
No recuerdo sufrir mucho por eso, mi madre me dijo que me lo tomase como una lección que el universo me había dado por lo que le había hecho a Jason. No decía que me lo mereciera, pero era una cuestión de causa-efecto.
Para el lunes de la semana siguiente, ya era cosa del pasado. Recuerdo que Jason y yo comimos en la cafetería y salimos juntos del instituto. 
Nos habíamos encontrado un carro de compra junto a los contenedores, le faltaba una rueda pero a Jason se le ocurrió que era buena idea meterme dentro y empujarlo por la pendiente subiéndose atrás.
Entre el metal y el chirrido por la rueda que faltaba me iban a explotar los oídos, pero era como montar en minikart. Cuando llegó al final de la cuesta frenó con una alcantarilla y salí disparado pegándome con las barras de metal en la frente.

- ¿Estás bien?- preguntó Jason.

- Si, si, estoy bien.

Jason me arrastró dentro del carro hasta la tienda del señor Holligan. Estaba llena de baratijas, la gente iba ahí a empeñar cosas que ya no quería y a veces tenían cosas guays. La gente nos iba mirando por la calle, Jason estaba un poco loco, pero me lo pasaba muy bien con él, realmente no me importaba lo que pensaban.
Me bajé del carro y entré con él. 

- Buenas tardes señor Holligan- le saludamos.

- Buenas tardes chicos ¿Que tal el instituto?

- Muy bien- contestamos a la vez.

- ¿Y tu padre, Jason? Como le va con la tienda.

- Muy bien, últimamente vendemos mucho.

- Eso es, tú sigue ayudando a tu padre, aprovechalo ahora que mientras más mayor seas menos lo vas a poder ver.

- ¿Usted cómo está?- le pregunté 

- Bueno, ayer no gane ni un centavo pero me han traído cosas que os pueden gustar. Id a echar un vistazo.

- Vale- conteste frotándome la frente.

- ¿Qué te pasa? ¿Te has dado un golpe?

- Si, con un carro de hierro.

- ¡Uf! ¡Espero que no te salga un chichón!

- ¡Ojalá no, que asco! Me da grima solo pensarlo.

- Bueno, daros una vuelta y ahora me decís si habéis visto algo.

Empezamos a ojear la tienda detenidamente.
Kurt estaba allí, está vez solo, mirando una caja que tenía comics que llevaban tiempo sin venderse solo por 15 centavos ¿Podéis creeroslo? No era casi nada.
Jason se empezó a poner rojo, no quería acercarse a dónde estaba él así que miramos en otro pasillo. Justo en una estantería vio algo que le iluminó los ojos, eran unos patines de cuatro ruedas.
Jason los levantó y miró el precio, enseguida los dejó donde estaban.


- ¿Que pasa?- le pregunté.


- No me llegan los ahorros para comprarlos.


- ¿Por qué no pediste unos patines para tu cumpleaños?


- Es que en el Devenson's Burger tienen pista de patinaje y puedo patinar gratis y el microscopio me hacía mucha ilusión Hablando de cumpleaños ¿Que crees que te van a regalar?

- Hace tiempo que quiero una cámara de fotos, pero no sé si me la compraran.

En ese instante Kurt apareció en nuestro pasillo y comenzó a mirar una caja con una colección completa de figuras de porcelana. En ese momento, por la tensión me entró la risa floja.
Kurt me miró de reojo con cara de pocos amigos y soltó la caja marchándose de la tienda.


- ¡Pero que haces, tonto!- exclamó Jason- ¿Que hay de eso de pasar desapercibidos?


- Lo siento, me estaba poniendo nervioso- me disculpé, pero no paraba de reírme.


- ¡Para ya!- me dijo riéndose el también y golpeando mi brazo.

- ¡Ay no! ¡Me haces daño, para!- dije tratando de agarrarle el brazo para defenderme.


En esto apareció Gertrude, era una señora mayor pero no de las amables, sino de las que se pasaba el día mirando que hacían los chicos para luego quejarse a sus padres, fuera lo que fuera.
Me callé al instante y me quedé serio mirando a Jason. En una forma de no establecer contacto visual con ella cogí la caja que había soltado Kurt y la ojeé un poco.
La mujer me miraba con un gesto de asco negando con la cabeza.


- Buenas tardes, Gertrude - le dije, entendiendo que el problema tal vez era que había notado que me estaba haciendo el distraído para no saludarla.


- Buenas- dijo Jason después de mí volviendo a cojer los patines.


- ¿Estás buscando algo para tu madre?- me preguntó señalando la caja.

 
- No...


- ¿Y eso?


- No...Yo solo lo estaba mirando- lo solté donde estaba y sonreí mirando otras cosas en el mismo estante. Entonces me di cuenta de que estaba fijándose en el hecho de que era amanerado.


- Esto son cosas para chicas- cogió la caja ella y saco sus gafas para leerla.


- Solo estaba mirando, tampoco es que fuera a comprarlo.


- Ajam...


- Oiga - le dijo Jason- ¿Y a usted que le importa?


- ¿No sabes que es de mala educación contestar a los mayores?


- También meterse en asuntos que no nos conciernen- me defendí yo también.


- Le voy a decir a tu padre que eres un grosero- acto seguido, me miró de arriba a abajo arrugando los ojos- y de ti que te le estás yendo por el mal camino.


Se marchó muy indignada, sin mirar nada. No entendí porque había entrado a la tienda en un primer lugar.


- ¿Crees que nos la cargaremos después de esto?


- Que va, hombre. Es ella la que nos ha venido a molestar, todo el mundo sabe cómo es.


No fue así, Jason me había invitado a su casa y nada más llegar su padre se lo llevó al salón muy enfadado. 


 - ¿Te parece bien contestarle a los ancianos, Jason?- le dijo.


- ¡Estaba molestándonos a mi y a August!


- No me rebatas, por mucho que tengas razones para contestarle no tienes que hacerlo. Si esa señora es una metomentodo es cosa suya, pero tú no tienes que estar en boca de los demás por grosero.


- ¡Ni siquiera fui grosero! ¡No le dije nada!


- Ve a su casa y le pedís disculpas, no voy a rebatir nada. Que no se pueda quejar de nada, que luego va corriendo la voz por todo el pueblo.


- ¡Pero papá! ¡Empezó ella!


- Me da igual que tengas la razon, como me rebatas más te dejo sin televisión. 


Jason se enfado muchisimo.



- Le hare una pastel de disculpa- dijo antes de salir del salon. De pronto me llevo a la cocina agarrando mi hombro y me sonrio con malicia.


- ¿Que estas tramando?


- ¿Y si le metemos laxantes en el pastel?- susurro a mi oido.


- ¿No se dara cuenta?


- ¡Seguro que no! Trae tres pastillas, se va a cagar.


Me mando a por los laxantes al baño, donde guardaban todos los medicamentos,  mientras empezaba a hacer el pastel. Traje solo dos pastillas y Jason las pico en polvo y las añadio a la mezcla.

Despues de 35 minutos ya estaba horneado, decorado y listo.  No era muy grande, era practicamente una mini tarta asi que no fue dificil transportarla, como era Jason quien la llevaba pegue al timbre.
Gertrude, primero miro por la mirilla, escuchamos como abria dos cerrojos antes de la puerta.


- Anda...¿Venis los dos a pedir perdon?- pregunto con un tono cinico.

- Te he hecho un pastel de disculpa.


Gertrude lo tomo, abandonando ese cinismo de golpe, como si el no esperarse ese acontecimiento la hubiera hecho darse cuenta de su actitud errada.
Cogió un pedazo con las manos y le dio mordisco ahí mismo y de pronto sonrió.

- No sois malos chicos al final- nos dijo- está muy buena, como se nota que tu madre es repostera.

- Gracias, me alegro de que me guste- dijo Jason con cara de no haber roto un plato- tenga un buen día, Gertrude.


- ¡Adiós chicos, tened cuidado!- se despidió antes de cerrar la puerta.


Como ya esperareis volvi a casa de Jason y nos metimos en la habitación para poder reírnos de nuestra travesura.


- ¡Vaya diarrea se va a pillar la vieja!- dijo mientras se encendía un cigarrillo.


- No deberíamos haberle puesto tantas pastillas.


- Ya está hecho...- le dio una calada al cigarrillo y me lo acercó a la boca.


- ¡Puaj!- le retiré la cara con asco y le empujé el brazo- ¡Quita eso sabes que no soporto el humo.


- ¿No querías tener la voz más grave?- preguntó intentando agravar la voz.


- Muy gracioso...


De pronto pegaron al timbre, el corazón nos dió un vuelco porque sabíamos de sobra que si era Gertrude nos esperaba un castigo. Escuchamos la puerta abrirse y el padre de Jason saludar.

  - ¡Su hijo es un sinvergüenza!

 Bajamos al rellano de las escaleras para ver la escena. No podíamos aguantar la risa viendo como Gertrude, con rabia gritaba levantando y agitando su puño en el aire:

  -¡Míralos como se ríen! ¡Niñatos!

  - ¡Pero bueno! ¿Pero como se atreve a insultar de esa forma a mi hijo y su amigo? ¡Debería darle vergüenza! ¡Una mujer adulta gritando barbaridades a unos pobres niños..! ¡Delante del padre de uno de ellos!

  - ¿Pobres? No sabe usted bien lo que dice...¡Ha sido probar su tarta y pasarme media hora en el baño!

  - Mire, mi hijo no haría algo así. El no se mete en problemas, no es conflictivo al contrario que usted. Si lo he mandado a pedir disculpas es para que se prive de comentarios. Si no tiene pruebas no la voy a creer.


  - ¡Las tengo! ¡Y usted lo va a ver!¡Pruébelo si no me cree!


 Nuestras sonrisas se desvanecieron al momento hasta que vieron como Gertrude sacaba un recipiente con un trozo de tarta.
Pero peores fueron nuestras caras al ver como se lo entregaba.

 El padre de Jason se dirigió a la cocina, abrió en recipiente y puso su contenido en un plato. Nada más probar la tarta, sintió unos fuertes retortijones y tuvo que correr hacia el baño.

Gertrude estaba esperabando impaciente su momento de gloria en el que por fin podría ver como castigaban a mi amigo.


  - ¡Jason! ¡Estas castigado! ¡Toda la semana sin salir!- gritó furioso al salir del baño.

Me sobresalté, nunca lo había visto enfadado de verdad, a Jason nunca le regañaban o al menos no delante mía.


- ¿Como se te ocurre, eh? Baja aquí ahora mismo.

Tuvo que bajar las escaleras, asustado y rojo de la vergüenza.


- ¿Por qué lo has hecho? ¿Me lo puedes explicar?


- Solo era una broma...- se excusó.


- Déjate de tonterías ¿Te parece que eso es algo con lo que bromear? No me mires con ojos de cordero degollado, ya deberías ser un poco más consciente de tus actos.

- Lo siento Gertrude...

- Lo que hay que aguantar...- dijo ella resoplando- te está bien empleado, que lo sepas. Y a tu amigo espero que también le caiga una reprimenda.

- El no ha tenido nada que ver, lo he hecho todo yo solo.

- Disculpe a mi hijo, solo es un niño, no piensa lo que hace.

- Como usted mismo ha dicho, ya debería.

Se marchó muy indignada. Lo pasé muy mal, si bien es cierto que yo no tuve castigo porque el quiso cubrirme le echaba mucho de menos. 
Al menos lo habían castigado solo una semana sin salir y no le habían prohibido ver la tele. 
En cuanto salió volví a su casa, me gustaba más estar allí que en la mía, porque siempre estaba mi madre. En la suya al menos la mayoría del tiempo estaba solo y podíamos hacer ruido.


- ¿Por qué faltaste ayer a clase?- me preguntó Jason.

- Me dolía un poco el estómago.

- ¡Siempre que faltas pasa algo interesante!

- ¡Demonios! ¿Que pasó ayer?

- Al hermano de Jay le encontraron marihuana en la mochila, la estaba vendiendo en el instituto y se lo han llevado arrestado.

- ¿Enserio? 

- Si, lo han metido en un reformatorio.

- ¿En un reformatorio? ¡Caray, si eso es como una cárcel pero de niños!

- ¡Ya ves! 

Jason se encendió un cigarrillo y fue a abrir la ventana. 

  - ¡Que ganas de que sean las vacaciones!- exclamó 
  
  - Yo también quiero que llegen- me lamenté suspirando.

- ¿Como te han salido los exámenes?

- ¡Fatal! Seguro que tengo que repetirlos.

- ¿Tan mal?

- Por lo menos he suspendido dos...

Era un poco irónico ser el tipico empollón pero no ser bueno en los estudios, Jason tenía suerte de que todo se le daba bien.

- No te preocupes, será fácil pasar las pruebas- me tranquilizó.

 - Para ti es fácil, siempre sacas sobresaliente...

  - Bueno ya, pero seguro que cuando repitas los exámenes te lo ponen más fácil.

- Dios te oiga...

- ¿Has visto mis monos? Se me olvidó  decirte que ya han salido de los huevos y los cristales ya han crecido.

Fui a mirar la pecera desde cerca. Eran minúsculos, como gambas en miniatura.

- ¡Qué raros, no me los esperaba así!

- Al microscopio son todavía más raros. 

- ¿Que se supone que son en realidad?

- Artemias salinas, son crustáceos. He leído que entran en criptobiosis, es como un estado de suspensión en el que pueden estar hasta 2 años. Salen de ese estado al estar en contacto con el medio en el que pueden sobrevivir y sus huevos eclosionan.

- ¿Como sabes eso?

- Lo leí en mi libro sobre especies marinas.  Oye ¿Quieres que vayamos a la tienda de comics? Mi padre me ha dejado quedarme con las propinas del tarro de la tienda.

- Vale, vamos a dar una vuelta.


Nos hicimos unos sándwiches para merendar, por si nos entraba un poco de hambre.
Íbamos muy distraídos hablando por el camino, hasta que escucharon una voz alzarse y pasos de un grupo frente a nosotros.
Miramos al frente y vimos a los Fumigadores, tratamos de evitarlos y escapar de ellos pero ya nos habían visto y fue completamente inútil.

- ¡Pero bueno! ¿A donde vais con tanta prisa?- exclamó Bast y nos corto el paso junto con los demás.

- ¿Llegais tarde a algún lado?- preguntó Bast.

Lo primero en lo que me fijé es si llevaban bates, hoy por suerte no los traían.
Tragamos saliva e intentamos no hacer mucho contacto visual con ellos, no sabía si los habían vuelto a llevar al aula de castigo por fumar o hacer alguna trastada porque de ser así se iban a desquitar de la peor manera con nosotros y hasta una mirada podría ser fatal.

Una vez Alexander le partio los dientes a Marvin, un chico de mi curso contra un bordillo a la salida de la escuela, simplemente porque Andrew decía que los había mirado mal, ahora todos lo llamaban "Marv el mellado"

Otra vez, Bast le dio tantos puñetazos en la boca con sus anillos de hierro a Tommy por chivarse de una de sus trastadas a un profesor que le hizo sangrar las encías.

A mí también me habían hecho cosas horribles, por ejemplo vaciarme la mochila en un charco un día lluvioso y pisarme todos los libros y los deberes, pero eso no era nada.

Otro le conté  al profesor que estaban fumando en el baño y los llevaron al director. Me esperaron a la salida y Alexander uso una brida para engacharme los arcos de los brackets entre si y sujetarlos al guardabarros de un coche. Tuve que arrancarlos para poder salir.

Aún así, esto es solo era un breve resumen que no recoge ni siquiera sus peores jugadas. Ni los mismísimos profesores se atrevían muchas veces con ellos. 

Eran unos animales y como todos les teníamos miedo no le contábamos nada a nuestros padres por miedo de empeorar las cosas.

  
- No- contestó Jason.

- ¿Y tu, mariquita?- preguntó Andrew agachándose a mi altura- ¿Le ganastes la carrera al sida con tu bici de niña el otro día?

Le miré cabizbajo, no solía responder a sus burlas. 
Jason tampoco sabía que hacer ante la situación.

- ¿Y que hay de ti, rarito?- preguntó Alexander- ¿Lo de juntarte con August es porque también eres marica?

- Tampoco te metas en su intimidad, es cosa suya si les gusta darse por el culo- dijo Bast.

Comenzaron a reírse y pararon en seco. Andrew me agarró del pelo cogote con fuerza y me acercó a él, sacudiendo violentamente mi cabeza.
Le miré directamente a los ojos e inmediatamente le esquive la mirada.

- ¿Tienes algo para mí greñitas?- preguntó apretando sus dientes pequeños y afilados, como si tuviera la boca llena de colmillos.

Me queje del dolor, pero mientras más lo hacía más fuerte me tiraba del pelo.

- ¡Te doy lo que quieras pero suéltame…!- exclamé atemorizado.

Cuando lo hizo le entregué la mochila para que no me hiciera más daño, pero me la arrancó de las manos y me empujó al suelo haciéndome caer de boca contra el asfalto.
Todos se acercaron a rebuscar el contenido.
Bast se guardó el dinero de mi cartera y me la lanzó en la cara. Sacó mi brick de zumo de frutas y se lo entregó a Andrew, mientras el sacaba mi sándwich.

- ¿Sándwich de lechuga? ¿Que clase de puta mierda es esta? ¿Quieres matarme de hambre?- preguntó furioso mientras lo arrojaba al suelo y lo aplastaba bajo sus botas militares.
Dejó caer la mochila y la apartó de una patada.

- ¡Te la vas a ganar!- le gritó Andrew cogiéndolo por los brazos junto con Alexander.

- ¡La próxima vez le dices a la puta de tu madre que te prepare un sandwitch mejor!- me gritó Bast en el oído propinándome una fuerte patada en el estómago.

Sus botas tenían las puntas reforzadas con metal y aquella patada me dolió tanto que empezé a llorar desconsoladamente mientras me dejaban caer al suelo.

- No llores, que aquí no te va a oír nadie ¡Y tu quietecito, zanahorio!

Me soltaron sobre el suelo y comenzaron a patearme con todas sus fuerzas, menos Bradley que era un mero espectador.
Me puse en posición fetal y me cubrí la cabeza,  pero no paraban de darme paradas con todas sus fuerzas.

- Ya se me han cansado las piernas- dijo Andrew y se tomó el zumo. Junto con el pararon los demás.

Me retorcí de dolor en el suelo, y continúe llorando en voz alta.
Jason había permanecido apartado de todo, también observando como un mero espectador sin decir una sola palabra y paralizado por el miedo.

- Y tú, más te vale sacar una caja de cigarrillos- le dijo Alexander- se que llevas una encima.

Jason la sacó de su mochila y se la entregó. Todos se metieron un cigarro a la boca.

- ¿Tienes fuego?

Jason les encendió a todos el cigarro y Andrew cerró la caja, retirándole el brazo en señal de que podía quedarsela está vez mientras  me arrojabq en envase vacío de mi zumo

- Como se os ocurra decir algo de esto os enteráis.

Se marcharon por donde habían venido. Jason me ayudó a levantarme y tuvo que llevarme a su casa.

- Deberías de contárselo a tu madre- me dijo dándome una bolsa con hielo para ponerme en el estómago.

- ¿Estás loco? Como hagamos eso la próxima vez nos matan a los dos.

- El problema es que nadie se atreve con ellos, la ley existe para algo.

- ¿Y qué sugieres? ¿Decírselo al sheriff?

- Es mejor idea que decírselo a los profesores o a tus padres.

- ¡Ni de broma! ¡Habrá represalias, se vengarán de nosotros, lo han dicho!

- No si los meten en un reformatorio como a Montgomery.

- ¿Y cuando salgan? Nos irán a buscar y nos darán una paliza, no van a tener nada que perder, es hasta peor.

Jason suspiró y se quedó pensativo mirando la televisión.

- ¿Por qué todos son tan malos con nosotros?- le pregunté.

- No lo sé, August.

- ¿Hay algo que está mal en mi? 

- No, no tienes nada mal.

- ¿Estás seguro?

- Son ellos los que están mal, este pueblo está podrido, no sufras más por eso.

Jason odiaba al pueblo, con todo su ser. Quería irse lejos, muy lejos. Me costaba creer que todos tuvieran un problema y yo fuera el que estaba bien, por mucho que me lo dijera creía que el problema tal vez era mío.
Debía de haber algo, una razón para que me odiasen, para que me tratasen así, algo más. No creía que fuera posible que tanto odio saliera así porque sí, sin justificación o lo que es lo mismo, no creía en la maldad.



©Bloodysaster, Lonesome Town

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