Jason se levantó con un fortísimo remordimiento después de lo que había pasado la tarde anterior con Shanon.
Estaba agotado del trabajo y no tenía ganas de ir al instituto. A su bicicleta se le había pinchado una rueda y hasta que la reemplazase tendría ir a pie a todas partes.
Pasó por la pastelería de su madre, el olor de los pasteles le penetró las fosas nasales.
Aspiró el olor y apoyó las manos en el escaparate, mirando los pasteles, las tartas, los profiteroles, los donuts y las bandejas de merengues.
El estómago le rugia con tanta fuerza que parecía estar comiendole las paredes del estómago.
Se comió un chicle de menta para calmar el hambre y se fue al instituto.
Al llegar todo el mundo lo miraba mal, peor aún que se costumbre.
Entonces vio a Catylin acercándose rápidamente a él por el pasillo.
- ¿Éstas orgulloso de lo que has hecho?- dijo furiosa.
- ¿El qué?
- Intentar robar los novios de los demás, debería darte verguenza, no me podría ni mirar al espejo siendo tú.
Pasó rápidamente por su lado, Jason se giró y vio a Shanon colgando un cartel recargado y cursilon de su perro.
- Shanon, necesito hablar contigo
«Perrito perdido, se llama Drake, es un bichon maltés blanco y pequeño. Lleva un sombrero de cumpleaños. Si lo encuentran llevenlo a la residencia McFlair. Recompensa de 20$»-leyó
- Fui a verte al hospital y te invité porque me daba lastima que estuvieras siempre solo, no debí ser amable contigo, pero ahora entiendo porque no tienes amigos.
- Entiendo que estés enfadada, me gustaría contarte lo que realmente pasó, si te lo contase tal vez lo entenderías...
- ¿Y por qué no lo haces?
- Porque no puedo, pero me gustaría.
- Hay gente que merece estar sola y tú pareces uno de ellos. Al menos no me mientas y dime qué pasó entre tú y Jeffrey y dame una disculpa.
- No es lo que crees...
- ¿Sabes lo peor? El hecho de que ha sido contigo ¿Por qué tú? ¿Por qué me pone los cuernos precisamente contigo? Que he tenido que hacer mal para que te prefiera a ti.
- ¿Que pasa conmigo?
- Que tengas un gran dia, Jason- dijo sonriendo fríamente- seguro que no te da ningún remordimiento.
Shanon terminó de grapar el cartel y se fue a clase. Al comenzar la clase a Jason el tiraron una bola de papel, la recogió y la abrió.
« ¿Te parece bonito? » se leía en una mala caligrafía.
Se giró para ver quien podría habersela lanzado pero todos le estaban mirando. A la salida era el unico tema de conversación.
- Shanon nunca había estado enfadada ni triste, lo que le ha hecho ha tenido que ser muy grave- comentaban dos chicas cuyos nombres desconocía mientras le miraban de soslayo.
Al salir del instituto se topo con Jeffrey que le acorraló en un callejón.
- ¿Qué te dije sobre contar lo que hicimos?
- No he contado nada, lo juro.
- Shanon me dijo lo que le contaste de mi polla.
- Estaba borracho, es lo unico que dije y ella ya lo sabe, es tu novia.
- También dijiste que era un gilipollas y que no me merecía, a mi me lo cuenta todo. ¿Quién te crees que eres?
- Le pusiste los cuernos conmigo ¿Por qué le harías eso a alguien que quieres?
- Como si no supieses que estábamos juntos cuando aceptaste.
- Te prometo que yo no sabía nada.
- Me voy a ocupar de desmentir todo lo que se diga de mí y de lo que ha podido pasar entre nosotros.
- No dirán nada, yo no he contado nada ni lo voy a hacer.
- Escúchame, la quiero, quiero que lo nuestro funcione y que tengas claro que acostarme contigo fue solo un error. Estaba teniendo un momento difícil.
- Te juro que no dire nada.
- Y lo que dijiste de mi polla... Deberías dar las gracias porque alguien ha decidido acercarse a ti. De no ser por eso no te hubiesen tocado ni con un palo, estás solo. No pongas esa cara de pena después de toda la mierda que has dicho de mi.
Jason intentó zafarse pero Jeffrey le agarró un brazo.
- Como te se ocurra inventarte que te abusado de tí, me voy a ocupar de buscarte más ruina de la que tienes.
- ¡Suéltame, ya te he dicho que no voy a decir nada! ¡Suelta mi brazo!
- ¡SHHH! ¡Deja de gritar! ¡Alguien nos va a oír!
- ¡Te juro que no diré nada! ¡Suéltame! ¡Me haces daño!
- ¿Qué es eso que tienes en el brazo?
- ¡No es asunto tuyo!- tiró fuerte de su brazo consiguió escabullise por un costado y huir del callejón corriendo mientras lloraba y buscaba un camino menos concurrido para que nadie lo viese.
Jason se fue a casa, dejó lo que valía una lata de Coca-Cola sobre la mesa, junto a la taza de su padre sin recoger. Ya se habían ido a trabajar. Tiró su comida por la trituradora de basura y salió a la calle, su cuerpo y su cabeza solo vagaban y vagaban, por la calle, en el bosque entre los árboles, en el mar que se divisaba desde el muelle.
Recordó que tenía que ayudar esa tarde a su padre con la tienda. Lo había olvidado por completo.
Fue rápidamente y comenzó a descargar cajas de la furgoneta y ordenar los productos en el almacén.
Los Cooperson venían de cazar un ciervo en el bosque que llevaban en la parte trasera de la camioneta.
Francis iba al volante, sin saber muy bien como controlar la velocidad.
- ¡Frena un poco! -gritó el señor Cooperson- ¡Esto no es una carrera de fórmula 1!
- Papá- preguntó Bradley ¿estas seguro de que es buena idea dejarle conducir?
- Si sabe coger una escopeta sabe manejar el volante ¡FRENA FRANCIS FRENA! ¡HAY UN PERRO EN LA CARRETERA!
- ¡No puedo frenar! ¡Se ha atorado!- gritó Francis tratando de desatorar el freno.
De pronto se escuchó un fuerte golpe, justo cuando consigio frenar se bajo rápidamente del coche.
Su hermano y su padre bajaron a ver si el perro estaba bien pero estaba tumbado sobre un lado, muerto pero sin sangre ni heridas.
- ¿Por qué tiene sombrero?- preguntó Brad.
- ¡Porque es el perro perdido de Shanon, idiota!
- ¡Que lleve sombrero o no es irrelevante! Ponlo en la camioneta.
Francis lo colocó en el asiento de atrás y volvió a entrar al coche, frenaron frente a la tienda de ultramarinos del señor Steele y cargaron el ciervo hasta colocarlo sobre el mostrador.
- ¿Cuánto me das por el ciervo?- preguntó el señor Cooperson.
- No tenemos espacio para tanta carne.
- ¡No me fastidies! Dame 30 dólares aunque sea.
- ¿Como, si no tengo espacio?
- ¡Vamos Steele! ¡Que poco amor por los héroes de tu país! ¡Me fastidie la pierna Vietnam, solo trato de ganarme la vida y darle de comer a mis 5 hijos!
- No empiezes Howard.
- ¡En este pueblo ya no hay gente patriótica! ¿Tienes descuentos para militares?
- No, Howard, en este pueblo hay muchos veteranos aparte de tí. La próxima vez avise antes. Ya hacía hecho un pedido.
- ¿Te molesta no ser uno, Steele? ¡Vámonos chicos!
Recogieron el ciervo y se lo llevaron de vuelta al camión.
- ¿Quién era ese tarado?- preguntó Jason saliendo del almacén
- El chiflado del señor Cooperson- contestó su padre suspirando y negando con la cabeza- ya puedes irte a donde quiera, hijo ¡Disfruta que esta noche tienes que ir al trabajo, pero vuelve a casa antes de la tormenta!
Él salió de la tienda y se topó con los Cooperson, al verles arrugó la nariz, le producían tanta extrañeza que no podía ser discreto.
- ¡Steele! ¡Sigue igual que el el 55! - exclamó el señor Cooperson arrancando el coche, enseguida se percató de la presencia de Jason- a tu padre le falta mano dura, si yo fuese él no te permitiría ir con esas pintas. Pareces un payaso con ese chándal con tantos colores, o un marica.
- Preocupese por sus hijos, según tengo entendido tiene 5, seguro que tiene responsabilidades de sobra.
- ¡Será repipi el niñato pelirrojo!- exclamó- ¡si fuese tu padre te daría una torta en la boca por contestar así a los adultos!
- En su casa no se debe pasar hambre.
El señor Cooperson refunfuñó y arrancó al fin la ruinosa camioneta, pisando el acelerador.
Jason le hizo la peseta desde lejos y se encendió un cigarro.
- ¿Qué va a pasar con el perro?- preguntó Bradley.
- ¿Piensas devolverlo así, papanatas?
- ¡No insultes a tu hermano!- le gritó su padre dándole una torta en la boca.
Volvieron a casa y metieron la carne de ciervo despiezada en el congelador industrial que tenían en el sótano.
Bradley subió al cuarto a cambiarse de ropa y se topo con Bradley vistiendose con la ropa de Francine.
- ¡Pero que haces!- exclamó Brad con extrañeza.
- Déjame.
Su padre entró a la habitación y los pilló hablando.
- ¿Otra vez?- exclamó agarrando su pelo- ¡Ya es suficiente! ¡Ya esta bien!
- ¡Sueltame! ¡Me haces daño!- gritó Gregory.
- ¿Por qué haces esto, eh? ¿Por qué?- le zarandeo violentamente.
- ¡Por que te odio!
- ¡GREGORY COOPERSON! ¡REPITE ESO QUE CREO QUE NO TE HE OIDO BIEN!
- HE DICHO T-E O-D-I-O.
- Ven aquí, te voy a enseñar a comportarte. Te doy una segunda oportunidad para explicarme por qué coño lo haces.
- ¡Para joderte!
Lo arrastró del brazo hasta el jardín y le quitó la ropa, después lo roció con la manguera.
El agua estaba helada y ya para entonces estaba comenzando a hacer frío.
- La próxima vez te meteré en un campamento militar y allí te van a poner firme, te lo aseguro- dijo cerrando la mangera- ojalá no fueses mi hijo, que verguenza para esta familia y para esta casa.
- ¡TE ODIO! ¡OJALÁ NO FUESES MI PADRE! ¡OJALÁ NO FUESEIS MI FAMILIA Y ASÍ NO ESTARÍA ENCERRADO AQUÍ CON VOSOTROS!
- ¿NO TE GUSTA ESTA CASA? ¡PUES VETE! Después de todo lo que he hecho por ti, te he alimentado, te he vestido y te he dado un techo. Pero eres un enano desagradecido. ¡Vamos! ¡Vete ahí fuera, volverás! ¡Se que volverás no puedes vivir ahí solo, tienes 12 años! ¡Volverás arrastrandote!
- ¡NO VOLVERÉ!
- A ver si es verdad, venga, sal de aquí ¿No quieres dejar de ser un Cooperson? Pues fuera de mi propiedad.
Todos estaban mirando por la ventana en ese momento, la señora Cooperson rompió a llorar.
- Es solo un niño...- repetía.
Gregory entró e hizo una pequeña maleta, después bajo y se despidió de todos abandonando la casa. Todos permanecían en silencio, sumisos como siempre.
Echó una pequeña vista atrás, esperando que su madre hiciese algo por retenerle o que al menos le plantase cara a su padre, aunque fuese solo una vez. Sin embargo no fue así y simplemente se fue de casa y caminó pensando a donde ir.
Jason llevaba la mochila del colegio con sus libros, tampoco sabía a donde ir, por mucho que se moviera seguía allí en Culvert.
Ya se había cansado de deambular como un alma en pena en el pueblo , estaba hambriento y cansado, las piernas le pesaban y los pies le dolían.
Había dado tantas vueltas que estaba mareado. Cayó la noche, se acercaba a las afueras del pueblo, junto a una carretera que nunca antes había visto.
Se asomó por una valla, miró al vacío, a unos 12 metros había una especie de río que corría a una velocidad de vertigo.
Lanzó una piedra para ver si se escuchaba el eco se esta al caer, pero no se oyó nada.
Colocó ambos pies cuidadosamente sobre la barandilla, sin soltar las manos. Poco a poco las despegaba tratando de ponerse en pie haciendo equilibrio.
Se tambaleó a punto de tropezar, la suela de sus zapatillas se deslizaba haciéndolo precipitarse cada vez más a aquel abismo.
"Lo siento mamá, lo siento Patrick, lo siento papá, lo siento mucho"- dijo resistiendose a llorar y armandose del valor suficiente para saltar. Tenía miedo, realmente no se veía con las agallas de dejarse caer como un peso muerto.
Tal vez le daba miedo saber como sería morir, aunque tenía cierta curiosidad de como se sentiría entar muerto.
Logró finalmente la valentía de cerrar los ojos y abrir los brazos en cruz para dejarse morir. Se dejó caer hacia delante lentamente, cuando solo quedaban las puntas de sus pies apoyadas, la gravedadad lo atraía.
Le sujeté fuertemente los tobillos y quedó suspendido en el aire tratando de impulsarse. No logró caer, continuaba allí pensando que tal vez era el miedo a morir lo que lo paralizaba y le impedía saltar.
Tuve que alterar el orden de las cosas para salvarle, no podía dejarlo morir.
Miraba como el agua se movía, rompiendo contra las rocas. El fuerte viento le agitaba el cabello, golpeando sus húmedas mejillas.
La lluvia comenzó a caer después del estallido de un trueno que fue a dar en un árbol muerto. Era una lluvia gruesa y fuerte casi como graniz y hería al tener contacto con la piel.
Clark estaba conduciendo el camión de basura, observando el reflejo de la luz de los faros sobre los charcos en los vanos de la carretera. El ruido de la lluvia contra el cristal y el deslizar de el parabrisas ahogaban la voz del locutor de la radio.
«Las tormentas de Culvert podrían volver a generar destrozos al igual que el año pasado. El invierno se dejará ver pronto y el pueblo estará cubierto de gruesas capas de nieve. Se prevee una gran nevada estas navidades...»
Los faros alumbraron a Jason, que no se giró aún aturdido por la fuerte luz, Clark lo vio en la luna delantera del coche y bajo rápidamente del camión dejando la puerta abierta.
- ¡Baja de ahí!- gritó.
- ¡Déjame, continúa y déjame aquí!- contestó Jason.
- ¡No pienso dejarte!- exclamó acercándose cada vez más a él- ¡No te dejaré morir!
- No valgo la pena, estas perdiendo el tiempo.
- ¿Por qué?
- Me siento como un espíritu que vaga por el mundo, ya no siento nada. No pertenezco a ningún lugar de este mundo y estoy cansado de buscar donde quedarme, ni siquiera tengo donde huir.
- ¿Merece la pena morir por los que te han hecho esto?- Clark le tendió la mano- el mundo seguirá girando si tu no estás, las cosas serán iguales, menos para las personas a las que si le importas.
- No lo entiendes, hay algo que está mal en mí.
- Si te dejo caer, las cosas se quedarán como están pero nunca podrás saber que hubiese sido si estuvieses vivo. Nada dura para siempre, dame la mano, no vivirás un millón de años, para creeme que los suficientes para arreglarlo.
Clark le agarró la mano y Jason bajó por su cuenta. La lluvia amainó y los truenos dejaron de oirse.
Ambos subieron al camión, ninguno hablo con el otro, permanecieron en un incómodo silencio.
- Es mejor que esta noche duermas en mi casa, hace frío y estas empapado, vas a enfermar.
- Esta bien, gracias, llamaré a mis padres.
Llegaron a casa de Clark, a Jason le sorprendió ver una bañera en el patio, la barbacoa coja y un neumático colgando de un árbol.
Al entrar, no había entrada y la cocina no tenía puertas en los muebles. El mantel estaba lleno de manchas que no habían podido quitarse y quemaduras de cigarro.
- Ve a avisar a tus padres, voy a preparar la cena- dijo Clark mientras colocaba los platos y vasos sobre la mesa, todos rotos y vueltos a pegar con pegamento.
Jason fue a coger el teléfono y desde la entrada vio a Junior en el salón, estaba sentado frente a un escritorio, hablando por una radio de camionero.
- Soy ted-y ¿Me recibes? Cambio.
- Hola ted-y, soy Walter ¿Eres camionero? Pareces muy pequeño Cambio.
- No, soy el hijo de un camionero, mi padre me dejó un post-it con este mote para encontrarle. Cambio.
- ¿Cuanto tiempo llevas buscandole? Cambio.
- 3 años. Cambio.
- ¿Sabes como se llamaba, que aspecto tenía? Cambio.
- No, pero algún día me contestará a la CB y entonces lo encontraré. Solo que su apellido es Greeves. Cambio.
- No me suena pero intentaré buscarlo Ted-y, ten suerte por ahí chico. Cambio y corto.
Clark entró al salón y se cruzó de brazos.
- ¿Otra vez con la CB?- preguntó ciertamente molesto.
No quería saber nada de su padre y desde hacia tres años Junior se sentaba todas las noches a hablar con camioneros por la onda corta.
Había escuchado Teddy Bear de Red Sovine y no perdía la esperanza de encontrar a su padre. Junior no sabia que Marty Greeves no era su padre, de hecho no sabía su nombre ni nada de él y Clark maldecía el momento en el que había descubierto la radio de camionero que llevaba años tapada. No tenía la esperanza de que lo encontrase, pero al mismo tiempo sentía miedo de que pudiese suceder.
Este post-it lo había dejado para Clark quien tambien había tratado de buscarlo sin éxito, abandonando para siempre la idea.
- Si, estoy a punto de encontrarle, ya verás, pronto verás un camión aparcado en el patio.
- Venga, trae a Sammy a la cocina que tenemos un invitado.
Júnior se fue y se topó con Jason en el pasillo.
- Hola Jason- saludó mientras pasaba a la habitación y regresaba con el hermano mas pequeño en brazos.
Se sentaron todos a la mesa, todos tenían sandwiches de mortadela menos Clark.
- ¿Quieres comerte mi sándwich?- preguntó Jason.
- No, comételo tú.
- ¿Y tú que vas a comer?
- Nada, la nevera está vacía.
Pensaba comerse ese bocadillo porque tenía que comer aunque fuera una sola cosa al día, estaba mareado porque lo ultimo que había comido era un zumo de fresa.
- Comételo tu, yo no tengo hambre- dijo Jason.
- ¿Éstas seguro?
- Si, no me importa, cometelo.
- ¿Éstas seguro?
- Si, no tengo hambre.
Clark lo tomó y le dio un mordisco, Jason miraba el sándwich muerto de hambre, casi arrepentido de habérselo dado. Sentía como su propio ácido le comía por dentro, devorando las paredes del estómago, asi como un agujero dentro.
A la hora de dormir, se puso ropa de Clark mientras la suya secaba afuera y se echó sobre su cama Clark que no era más que un colchón sin sábana en el suelo de un pobre cuarto compartido con una cuna sin paredes y otro colchón.
El estómago le rugió, creía que el hambre no le dejaría dormir aquella noche pero cayó en un sueño profundo.
Caminaba por un campo abierto, había guirnaldas con luces y banderas de colores. Sonaba una musica animada de fondo, enseguida supo donde estaba. Eran las fiestas del pueblo de 1972, una voz le llamó a lo lejos, desde detrás de una caseta.
Acudió y fue acorralado por Todd, Wyatt y Francis, el último cargaba una cabeza decapitada y vaciada de uno de los cerdos del concurso de perseguir cerdos engrasados.
Todd y Wyatt lo sujetaron mientras Francis le ponía la cabeza de cerdo a modo de máscara.
Jason trataba de defenderse con todas sus fuerzas pero no podía.
- ¡PASEN Y VEAN! ¡CON TODOS USTEDES, EL ÚNICO, EL INIGUALABLE! ¡CHICO CERDO!- gritó Francis reuniendo a los otros chicos de la fiesta alrededor.
En este barullo de risas apareció August. Jason se sacó la máscara dejando ver su cara roja de la verguenza y cubierta de sangre.
Wyatt lo empujó a un charco de barro.
- ¡Oink! ¡Oink!- gruñó Todd- ¡revuelcate!
- ¡Porky! ¡Porky! ¡Porky!- corearon todos.
En ese momento despertó con los rayos de luz que penetraban por los agujeros de las cortinas apuntando a su rostro.
Todos seguían durmiendo, se vistió y se fue a casa, serían alrededor de las 5 de la mañana y la gente aún dormía.
Cogió un mantel, platos, vasos, cubiertos, servilletas y comida y los metió en una cesta con la que regresó a casa de Clark.
Cambió el mantel, colocó la mesa y se puso a hacer tortitas con sirope, batió una macedonia y la puso en un cuenco para Sammy e hizo batido de naranja.
Fue al salón y se acercó a Clark, que aún dormía en el sofá, lo arropó mejor y le dio un beso en la mejilla, puso un disco en el tocadiscos, se fue de nuevo a la cocina y se sentó a comer solo.
Recogió sus platos, los secó y los metió en la cesta, oyendo tras él dos voces.
Al girarse vio dos siluetas en pijama tras él.
- Buenos días Jason- dijo Junior.
- ¡Hala!- exclamó Sammy al ver la cocina limpia y recogida.
Clark apareció por la otra puerta que tenía la cocina.
- Sentaros, el desayuno ya está listo.
Tomaron asiento y comenzaron a comer.
- ¿Tu no vas a desayunar?- preguntó Junior.
- He desayunado más temprano- contestó Jason sonriendo.
- Grasias- dijo Sammy, que seseaba por tener pocos dientes.
- De nada, ¿Estaba bueno verdad?- le pellizcó una mejilla y revolvió su cabello- Eres un niño muy mono.
- ¿Puedes darme más zumo?- preguntó Junior.
- Claro, ¿Que tal tu primer año de instituto?
- ¿Es el instituto menos duro cuando creces o los niños siguen siendo crueles?
- Siguen siendo crueles, Junior, pero cuando seas termines el instituto, serás mayor y te irás muy muy lejos de este sucio pueblo.
Llenó de nuevo su vaso con zumo y se dispuso a recoger y fregar todo para irse. Finalmente se despidió.
- Os quiero, adiós- se despidió con un gesto de mano y se marchó caminando con su cesta a casa.
Al llegar colocó todo en su sitio de nuevo y se sentó a la mesa con su familia mientras desayunaban.
- Hijo, han llamado esta mañana del trabajo, dicen que anoche no te presentastes y que te pases a hablar con el jefe sobre lo que ha pasado.
- Está bien, voy ahora mismo- subió rápidamente las escaleras y se cambió de ropa, echando a la lavadora la del día anterior.
Cogió su bicicleta y pedaleó hasta el trabajo escuchando música en su walkman.
Entró al trabajo y se topó con su jefe, que le esperaba muy enfadado.
- ¿Se puede saber que hacías anoche?- preguntó.
- Tuve un pequeño percance, no volverá a pasar.
- Ya has llegado tarde y has faltado al trabajo y no llevas casi nada trabajando como empleado. Voy a pasarlo por alto esta vez, pero la próxima vez será un despido ¿Entendido? Y no hablemos de la hoja de reclamaciones que te ha dejado un cliente de que le has hablado mal. Nuestro lema es llevar siempre una sonrisa y eso no es muy sonriente de tu parte.
En cuanto a lo de mi hija Shanon...
En la familia conocemos a Jeffrey y no lo vemos echándose contigo, quiere mucho a nuestra hija, así que yo estoy de tu lado. Ella es muy sensible y esto le está afectando. En un principio no quiero dejar que nuestros asuntos personales se interpongan en el trabajo, pero espero que no sea verdad lo que se dice.
- Esta bien señor McFlair, no le defraudaré, lo prometo.
- Bueno, esta noche te quiero ver en el trabajo recuperando las horas que has perdido.
- Allí estaré.
Junior se fue a ver a Gregory a su cabaña en el bosque.
- ¿Hola Gregory, que tal te va por aquí?- dijo sentándose con el en las escaleras de su cabaña.
- Bien, bastante bien- contestó.
- ¿Piensas volver?- preguntó.
- No, me voy a quedar aquí, solo necesito unas tablas más de madera y mejoraré la casa.
- Deberías volver ¿No te da miedo que te ataque un animal?
- ¡Encendere fuego!
- Ingenioso, pero tienes que volver a Culvert para el baile de otoño, es un día después de Halloween.
- Tu y yo iremos a buscar caramelos, te lo primero ¡Este va a ser el mejor Halloween de la historia! El alcalde de Gilramore va a mandar a decorar todo el pueblo con luces ¡Iremos a la casa de los mil horrores!
- ¿La casa de los mil horrores? ¡Estarás de broma! ¡Da mucho miedo! ¡La gente sale de ahí llorando y meandose encima! ¡Te hacen firmar un papel para entrar de que no se harán responsables de lo que te pase ahí dentro! ¡Y este año será en la vieja mansión! ¿Por qué mejor no vamos a la fiesta de Halloween de Pauline?
- Está bien...
- ¿Vas a pedirle a Brittany Hofferman que vaya al baile contigo?
- Todos se lo van a pedir...Quiero hacerle una tarjeta y dársela esta tarde pero no sabe ni que existo.
- ¡Qué bobo! ¿Qué pierdes?
- No lo sé, Frank dice que es muy grande para mí ¿Cómo está mi hermano?
- Tan gilipollas como siempre.
- No, Francis me da igual, me refiero a Bradley.
- Está bastante mal, se le ve decaído. Creo que te echa de menos.
- ¿Bradley? Si el no quiere a nadie.
- ¿Por qué no vas ahora al Arcade Planet y le preguntas a Brittany?
- ¡Joder, Júnior!
- ¡Vamos! ¡Venga, a lo mejor funciona!
- Está bien...
Ambos fueron al Arcade Planet y se toparon con Francis y sus secuaces hablado con Brittany.
- Hola Britts, venía para decirte que puedes venir al baile de otoño conmigo. Puedo recogerte en la camioneta de mi padre, aún no tengo carnet pero estoy examinandome para poder conducir. O puede conducir mi hermano.
A mi me encantaría, ya depende de lo que tu decidas.
- Lo pensaré- contestó ella sonriendo.
Francis vio a Gregory tras el y lo agarró del brazo sacándole del local.
- ¿Que hay de nuevo viejo?- preguntó.
- Voy a pedirle a Britts...
- ¿Tu? - le interrumpió entre risas- ¿Crees que te dirá que sí mocoso? Acabas de cumplir 12 años ¡No sabes nada de la vida! ¡Ella es muy mayor para tí! ¡Ya te lo he dicho, no te hagas más ilusiones!
- ¡Cállate, estoy enamorado de ella y voy a pedirselo! ¡A ti que te importa! ¡Seguro que se lo has pedido a un montón más!
- ¿Enamorado? Pffff - volvió a reirse a carcajadas- ella quiere un chico de su edad, no a un mequetrefe. Hazte a un lado.
- ¡Eres una mierda de hermano, mi hermano mayor siempre me cuidaría!- saltó Junior en su defensa.
- ¡Cierra el pico pringado sin dientes, esto no va contigo! Escuchame Gregory, hay muchas diferencias entre tú y yo, somos hermanos pero no somos iguales, Vincent y yo somos dos triunfadores, tu y bradley sois dos perros verdes. Sacate los pajaritos que tienes en la cabeza.
- No le digas a papá que me has visto.
- No se lo diré, desde que no estás nos repartimos tu comida y como mucho más helado de chocolate en el postre. Por mi como si te quedas a vivir con los Ricitos de Oro y los ositos en el bosque, me trae sin cuidado.
Le dio una palmada en el brazo y se marchó riendo junto con sus amigos.
- ¡No le hagas ni caso al chulito de tu hermano!- dijo Júnior
Gregory entró al local y se acercó a Brittany.
- Hola, ¿tu eres...?- preguntó ella extrañada al ver a aquel extraño sujeto con máscara.
- Greg, ya imaginarás lo que te voy a pedir, tal vez es un poco pesado, ¿Cuántos van ya?
- 13 contigo.
Gregory tragó saliva, eso eran muchos chicos.
- Bueno, solo era eso.
- Me gustan tus zapatillas pintadas.
- Gracias en cuanto a lo otro, lo pensaré.
- Hasta luego, Britts
Ambos salieron del establecimiento, Gregory estaba un tanto decepcionado, no imaginaba que estaría tan solicitada, sin embargo tenía la esperanza aunque baja de que le dijera que sí.
Fueron a Gilramore a mirar difraces para Halloween y se despidieron al caer la noche.
Jason se fue a trabajar, Clark salió a regristrar en los contenedores de la puerta trasera, en busca de comida.
La puerta estaba abierta, se asomó y se quedó mirando a Jason bailar.
Maravillado por sus ágiles movimientos, sus ligeros pasos y giros. El lago de los cisnes sonaba de fondo en una radio sobre el suelo, al dejar de sonar el baile términó.
Jason vio una silueta frente a la puerta y asustado corrió hacia ella, se dio cuenta entonces de que era Clark.
- ¿Qué haces aquí?- dijo avergonzado- ¿Me has visto?
- Si, es increíble.
- Que embarazoso...
- Estaba rebuscando en los contenedores, eso si es embarazoso.
- No, no lo es, pero gracias por lo que has dicho- dijo echando su pelo detrás de la oreja- mañana tengo turno de noche, te guardaré las bolsas en el almacén y no tendrás que sacarlas del contenedor.
- Eso no puede hacerse.
- De noche no me vigila nadie y fuera no hay cámaras, si nadie se entera...Me parece muy humillante que tengas que sacar las cosas del contenedor.
- ¿Cómo estás?
- Estoy bien- dijo- ¿Y tu?
- Fascinado, no sabía que bailabas ballet, el otro día también te ví.
- Que vergüenza - se cubrió la cara porque le ardía.
- ¿Vas a presentarte a las audiciones del instituto, verdad? ¿Siguen haciendo concursos de talentos?
- Puede que sí pero no estoy seguro.
- Deberías.
- No, a nadie le gustaría ver eso. De todas formas ensayo por si al final decido que sí.
- Si no tienes quién te vaya a ver, yo iría, con mis hermanos, claro. Además estoy seguro de que tus padres irían a verte.
- Eres muy amable, pero no soy bueno.
- Yo creo que sí, eres muy ágil, yo no podría poner los pies así, seguro que me haría daño.
- De hecho duele un poco, los bailarines profesionales tienen los pies llenos de heridas.
- ¿Y como bailan si les duelen los pies todo el tiempo?
- Se lo aguantan. Si no piensas que te duele, al final lo dejas de sentir, en el escenario no se puede notar que les duele.
- Que brutalidad que algo tan bonito duela tanto, visto así parece tortura. Bueno, me voy, buenas noches.
- Buenas noches, Clark.