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sábado, 25 de marzo de 2023

Proyecto 1 - Capítulo 18

 Shanon se despertó temprano, abrió el armario y sacó su vestido de fiesta, la cesta de picnic y unos zapatos de vestir.

Guardó una botella de whisky que sacó de la nevera, acomodó una caja de cookies y un vaso de cristal con flores rosas pintadas dentro de la cesta y las cubrió con un mantel.

Ató el cordón de su pequeña radio al asa de la cesta y la cerró empujando para que el mantel no hiciera bulto.

La dejó sobre la mesa mientras ataba el lazo de atrás del vestido.


  - ¿Donde vas así vestida?- dijo su padre que se había despertado más temprano que de costumbre.


  - Voy a un picnic con Catylin y Jessie.


  - ¿Cuando volverás?


  - Antes de comer.


  - ¿No vais a ir a la excursión de hoy?  


  - No tengo ganas de ir al matadero, la sangre me da pánico. Es muy desagradable.


  - Está bien hija, trae el pan cuando vuelvas si todavía queda.


  - Vale, hasta luego.

  

Salió y caminó hasta el campo, hacía un día soleado y agradable. Sentada sobre la hierba alta entre las amapolas, tejió una corona de flores entrelazando los tallos.

Se quitó el lazo que llevaba en el cabello y lo colocó en la corona metiendo la cinta entre los huecos de los tallos. Lo remató en un moño y puso la corona sobre su cabeza.

Abrió la cesta y llenó el vaso hasta arriba, era un vaso largo como los que se usan para beber refresco. Dio varios tragos largos hasta acabar la botella y se dejó caer entre la hierba y las flores.

Sentía como se hundía en aquella capa verde mullida que la abrazaba como si la arrastrase bajo la tierra.

Quedó sumergida ahí cerrando los ojos para que la brillante luz del sol no le molestase. Se levantó de nuevo y tiró sus zapatos lejos. Buscó la radio a tientas y sin descolgarla la encendió, bailando entre la hierba, dando vueltas y vueltas.

Parecía una princesa, bueno así se veía. Aunque estaba dando arcadas arrodillada sobre el suelo y había caído etílica sobre la hierba, de lado, derrotada.

No fue hasta una hora y media después que se levantó y comió unas cuantas galletas.

Buscó sus zapatos, recogió todo y apagó la radio para irse ya. Llegó a la panadería y saludó animosamente al panadero.


  - Buenos días señor Pavok.


  - Buenos días Shanon ¿Que te pongo?


  - Una barra de viena si tienes.


  - ¿Que tal el instituto?- dijo metiendo la barra en una bolsa de papel.


  - Muy bien.


  - ¿Y tus padres?


  - Perfectamente.


  - ¿De dónde vienes? ¿No has ido a la excursión?


  - No, no he ido hoy al instituto. He quedado con mis amigas para ir de picnic.


Dejó el dinero sobre el mostrador y se llevó el pan.


  - Hasta luego guapa, dale recuerdos a tu padre.


  - Que tenga un maravilloso día.


  - Lo mismo te digo Shanon.


Abrió su monedero para ver si le quedaba dinero para volver a casa en minibus. Tenía lo justo, en ese mismo instante el bus llego y ella se subió.


  - ¿Donde vas así vestida Shanon? - preguntó el conductor- Déjame adivinar ¿Una cita?


  - No, al menos hoy no. Prueba otra vez.


  - ¿Una fiesta?


  - No. Un último intento.


  - No lo sé, me rindo.


  - Un picnic- levantó la cesta para que el conductor pudiera verla- con mis amigas.


  - Oh, ¿Como te encuentras hoy?


  - Genial, como siempre- sonrió enseñando los dientes y le dió el dinero del autobús en la mano antes de pasar a los asientos del fondo.


Allí estaba Bradley con la capa y el sobrero de Jason, doblados sobre las piernas.

Shanon se sentó a su lado y dejó la cesta en el suelo entre sus pies. 


  - ¡Hola, buenos días!- exclamó ella.


  - Hola.

  - ¿Por qué tienes tan mal aspecto?


  Bradley estaba despeinado, ojeroso y tenía mal color. Olía un poco raro, como a sudor, humedad y tierra.


  - Por nada- contestó secamente.


  - Hueles un poco raro ¿Te has duchado esta mañana?


  - No.


  - Oh...¿Por qué no?


  - Me han echado de casa.


  - ¿Por qué?


  - ¿Tan pronto te has olvidado de cómo es mi padre? No me deja volver a casa desde anoche.


  - ¿Donde has dormido?


  - En el cementerio.


  - ¿Y esta noche? ¿Dónde vas a dormir?


  - No lo sé.


  - ¿No tienes a dónde quedarte?


  - Supongo que no.


 Shanon no dijo nada, el estómago de Bradley rugió con fuerza.


  - ¿Has desayunado o al menos has cenado?


  - No.


Cogió de nuevo la cesta y la puso sobre sus piernas sacando la caja de galletas.


  - Come, te sentirás mejor- acercó una galleta a la boca de Bradley que la mordió y la sujeto ente los dientes- a lo mejor puedes quedarte en mi casa, tenemos una cama en el sótano. Puedo buscarte ropa para que te cambies.


  - Gracias.

  

  - Ven conmigo, hablaré con mis padres para ver si te dejan quedarte con nosotros hasta que te puedas volver.


Ambos se bajaron del autobús y entraron en la cocina de la casa McFlair. Shanon deshizo la cesta y colocó el pan sobre la mesa.

Los padres de Shanon estaban allí y al verlo sonrieron. Aquella sonrisa no era una sonrisa amable ni hospitalaria, los McFlair tenían sonrisas distintas para casa ocasión y quiénes los conocieran podían distinguirlas perfectamente.


  - Hola Bradley- dijo el señor McFlair tendiéndole la mano- ¿Que te trae por aquí?


- Me han echado de casa.


- ¿Y eso?


- Mi padre y yo nos peleamos...


- Bueno - interrumpió la madre de Shanon - subid a la habitación.


Mientras, Jason había invitado a Clark a comer al Devenson's Burger 


  - ¡Ay! ¡Casi se me olvida! ¡No te vas a creer lo que ha pasado hoy! ¡Todo el instituto está hablando de eso!


  - Si, le recuerdo ¿Que pasa?


  - Hoy hemos ido de excursión al matadero y cuando teníamos un descanso para comer los Fumigadores se estaban riendo de mí y de todo el mundo, vaya, como siempre. Entonces de repente se me acercó Bast, me cogió del cuello de la camiseta y me dijo "Se donde trabajas, me plantearé hacerte una visita"


  - ¿Bast? Que miedo...


  - ¡Claro! Si a mí también me da un miedo...Es verlo y me echo a temblar, me faltaba llorar te lo juro, no sabía qué hacer. Todo el mundo estaba mirando super angustiado, no hacían nada, solo estaban alrededor. Y yo ahí esperando que me soltara para pasar el mal trago ¡Y justo entonces es cuando pasa!


  - ¿Que pasó?


  - Lo impensable, intenta adivinar, lo más loco que se te ocurra.


  - ¡No me digas que Jack le plantó cara a Bast...!


  - ¿Que si le plantó cara? Lo desafió, no nos lo podíamos creer, la gente estaba boquiabierta. De verdad es que había que verlo para creerlo, yo me lo creo porque lo he visto.


  - Y yo porque me lo dices tu, porque me lo llega a decir otra persona y creo que es mentira. ¡Es que no me lo puedo creer! ¿Pero como ha pasado? ¿Que ha hecho?


  - Mira te lo cuento con todos los detalles, yo estaba ahí sudando que me iba a dar un infarto y de repente se escucha a lo lejos un grito. "¿Quién te crees que eres, suéltalo ahora mismo?". Fue decir eso y se giraron todos a mirar a Jack, y va él y se acerca a Bast, pero no te creas que se queda ahí. Bast no sabía que eso iba para él, es que nadie quería asimilar que le estaba plantando cara. Total, que le toca la espalda y Bast se gira.


  - ¡No me lo creo, no me lo puedo creer! - exclamó Clark riendo a carcajadas y sujetándose el pecho.


 Jason también se reía sin parar, rojo como un tomate.


  - Y bast se giró, pero estaba más sorprendido que todos. Me suelta el cuello y le pregunta a Bast "¿Tú sabes quién soy yo?" y Jack le contesta "¿Y tú sabes quién soy yo?" Se quedó todo el mundo en silencio, expectante y el ambiente cada vez estaba más tenso. Bast le pregunta ¿No me tienes miedo?, él si que no se podía creer lo que estaba pasando, ojalá hubieses podido ver su cara. 


 Volvió a reírse, intentaba retomar la anécdota pero no podía, estaba llorando de la risa.


  - ¡Pero no te rías! ¡Me has dejado con la intriga! ¿Que le dijo Jack?


  - Le dijo muy cabreado "¿Y por qué te tengo yo que tener miedo a ti? " " ¡Me lo tendrás que tener tu, que como no sueltes a mi amigo te voy a dar una patada en la polla que vas a ver las estrellas! ¡Ya te gané una pelea una vez y no me importaría volver a ganar!"


Clark se reía cada vez con más fuerza, la gente se giró a mirarlo, tenía las lágrimas en la barbilla.


  - Y Bast que seguía sin creerse lo que pasaba me dejó y se fue con el rabo entre las piernas. Se iba a cagar encima, ¿Pero tú has visto a Jack? Que no levanta ni dos palmos del suelo, pero es que en ese momento imponía más que Bast. Pero el pobre inocente cuando Bast se había ido y todos le empezaron a decir que era muy valiente por plantarle cara pregunta "¿Que pasa?". 


Clark se secó las lágrimas y se tocó el costado, que le dolía de tanto reír.


  - No sé si Jack es un chico o una chica, en eso estoy un poco confuso, pero lo que tengo claro es que tiene unos cojones que no juntaríamos tu y yo.


  - No hace falta que jures eso. Espero que lo le pase nada, desde luego el no está preocupado. Bueno ahora vuelvo que voy a rellenar el vaso.


Se secó las lágrimas y se acercó a la máquina de las bebida, vacío el vaso en la papelera de al lado y lo volvió a rellenar, regresando a la mesa.


  - ¿A ti te ha pasado algo interesante con la basura?- preguntó Jason dando un mordisco y un sorbo. Este patrón se repetía constantemente- ¿Has encontrado algo?


  - No mucho, lo de siempre.


  - ¿Has encontrado algo para tí? 


  - Pues para mí no, la verdad.


  - ¿Que es lo más raro que has visto estos días?


  - ¿Lo más raro? Bueno el otro día había un gato muerto en un arenero, estaba en una bolsa abierta fuera del contenedor pasamos un susto increíble cuando la abrimos. También encontramos un montón de cartas de amor en una caja.


  - ¿Que hicisteis?


  - La basura es basura, no nos hacemos preguntas. Cogemos lo que queremos y tiramos lo que no, no hay tiempo para investigar.


  - ¿Enserio? Si yo encontrara algo así no podría evitar preguntarme quien eran esas personas y que les hizo tirar todo eso. 


  - Tenemos que recoger la basura de todo el pueblo, no es que no quiera saber las historias de muchas cosas, es que no podemos hacerlo 


 - Si ves algo así mételo en el camión y traelo, me gustaría investigar.


  - Vale, pero en el camión no hay mucho espacio.


Jason ya había terminado de comer. Empujó el plato vacío acercándolo a él.

- ¿Estás mejor de los desmayos?

- Si, ¿Has notado que estoy más delgado?

- No me digas que no estás comiendo 

Jason se quedó en silencio.

  - ¿Como puedes no comer mientras alguien está delante? Es imposible que no se de cuenta.


  - No es imposible, son trucos, solo es ser rápido, estar alerta y mentir muy bien. Yo sé mentir bien, cuando las cosas suceden rápido las personas no se fijan pero tú ya tienes pensado todo.


  - No puedes ocultar una cosa tan evidente. Te verían escondiendo la comida.


  - Bueno, siempre puede haber alguien que se fije lo suficiente para descubrirte. Mira a tu derecha.


  - ¿Cómo has cogido mis llaves? 


  - Estabas mirándome a los ojos, he apoyado el brazo y te he entretenido con una conversación interesante. Hablo mucho y mantengo tu atención, mientras me miras porque necesitas atender a mucha información voy haciendo movimientos disimulados y rápidos. Tus llaves están debajo de la manga de mi chaqueta.


Le enseñó las llaves y las sacudió en el aire, Clark las cogió y las guardó en su bolsillo.


  - ¿Donde está el truco? Se que no has comido hoy, después de esto se que me has mentido, aunque haya visto con mis propios ojos que lo has hecho.


  - Pruébalo, dónde crees que está el truco. Yo digo que he comido.


Clark palideció, la situación había pasado de graciosa a extremadamente tensa, realmente el comportamiento de Jason lo estaba perturbando. Este tenía una amplia sonrisa, como si aquello le divirtiera.


  - No lo sé, Jason, se que me has entretenido y que hay un truco, pero juro que te he visto comer. No se cómo lo has hecho pero sé que mientes porque puedes hacerlo.


  - Esto es como la magia, me encantaba la magia de pequeño, pero un buen mago nunca revela sus trucos. Yo cuando miento para no comer lo veo como un espectáculo de magia, todos están mirando pero nadie está viendo ¿Quién te dice que tus llaves siguen en el bolsillo ahora?


Clark revisó ambos bolsillos, sus llaves no estaban. Jason se las volvió a entregar.


  - ¿Cómo lo has hecho..? ¡Da igual! No puedes hacer estas cosas Jason, está mal mentir así. ¿Has comido si o no? Dime la verdad.


  - No te afecta, no te hago ningún daño porque nunca sabrás el truco. Si no llega a ser porque te he dicho que puedo mentir no sospecharias.


  - ¡Claro que me afecta! ¡Eres mi amigo y te estás matando de hambre! ¡No quiero que acabes inconsciente otra vez! No quieres decirme si has comido o no, eso quiere decir que estas engañándome.


  - No te enfades conmigo, no quiero que te enfades. 


  - No estoy enfadado, es que no entiendo porque haces esto. Has pagado esa hamburguesa para no comertela ¿Qué sentido tiene? 

  

  - Si pudiera cambiar lo haría, en cuanto a la comida, la mastico porque sabe bien, pero no me la como. Eso es una pista.


  - No jueges a las adivinanzas conmigo Jason, no es un juego y me estás asustando. 


  - La partida es mía y yo decido cuando lo termino.


  - Pues yo no quiero jugar más y eso hace que el juego acabe.


Jason se quedó en silencio, Clark estaba irritado y molesto, aunque hubiese dicho que no estaba enfadado. Cada vez estaba más inquieto. A él le empezó a dar una presión en el pecho, tal vez por la tensión en la que se encontraba o por la culpabilidad de lo que acababa de hacer.


  - Lo siento- se disculpó- no sé por qué he hecho eso.


  - Olvídalo, no importa.


  - Si importa, estás enfadado conmigo y no quiero que me dejes de hablar.


  - No voy a dejarte de hablar ¿Por qué voy a hacer algo así?


  - Porque ahora sabes que te puedo mentir y no te fiaras de mí. 


  - Si mientes así de bien no me daré cuenta, no te preocupes. No voy a estar calculando que puede ser verdad o mentira porque podrías mentir en cualquier cosa.

  


Volvió a crearse un silencio incómodo y angustioso. Junior se acercó a la mesa y cogió una de las patatas que a Clark no se había comido para comérsela el.

Eso solo hizo que Jason se sintiera aún peor.


  - ¿Vamos a volver a jugar en el bosque?- preguntó Sammy que estaba bajo la mesa, era tan pequeño que no se le alcanzaba a ver.


  - Si, Jason y yo vamos a pedir la cuenta y ya nos vamos.


La camarera trajo la cuenta y todos salieron del restaurante.

Jason y Clark caminaban delante y Junior estaba atrás con Sammy en brazos.


  - Espero que no te importe que vengan mis hermanos- dijo Clark- no quiero dejarlos solos 


  - No, no me molesta ¿y tu madre?


  - Está fuera haciendo cosas.


  - Entiendo, me recuerdas a mi hermano mayor.


  - ¿Patrick?


  - Si, os pareceis mucho.


  - Pero si tu hermano y yo somos diferentes.


  - ¡No me refiero a eso! Me refiero a que eres muy buen hermano, tienen mucha suerte de tenerte.


  - Gracias...No se muy bien que decir, tampoco es algo para reconocerlo como un mérito, todos los hermanos deberían ser buenos.


  - Si, supongo.


  - ¿Echas de menos a Patrick?


  - Echarlo de menos es poco, se fue cuando yo tenía 10 años. Lo necesitaba, creo que desde entonces las cosas no son como antes. Era muy importante para mí y lo pasé muy mal cuando nos separamos. Espero que vosotros siempre estéis juntos, creo que tus hermanos dependen mucho de tí mientras son pequeños.


  - Yo intentaré que mis hermanos y yo siempre estemos juntos.


  - Ojalá hubiese tenido esa suerte...


  - ¿Cómo era Patrick para ti?


  - Patrick era perfecto, era el hijo que todos querían tener, el siempre quiso un hermano pequeño. Cuando nací se pasó todo el día al lado de mi madre mirándome. Siempre jugabamos juntos, a él lo quería todo el pueblo, era guapo. Para él todo parecía ir sobre ruedas pero para mí...Digamos que siempre lo pasé mal. Intentaba ponerme a su altura, nunca llegaba pero no importaba porque él siempre me querría igual. Me defendía cuando me hacían daño, hacia cualquier cosa por hacerme feliz. Un día perdí un juguete y lo buscó bajo la lluvia para que dejase de llorar, las calles estaban inundadas y se resfrió. Otro día se rieron de mi pelo en un cumpleaños, llegue llorando a casa lleno de ira y me corté todo el pelo con unas tijeras. Ese día me llevó al acuario y me regaló un delfín de peluche. 


  - Vaya, se nota que estabais muy unidos. 


 - Cuando el estaba, todo estaba bien. Daba igual todo lo que pasase.


  - ¡Vamos! ¡Tú la llevas!- exclamó Junior tocándole el brazo a Jason y corriendo lejos entre los árboles. Jugaron en el bosque durante toda la tarde y se despidieron cuando anocheció.


Clark hizo la cena y sirvió la mesa, ya en casa. Sammy estaba sentado sosteniendo la cuchara pero Junior estaba en el salón con la radio de camionero.


  - ¡Junior! ¡Junior ven a comer!


Él no contestaba, pero se le escuchaba hablar por la CB con alguien.

Clark entró en la sala molesto y colgó la radio.


  - Es hora de comer.


  - Trae la comida aquí, estoy hablando.


  - No, ve a la mesa.


  - ¡Por favor!


  - No, deja ya de hablar con desconocidos por la radio.


  - ¡Estoy buscando a papá! 


  - No lo vas a encontrar Junior.


  - Me dijiste que cuando era muy pequeño, por eso no lo recuerdo, nos regaló la radio con el mote para que hablásemos con el. Esa tarde fue a comprar tabaco con el camión, le pasó algo en la carretera y no pudo volver. No encontraba el camino a Culvert porque no salía en los mapas.


 - ¡Junior, no fue a comprar cigarrillos! Eso lo que se le dice a todos los niños a los que abandonan sus padres ¡Y no vino nunca a dejar esa radio cuando eras pequeño! la trajo cuando yo nací, ese mote lo puso para mí, para que lo buscase como un estúpido hasta que decidiera volver! No se perdió, se fue y solo vino a traer esa mierda de radio. Lo busqué hasta que me cansé y escondí ese trasto para que no lo encontrases, pero cuando lo hiciste no pude hacer nada. No quiero que sufras y pierdas el tiempo como yo. Esa es la verdad.


  - ¡Por qué me mentiste! ¡Después le decías a Jason que no mintiera!


  - No quería que lo pasaras tan mal como yo, es una mentira distinta, sirve para protegerte. Hay veces que no se puede decir toda la verdad.


  - Si solo vino una vez significa...


  - Si, Junior, no somos hijos del mismo padre.


  - ¿Y lo dices ahora? Cuando mamá se acaba de morir ¿No podías esperar?


  - Acabas de molestarte porque te mentí, pediste la verdad y esa es. Es hora de que lo supieses. Venga, vamos a comer.


  - No quiero- Junior volvió a coger la radio- voy a encontrarlo y lo haré venir. Si dejó el mote y la radio es porque pensaba volver.


  - ¿Quieres que te traiga la comida?


  - Lo que tú quieras, no quiero hablar más contigo.


Clark le dejó la comida, al terminar de cenar Junior seguía ahí sentado. Incluso a la hora de dormir lo estuvo escuchando hablar. No cesó hasta la madrugada, antes de amanecer cuando se quedó dormido.

El sol salió y Clark se levantó a lavar la ropa, dejándola tendida en el jardín.

Hizo el desayuno y despertó a Junior, este no quería levantarse, cada vez que abría un poco los ojos los volvía a cerrar.


  - Vamos, tienes que ir al instituto...


  - ¡No quiero...!- susurró- ¡No quiero hablar contigo, me mentiste!


  - Despierta venga, que te tienes que vestir.


Clark abrochó la cremallera de su mono de basurero y lo cogió en brazos llevándolo al cuarto.

Junior finalmente se despertó y comenzó a vestirse por inercia, como un zombi.


  - No puedes quedarte despierto hasta tan tarde, 


  - Lo he encontrado.


  - ¿El qué?


  - A nuestro padre.


Clark se rió, no lo podía creer.


  - ¡Bromeas!


  - No, me preguntó por tí, le dije que éramos hermanos, le hable de Sammy. Dice que viene a Culvert a hablar contigo para llevarnos a Virginia y vivir todos juntos.


  - No es posible que lo hayas encontrado ¡Han pasado años! No puedes haberlo encontrado.


  - ¡Que si! ¡Que te digo que es cierto!


Junior, que ya se había desperezado y vestido parecía muy emocionado, se lo contó también a Sammy.

Desde luego aquel día era para celebrarlo y no había podido comenzar mejor para ellos dos, Clark no quería verle la cara a su padre ni saber nada de él, nunca le perdonaría haberlos abandonado a él y a su madre.

Se fue al vertedero a coger el camión, su compañero le esperaba señalando el reloj porque se había atrasado dos minutos.

El camión pasó por todo el pueblo recogiendo la basura, en un callejón junto a los contenedores había una caja de cartón abierta.

La rebuscó por encima y vio un sobre lleno de postales y un álbum de fotos.

Bajó la cremallera de su mono y los metió debajo. Arrojó la caja a la basura y el contenido se derparramó.


  - Alguien regaló eso con mucho cariño- comentó Clark 


Su compañero que también miraba porque había bajado del camión se refería a una caja pintada a mano.

Clark hizo el amago de cojerla pero antes de que pudiera hacerlo la prensa del camión la rompió. Pudo ver qué dentro, bajo la tapa estaba la foto de una chica y en el interior había una bailarina. Seguramente sería una caja de música.

En un movimiento rápido pudo coger la palanca unida al mecanismo que hacía sonar la música y la metió en su bolsillo.


  - ¿Para que querías esa porquería?


  - Para un amigo, le gusta porque la gente tira las cosas, es curioso.


  - ¿Curioso? ¿Y que tiene de interesante?


  - Le gusta saber las historias que hay detrás de las cosas.


  - ¿Le importa porque una chica habrá tirado esa caja de mierda? Habrá roto con su novio hace mil años. La foto estaba en blanco y negro. Menudas tonterías en las que pierde el tiempo tu amigo, con todo el respeto. Mételo a basurero y cuando esté harto de cargar cubos verás si se pregunta por cada una de las cajas como esa que vemos todos los días.


- Tampoco seas así, solo tiene 15 años.


- ¿Y que haces relacionándote con el?


- Me da lastima, creo que no tiene muchos amigos y está muy apegado a mí.


- Admiración supongo...Pero no es tu responsabilidad ¿Lo sabes?


- Lo sé, pero no me cuesta nada.


Volvieron al camión y siguieron recogiendo la basura del pueblo. Mientras, la sirena de entrada del instituto sonaba y los alumnos entraban a sus clases.

Jason se dirigió al gimnasio y dejó su mochila junto a las demás en una esquina y se sentó en la grada con dos dos grandes huecos a sus lados.

El profesor pasó lista y los alumnos se fueron levantando y poniendo en fila para saltar el potro.


  - Jason Steele, ponte de pie- dijo el profesor- ¿Otra vez con vaqueros? Esto es gimnasia, hijo. Ponte el pantalón de chándal que no muerde.


 La clase se rió, Jason se limitó a extenderle una autorización para no hace educación física porque estaba enfermo.


  - ¿De nuevo?


  - Lo siento, no me encuentro bien- contestó encogiéndose de hombros.


  Jason fue el único que quedó sentado en el banquillo.


  - ¡Escuchadme!- exclamó el profesor silenciando los susurros de los alumnos- Hoy saltaremos el pliton de uno en uno.


Palideció, lo odiaba con todo su ser. No entendía por qué alguien, en algún momento de su vida pensó que sería buena idea obligar a los chicos en los institutos a saltar una torre de cajones de madera. Recuerdo que cuando yo seguía con vida prefería que me suspendieran a tener que saltar el artilugio infernal. Siempre me caía o más golpeaba, si es que llevaba al menos a saltar. Jason lo saltaba bien, pero se ponía muy nervioso al pensar que desde fuera todos lo verían como un cerdito paticorto moviéndose torpemente a dos patas y eso hacía que no quisiera directamente hacerlo.

Se imaginaba que todos se reían se reían de su gordura mientras él se concentraba en hacer cualquier ejercicio.

Pasó la clase leyendo un libro sobre sus piernas, mirando de vez en cuando lo que hacían sus compañeros.

Al acabar la clase se fue al baño. Solitario y pensativo se encendió un cigarrillo y se lo fumó tranquilamente, sentado sobre el váter. 

En el vestuario había quienes se daban una ducha, hoy no había sido un día de ejercicio intenso, pero la mayoría lo hacía para no tener que hacerlo después en casa.

Al cabo de un rato todos estaban secos y vestidos y comenzaron a irse a clase poco a poco hasta que el vestuario quedó prácticamente vacio. Kurt pegó a su puerta.


- ¿Quién es?


- Soy yo.


Jason abrió y le dejó pasar.


- ¿No tienes clase?


- Tenemos un profesor de guardia, hoy no vamos a dar clase ¿Y tu? ¿No tienes clase?


- Ya iba, me he fumado un cigarro porque no me encuentro bien.


- No te pasará nada por faltar. Tenemos casi una hora ¿Quieres ir al vertedero ahora que todos están en el instituto?


- No puedo faltar a clase.


- Si puedes, ¿Que es lo máximo que puede pasar? Nunca te has saltado una clase ¿No?


- No.


- Entonces no te afectará.


- Está bien.


Pasaron por el minimercado y Kurt le regaló un refresco. Llegaron al vertedero y se dieron una vuelta viendo lo que había, pero no habían tirado nada interesante. 


- Mira eso- dijo Jason señalando un váter- por si te entran ganas de ir al baño.


Kurt le sonrió.


- ¿Crees que los coches tendrán aún cosas en la guantera?- pregunto Jason.


- No creo, se supone que sacaran las cosas antes de que acaben aquí.


- Vamos a mirarlo - dijo mientras levantaba la valla del desguace para que Jason pudiese pasar por debajo a gatas.


Miraron todos los coches, Jason se fijó en un descapotable verde. Entró por el hueco de la puerta faltante y se sentó en el asiento de copiloto para rebuscar en la guantera.


- ¿Ves? No tiene nada.


Se levantó y entró al coche de al lado a buscar. Solamente había un encendedor.


- ¡Mira!- exclamó Jason mostrándole el mechero mientras Kurt subía al coche.


Trató de encenderse un cigarrillo pero no encendía.


- Vaya...- se lamentó arrojándolo  por la ventana y colocando los pies en el salpicadero.


Kurt le agarró una pierna y tiró de ella para separarla. Jason le miraba sonriendo mientras trataba de encender el cigarro con su propio mechero, pero tampoco funcionaba.


- ¿Me das el tuyo?


Kurt lo buscó en la mochila. Jason miraba por la ventana y vio a un trabajador del desguace.


- Escóndete - le susurró tirando de el mientras saltaba al suelo de los asientos de atrás para esconderse.


El hombre pasó al lado del coche, sin echar ni una sola mirada y continuó su camino. Jason comenzó a reírse.


- ¡Por los pelos! - exclamó Kurt.


Jason le dio un beso en los labios y cogió el mechero para encenderse el cigarrillo.


- A este paso no vas a llegar a los 50.


- Se que tengo los pulmones más negros que el alquitrán pero de algo me tendré que morir...


- No te reirás tanto cuando tengas cáncer de pulmón.


- Cuando tenga cáncer de pulmón abandonaré mi tratamiento y me moriré, no quiero que me alarguen artificialmente la vida. Lo bueno dura poco, supongo. Si me tengo que morir que sea haciendo lo que me gusta.


- Eres adicto.


- Puedo dejarlo cuando quiera y por ahora no tengo intenciones de dejarlo.


- ¿Tus padres lo saben?


- Si.


- Wow.


- ¿Que?


- Bueno, soy creo que soy dos mayor que tú. ¿Cuando cumpliste 15?


- Dos días antes de que terminase el curso pasado. Pero tranquilo, ya no se enfadan conmigo. Mientras no me vean no me regañan y como casi siempre estoy solo...El truco es lavarse los dientes.


- Oye, ¿Quieres hacer algo rápido antes de irnos?


- ¿Puedo elegir?


- ¿Elegir?


- Decidir lo que hacemos.


- Si, claro.


- Yo quiero tener el control está vez.


Kurt levantó las cejas.


- ¿Qué? ¿Que tiene? ¿No te parece bien?


- Es que me ha pillado de sopetón, claro que no me parece mal ni nada solo no contaba con eso...


- Guay.


Jason comprobó que el tipo de había ido y no había nadie alrededor. Se bajó la bragueta y se escupió en la mano.

Regresaron al instituto, antes de que tocará el timbre de la siguiente clase. Se dividieron, cada uno para su curso.

Jason entró a clase y sacó su libros de matemáticas y su libreta y puso la fecha.

Alguien pegó a la puerta, en mitad de clase. El profesor de educación física preguntó si podía salir. Se levantó asustado, pensando que le habrían descubierto haciendo algo malo.

El profesor lo llevó al pasillo, cerró la puerta y se cruzó de brazos delante de él.


- El primer semestre se va a acabar Jason, y dentro de nada tengo que ponerte las notas.


- Lo se...


- ¿Que vamos a hacer contigo, Jason? Tienes notas perfectas en todo y en mi asignatura no puedo aprobarte, no has hecho la mayoría de las clases.


- Lo siento ¿No hay algún trabajo escrito que pueda hacer para aprobar?


- No se te da mal mi asignatura, podrías aprobarla si quisieras. Era tu profesor el curso pasado se que puedes saltar el plitón. ¿Por qué no simplemente lo haces?


- Estaba enfermo, este curso no me encuentro bien.


- Lo entiendo, te pondré 3 trabajos escritos pero deberias intentarlo, sabes que puedes hacerlo.


- Lo intentaré.


- Bueno, vuelve a clase, no quiero robarte más tiempo.


Jason regresó. A la hora del recreo decidió salir al patio, eso no era algo que pasara todos los días desde que me fui.

Vio a Kurt, a lo lejos y se preguntó si debería acercarse o no a él, algo no le hacía sentirse lo suficientemente seguro.

Se quedó un rato mirándolo, apoyando la espalda en un muro mientras sostenía su libro.

Kurt intercambio miradas con el y de pronto vio como uno de sus amigos se acercaba y le decía algo mientras se reía, mirando también en su dirección, Kurt puso una media sonrisa en ese momento. Cerró el libro y se marchó rápidamente al baño a cortarse en las muñecas, desmontando su sacapuntas. 

Se envolvió las muñecas en papel para frenar la sangre y bajó las mangas para cubrirlo.

Salió del baño y se encontró a Los Fumigadores fumando junto al ventanal.

Bast se giró hacia él y le llamó. Asustado de que fueran a descubrir los cortes se metió las manos en los bolsillos.


- ¿Tienes un cigarro, Steele?- preguntó.


 Sacó uno de su bolsillo y se lo dio con cuidado de que sus vendas improvisadas se deshicieran.

Después de eso pudo marcharse sin que se metieran con él, como esperaba.

En clase se frotaba los ojos para mantenerse despierto, tenía ojeras enorme por no dormir.


- ¿Te encuentras bien Jason? Si estás enfermo puedes irte a casa- preguntó su profesora.


- Estoy bien, gracias.


- Esta bien, entonces seguiremos con la clase.


Bradley trataba de preguntarse una y otra vez a dónde habría podido ir Gregory mientras garabateaba en una hoja.


- Bradley, presta atención porque no estás precisamente para distraerte y vagear con tus notas.


La clase se rió y Bradley lanzó una mirada amenazante a la profesora.

- No empieces...Venga fuera.

Volvieron a reírse y la profesora los mandó a callar.

Cuando sonó el timbre, salió de los últimos porque estaba el el aula de detención y llegó un poco tarde a la casa de los McFlair, con la comida ya preparada. 

Se notaba la incomodidad en el ambiente, como si no quisieran hablar por estar delante.

- ¿Por qué has llegado tarde?


- Estaba en detención porque me expulsaron.


Nadie dijo nada al respecto, la mesa estaba tan silenciosa como en su casa.


  - Ya han hecho todo lo que podían por mí, se que no quieren que esté aquí.- dijo Bradley.


  - No, no es eso- intentó excusarse la señora McFlair.


  - Me iré hoy mismo y nos molestaré más


  - ¿Y dónde irás?- preguntó Shanon- quédate.


  - No lo sé- se encogió de hombros - pues a alguna parte.


Se levantó, recogió sus platos y los fregó.


  - Hasta luego, voy a recoger mi ropa de la secadora. Muchas gracias por todo.


Shanon le persiguió tratando de retenerlo.


  - ¡Pero no te vayas, no puedes volver a tu casa!


  - ¿Por qué? ¿Les importa a ellos lo que me pase en casa? ¿Le importa a alguien?


  - Me importa a mí. 


  - Dejaré los Fumigadores como me dijiste.


  - Sabes que yo estoy contigo, solo quiero ayudarte.


  - Soy mayor que tú, no deberías estar a mi cargo.


  - Solo te ayudo.


  - Ya tuvimos esta discusión en Halloween. Creo que estoy mejor solo. Tú también tienes problemas, pero eres afortunada. Quédate con lo que tienes y lo que sabes y finge que nunca me conociste. Eres de las únicas personas que me importan y quiero que seas feliz.


  - ¿Por qué tienes tanto miedo de que forme parte de tu vida?


  - Escucha esto, a veces me gusta irme lejos del pueblo. Pretendo que soy un chico llamado Dough Waters. El tiene una hermana pequeña llamada Linda y un padre que está muerto y no puede hacerle daño. Ni a él ni a su madre, que cuida del resto de sus hermanos en una bonita casa con columpios en el jardín.

Incluso yo huyo de mi mismo.


  - ¡Bradley! ¡Bradley!


Le llamaba pero él no respondía, se dirigía a la puerta seguido por ella y se marchaba con las manos en los bolsillos, cabizbajo y encorvado.

Saco una de sus manos e hizo un gesto de despedida.


  - ¿A dónde vas?- preguntó ella.


 Se encogió de Brazos y continuó caminando. No tenía ni la menor idea de dónde estaba yendo, se adentro en el bosque.

Y encontró una cabaña impovisada de pura casualidad junto a los restos de una fogata improvisada.

Había ropa colgada en un tendedero hechos con dos ramas, cuerda y un par de ladrillos como pie de la estructura.

Vio a Gregory sentado en una roca con su jersey de rayas negras y rojas y sus vaqueros rotos muy gastados. Lo reconoció inmediatamente, era inconfundible.


  - ¡Gregory!- le llamó.


  - ¿Frank te ha dicho donde estaba?- preguntó con un tono desagradable.


  - No, te he buscado.


  - ¿Por qué?


  - Para volver a casa.


  - ¿A casa? ¡No voy a volver allí, ni en un millón de años!


  - Ven conmigo necesito que vuelvas, no puedes quedarte en este sitio.


  - ¿Seguro que no es mejor que estar en casa? Odio a papá, ojalá se muriera.


  - No digas eso.


  - ¿Que más da? ¿Acaso no quieres que pase? El y mamá no me quieren, ni Vincent. Frank estaba deseando que me fuese y tú tampoco me quieres.


  Gregory se encendió un cigarrillo y Bradley se lo quitó y lo piso para apagarlo tras tirarlo al suelo.


  - ¡Pero qué haces, tio! ¡Era el único que tenía!


  - ¡Deja eso, te pondrá la voz ronca y los pulmones negros! 


- Tú lo haces.


- Yo soy un tonto sin futuro, pero tú no.


  - ¿Que más da? ¿Ahora es cuando te importo? ¿Te manda papá? Dile que no volveré, se que no me quieres, no has venido a por mí. ¡No quieres a nadie, Bradley! ¡Todo y todos te importan una mierda! 


Bradley crujió los dientes, era la primera vez en su vida que tenía que aguantarse las lágrimas. Solo derramó una, suficiente para que Gregory se diera cuenta.


  - ¿Que te pasa en el ojo?- dijo Gregory extrañado.


  - No lo sé.


  - ¿Se te ha metido algo?


De donde había salido una lágrima salieron más.


  - ¿Estás llorando?


Bradley afirmó con la cabeza, moqueando y con los ojos rojos e hinchados. Estaba temblando, como si tiritara de frío.

Gregory se abrazó a sus piernas.


  - Si te quiero.


Greg se quedó mudo, tragó saliva y continuó abrazado. Bradley se agachó para abrazarse a el.


  - Creía que estabas muerto, tenía mucho miedo porque no sabía dónde estabas...No vuelvas a decir que no me importa nadie, eso es mentira. 


  - ¿Por qué nunca me has dado un abrazo ni me has dicho que me quieres? 


  - No lo se ¿Vas a volver?


  - Como lo haga papá me va a meter en un colegio militar.


  - No creo que lo haga, a mi siempre me decía eso y nunca lo hizo. Ven conmigo nos iremos a casa.


 Bradley lo cargo en brazos, Gregory trataba de resistirse porque no se quería ir, forcejeaba y chillaba.


  - Haré algo, te lo prometo.


  - ¡Suéltame! ¡Bájame, Brad! ¡Que me sueltes!


Ignoraba lo que le decía, caminando cada vez más rápido hacia su casa. Pegó al timbre con Gregory sobre el hombro, que seguía quejándose y pataleando.

Su padre abrió la puerta indiferente y los dejó pasar mientras volvía a sentarse en el sofá a ver un partido de fútbol. Bradley se puso de pie frente a él.


  - ¿Qué? Volvéis arrastrando vuestro orgullo porque dependéis de mí ¿Verdad? ¿A que no os ha salido bien vivir por vuestra cuenta?


  - De hecho estaba bien hasta que he entrado aquí- respondió Gregory- allí no te gritan todo el rato.


  - Cuidado a ver si no te cojo de los pelos y te llevo de vuelta. Acabas de llegar y ya te estás ganando una guantada con la mano abierta. 


  - Nos vamos arriba- dijo Bradley caminando rápido para subir las escaleras.


  - ¡Si, venga, para que escuchar lo que tiene que decir vuestro padre! ¡Las trenzas esas que llevas en el pelo ya te las estás quitando, Gregory! ¡No eres un vikingo!


 Bradley entró a la habitación y se topó de frente con su primo Glanch.


  - ¿Qué hora es?- preguntó este.


  - Hora de que te vayas- Bradley le dio su maleta, que estaba apoyada en la pared junto a la puerta, bajó a Gregory de su hombro y empujó a Glanch fuera de la habitación cerrando de un portazo.


Glanch se quedó quieto en el pasillo, sujetando su maleta. Bajó las escaleras y llegó al salón.


  - ¿Que pasa?- preguntó el señor Cooperson.


  - ¿Donde me quedo yo ahora?


  - Llamaré a tus padres y que vengan a por tí para llevarte de vuelta. Recoge tus cosas y espera ahí.


El señor Cooperson se levantó y arrastrando su pierna se acercó a la pared dónde estaba el teléfono. Los padres de Glanch aparecieron frente a la puerta para llevárselo a casa, desde la ventanilla del coche no parecían muy emocionados de verle.


  - Sube- dijo su madre secamente, sin bajar y sin quitarse las gafas de sol que llevaba. Su padre no giró la cabeza, golpeó la puerta del coche con el brazo que tenía por fuera en señal de que se apresurase.


Glanch guardó su equipaje en el maletero y se sentó el los asientos de atrás, despidiéndose del señor Cooperson con un tímido gesto de mano que no le fue devuelto.

El coche arrancó y cogió velocidad.


  - ¡Nos vemos, Howard! - exclamó el padre de Glanch.


Howard regresó a casa, subió con su las escaleras por su cojera y abrió la puerta enérgicamente haciendo que la manivela golpease la pared sobre un hoyo formado de todas las veces en las que eso había sucedido.

Bradley y Gregory se sobresaltaron por el ruido. Su padre sostenía dos papeles en la mano.


  - ¿Sabéis lo que es esto?- los agitó en el aire.


  Ellos no respondieron, se quedaron mirando fijamente al papel.


  - El primero es tu admisión en el ejército y el segundo es una solicitud rellena y lista para que Greg entre en un colegio militar.


  - ¡No! ¡No papá, no me mandes allí!


  - ¡Más te vale hacer algo que me ponga orgulloso o la enviaré!


  - ¡Vale pero no me obligues a ir allí!


  - ¡Mañana mismo te meteré en lucha! ¡Si eres tan bueno como yo lo era me plantearé si te envío o no!


  - ¡No te defraudaré!


Su padre cerró de un portazo y se le escuchó cojear de nuevo al bajar despacio las escaleras.

Casualmente esa misma tarde Jack había salido con la excusa de ir a hacer un recado, pues había acumulado tantos castigos que no le dejaban poner un pie en la calle a no ser que fuese completamente imprescindible. Se había escrito en el club de lucha sin permiso y al contárselo a sus padres no solo le habían echado una bronca enorme sino que le habían vuelto a castigar. La cuenta de por qué castigo iba ya la.

Llegó al salón donde estaban sus padres viendo uno de los videos de sus concursos.


  «¿Que se siente ser la ganadora del concurso Molly?» preguntaba el presentador acercando el micrófono.


  - Es un gran honor para mí- contestaba Jack con una voz robótica y monótona. Su sonrisa de muñeca, sin emoción se iba desvaneciendo poco a poco 


  - No te voy a sacar, voy a pagarte las clases para que dejes ya el tema de la lucha. Si eres muy buena, te las seguiré pagando con la condición de que te comportes un poquito mejor. 


  - ¿Como mejor?


  - Que no tengamos que castigarte todas las semanas. No mas trastadas ¿De acuerdo? Si te tienes que desahogar hazlo en las clases, nada de violencia fuera de la lucha.


  - ¡Gracias! ¡Me portare mejor!


  - ¡No, por Dios, lo que nos faltaba! ¡Que le estimulen más a dar puñetazos y patadas...!


  - Mejor que los de ahí que en el pueblo,.

  

  - ¿Y el dinero?


  - El dinero de los concursos es mío- cortó Jack.


  - Es para comprar vestuarios, desplazarnos para que participes y pagarte los estudios cuando crezcas.


  - Quiero administrar mi propio dinero para lo que yo quiera.


  - No, ¿En qué lo vas a gastar?


  - En ninguna de esas tres cosas. Voy a ser mecánico como el padre de Montgomery. No necesito estudiar para eso.


  - Oficial de la marina, piloto de carreras, guitarrista, luchador, jugador de baseball, jugador de hockey....- dijo su madre resoplando- ¿Cuántas cosas pretendes ser?


  - Todas las que pueda menos reina de la belleza.


  - No empecemos, estás en lucha, ya está. Tienes lo que querías, tengamos la tarde en paz. Si sigues siendo Honey Molly podremos pagar lo que necesites.


  - Esa no soy yo, ni siquiera se me parece, es como si la casa estuviese llena de fotos de mi hermana gemela muerta.


  - Ya está bien- le cortó su padrastro, sabiendo que pelearían en breve.


  - Honey Molly y tú sois la misma persona, es solo un nombre artístico para ponerte en escena.


  - ¿Y mis dientes? ¿Y mi pelo? ¿mis pecas? ¿Donde estan las cicatrices del accidente que tengo en la cara?. No tienes ni una sola foto mía en la que se vea todo lo que me hace ser yo. Son todas de Honey Molly y ella no soy yo.


  - Te levanto el castigo con tal de que no sigas- dijo su padrastro- no quiero que tengáis otra discusión. 


  - Vale- dijo Jack e hizo el amago de irse a su habitación.


  - ¿Que te vas a poner para el baile de instituto esta tarde?- preguntó para quitar un poco la tensión.


  - Pues...- Jack miró la ropa que llevaba puesta y se encogió de hombros- esto mismo.


Su padrastro se bajó las gafas levantando una ceja. Miró la chaqueta de cuero grande y ancha, la camisa de cuadros larga, los vaqueros rotos y las botas militares embarradas que llevaba.


  - ¿Con quien vas?


  - Con mis amigas.


  - ¡Pero no puedes ir así!- exclamó sujetando las placas militares y la llave que llevaba al cuello.


  - Tienes un montón de vestidos en el armario.


  - ¡Me niego!


  - Ponte el rojo, no te vas a morir por ponerte un vestido.


  - De asco puede.


  - No seas así, arréglate un poco, eres una niña guapísima. 


  - ¡OH DIOS! ¡PARA CON ESO!


Su cara se puso roja por la vergüenza, realmente sentía como que de alguna manera eso lo dejaba en un gran ridículo.


  - ¿Cuántos chicos te han pedido ir contigo?


  - ¡Pfff! Yo que sé, quemé las cartas.


  - ¿No te gusta ningún chico?- preguntó su madre- A mí me hacía mucha ilusión bailar con el chico que me gustaba.


  - Que va, solo voy a pasar el rato.


  - Ponte el vestido, no puedes ir con esas pintas.


  Liam entró al salón cargando su skate, venía de la calle y solo había escuchado esa parte de la conversación.


  - ¿Que tiene de malo mi ropa?- preguntó.


  - No es ropa para un baile de instituto- respondió su padre.


  - ¡El vestido es muy corto voy a enseñarlo todo!


  - ¡Estaba buscando esos pantalones!- se quejó Liam- ¡Siempre coges mi ropa sin permiso!


  - ¡Cógeme esta! - exclamó Jack haciéndole la doble peseta.


  - ¡Mira, haz lo que quieras! ¡Venga, tira para tu cuarto! - dijo su padrastro.


Cuando marchó resopló y se tocó la frente quitándose las gafas.


  - ¡Que niña Dios mío, es como criar un muchacho! ¡Me deja sin energías!- exclamó la madre de Jack.


  - No te falta razón, pero acaba de venir del internado, ten paciencia con ella.


  - Le enviaremos a otro y se acabarán los problemas.


  - Ya hiciste eso una vez y mira como volvió. Sería mejor llevarla a un psicólogo pero no abandonarle otra vez. Creo que todo lo hace por ponernos a prueba.


  - ¿Ponernos a prueba de que? ¿De cuánto aguantamos estas cosas? Es violenta, contesta todo el tiempo, no tiene respeto por los adultos, no obedece a ninguna orden, desafía toda autoridad, quiere transformarse en un muchacho...


  - ¿Era así cuando la mandaste a Dandle?


  - No, hace 8 años era otra persona. Está irreconocible, siempre fue muy revoltosa pero eran travesuras de típicas de niños. 


  - ¿Hablaste con ella sobre el accidente hace 8 años?


  - No, era una niña, no lo iba a entender.


  - ¿Y te ha contado lo que le pasó en el internado?


  - No, es reservada ¿Tu le has preguntado algo?


  - No creo que tenga tanta confianza conmigo, tu eres su madre. 


  - ¿Que quieres que haga? ¿Preguntarle?


  - Si estaba bien y volvió mal es probable que el problema no esté en Jackie.

- He pensado en volver a enviarla.

- Si lo que quieres es perderla para siempre, hazlo. Tiene que haber una forma, solo habla con ella.

- Es inutil.


Jack estaba escuchando la conversación al lado de la puerta. Subió las escaleras y entró al cuarto de su hermano para cambiarse los pantalones por otros y volvió a a bajarlas para irse.


  - ¡Salgo!- exclamó y cogió la puerta.


Se dio un paseo por el pueblo. En la plaza estaban Britts, Megan y Francine sentadas en el respaldar de un banco.


  - ¿A ti no te habían castigado?- pregunto Britts dándole un abrazo.


  - Me han levantado el castigo ¿Y Jason?


  - Está trabajando, luego nos pasamos q verle.


  - ¿Hoy no trabajas, Britts?


  - No, hoy no.


  - ¿Que vais a hacer hoy?


  - Pues no se, ¿Que os apetece?


  Meg y Frankie se encogieron de hombros.


  - ¿Y si vamos al caserón del bosque? No nos venderán alcohol si tenemos 15 años, podemos convencerlos de que nos inviten


  - ¿El caserón? - preguntó ahí están los tarados de los Fumigadores. ¿No es más fácil que Jason nos lo cobre?


  - Entonces tendríamos que pagarlo y le podemos poner en un aprieto ¿Que nos van a hacer? Bradley es el hermano de Frankie y a las chicas no les hacen nada.


  - Si, no hay peligro- contestó Megan.


  - Será gracioso, ligemos con ellos a ver qué pasa.


  - ¿Para qué? - se preguntaba Jack.


  - ¡Venga, vamos, te lo pasarás bien!- le ánimo mientras todas se levantaban- solo nos vamos a reir un poco de ellos.


- Es que no lo entiendo.


- De todos modos ¿Vas a ir así?


- ¿Que tiene? Es mi ropa de todos los días, así me visto siempre.


- No le pasa nada, es solo que si vamos a reírnos de ellos te pega otra cosa, no se algo para atraer un poco su atención.


- Yo no quiero reírme de ellos, estoy bien así. Solo voy para acompañaros.

- Pero y si consigues que alguno se fije en ti.

Jack se encogió de hombros.

- Andrew es guapo, el resto no están mal ¿Que opinas?

- No lo sé, no me he fijado.

- Eres muy guapa no me puedo creer que nunca hayas tenido novio.

- A mi me da igual, estoy bien así.


Caminaron por el bosque hasta llegar al caserón. Al pasar junto al arroyo vieron a la maniquí Betsy, colocada sobre el sofá.

Jack al verla sintió un escalofrío, alzó la mirada y vio a Andrew a lo lejos frente a la ventana de la tercera planta del caserón, observando con unos prismáticos.


  - ¡Putillas a las 5:30 pm!- exclamó Andrew llamando a los demás.


  - ¿Quienes son?- preguntó Alexsander tratando de coger los prismáticos.


  - La marimacho latina pechugona, la vampira sexy, la puta del pueblo y la hermana de Bradley.


Alex consiguió arrebatarle los prismáticos para mirar.


  - ¡Enterraría la cara en esas tetas!- exclamó graduando los prismáticos mientras daba un silbido

 

  - ¡HEY!- gritó Britts agitando ambos brazos en el aire frente a la puerta tratando de llamarles la atención.


  - ¿Que hacen cuatro chicas por aquí?- preguntó Bast apareciendo entre las sombras por otra ventana.


  - ¿Está prohibido?- preguntó Meg.


  - Por aquí no viene nadie.


  - ¿Que se os ha perdido aquí?- preguntó Alexsander.


  - ¿Está mi hermano?


  - Brad ha dejado los Fumigadores, estará con la sonrisitas. Nos ha cambiado por un chochete.


  - ¿Y tu qué?- Bast miró a los ojos a Jack dirigiéndole la pregunta- ¿Vienes a patearme los huevos o en son de paz?


Jack no contestó, solo siguió observándole. Los Fumigadores bajaron las escaleras y antes de retirar el mueble que bloqueaba la puerta se reunieron.


  - Me pido la latina pechugona- dijo Alex.


  - Esa es para mí- dijo Bast con voz cortante. Ninguno de los dos le rebatió.


  - Pues me pido a Britts- comentó Andrew.


  - Me quedo con Megan, que Frankie es la hermana de Bradley, no quiero que nos cruze la cara.


Abrieron la puerta y les dejaron pasar y sentarse en un sofá frente a una gran mesa.


  - ¿Os gusta?- lo decoramos nosotros.


Jack se sentía un tanto incómodo, pues frente a él estaba sentado Bast clavándole los ojos.


  - ¿Esto es el salón?- preguntó Meg.


  - Algo así- contestó Andrew- tiene el futbolín, los sofás, la mesa. Se pueden hacer muchas cosas aquí.


  - ¿Os entreteneis todo el día en un montón de ruinas a punto de caerse?


  - Es como una casa pero sin padres dando el coñazo, aquí no hay normas.


  - No creo que llevarais aquí a una chica en una cita- dijo Britts.


  - Si, es verdad, aunque el sitio no está tan mal, lo suyo sería invitarles a unas copas.


  - Tenemos alcohol en una nevera, podemos traerlo- dijo Andrew levantándose para traerlo. Llenó cuatro vasos y los repartió.


  - ¿Quién dijo que era una cita?- vaciló Meg.


  - No vengáis a chulearnos.


  - ¿Por qué? ¿No os gusta?


  - No, no me gusta que se rían de mí.


  - ¿Te gusto yo?- preguntó Britts.


Britts, Meg y Frankie se rieron mientras Jack se incomodaba cada vez más.


 - ¿Es verdad que estabas en un orfanato?- preguntó Alex sonriendo a Jack.


- ¡Internado! No son la misma cosa.


Jack les escuchaba hablar, nada tenía sentido, se preguntaba si sería la única persona que no entendía nada.


  - ¿No bebes?


- ¿Que es?- preguntó Jack oliendo la copa con cara de asco.


- Pruébalo, te va a gustar.


- Huele muy fuerte.


- Está dulce, venga pruébalo.


Jack dio un sorbo pequeño y tuvo un escalofrío.


  - Está asqueroso- miró a su alrededor y vio como todos llevaban al menos medio vaso.


- Si te quieres emborrachar rápido bebetelo todo de un trago- le recomendó Britts- es lo que hago cuando sabe mal.


Jack le hizo caso y sintió toda su garganta arder. Volvió a temblar y comenzaron a darle tics.


- ¿Que es?


- ¡Vodka, es como beber alcohol para curar heridas! - exclamó Frankie riéndose.


Jack empezó a marearse y a ver extremadamente borroso. Dio arcadas y sintió como su cuerpo le pesaba.


- Me siento muy mal...- se quejó poniendo la mano sobre su barriga- creo que voy a vomitar.


- Es la primera vez- le animó Britts- la primera siempre es la mala.


- Quiero irme a dormir...


- Apóyate en mi si te sientes mal- le dijo Bast- ¿Quieres algo? ¿Agua, comida?


Jack puso su cabeza sobre el hombro de él y negó. Lo único que quería era dormir.


  - ¿Queréis dar una vuelta? Podemos ir a la ciudad- dijo Andrew- pero tenemos que cojer el bus.


- Si, estaría bien- dijo Britts- ¿Puedes caminar, Jack?


- No lo sé...- murmuró tratando de ponerse en pie, constantemente estaba a punto de caer.

- ¿Tienes dinero, Frankie?

- No, sabes que mi padre nunca me da nada...

- Te lo pago yo si quieres - se ofreció Alex.

- No, no hace falta...

- Claro que si, no te vamos a dejar aquí sola.

Andrew ayudó a Jack a caminar hasta la parada. Cerró los ojos y se quedó completamente completamente dormida.

Cuando los abrió estaba dentro del autobús y veía a través de las ventanas un recorrido que no se le hacía conocido.

- Mira quién se ha despertado...Ya casi llegamos Jack- le dijo Meg.


Andrew cada vez estaba más cerca de ella tocando su rodilla y subiendo por su pierna. Meg levantó una ceja y le miró con disgusto y le agarró también la rodilla para que no se sintiera incómoda.

El quitó inmediatamente la mano. Jack se acurrucó más en su hombro y le abrazó mientras dormía.

- Papá...- murmuró abrazándolo más fuerte.

- No soy tú padre, Jackie- contestó Andrew extrañado e intentó hacerle soltarse.

- No te vayas otra vez, te echo mucho de menos.

- No llores Jackie, solo estás teniendo una pesadilla- le consoló Megan tratando de despertarle.








Creyó haberlo pillado, el miedo que le tenía a Kurt a los trece volvía a renacer.


  - No estás consiguiendo asustarme.


  - Entonces no vendrás a mi casa antes del baile para que a ese cerdito no le pase nada.


El resto comenzaron a entender y el silencio tras eso fue tal que los pájaros era lo único que se oía.

Jack se levantó y se acercó a la puerta para irse, seguido por Kurt que interrumpió su camino.


  - Solo vamos a hablar- le susurró.


Jack asintió y tras despedirse se fue con él a su casa. Kurt vivía en una buhardilla oscura, como si quisieran ocultarlo y apartarlo del mundo.

Subieron al cuarto mediante las escaleras y después cerraron la compuerta recogiendolas.


  - Toma asiento y ponte cómoda


Jack se sentó en una silla de oficina frente al escritorio. Kurt trajo una enorme vitrina y la colocó encima. Encendió un potente flexo doblandolo para que apuntarse directamente al contenido de la vitrina.


  - ¿Que ves?- preguntó con una voz sombría.


  - Una urna llena de mariposas.


  - Describelas ¿que sientes cuando las ves? No hay respuesta correcta.


  - Son pequeñas, coloridas, frágiles, bonitas...


  - ¿Por qué crees que están vivas?


  - Porque se mueven.


  - Me refiero a por qué piensas que siguen con vida.


Jack no contestó, Kurt abrió la urna y la invitó a meter el dedo. Una mariposa se posó sobre su dedo, Jack alzó la mano y la observó aletear, ahí quieta.


  - ¿Cómo te sientes ahora?


  - Igual que al principio.


  - ¿Y por qué crees que está viva ahora?


  - Porque todavía aletea.


  - Está viva porque tú lo has decidido, ahora mismo podrías matarla. Es mucho más pequeña que tú. Está indefensa y atrapada en una urna dentro de una habitación, no tiene dónde huir. Su vida es tan insignificante que le pertenece a él que tenga poder suficiente para acabar con ella.


La mariposa voló y se apoyó sobre la palma de su mano extendida. La apretó con fuerza acabando con ella.


  - ¡Pero que haces!- gritó Jack sosteniendo una de sus alas rotas- ¿Por qué la has matado?


  - Porque he decidido que ya no va a vivir más.

  

  - Tu vida es igual que la tuya, no creas que la de los humanos tiene más valor. Ahora mismo podría hacer lo que quisiera contigo. También eres pequeña y no tienes a dónde huir.


  - No te tengo ningún miedo.


La mano de Kurt agarró su cuello sin apretarlo.


  - Eres la única persona que me ha plantado cara, eso me gusta, pero que seas valiente no te ayuda a no tenerme miedo.


  - No le temo a nada.


  - Lo veo en tus ojos, ahora que me conoces si me tienes miedo, sino no estarías aquí hablando conmigo.


Soltó el cuello, Jack respiró aceleradamente.


  - No te quiero hacer daño.


  - Pero a Jason si ¿Que quieres de mí?


  - No hemos llegado ahí todavía ¿Sabes quién era Hitler?


  - Si, claro.


  - ¿Como crees que surge el poder? ¿Como crees que nace un líder?


  - Con la palabra y con el miedo.


  - Hitler tenía la palabra y el miedo. Todo lo demás era irrelevante. Era tal su poder que no tenía que mancharse las manos de sangre. ¿Entiendes por qué soy el dueño de todo lo que hay?


  - ¿Que vas a hacer con Jason? 


  - ¿Yo? No necesito ni mover un dedo, mientras estoy aquí diciendo esto, puedo hacer muchas cosas. Estoy en todo el pueblo, soy Dios.


Un escalofrío recorrió el cuerpo de Jack.


  - ¿Qué mierda quieres de mí?


  - Podríamos ser mi reina, todo esto sería tuyo si te unieses a mi.


  - No necesito poder y nunca me iría contigo.


  - Lo harás en el baile de esta tarde si quieres salvar el culo de tu amigo.


  - No puedes obligarme.


  - Puedo, pero no lo voy a hacer. Solo te propongo un trato.


  - Eso es obligarme.


  - La decisión de que tu amigo este seguro es tuya, tomala o dejala.


  - Iré, por él.


  - Trae un vestido negro, yo iré de negro también. Pásate a recogerte en coche.


  - ¿Puedo irme?


  - Puedes irte.


  Jack descendió por las escaleras cerrando la trampilla y regresó al caserón en busca de sus amigas, que seguían allí en el sofá.


  - Vamos a ver a Jason- dijo Jack- venga vámonos.


 Las chicas se despidieron y tomaron el camino de vuelta con él.


  - ¿Te lo has follado?- preguntó Britts


  - ¿Que? ¡No! Es un skin, es enemigo natural de los punks.


  - Puede que también de las góticas, pero ya es tarde para preguntar- bromeó.


  - Que cojones Britts.


  - ¿Que pasa? ¿Piensas quedarte virgen toda la vida?- preguntó Meg en tono de mofa- ¿Quieres que te beatifiquen o algo así? 


  - Simplemente no quiero, vosotras sois las únicas de clase que lo han hecho- se defendió- y aunque lo hubiesen hecho todas, me da exactamente igual, a mí no me interesa el sexo ni el amor.

 

  - ¡Eso es porque no van a ir por ahí diciéndolo!- exclamó Britts- pero no tienes ni idea de lo que hacen.


  - Mira a la risitas, que parece una mosquita muerta- comentó Megan resentida.


 - Que grima dais.


  - ¿Sabes si los hippies son enemigos de los skins?


  - ¿Tu también?


  - Si me van a llamar puta que al menos sea teniendo algo con más de un tío. Que más me da a mi tener motivos con esa fama.


 Jack resopló y puso los ojos en blanco, harto de una conversación sexual que continuó sin que interviniese hasta llegar a la puerta del Sunroad Market.

Un chico de más o menos su edad les recibía bailando vestido de lo que parecía una bola amarilla con una cara sonriente. El traje no tenía agujeros para ver ni sacar los brazos, solo las piernas llenas de pelo, con zapatillas deportivas y calcetas de doble raya de aquella persona que le daban un aspecto cutre y bizarro a la ya de por sí extraña mascota. Llevaba un cartel en forma de flecha con la publicidad del supermercado pegado atrás que se veía cuando se daba la vuelta.


  - Si que tienen que pagarle para humillarse así...- dijo Britts en voz baja al verlo mientras soltaba una risa y entraba.


  - ¡Hay gente muy desesperada!- exclamó Jack.


  - Y McFlair's muy exploradores que se aprovechan de la gente desesperada- concluyó Meg.


Jason estaba en la caja, aburrido y con el carácter agrio que solía tener.


  - Hola Reddie ¿Cómo te va todo?- preguntó Meg- ¿Te pillamos en tu descanso?


  - Si, asquerosamente repulsivo como de costumbre- contestó cruzado de brazos- mirad a vuestro alrededor.


Observaron un estante lleno de peluches de la bola amarilla, los múltiples carteles en los que aparecía una gran silueta de cartón con la que tomarse fotos.


  - Y todo esto no es todo, se vendrá todavía más arriba.


  - ¿Quién es el tipo de ahí fuera?


  - Es Ed, trabaja aquí desde hace 3 días cuando al señor "recuerde llevar siempre una sonrisa" se le ocurrió que poner como mascota a una persona sacrificando su dignidad vestida de sol enorme era una buena estrategia comercial...


  - Se ve que te encanta trabajar aquí- dijo Britts con un tono burlón.


  - Pensaba que eso era un m&m gigante- dijo Jack.


  - Podría ser una bola amarilla a secas, ¿De dónde sale que es un sol?- preguntó Meg.


  - ¡Y yo que sé! Sunroad Market, Sun, pues un sol. Creo que por lógica será así pero me importa un comino. Ese muñeco me saca de quicio imaginate tener que verlo todo el rato, os juro que me repugna.


  - Vamos hombre, - exclamó Britts riendo- ¿Que le pasa?


  - Es como una dictadura de la felicidad, mire donde mire veo a esa puta cosa sonriendo y recordándome que no debería sentirme como una mierda. Mientras más la veo más ganas me entran de borrarle esa puta sonrisa.


  - Es una esfera con piernas Jason, creo que tantas horas de trabajo te están afectando.


  - Entiendo lo que le pasa con la bola, me pasa lo mismo con McFlair pero peor porque ella es una persona- volvió a incidir Meg en su odio hacia 


 Durante la conversación iba echándole una ojeada desde la caja a la mascota a través de los cristales del escaparate 


  - Jason, tengo algo que contarte en privado- dijo Jack- ¿Podéis iros un momento?


 Jack trató de explicarle lo sucedido con Kurt, mientras el resto buscaban algo que comprar y el señor McFlair aparecía junto a la caja de pronto.


  - Jason, ¿La mascota?- preguntó aparentemente cabreado.


Él miró inmediatamente y se percató de que justo cuando había dejado de vigilarla había desaparecido.

Unos chicos en bicicleta le habían roto el cartel en la cabeza y la habían empujado haciéndola rodar cuesta abajo.


  - No lo sé, estaba ahí hace unos minutos.


  - Tenías que vigilar a la mascota, lo acordamos el otro día. Ve y encuéntrala, no tiene que estar muy lejos.


El señor McFlair entró en la puerta del personal.


  - Disculpa Jack, tengo que hacer de niñera a una bola amarilla enorme, ya me contarás esto en otro momento.


  - ¡Es importante!


  - Lo se, pero estoy en el trabajo ¿No puedes esperar? Venga hasta luego.


Jason salió a buscar la mascota, estaba tirada encima de unos matojos después de haber rodado por la carretera entre los coches.

Le acompañó hasta el supermercado y allí el señor McFlair les llamo a la sala de personal.

Ed, después de contar lo sucedido dimitió inmediatamente muy indignado y se levantó yéndose, mientras que a Jason le cayó una reprimenda.


  - ¿Sabes cuánto costaba ese cartel?- le preguntó.


  - No.


  - ¿Como crees que recuperaremos los gastos? 


  - No es mi culpa que le hicieran eso a la mascota.


  - ¡Tenías que vigilarla, Jason! ¡Lo que le pase a la mascota es tu responsabilidad desde que te encargué que la controlases! Tendrás que trabajar horas extras para pagar eso, hasta el traje ha sufrido daños.


Jason suspiró.


  - Bien, entiendo.


  - Puedes hacer de mascota para recuperar el dinero, no es difícil.


  - Le agradezco la oferta, pero creo que no la tomaría si pudiera evitarla.


El señor McFlair colocó un peluche de la mascota sobre la mesa.


  - Esto es un regalo para todos los trabajadores de nuestra cadena de supermercados. 


Jason no podía ocultar su expresión de rechazo, realmente deseaba decirle: "no gracias, no puedo aceptarlo" o expresarle sin pelos ni señales que no quería esa porquería y que mejor se la guardase. Pero todo eso sería muy grosero.


  - Gracias- lo tomó y trató de sonreír, pero su disgusto era imposible de ocultar. Realmente quería que se intuyese que aquello era la peor cosa que había recibido gratis.


Al terminar su jornada de trabajo lo llevaba en la mano agarrado de una pierna, lo levantó y lo observó un rato. No sabía porqué le producía tanta rabia verlo, parecía que se estaba burlando de su infelicidad y su dolor con esa sonrisa hipócrita.

Pisó el pedal de un contenedor y lo echo dentro junto con una caja de cigarros vacía y una colilla.


  - ¿Quién se ríe ahora? - le dijo mirando al muñeco con una media sonrisa antes de cerrar la tapa.


Después le dio cierta culpabilidad, tal vez tener envidia a un muñeco porque él no era feliz no era algo lógico no

ni sano. Dio media vuelta y lo sacó del contenedor.


  - Veo que tú- le dijo y se lo llevó a casa. 


Nada más llegar la echo al suelo y le dió una patada metiéndola bajo la cama.


  - ¡Recuerde llevar siempre una gran sonrisa!- dijo una vocecilla.


  - ¡No me lo puedo creer!- gruñó Jason entre dientes- ¡Puta bola parlante!


  - Jason, ¿Con quién estás hablando?- preguntó su padre.


  - Con nadie papá, es la mascota del Sunroad Market que me pone de los nervios.


  - Ven conmigo al garaje, tenemos que vender unas cosas. Sino no podremos pagar los materiales para arreglar el techo antes de que empiecen las nevadas.


  - Vale, papá.


Abrieron la puerta del garaje y empezaron a inspeccionar cajas. Fueron apartando las cosas que utilizaban de las que no.


  - ¿Y la bici, Jason?- preguntó su padre cogiéndola en peso- nos darían mucho por ella.


  - Pero todavía la sigo usando, voy con ella al instituto.


  - Necesitamos el dinero antes de que llueva y se inunde la casa. Entiendes que es algo urgente ¿Verdad? Nos darán mucho por ella.


  - ¿No hay otra cosa?


  - Te compraremos una mucho mejor por navidad.


  - Está bien.


  - Y el tanque de buceo...


  - ¡No!


  - No lo has utilizado desde hace mucho tiempo.


  - ¡Pero no quiero venderlo!


  - Lo vas a recuperar, todo lo que vendamos y necesites lo compraremos de nuevo.


  - Vale...


  - No se te ve muy convencido.


  - ¿Cuanto tardaré en recuperar mis cosas? 


  - Solo tienes que esperar.


  - Puedes vender todas mis cosas si quieres menos el tanque y la bici.


  - Te prometo que la recuperarás, mira si en tu cuarto hay algo que no necesites y mételo en esta caja- le entrego una caja vacía.


Jason subió a su cuarto y fue metiendo todo lo que no necesitaba o podía prescindir.

Su madre estaba montando unas mesas frente al garaje y clasificando las cosas por cajas.

Su padre en cambio estaba colgando sobre la entrada del garaje un cartel de cartón en el que se leía "venta de garaje".

Al cabo de un rato comenzó a acercarse gente a mirar.


  - ¿Cuanto pedís por la bici?- preguntó un señor.


 - ¡130 dólares!- exclamó el padre de Jason desde la escalera.


  - ¿130? Tiene la pintura muy rozada, habría que pintarla de nuevo. 110 o nada.


  - 120- dijo Jason- y te doy también el casco.


  - Trato hecho.


El señor se llevó su bicicleta, su madre relevó su puesto y pudo ir a su cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Cuando ya estaba anocheciendo sus padres recogieron todo y lo guardaron en el garaje para el día siguiente.

A la hora de la cena su padre le llamó para ir para comer.

Se sentó frente a su cena y removió un poco el plato.


  - Tengo que seguir estudiando, no tengo mucha hambre- dijo Jason.


  - Si estás estudiando necesitas comer para el cerebro.


  - Es que estoy muy estresado por el examen de mañana y tengo mucho sueño, quiero irme a dormir, ha sido un día muy duro.


  - ¿No vas a ir al baile?

  - No mamá, no quiero que pagueis por eso.


  - Son veinte dólares, hijo, no nos vas a arruinar- dijo su padre- si quieres ir te doy el dinero.


  - Me duele todo, estoy agotado no puedo ni moverme...


  - Vete a dormir, tienes muy mala cara, mañana será otro día.


  - Buenas noches papá, buenas noches mamá.


  Su madre le besó la mejilla y Jason le devolvió el beso.


  - Te quiero, adiós.


Jason se dejó caer sobre la cama, sintió como se hundía, casi absorbiendolo. Deseo que fuese un hoyo y lo tragase de una vez.

Rompió a llorar frustrado, que mierda de día. No había hecho nada que le gustase, no había sido feliz ni un minuto. Otro día más, perdido, las horas muertas esperando la hora de dormir y ahora que podía hacerlo se preguntaba si aquello era todo. 

El resto de sus amigos estaban entrando al baile. 

Gregory estaba en la puerta junto con Junior esperando a entrar.


  - ¡Pero entra ya, tonto! ¡Britts ya está dentro!


  - ¡Lo sé! Pero ¿Que pensará si ve que tengo la cara así de verdad?


  - ¡Entra con la máscara!


  - ¡No puedo ir así!


Junior se asomó y vio a Frank acercarse a Britts.


  - ¡No!- exclamó.


  - ¿Que sucede? -preguntó Greg preocupado mirando al interior- ¡No! ¡El otra vez no!


Bradley entró junto con Shanon McFlair que lucía un pelo cardado espantoso, como si hubiese método los dedos en un enchufe y llevaba un vestido satinado verde y negro, con una falda corta desigual y un gran lazo en la cintura.

Brad llevaba su traje marrón, una camisa blanca, la corbata roja y el pelo engominado hacia atrás.

Tras ellos iban Kurt y Jack separados a un metro el uno del otro, ambos elegantemente vestidos de negro.


  - Vámonos, ya no podemos hacer nada- dijo Gregory con las manos en los bolsillos, dando una patada a una piedra.


  - ¿Estás seguro?


  - Si, Junior, vámonos a otra parte.


Ambos marcharon mientras continuaban entrando estudiantes. Jason seguía llorando en casa, fumando frente a la ventana para aliviar el estrés.

El camión de la basura se paró frente a la casa, Jason corrió escaleras abajo delcalzo y en pijama, tropezando por ir tan apresurado.

Salió al jardín y se acercó a Clark con los brazos cruzados mientras tiritaba de frío.


  - ¿Qué tal todo?- preguntó.


  - Aquí, con la basura como siempre.


  - Guay.


  - ¿Y tu?


  - Bueno, nada interesante.


  - ¡Ah! ¡Espera!- Clark sacó algo de debajo de su mono- Olvidé darte esto el otro día.


Jason tomo las cartas ojeandolas.


  - ¿Que son?


  - Cartas de amor a una chica, tal vez esté muerta. Y el chisme ese es el de las cajas de música.


  - ¡Gracias!- exclamó Jason.


Clark subió a la plataforma del camión y se despidió agitando su brazo en el aire.

Jason leyó una de ellas acostado sobre su cama hasta que se quedó dormido.


"Querida Lils..."


Puse la mano sobre su frente, para saber qué estaría soñando. Solo que Clark se bajaba la cremallera de su mono y lo recostaba sobre el cubo de basura agarrando sus piernas y acercándolo cada vez más. El se puso rojo y se dejó desabrochar la camisa.


- Clark...- susurró.


Le chistó para callarle y le besó en los labios mientras le dejaba los hombros descubiertos.


- ¿Que estás haciendo?- preguntó.


- Déjate llevar- exclamó acariciando su pecho y descendiendo.


- Oh...Dios. Te amo Clark.