Me llamo August Orton, me gustan los comics, montar en bicicleta, los juegos de mesa, ir al cine, escribir y los videojuegos. Las acampadas eran mi cosa favorita en el mundo, todos los veranos mis padres y yo encendiamos una fogata por la noche para derretir nubes y cantabamos una canción o contabamos historias de miedo.
Como veis, no soy especial, me gustan las mismas cosas que le gustarían a cualquier adolescente en los años 80, solo hay una cosa que me diferencia de otros chicos y es que yo tendre 14 años para siempre.
El verano del 84, un día como cualquier otro morí y aun ahora, no existo como la persona que era.
Vivía en Culvert, tal vez no os suene porque era un pueblucho en el ojete de Estados Unidos en el que nunca había pasado nada suficientemente relevante como para salir en un noticiero que no fuese el local.
Era tan insignificante que tampoco tenía cabida en los mapas ni los libros de historia, como si se tratase de un recuerdo que todos querían olvidar.
No llegaba ni a los 3.000 habitantes, todos nos conocíamos, aunque fuera solo de vista, eso es lo malo de los pueblos, nunca hay intimidad.
Era tan feo que parecía una broma de mal gusto, estaba lleno de suciedad y gente cateta y anticuada y por si fuera poco todo estaba tan viejo que daba pena.
Pero a mí me gustaba, a veces te alegrabas de vivir allí y sin embargo otras deseabas poder irte lo antes posible.
Recuerdo que en los vecindarios las aceras tenían baldosas rotas, había postes caídos y patios delanteros de casas llenos de bartulos y chatarra y como te alejaras un poco lo único que veías era campo, bosque y granjas.
Se que hay muchos que veneran la tranquilidad de un pueblo apartado, pero yo hubiera matado por vivir en la ciudad y no en un sitio tan aburrido que sólo captaba la emisión de tres canales de televisión.
También tenía sus cosas buenas, por ejemplo que por la carretera pasaban muy pocos coches y podíamos cruzar sin mirar, jugar o ir en bicicleta o había ríos y lagos donde podíamos ir a buscar sapos.
Incluso teníamos nuestras propias fiestas del pueblo, eran un auténtico espectáculo, en ellas había competiciones que iban desde el concurso de escupitajos, hasta coger con la boca patas de cerdo crudas sumergiendo la cabeza en un balde lleno de agua.
Pero también estaban: montar en toro mecánico, concurso de comer mazorcas, lanzamiento de herraduras, persecución de gorrinos engrasados y tiro al blanco entre otras muchas.
Y cuando no había fiestas, aun así todos los domingos, en la iglesia del pueblo se hacía una misa para cantar, era muy divertido.
Pero lo mejor de lo mejor era el local de recreativos, la bolera, la pista de patinaje del restaurante más famoso del pueblo y un pequeño cine construido en el 47 que se caía a pedazos, aunque de ir tantas veces a los mismos lugares uno se acababa cansando.
Pero a medida que os vaya contando cómo morí os haréis mucho más a la idea de como es mi pueblo.
Todavía recuerdo el día que marcaría el principio de mi final, hasta entonces solo tengo vagos recuerdos.
No era muy distinto a los demás, fui al instituto en bicicleta como todos los días, la deje aparcada, subí las escaleras de la puerta principal y caminé solo por los pasillos hacia el baño fijándome en la ropa que había traído la gente, sus peinados y de lo que estaban hablando.
Frank Cooperson pasó por mi lado, para vosotros ese nombre no significara nada, pero era el guaperas de mi insti. Tenía una melena de pelo castaño claro debajo de la mandíbula, siempre peinada con espray para el pelo, cejas largas y gruesas, ojos color miel y una sonrisa perfecta. Creedme que cualquiera hubiera matado por ser él y yo no era la excepción.
Los profesores le querían, todas las chicas estaban por él, sacaba buenas notas y aspiraba a ser un campeón del baseball
Antes de que me adelantase le salude por su nombre, el me sonrió y levantó la mano. Ahora se que si yo no lo hubiera hecho él nunca hubiera reparado en mí y después de esa breve interacción seguramente se habría olvidado de mí por completo.
Seguí observandole, llevaba su bomber de cuero con un bordado en la espalda de Bugs Bunny junto a la frase ¿Que hay de nuevo viejo? y escondido detrás de su espalda un ramo de margaritas para su chica, Megan.
Ella y yo nunca habíamos hablado, creo que para entonces tampoco sabía de mi existencia. Era muy guapa, con el pelo ondulado y castaño, piel muy pálida, ojos celestes, nariz chata, las paletas separadas y cejas finas pintadas con lápiz. Frank le entregó el ramo y ella le dio un abrazo y un beso en la mejilla, después empezaron a hablar, no sé de qué pero a él lo interrumpian todo el rato con saludos y apretones de manos.
No podía no envidiarles, yo también quería ser así de afortunado. Finalmente llegué al baño y di tres toques en la puerta del último cubículo. La llamaban el "Paseo de la fama" y allí los chicos escribían con rotulador en las paredes y en la puerta rumores, insultos, motes, hazañas y demás desde que mis padres estaban en el instituto. El baño de las chicas también tenía el suyo propio pero solo podían leerlo ellas.
Yo tenia algunas menciones honorificas, pero no eran muy positivas, en una de ellas alguien me habia dibujado con un pene gigante en la boca y habia escrito abajo "El marica os la chupa por 25 centavos" y el resto eran del mismo estilo.
- Ya salgo, espera - me contestó Jason antes de abrir la puerta del cubículo.
Era mi único amigo en todo el pueblo, se que estaréis cansados de escuchar historias clichés sobre chicos perdedores y marginados, a mi tambien me hubiera gustado contaros otra cosa.
Era pelirrojo, de esos que tienen el pelo naranja, más o menos por los hombros, ojos azules, pecas por todo el cuerpo, la piel blanquísima y las mejillas un poco quemadas del sol.
Os prometo que aunque digan que los pelirrojos son feos el era muy atractivo, al menos para mí. Tenia ojos rasgados, labios grandes y rojos mandíbulas cuadradas y los pómulos muy pronunciados, como los modelos.
Siempre llevaba ropa ancha y colorida, justo ese dia tenia puesta una chaqueta vaquera con el cuello marron de pana de cuando Marlboro aparte de hacer cigarrillos fabricaba ropa.
De pronto vi entrar a los Fumigadores. Os preguntaréis quienes eran, imaginaros a 3 tipos con la cabeza rapada y un un tío de 2 metros yendo a "cazar" víctimas para sus burlas y acosos. Eran neonazis o algo así, creo que cuando se rapaban el pelo se les llamaba skinheads.
Siempre iban por ahí con sus bates, se hacían llamar así porque decían que limpiaban el pueblo...
Aperte del nombre de su banda todos tenían motes, los llevaban pintados en la espalda de sus chaquetas. Bast era "Eagle" , Alex "Skull", Andrew era "Hammer" y por ultimo Bradley era "Crackhead".
Le llamaban cabeza hueca porque apenas hablaba, siempre se quedaba solamente mirando sin expresión y era lento de gestos y reflejos.
Era el hermano mayor de Frank, pero iba a la misma clase que Jason porque los Fumigadores habían repetido 3 cursos por no estudiar o hacer pellas fumando en el baño junto al ventanal, deberían de estar en doceavo grado.
Brad se parecía un poco a Frank, tampoco mucho porque sus cejas casi se unían en el centro y tenía la nariz pequeña y respingada hacia arriba, una cara muy infantil para su edad y el labio superior muy fino.
Era raro, se parecía a esos niños que nacen con problemas porque sus madres beben embarazadas de ellos.
Intenté esconderme en el baño pero ya me habían visto. Jason volvió a cerrar la puerta e intento no hacer ruido para que no supiesen que estaba ahi.
- ¿Creías que te ibas a escapar mariquita?- me pregunto Bast empujándome a un cubículo. Era el cabecilla del grupo, el resto eran solo sus perros.
- Cabeza hueca, cierra la puerta- le dijo Alex a Bradley.
Bast me puso contra la pared y comenzó a orinar en el váter, trató de convencer a los demás de que lo hicieran pero Bradley se negó.
- ¿Que pasa tío?- preguntó Alex
- Es asqueroso, no quiero hacerlo- se seguía negando.
- ¡No seas rajado, Brad!
Consiguieron convencerlo finalmente, cuando escuché la cremallera de sus pantalones cerrarse una mano me agarró con fuerza el pelo de la nuca y sin saber cómo ya tenía la cara metida dentro del váter.
Escuché risas y cosas que no podía entender porque alguien tiró de la cisterna mientras mi cabeza aún seguía dentro.
Cuando me soltaron y salieron del baño riendose oí una puerta abrirse y al girarme Jason estaba detrás de mí, con el rollo de papel higienico para que me secase.
- Será mejor que te laves la cara y te quites la ropa, te dejo mi chaqueta si quieres.
Tuve que quitarme la camisa y el chaleco y meterlos en una bolsa de basura vacía de una de las papeleras. Me froté la cara y el pelo con jabón todo lo que pude pero iba a llegar tarde a clase y limpie mis gafas con papel.
Cuando entré todos se rieron porque tenía el pelo mojado, sabían que cuando alguien entraba con el pelo así le habían metido la cabeza en el váter, si os lo preguntáis, no era la primera vez que me sucedía, así que no tenia muchos amigos como imaginaréis. Siempre que hablaba era con los de un curso por encima del mío.
No recuerdo mucho de lo que hice ese día en el instituto, solo que estaba deseando llegar a casa para cambiarme porque la chaqueta de Jason era demasiado grande. Después de almorzar en la cafetería, Jason y yo fuimos juntos en bicicleta al videoclub para alquilar una película.
Justo al entrar se encontró una moneda y Jason la metió en la máquina recreativa que tenían en la entrada para jugar pero perdió la partida porque le distraje.
- Mira eso- susurre.
- ¡Maldición!- exclamó mientras miraba en la dirección que yo señalaba.
Kurt acababa de entrar a la tienda. Tratamos de mirarle de manera disimulada desde lejos mientras se adentraba en un pasillo.
- Es Kurt - le dije a sabiendas de que los dos estábamos colados por el.
Corrimos al pasillo de enfrente para mirarlo desde los huecos de la estantería. Recuerdo que estaba sosteniendo una película y hablando con sus amigos para ver si la elegían.
Era mucho mas guapo que Frank, tenia el rubio con los ojos verdes, ademas era de los mayores, estaba en onceavo grado.
De pronto echó una mirada a la estantería para volver a colocarla y nosotros caminamos rápidamente para no ser vistos y pasamos a observarle desde el pasillo consecutivo, nuevamente a lo lejos mientras ojeabamos unas revistas.
Finalmente escogieron una película y empezaron a caminar exactamente en nuestra dirección. Iban a irse pero Kurt se dio la vuelta y se paró justo al lado de Jason y cogió una revista rozándole un poco el brazo.
- ¡Eh!- exclamó- ¿Habéis visto esto?
Uno de sus amigos se acerco a ojearla sin mucho afán y la dejó donde estaba, colocando el brazo hombro para que caminarán rápido.
- Es muy cara- le dijo- seguro que la rebajan.
Me dio tiempo a ver la película que llevaban, era justo la que íbamos a elegir.
- ¡Mierda!- se llevan la que queríamos.
- ¿Has visto? ¡Kurt me ha rozado el brazo!
- Estaba a menos de un metro de tí.
- Nunca lo había visto tan de cerca.
- Si, es muy guapo, oye ¿Quieres que busque otra película mientras tú miras?
- Vale.
Caminé en dirección a la puerta para echar un vistazo a la sección de películas de acción cuando escuché unas risas. Miré por el hueco de la estantería y vi a un amigo de Kurt pagando mientras los otros dos estaban abriendo y cerrando la puerta de cristal con el pie.
- Otra vez ese friki, yo creo que te persigue- le dijo.
- ¿Quién, el pelirrojo?- preguntó Kurt desinteresado.
- Estará enamorado de ti o algo, está por todos lados.
- ¿El marica no es el amigo?
- Bueno, ese también está en todas partes.
- Y a mi que me importa lo que hagan un par de mocosos frikis de octavo grado, venga vámonos ya que quiero ver la película.
- ¿Iremos a la fiesta de Jay mañana verdad?
- Claro, ira casi todo el mundo.
Después de eso se marcharon, pensé si debería decírselo a Jason pero no quería desilusionarlo. Me arrepientire toda la vida de este error. No se si alguna vez habéis tomado una decisión que desencadenó tanto que que os lleva a plantearos que pasaría si nunca la hubierais tomado, como sería todo. Esa esa una de esas decisiones pero yo no sabía que algo tan insignificante pudiera cambiar completamente el curso de dos vidas.
Salimos de la tienda y a Jason se le ocurrio hacer una carrera de bicicletas.
- ¡El último pierde!- exclamó tomando la delantera.
- ¡Eso es trampa!- me quejé tratando de alcanzarlo pedaleando rápido.
Recuerdo que mi pelo se ondeaba al aire y el viento me golpeaba las mejillas mientras descendía a toda velocidad por una cuesta, no era algo especial pero es algo que echo de menos de estar vivo y que daría lo que fuera por volver a tener. Mi bicicleta era una Schiwinn Lil' Chick, azul eléctrica con llantas blancas, era una bicicleta para niñas pero mis padres no podían permitirse comprar una mejor hasta navidad.
- ¡Prepárate para perder!- me gritó Jason desde la lejanía.
- ¡Ni lo sueñes!- contestó desviándose para tomar un atajo.
Pasó por la puerta de la iglesia, donde se escuchaba al señor Brown, el párroco, tocar el piano desde la puerta, después, por un muro lleno de pintadas donde estaban Los Fumigadores.
- ¡Vaya bici nena!- exclamó Andrew.
Les miré de soslayo con una mueca de incomodidad y asco.
- ¡Corre, corre que te pilla el sida!- me gritó Bast desde lejos mientras Andrew hacía un gesto que simulaba el sexo oral.
Mi bicicleta siguió tomando la pendiente cuesta abajo. Alcance por fin a Jason, no pude adelantarlo pero yo no me rendía
Los cuervos sobrevolaban en bandada el cielo azul y despejado, el sol brillaba. ¡Tenía tantas ganas de que llegara el verano!
- ¡Gané!- celebró Jason cuando ya estaba por llegar a la puerta de mi casa, subió la bicicleta a la acera mientras yo aminoraba velocidad para bajarme y arrastrarla hasta el patio. De pronto escuche un golpe.
- ¿Estás bien?- le pregunté al verlo en el suelo y justo cuando iba a levantarlo se me adelantó Jeffrey.
- Vaya caída ¿Te duele?- preguntó viendo el codo raspado de Jason.
- No, no es nada, solo es un raspón.
- ¿Que ha pasado, has perdido el equilibrio?
- La acera está rota y se atrancó la rueda.
- Ahora que mi padre es el alcalde arreglará las aceras viejas, ya verás, pronto se podrá ir en bicicleta sin esquivar las baldosas rotas.
Lo ayudó a ponerse de pie y a levantar su bicicleta.
- Gracias Jeff.
- Por cierto ¿Como está tu padre?
- Muy bien.
- Seguramente nos veamos este domingo en la iglesia.
- Puede.
- ¿Al final vas a celebrar tu cumpleaños?
- Tal vez, no estoy seguro.
- ¿Cuantos cumples?
- 15.
- Wow, venga anímate, para un día especial que tienes podrías invitar a todos tus amigos a una fiesta. Los eventos especiales hay que celebrarlos.
- No lo creo.
- ¿Por qué?
- Nadie iría, no tengo muchos amigos.
- Tonterías, a todos les gustan las fiestas.
- Bueno, tenemos que entrar a casa- le corte arrastrando mi bicicleta
- Dale recuerdos a tu padre de mi parte.
- ¡Descuida!
Llegamos a mi casa, mi madre tenía un sótano habilitado como si fuera una sala de estar. Ahi ponía la lavadora y guardabamos algunas cosas que ya no necesitábamos. Me iba al sótano cada vez que quería ver la tele o cuando iba a invitar a Jason porque mi habitación era muy pequeñas. Estuvimos toda la tarde jugando a Dragones y Mazmorras con unos dados que habiamos comprado el dia anterior en una tienda de comics.