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martes, 31 de enero de 2023

AB

Jason despertó un poco cansado, había estado despierto hasta la madrugada junto con Clark.
Fue al instituto en su nuevo longboard y al llegar lo dejó en el cuarto de mantenimiento pidiendo permiso al conserje.

  - Hey Reddie, pareces más feliz que de costumbre- le dijo Megan.

  - Si.

  - ¿Anoche te quedaste con Clark?

  - ¡Ya está bien!

  - Te mueres por él.

  - ¡No me gusta!

  - En esas cosas no se puede mentir.

  Jason se puso rojo y se tapó la cara gruñendo.

  - ¡Que ya es suficiente!

  - ¿Se te ha pasado ya el cabreo conmigo?

  - No, habla con Shanon y te perdonaré.

  - ¡Ya sabes lo que me hizo! ¡No quiero estar cerca de esa tipeja!

  - Te hizo lo mismo que a mí y si fuera por ti ya estaría arreglado.

  - ¿Por qué tengo que hablar con ella?

  - Porque no la dejaste arreglar las cosas contigo pero sigues quejándote de ella y lo que es peor, me arrastraste a tu mismo pozo. Me voy a clase, hasta luego.

A la hora del recreo Jason salió del instituto a darse un paseo mientras que Megan fue al baño de los chicos en busca de Jack.

  - Esto es el baño de los tíos- dijo Frank.

  - No me digas- contestó Meg pegando a un cubículo.

  - ¡Está ocupado!- contestó Jack guardando su cigarro.

  - ¡Soy Meg! ¡Déjame pasar!

Jack le abrió la puerta y ambos se sentaron sobre la tapa del váter.

  - ¿Quieres fumar?- preguntó sacando la caja de su calcetín.

  - No, quería hablar contigo sobre lo de ayer.

  - ¿El qué?

  - Cuando nos liamos en la piscina.

  - Ah eso, no lo recordaba- Jack soltó una risa nerviosa y miró a los dibujos de la puerta- ¿Qué pasa?

  - ¿Eres bollera o no?

  - ¿A que viene eso?

  - Solo quiero saber si te van los chicos o las chicas.

  - No se, es que a mí el amor no me interesa.

  - ¿Pero como no vas a saber eso?

  Jack se encogió de hombros.

  - A mí nunca me ha gustado nadie y todo eso me da igual.

  - ¿Enserio?

  - Pues claro que es enserio ¿Por qué te mentiría?

  - No creo que me mientas, solo se me hace un poco raro.

  - ¿Por qué?

Megan no sabía cómo contestar de una manera poco juiciosa, divago un rato y finalmente encontró un modo de decirle lo que pensaba.

  - ¿Entonces después de lo de anoche no piensas hacer más nada?

  - Um...Pues no, eso fue parte de el juego.

  - ¿De que fue de lo que te acordaste?

  - Nada, es mejor que lo dejemos, hace mucho tiempo que pasó y prefiero olvidarlo.

  - Lo siento, por si he hecho algo que te lo haya recordado.

  - ¡Que va!

  - Bueno ¿Vienes al recreo con nosotros?

  - Si, ahora voy, es que me gusta fumar solo.

Megan salió del baño y se fue a los baños abandonados con Montgomery, Jay, Britts, Frank y Frankie.
Todos estaban hablando muy agitados, en un círculo cerrado.

  - ¿De que habláis?

  - De ir a la ciudad a un concierto, antes de navidad- dijo Britts- ¿A vosotros que os parece?

  - Estaría bien, le preguntaré a Jason y Jack cuando los vea.

Frank se le quedó mirando con una media sonrisa, Megan no entendió muy bien por donde quería salir con eso.
Jack llegó a los baños abandonados y se sentó siendo agarrado por Montgomery una vez más.

  - Hola Jackie- le dijo oliendo su cabello- te huele muy bien el pelo.

  - Gracias...¡Ay! ¡No me agarres que me agobio!

Frank mientras susurraba algo a Britts, Meg cada vez estaba más confusa.

- ¿Qué pasa?- preguntó.

  - Nada, no pasa nada- respondió Britts con seriedad.

  - ¿Podéis salir las chicas un momento y dejarnos hablar?- preguntó Frank.

  - ¿Sobre qué?- Meg se ofendió.

  - Cosas de tíos, será sólo un momento.

  - Eres un cerdo, ¿Por qué tenemos que salir? ¿Tan grave es que lo escuchemos?

  - ¡Bueno pues quedaros aquí y nosotros nos damos una vuelta, ahora volvemos! Es una cosa privada entre nosotros tres ¿Sabes?

Todos los chicos salieron del baño abandonado y dieron una vuelta completa al patio.

  - Yo no estoy de acuerdo con que venga Jason- dijo Frank- es un rarito, ya viste la que se formó la última vez.

  - No lo sé Frank, fuiste tú quien se rió de el, a lo mejor es tu problema que no puedas ignorarlo y ya está- sugirió Jay.

- Siempre estás pendiente a él, si no te cae bien déjalo -dijo Montgomery- no te molesta para nada.

  - Ya pero no me cae bien, no tiene sentido del humor se lo toma todo a la tremenda. Joder fue solo una broma, a todos nos hacen bromas pesadas.

  - Tu tampoco le caes bien a Megan ni a Britts y no te sacamos a patadas- le recriminó Jay.

  - Lo de Meg es distinto, ella no la forma todo el rato, además entiendo que le caiga mal, se que no me porté muy bien con ella- admitió Frank- ¿y a Britts por qué le caigo mal?

  - Porque no te portas bien con nadie Frank, eres un hijo de puta. Jason será raro pero a veces creo que eres una mala persona.


- Solo soy sincero, digo lo que pienso. Como dijo Frank Sinatra que tiene un hombre si no se tiene a si mismo...


  - Puede que sea sensible pero a veces parece que no tienes corazón, tratas mal a tu propio hermano pequeño. 

  - ¡Sois amigos míos, por algo os juntais conmigo!- trató de seguir justificándose- ¿Enserio váis a reclamarme esto?

  - Sinceramente no sé por qué lo hacemos, hay momentos en los que demuestras que no mereces tener nada de lo que tienes.

Frank se quedó callado mirando a Montgomery.

  - Si el va no voy yo.

  - ¡Pues no vengas, Frank! ¡Casi nadie tiene problemas con el, pero 3 personas  tienen algún problema contigo! Debería darte para pensar.

- Si tiene que faltar alguien tal vez seas tú.

  - ¡Bien, como sea!


Frank se enfadó y se fue con otro grupo. Montgomery y Jay regresaron a los baños abandonados a seguir acordando
el plan para el concierto.
Acabó el recreo, a la hora de la salida los Fumigadores estaban en su General Lee tocando el claxon a Jack.

  - ¡Jackie!- gritó Kurt golpeándose el pecho a la altura del corazón.

Jack puso cara de asco y caminó rápido junto con su hermano Liam. Frank se despedía de Todd y Bryce y corría tras Frank, Frankie y Gregory.
De camino a casa todos estaban en silencio, Bradley había quedado con Shanon para comer en el Devenson's Burger y hoy no les acompañaría en el camino.
Después de comer Frank se sentó junto a su padre y Vincent en el sofá, frente a la televisión.

  - Coge una cerveza si quieres- le dijo.

  Frank abrió una cerveza y la espuma comenzó a salir, antes de que cayera una sola gota fuera de la lata tuvo que limpiarla. Por suerte su padre estaba atento al partido de baseball de la televisión.

  - Papá, hoy me dijeron que soy un hijo de puta.

  - ¡Esa boca Frank, te la voy a lavar con lejía!

  - ¡Perdón! ¡Es que fue lo que dijeron! También que no tenía corazón y que trataba mal a la gente.

  - ¿Qué diantres has hecho está vez?

  - Solo destroce una casa abandonada y le gasté una broma a Jason.

  - ¿Que le dijiste?

  - Me reí porque era pelirrojo y porque se cree mejor que todos por ser superdotado, pero solo es un rarito chiflado y deprimido que se quiere morir.

  - Es su problema si le molesta que le digan lo que es, si no les gusta la verdad es porque son unos débiles. Hay que ser duro para el dolor, les falta carácter, como se nota que ya no hay guerra. El mundo es un lugar cruel y descarnado para llorar por pamplinas.

  - Vale, gracias papá

  - Ese niño no tiene mano dura, cuando tenga problemas de verdad, ya tendrá motivos para lloriquear.

Frank se levantó del sofá satisfecho y se fue a darse una siesta a su cuarto.
Jason por otro lado acababa de llegar a casa.

  - Mamá ¿Has hablado con el director?- preguntó nada más llegar.

  - Todavía no cariño, en cuanto tenga tiempo- contestó su madre- prepárate que dentro de nada vienen las visitas.

Jason suspiró aliviado subió las escaleras, arrojó su mochila a la cama desde la puerta.
Se dió una ducha corta con agua muy fría y salió con la toalla en la cintura.
Sentado en sobre el borde de la cama se fue poniendo los calcetines mientras planeaba una estrategia para la comida familiar.
Hoy había escuchado decir a Lissa que Mimi, una de las chicas de un curso superior llevaba 1 semana sin comer, para ser más precisos había dicho: "Cualquiera estaría tan bien como ella si se tirase una semana sin comer"
Si ella llevaba 1 semana sin comer y estaba estupenda, el que llevaba tres semanas sin probar bocado debía de estar espectacular.
Había cambiado la bascula de lugar y la había colocado frente al espejo, se subió a la báscula.
Marcó 65 kilos y aquello lo llenó de alegría momentánea.

«No cantes victoria tan rápido, sigues estando gordo, esto solo es un logro más, no has llegado al final»- le susurró una voz al oído.

  - Ya lo sé- contestó Jason mientras todos sus ánimos volvían a caer.

Se miró en el espejo de su cuarto y se vio más gordo que nunca, cogió su muñeca . Aún no conseguía que quedara encajada entre dos dedos, podía adelgazar más.

  - Espejito espejito, ¿Seré el chico más guapo del pueblo? - preguntó echando su pelo empapado hacia atrás.

  «Lo serás»- contestó su reflejo.

«¿No tienes hambre? Me muero de hambre, quiero comer algo»- susurró de nuevo aquella voz.

  - No voy a comer- contestó Jason- no tengo hambre

Su estómago rugió

- No comas, no comas nada, si comes engordarás- dijo el reflejo.

«Un poco de chocolate no te hará daño, no comeremos nada en 3 días, solo beberemos agua»

  - No quiero comer nada.

  «Llevas tres semanas sin comer, puedes darte un atracón»

  - Me sentiré culpable después.

  - Hazle caso, come todo lo que puedas. Si lo vomitas no te hará engordar.

  - ¡No! ¡No puedo vomitar tanto!

  - ¡Di que estás enfermo y no comas!

«Será solo un día, come, te estás muriendo de hambre, vas a desmayarte mira como te tiemblan las piernas"

Se frotó los ojos, estaba hablando solo, tal vez eran delirios por el hambre.

«Come por favor»

  - ¡No le escuches! ¡Si lo haces nunca conseguirás nada! Hazme caso a mí y no comas, el vómito te pondrá los dientes amarillos.

  - ¡No sé qué hacer!

  «Vomita, comes y no engordas, no puede salir nada mal»

  - ¡Pero me duele mucho la garganta!

  - ¡Los laxantes, usa los laxantes!- le gritó el espejo.

  - ¡Quedan solo dos, no puedo gastarlos!

  - ¡Miente como sabes hacerlo!

  - ¡No puedo son demasiadas personas!

  - ¡Hazte el enfermo!

  - ¡No va a colar esta vez!

  - ¡PIENSA ALGO!- gritaron su reflejo y la voz a coro

  - ¡SALID DE MI CABEZA!- chilló Jason tirándose al suelo y sujetando su cabeza.
Decidió finalmente comer y vomitar después porque era la alternativa más fácil.
Se vistió, se arregló el pelo y bajó para sentarse a la mesa.

  - Hola abuelo- dijo Jason dándome la mano.

  - ¡Estás muy delgado Jason, desde la última vez que te vi has perdido mucho peso! ¡Mira como te queda la camisa, también estás muy alto.

  - ¡Que va, si estoy igual!

  - Es que hace mucho tiempo que no nos vemos.

Su abuelo sacó una caja de cigarros y Jason se sentó a su lado.

  - ¿Me das uno?- susurró.

  - ¡Que dices! A tu padre no le va a hacer ninguna gracia.

  - Será solo uno ¡Venga, por favor! ¡Uno nada más no me va a hacer daño!

  - Que no Jason, tienes catorce años.

  - No es cierto abuelo, tengo más.

  - Bueno, tienes quince pero un año que más o que menos...¡Al final es lo mismo!

  - Pues lo mismo pasa con los cigarros abuelo, uno que más uno que menos...¡Hasta tú me das la razón!

Su abuelo suspiró y se lo dio a escondidas

  - Que no te vea tu padre.

  - Gracias abuelo.

Jason salió a fumar y en la puerta se encontró con los invitados que quedaban. Saludó a todos sus primos y  tíos y consiguió arreglárselas para salir un momento a fumar.

  - ¡Jason, la mesa está puesta!- dijo su madre.

Apagó el cigarrillo en el borde de un bidón de basura y lo arrojó dentro.
Se sentó con uno de sus primos pequeños.

  - ¡Oh, quiero probarlo todo!- exclamó cogiendo cantidades muy pequeñas de cada plato y colocando todo de forma estratégica en el suyo.

Probó un poco del pastel de carne.

  - ¡Delicioso mamá!- exclamó.

  - Mi hija es una cocinera espectacular- dijo el abuelo orgulloso- como su madre.

  - Esperad a ver el pavo relleno de acción de gracias- dijo ella entre risas.

  - El estofado también está genial- comento un tío.

  - Eso se lo debéis también a mi hijo.

  - ¡Mamá!- Jason se sonrojó y se encogió avergonzado.

  - ¡Siempre le da vergüenza que te feliciten! ¡No seas tonto, Jason!

  - ¡Eso hijo, que te están diciendo algo bueno!- exclamó su padre.

  - Ya me gustaría que mi Henry fuera tan entregado como el...- comentaba su tía mirando a su hijo.

  - ¡Mamá pero si yo también ayudo!- respondió él molesto.

  - Es una broma cariño, eres muy pequeño todavía.

Henry hizo un puchero y Jason le revolvió el pelo.

  - Eso también es que tiene que gustar- dijo su abuela paterna.

  - A Jason es que le gusta cocinar, lo ha disfrutado desde que era pequeño pero en la casa colaboramos todos.

  - Si- respondió Jason tímidamente y comenzó a reírse.

  - ¿Pero de qué te ríes hombre? ¿No es verdad o qué?- preguntó su abuela.

Él seguía riéndose aunque no sabía por qué.

  - Es que está en la edad de las tonterías y le da la risa, ahora se le quitará- comentó un tío

  - ¿Te acuerdas cuando tenía cinco años, te ayude a hacer una tarta y cogí un trozo con la mano y me lo comí?- preguntó Jason aguantando la risa.

  - Claro que me acuerdo, te fui a dar en la mano y se cayó toda la tarta al suelo- contestó su madre.

  - ¿Y te acuerdas cuando intenté hacer galletas solo y casi quemo la cocina?

  - Claro, casi le echas agua al horno. ¿Te acuerdas tú cuando tú hermano confundió la lejía con el detergente?

  - ¡Destrozó toda la ropa!- tuvo que taparse la boca para no escupir la comida porque no paraba de reírse.

  - Jason, calmate que te vas a mandar a volar la comida.

Pero eso solo le hizo reírse más.

  - ¡Bueno, deja que se ría, mejor que haya alegría!- exclamó uno de sus tíos.

  - Henry, cuéntales lo que has hecho hoy en el colegio.

  - ¡Una cápsula del tiempo!- exclamó alegremente- ¡No la van a abrir hasta 2022!

  - ¡Que guay!- dijeron todos a coro.

  - Nosotros también vamos a hacer una antes de navidad, pero la nuestra se va a abrir en 2012 ¿Que vas a meter Henry?

  - Voy a meter mi cómic de Superman, así los niños del futuro sabrán lo que leían en 1984 ¿Y tú qué vas a meter, Jason?

  - No lo sé, creo que voy a hacer un vídeo contando cómo somos los niños en los 80 y también voy a meter unos cromos de baseball que tengo repetidos.

  - ¡Jo! ¡Que guay! Yo también quiero hacerlo, que envidia!- dijo una de las primas de Jason

  - Haremos una en el patio de casa, Ellie ¿Que te parece?

  - ¡Si! ¡Tendré que pensar que voy a poner!

  - Jason, ¿Puedes pasarnos la sal para la ensalada?- preguntó uno de sus tíos.

  - ¡Claro!- empujó la sal y deslizó al otro lado de la mesa. Después de eso se levantó.

  - ¿Dónde vas?- preguntó su madre.

  - Voy un momento al baño, es que me encuentro un poco mal.

  - Échate agua en la cara- le sugirió uno de sus primos.

  - ¿Que te pasa?

  - Nada, nada, estoy bien.

Jason se marchó al baño y mientras subía escuchó la conversación de la mesa.

  « ¿Que le pasa? Si estaba perfectamente hace un momento.»

  «Está teniendo una mala racha»

  «¿Lo habéis llevado al médico?»

« Si, pero no sale que tenga nada»

«A lo mejor es que tiene los nervios en el estómago como su hermano. Tendrá que dejar de presionarse tanto con los estudios»

Jason se encerró en el baño y mojó sus dedos con agua del grifo. De rodillas frente al váter los introdujo en su garganta. Vómito todo lo que había comido y se limpio la boca con papel higiénico.
Al arrojarlo se dio cuenta de que estaba manchado de sangre. Corrió hacia el espejo y observo sus encías rojas. Un hilo de sangre caía por un lado de su boca.
Cogió otro trozo de papel y bajó corriendo las escaleras.

  - ¡Mamá! ¡Mamá! - gritaba con el papel pegado a la boca.

  - ¿Qué te pasa?- preguntó tras interrumpir su risa de pronto.

  - ¡Tengo tuberculosis! ¡La boca me está sangrando!- mostró el papel manchado en su mano temblorosa.

  - Hijo, te habrás hecho daño en una encía o te habrás mordido la lengua.

  - ¡He vómitado sangre! ¡No para de salir!

  - ¿Te duele algo?

  - La garganta cuando intento hablar...
 
El ambiente se volvió tenso y el silencio era testigo de la horrible escena.
El padre de Jason trajo un trapo de la cocina y se lo entregó.

  - Llevadlo a urgencias- sugirió una tía- eso no tiene que ser nada bueno.

  - ¿Me voy a morir?- preguntó Jason preocupado.

  - No, no te preocupes, cielo- su madre lo abrazó, acompañándole a la puerta- ¡Harold! ¡Harold, busca las llaves del coche! ¡Rápido!

  El padre de Jason le metió en el coche y sujeto sus muñecas.

  - No va a pasar nada, todo va a estar bien ¿Vale?

  - ¿Qué me está pasando?

  - Shhhh, todavía no lo sabemos, pero te lo van a decir ahora.

Harold se sentó y arrancó el coche, dirigiéndose lo más rápido que pudo al hospital. Jason se sentó en la sala de espera de urgencias mientras su padre hablaba con la mujer de recepción. Estaba tan asustado que no prestaba atención a la conversación, la espera para ser atendido se le hizo eterna.
Entró a una sala y se sentó en una camilla.

  - ¿Que te pasa?- le preguntó el médico.

  - No puede hablar, le duele mucho la garganta. Estaba tan normal comiendo, se encontraba mal y cuando ha ido a vomitar ha echado sangre.

  - ¿Le ha pasado antes?

  - No, es la primera vez.

  - ¿Tiene algún problema de salud?

  - Lleva un tiempo regular de salud, pero según los médicos no tiene nada, le han hecho pruebas y puede ser estrés simple por los estudios, es muy autoexigente y perfeccionista. Su hermano tenía los nervios en el estómago.

  - ¿Cuantos años tiene?

  - Quince años.

  - Dices que lleva un tiempo regular ¿Qué síntomas tiene?

  - Bueno, se ha quedado muy delgado. Lleva mucho tiempo con cansancio, falta de apetito, dolor de cabeza, fatiga...Ha estado en el hospital dos veces por desmayo, nunca se había quedado inconsciente y está peor de ánimo, más apagado y sensible.

-Voy a examinarle, a ver qué le sucede, salga un momento de la sala.

Harold se quedó en la puerta, tras las pruebas volvió a entrar.

  - Lo que le sucede se llama síndrome de Boerhaave, es una perforación transmural en el esófago.

  - ¿Que le ha podido pasar?

  - Generalmente sucede por vómitos excesivos y forzosos. Es muy común en personas con trastornos de la alimentación. Esto lo he visto muchas veces. ¿Su hijo ha vomitado estos días?

  - No, nunca vomita, ni cuando está malo.

  - Puede sucederle también por atragantamiento, toser con mucha fuerza o alguna intubación gástrica. Pero supongo que no le ha pasado ninguna de esas.

El médico miró a Jason fijamente.

  - Es peligroso, puede provocarle neumomediastino, mediastinitis por inflamación del mediastino, sepsis y shock. Incluso puede provocar la muerte aunque es una probabilidad bastante baja.

  - ¿Lo suyo es muy grave?

- Bueno, las pérdidas de líquido son importantes, así que hay ponerle terapia intravenosa porque la perforación imposibilita la rehidratación oral. Además hay que prevenir las infecciones.

  - ¿Me van a pinchar?- preguntó Jason aterrado- ¿Tengo que quedarme aquí?

  - No tenemos más remedio, ademas tienes que quedarte en el hospital.

  - ¡No!- exclamó Jason.

  - ¿Puedo hablar con usted un momento a solas?

El médico salió junto con el padre de Jason.

  - Bueno, no he visto muchos casos de bulimia en varones, pero bueno esto es un hospital tenemos que tener el cuerpo hecho a las anomalías y las excepciones.

  - ¿Cree que es bulimico?

  - Bueno yo si fuese usted intentaría indagar más porque apunta maneras. Esto es un tema muy delicado, tal vez llevarlo a un psicólogo sea lo mejor para que determine si tiene o no un trastorno alimenticio, yo no soy quien para afirmar nada. Pero por ahora tiene que quedarse aquí, su esófago tardará entre 6 y 8 semanas en cicatrizar

Harold y el médico volvieron a entrar, Jason de despidió de su padre y se quedó en la camilla con la pulsera puesta.

  - Me dan miedo las agujas...

  - No pasa nada, todo estará bien- dijo el médico- solo 8 semanas y estarás de nuevo en casa, venga se fuerte.

El padre de Jason regresó a casa preocupado y en el mismo instante de entrar fue atosigado a preguntas.

  - Se ha quedado ingresado en el hospital, tiene el esófago perforado. Pero no es nada grave, solo se ha atragantado.

Aquello tranquilizó el ambiente. La tarde continuó con normalidad, cuando se fueron todos los invitados Harold condujo a su esposa al cuarto de Jason y ambos se sentaron en la cama.

  - El médico dice que tiene el síndrome de Boerhaave, es muy común en personas con bulimia, por vomitar mucho.

  - Pero si no lo hemos visto vomitar nunca.

  - Según el médico es muy probable que Jason tenga un trastorno alimenticio, tendríamos que investigar más y llevarlo a un psicólogo.

Su madre se llevó la mano a la cabeza y la giró de un lado a otro, negando.

  - Estará solo unas 8 semanas ingresado, 6 si tiene suerte. No te preocupes por él, estará bien.

  - ¿Cómo no quieres que me preocupe? ¡Nunca ha estado bien, Harold! ¡Nunca! Saldrá del hospital curado ¿Y después? Si tiene bulimia seguirá vomitando, podría haber muerto.

  - Cariño, tu y yo podremos con esto.

  - ¿Que tienes pensado hacer?

  - Hablaremos con el director del instituto mañana, buscaremos un psicólogo o un psiquiatra... A lo mejor sería buena idea irnos de vacaciones para estar más atentos a él. Así se relaja un poco y podemos ver que es lo mejor. Saldremos de esta.

  - ¿Y si no tiene bulimia y se ha tragado algo?

  - Por eso vamos a echar un vistazo a su cuarto.

Se dividieron para mirar, a Harold le llamó mucho la atención el mural que había alrededor del espejo.

«perfecto»- leyó en su cabeza.

Su esposa miraba bajo la cama e iba sacando tupers con comida en mal estado además de una enorme caja llena de dulces.
En el cajón de la mesita de noche encontraron una libreta que hacía recuento de los kilos que había perdido, las calorías de la comida e incluso algunas páginas tenían planeados un menú para la semana. Escondida entre las páginas, la última ristra de laxantes.

Lunes: hamburguesa sin pan y puñado de nueces.
Martes: coca cola light y una manzana
Miércoles: nada
Jueves: yogurt sin azúcar.
Viernes: yogurt sin azúcar
Sábado: tomate y una taza de café
Domingo: nada.

Aquello los alarmó mucho, escondieron todas esas cosas en el sótano y arrancaron los recortes del mural.

  - Esto no le hace ningún bien- comentó su madre rompiendo los recortes en trozos muy irritada.

  - Tranquila, cálmate.

  - ¡No me pidas que me tranquilice! ¿Es justo? Solo tiene 15 años, debería de estar feliz y divirtiéndose con sus amigos no visitando el hospital por tercera vez. ¡Me siento tan culpable por no darme cuenta de esto antes!

  - No es tu culpa.

  - ¡Soy una mala madre!- exclamó sentándose en la cama.

  - No lo eres, amor. Esto no es culpa de nadie, ni siquiera de Jason.

  - Si es culpa de alguien y esas personas van a pagar...

Harold la abrazó, estuvieron un rato en silencio en la habitación.
Esa noche fue difícil para ambos, no pudieron dormir bien. Jason sin embargo si descansó correctamente en el hospital.
La mañana del día siguiente era más fría que la del anterior, cada vez bajaban más las temperaturas y pronto llegarían las nevadas.
Se arreglaron y Harold condujo hasta el instituto, aparcando el coche frente a la puerta.
Bajaron y caminaron por los pasillos mirando al frente. Los alumnos los miraban curiosos.
Entraron al despacho del director y tomaron asiento.

  - ¿Va todo bien?- preguntó el director mientras organizaba bloques de hojas.

  - Queríamos hablar sobre nuestro hijo y el acoso que sufre de sus compañeros.

  - ¿Quienes exactamente?

  - No lo sabemos- contestó la madre de Jason.

  - ¿Entonces?

  - Encontramos una nota pegada a su espalda el otro día.

  - ¿Tan grave era?

  - Le pedía explícitamente que se suicidara.

  - Ya ¿Pero tienen más o menos una idea de quién ha podido ser?

  - No, Jason es un niño reservado.

  - Bueno, en este instituto no hay casos de acoso. Bueno, quitando el de August pero ya se hizo una iniciativa para ayudar a los alumnos que sufrían burlas de sus compañeros. ¿Ha oído hablar de la liga de los amigos? Son como mediadores del instituto, pero ayudan a integrar alumnos.

  - Lo sé, mi hijo es el representante de ese grupo pero no creo que pueda ayudarse a sí mismo.

  - La nota puede ser una broma pesada.

  - Parece mentira que diga eso cuando asesinaron a un alumno de este mismo instituto.

  - Eso ocurrió fuera de la institución y todo lo que pase más allá de estas puertas deja de ser nuestra responsabilidad. Además, no sabéis si los asesinos eran estudiantes, principalmente porque no se han descubierto culpables.

  - Este instituto tiene un problema con la violencia.

  - El problema será del pueblo, aquí es dónde solo donde vienen a estudiar.

  - ¿Entonces no piensa hacer nada por nuestro hijo?

  - Descubran al culpable y recibirá su castigo, pero mientras no podemos hacer nada.

Regresaron en el coche a casa y volvieron a entrar en el cuarto de Jason. Quitaron el espejo de la habitación, bloquearon el hueco bajo la cama y quitaron todas las libretas y tuppers de su vista, encerrando todo eso en el sótano bajo llave.
Clark pasó a recoger la basura y preguntó por Jason a Harold.

  - Está en el hospital- le dijo- pero está bien, se recuperará pronto.

  - ¿Otra vez?- preguntó extrañado.

  - Si, puedes ir a visitarlo, está en la habitación 8. Díselo a el resto de sus amigos.

  - Gracias señor Steele, ¡Buenas tardes!- Clark se despidió desde el camión.

Cuando terminó el trabajo lo fue a ver al hospital junto con Megan y Jack.

  - ¿Qué te ha pasado?

Jason trató de comunicarse con señas pero no lo entendían.

  - ¿No puedes hablar?- preguntó Clark.

Negó con la cabeza.

  - ¿Que tal todo?

Encogido de hombros alargó el brazo y cogió una libreta y un bolígrafo.

  "Me he perforado el esófago"- escribió.

- ¿Quieres que les diga a los demás que estás en esta habitación para que vengan a verte?- preguntó Jack.

"NO"- retintó varias veces ambas letras.

  - Está bien.

"Quiero estar solo, salid de aquí"

  - ¿Estás seguro? Hemos venido para estar contigo.

Señaló la puerta.

Megan pareció ofenderse y tomó a Jack del brazo sacándole de la habitación.
Clark les siguió cerrando la puerta.
Salieron del hospital en silencio y se sentaron a comerse una bolsa de patatas que habían sacado de una máquina expendedora.

  - ¿Que le pasa?- preguntó Clark.

  - Se pone así cuando no puede fumar- contestó Meg.

- No creo que sea eso.

  - Entiendo que esté cabreado, pero somos sus amigos, se que tampoco está en un momento para estar alegre...

  - Creo que no tiene energías para nada, es mejor que no nos lo tomemos como algo personal.

  - Se va a meter a si mismo en un ataúd si sigue haciendo lo que hace- comentó Jack.

  - ¿El que?

  - Matarse de hambre

  - ¿Tú también lo sabes?- preguntó Meg.

  - Si, me lo ha dicho ¿A tí también?

  - Si. Lo peor de todo es que él piensa que está estupendamente, no ve que tiene un problema.

  - ¿Que es exactamente lo que le pasa a Jason?

  - ¿Que le pasa? No lo se, se siente solo y vacío, supongo. Pero luego actúa como ha hecho ahora y en fin, es un poco confuso. Creo que muchas veces se aísla por su cuenta, si es cierto que la gente no lo ha tratado demasiado bien pero él tiene parte de culpa en terminar solo.

  - ¿Pero por qué?

  - Jason no se quiere como nos queremos nosotros, es su propio enemigo. Creo que en el fondo solo busca que lo quieran para poder hacerlo él. El mundo no es un lugar fácil cuando estás tan jodido de ahí arriba y más en Culvert. Si hubiese nacido en otro sitio, probablemente no estaría así.

  - ¿Y en qué crees que podemos ayudarlo?

  - Está loco por tí y no me extrañaría que todo el tiempo estuviera esperando a que seas quien le salve, eres igual que Patrick.

  - ¿Le gusto a Jason?

  - ¿Es que no lo ves? Es verdad que la mayoría de los tíos no sabéis pillar las indirectas. ¿Sabes otra cosa? Se quiere tan poco que con bajo una promesa de amor haría cualquier cosa, por dentro no es tan fuerte como parece por fuera.
Se dejaría destruir y hundir por tí, por eso si tú le dices que coma, comerá.

  - Pero no puedo fingir que me gusta, le destrozaría todavía más, sabes que estoy intentando volver con Pauline.

  - No tiene por qué saber que somos nosotros tres.

  - Si esa es la única forma, estoy dispuesto, pero ¿Y si descubre que es nuestro plan?

  - En ese caso acabaría muy mal, pero merece la pena correr el riesgo- dijo Jack.

  - Sigo pensando que no está bien fingir algo así, ¿Que pasa si intenta averiguar quién es esa supuesta persona? ¿Eso no lo hará desesperarse más? Estamos jugando con algo muy serio.

  - Es por él- dijo Megan.

  - ¿Y cuanto tiempo estaremos con esa mentira? Si la retiramos dejará de comer otra vez, puede que incluso termine peor que al principio. No hemos pensado en eso.

  - No creo que nos pille si lo hacemos bien.

  - Ya ¿Pero como lo vamos a hacer?- preguntó Jack.

  - Ya lo pensaremos, tenemos tiempo hasta que salga del hospital ¿Queréis hacer algo ahora?

  - No puedo, tengo que estar con mis hermanos porque no me fío de mi padre.

  - Si, es verdad. Me han dicho que ha vuelto a por vosotros ¿Y tú Jack?

  - Mis padres no me dejan salir hoy.

  - ¿Y cuando te dejan?

  - Dicen que tengo que hacer los deberes porque estoy suspendiendo.

- ¿Me dejarían ir a tu casa para hacer los deberes contigo?

  - Cuando llege les pregunto, creo que sí.

  - Bueno, me despido- dijo Clark levantándose.

  - ¡Adiós!- exclamaron Meg y Jack a coro.

Tras ocho largas semanas Jason recibió su alta del hospital. Sus padres vinieron a recogerlo en el coche.

  - ¿Por qué hay maletas encima del coche?- preguntó.

  - Nos vamos de vacaciones- dijo su padre.

  - ¡Pero aún no es navidad!

  - Así nos saldrá mucho más barato.

  - ¡Pero todavía tengo clases!

  - No te preocupes por eso, no tienes que preocuparte por nada- le calmó su madre.

  - ¿A donde vamos?

  - Es una sorpresa.

  - ¿Es Disneyland?

  - No tenemos tanto dinero hijo.

  - ¿Qué va a pasar con vuestro trabajo? Gastareis mucho, aunque no vayamos a Disneyland.

  - Es la única baja que nos vamos a dar, serán dos semanas, no pasa nada- contestó su padre.

  - Si pasa, no las necesito, podemos esperar a Navidad, da la vuelta

  - ¿Por qué no quieres irte de vacaciones?

  - Hace mucho que no lo hacemos en porque no tenemos dinero, me resulta raro.

  - Es para pasar tiempo juntos y solucionar los problemas en familia.

  - Saldrá más barato ahora que en navidad- dijo su madre- además te divertirás más antes de que nieve.

  - Los paisajes nevados son muy aburridos... Solo hay blanco por todas partes.

  - Por eso mismo, cariño.

Jason apoyaba la cabeza en la ventana, realmente no tenía ni idea de hacia dónde estaban yendo. Veía muchos árboles, cuervos volar y graznar e infinidad de granjas y prados verdes. Coches olvidados oxídandose entre la hierba alta y las espigas.
Tenía un papel donde contaba las vacas que veía, los tractores, los caballos, los coches de color rojo y los perros que ladraban frente a las puertas cuando el coche pasaba.
Seguía sin tener idea de a dónde iba, de hecho no sabía dónde estaba.
Pasaron cerca de un campo de girasoles, después por una tierra baldía que parecía infinita.
Al fondo se observaban las montañas, a medida que atravesaban una carretera boscosa llena de curvas, eran más cercanas.
Le gustaban los viajes largos, en la radio  oía la voz de un locutor, contar algún acontecimiento, pero realmente no estaba prestando atención como para saber de qué hablaba.
Era algo de política, sobre los soviéticos, pero no tenía muchas ganas de pensar.
Llegaron a un aparcamiento, frente a una valla de madera hecha por una sucesión de palos, clavados en la tierra.

"Jolly Joe vacation complex" se leía en lo más alto de una construcción de madera que componía la entrada, bajo un pequeño tejado.
En uno de los palos con los que se erigía se encontraba otro cartel, también escrito a mano.

¡Abierto verano e invierno!
Patinaje sobre hielo, botes, pesca, ski, trineos, senderismo y mucho más.
Todo incluido
Buffet libre
Sauna
Cabañas
Campamento de caravanas
Camping
¡Parking gratuito!

Escucho un motor que sonaba más de lo normal y le llegó un olor desagradable a tubo de escape.
Se dio media vuelta pellizcando su nariz y vio al señor Cooperson bajar con dificultad de su camioneta. Suspiró intentado mantener la calma.

  - Ni caso- le dijo su madre tomándole del brazo y cruzando la puerta del complejo- hemos venido a descansar.

Los Cooperson iban cargados de maletas. A unos metros de los Steele, caminando lentamente.
En recepción ambas familias recibieron las llaves para las habitaciones.
Frank volvió a salir del hotel para a traer el trineo y los skis que aún seguían en la camioneta.

  - Aloha- dijo una voz femenina.

  - ¡Connie! - exclamó Frank al verla sentada sobre una silla de plástico junto al mostrador, masticando chicle.

  - ¿Por qué no has venido este verano?

  - Este año queríamos esquiar.

  - Pues seguramente nieve en esta semana.

  - Ojalá quiero probar mi nuevo trineo.

  - ¿A dónde vas?

  - Al coche, a cojer el trineo y los skies

  - Voy contigo, que aquí estoy muy aburrida ¡Adiós papá!

  - Adiós, Connie, pásatelo bien.

Ella se levantó y le siguió. Frank sacó el trineo y los skis de la parte de atrás de la camioneta.

  - ¿Como piensas follar conmigo si hace tanto frío? - le preguntó ella.

  - De noche en la sauna, tu padre tiene las llaves de todo el complejo.

  - Pues sí, pero la camioneta también estaría bien, por cambiar. Tenemos toda una semana.

  - Un día en cada sitio.

  - En el bosque podemos abrigarnos, no hace falta que nos desnudemos completamente.

- ¡Frank!- dijo una voz chillona a lo lejos.

  - ¡Que haces aquí, Greg!

  - Es que me he dejado mi gorro dentro de la camioneta.

  - ¡Luego te lo llevo, vete!

  - ¿No estarás otra vez...?

  - ¡No te metas donde no te importa! ¡Venga fuera!

Dio un paso adelante como su fuese a golpearle y Gregory salió corriendo asustado.

  - ¡Que cagón!- exclamó riendo- Como quiero a ese hijo de puta.

Gregory regreso a la habitación que compartía con Vincent, Frank y Bradley y guardó su maleta bajo la cama echándose un rato a descansar.
Francine se quedaría en la misma cama que sus padres, en otra habitación.
Gregory no soportaba la idea de compartir cuarto con Frank, era lo que más detestaba de las vacaciones familiares y ocurría todos los años, pues iban al mismo complejo.
Jason había salido a pescar con su padre al lago.

  - Hace mucho que no pescamos. Esta bien poder pasar tiempo padre e hijo como antes.

  - Si, está bien...

Su padre sacó un cigarrillo y se lo dió.

  - Es el único que vas a fumar estas vacaciones. Aprovéchalo.

- ¡Pero papá!

  - No hay peros- sacó otro para él- este también será el único para mí.

  - ¡Uno al día, como en casa, por favor!

  - Un niño de 15 años no tendría que fumar, como intentes negociar más te lo voy a quitar.

Jason suspiró y sacó un mechero, encendió su cigarro y después el de su padre. Un pez picó y Jason lo sacó.
Mientras colgaba de la caña aleteando lo tomó por la cola.

  - Es muy pequeño, todavía le queda mucho para vivir- dijo arrojando el pez de nuevo al lago.

Este se marchó nadando y se sumergió en las profundidades del lago.

  - Hoy no estamos teniendo mucha suerte- dijo su padre.

Jason se quitó la chaqueta, los zapatos y los calcetines y se lanzó al agua tapando su nariz y dejándose caer como un peso muerto al fondo.
Al cabo de unos minutos salió a la superficie con un gran pez en sus manos.

  - ¡No te metas en el agua con toda la ropa, vas a coger una pulmonía! ¡Está helada!

  - Yo no tengo frío.

  - ¡Estás empapado! ¡Mírate!

  - ¡Mira, he atrapado un pez!- alzó el pez que trataba de moverse y lo metió en una nevera llena de agua.

  - ¡Si que es grande!- exclamó su padre- verás cuando nos lo comamos.

Jason sonrió animado y miró al pez nadar en círculos dentro de la nevera.
Al cabo de un rato se cambió de ropa y toda la familia se reunió alrededor de la barbacoa de el campamento. La señora Steele cocinó el pescado pidiendo sal, aceite y algunos utensilios a otra familia que acampaba allí.
Jason decidió comer, no lo había hecho en el hospital y tenía muchísima hambre.
Notaron pequeños copos de nieve caer, el sacó la lengua y dejó que uno se derritiera.

  - ¡Vaya, ya va a empezar a nevar!- exclamó su madre- ¡Y tu todo empapado!

- Estoy bien mamá- dijo él.

Un hombre le echó una manta por encima para que guardase el calor.

  - ¡No hace tiempo para estar así, chico!- le dijo.

  - Gracias- contestó Jason tiritando.

  - ¡Mira! ¡El que estaba bien!

Jason comenzó a reírse. Cuando terminaron de comer regresaron al hotel, Jason se fijó de pasada en el cenicero sobre el mostrador, lleno de cigarros a medio fumar. Al llegar a la habitación se dio una ducha caliente y tumbó para descansar.
No podía dormir, estaba justo al lado de la habitación del señor Cooperson que no paraba hablar en voz alta.

  - ¡Donde estará este niño! - gritaba furioso- ¡No puede ser que tarde tanto en traer el trineo y los skis!

  - No lo sé, papá- mintió Gregory.

  - ¡Pues nos vamos a hacer el sendero sin Frank!- declaró finalmente golpeando el suelo con el bastón.

Frank estaba dentro de la camioneta tendiendo sexo con Connie.

  - ¡Ya casi acabo! ¡Ya casi!- decía Frank jadeando, con los ojos cerrados.

Connie suspiraba aburrida y ponía los ojos en blanco.

  - ¿Te gusta eso, eh?

  - ¡Oh, si, oh sí Frank!- gimió falsamente como si se tratase de una performance.

Frank finalmente acabó y ella retiro los tobillos de sus hombros.
El estaba se dejó caer encima, sudado y un poco pegajoso.

  - ¿Y ahora que?- preguntó él.

  - Pues nada, voy a volver a casa, es que tengo un poco de hambre- contestó Connie bostezando.

  - Debe ser guay vivir en un complejo vacacional.

  - Es como celebrar tu cumpleaños todos los días, al final te da asco. En realidad este sitio es muy aburrido en otoño y en primavera porque está cerrado.

  - ¿Y que haces durante todo el año?

  - Voy al instituto, veo la tele, cocino... Cosas normales.

  - ¿Puedo ir a merendar contigo?

  - Si, claro ¿Le has preguntado a tu padre?

  - ¡Díantres, tenía que hacer senderismo con mi familia! ¡Mi padre me va a matar!

  - Bueno, nuestros padres son amigos no creo que les importe.

Salieron del coche y Connie le tomo de la mano.

  - ¿Que tal tu año? ¿Ha pasado algo interesante?- preguntó ella.

  - Mi nueva novia ha cortado conmigo.

  - ¡Vaya! Yo nunca tendría novio, aunque tú eres un poco especial.

Frank se sonrojó y se rascó la cabeza.

  - ¿Enserio?

  - Si, claro que sí.

Ambos se dirigieron a su casa. Ella encendió la chimenea y Frank miró su trasero mientras estaba agachada.

  - No entiendo porque nadie ha salido nunca contigo.

  - No me gustan los quebraderos de cabeza- contestó tajantemente y fue a traer dos tazas de chocolate un una bolsa de nubes.

  - Yo no te daría quebraderos de cabeza.

  - Es exactamente lo que me gusta de tí.

Connie se sentó junto a él y cruzó las piernas. Frank le agarró el muslo.

  - ¿Como está Bradley?- preguntó ella dando un sorbo al chocolate.

  -  Callado, como de costumbre.

  - Viene aquí todos los años y nunca hemos hablado.

  - Es que no le gusta hablar, es un poco raro.

  - Entiendo.

Continuaron comiendo, cuando el padre de Connie llegó Frank se despidió y se fue a la habitación donde le esperaba una regañina por parte de su padre.

  - ¿Donde estabas? ¿Tu vas por libre o que?- le gritó.

  - Estaba con Connie.

  - ¿Seguro? Como me entere de que te acercas a otra chica despídete de tus cojones.

  - ¡Que no papá! Que estaba con ella, de verdad.

  - Más te vale.

Gregory miraba nervioso a Frank que parecía hacerle un gesto para que se callara.
Se mantuvo en silencio asustado.
Antes de la hora de la cena, todos los hermanos echaron una partida al Monopoly y una vez cenaron, se fueron a dormir.
Jason llevaba más de diez minutos mirando su plato sin tocarlo.

  - Jason, comete el pollo, es lo que has elegido en el buffet- le dijo su padre.

Él se mantenía en silencio observando el plato, que aún separado de él desprendía un olor muy fuerte.

  - Tienes que cenar, Jason, esta es una de las razones por las que estamos aquí.

  - ¿Alguna vez os habéis preguntado si los peces se van a dormir?- preguntó sonriente, mirando a sus padres a los ojos para desviar su atención.

  - Sin trucos- dijo su madre, cómete el pollo.

Jason borró la sonrisa y apartó aún más el plató empujándolo.

  - No te vas a levantar hasta que cenes, lo que haces te puede costar la vida. Hay gente que muere por no comer ¿Sabes lo grave que es eso?

  - Cerrarán el comedor, no podéis dejarme aquí toda la noche.

  - Nos llevaremos el pollo a la habitación en un táper.

No eran capaces, o eso pensaba Jason. Era imposible que lo dejasen toda la noche sentado frente al plato, se cansarán y se lo retirarían cuando el comedor cerrase. Pero no fue así, verdaderamente se llevaron el pollo en un tuper y lo colocaron en la mesa de la habitación.
Jason no podía creer que aquello fuese cierto.

  - Cuanto antes te lo comas antes te irás a dormir- dijo su padre. Apaga la luz cuando termines

Jason permanecio toda la noche frente al plato y durmió en el sofá. Apagó la luz desde el principio porque no tenía intención de comer.
Cuando amaneció sus padres se levantaron antes que él.

  - No ha tocado el plato- dijo su madre.

  - Se lo guardaremos para este medio día, ahora vamos a intentar que desayune cuando despierte.

Jason abrió poco a poco los ojos y miró a sus padres. Después observó su ropa, se había acostado completamente vestido.

  - ¿Que hora es?- preguntó estirándose

  - Las siete, cariño- le dijo su madre.

  - Voy a cambiarme de ropa- bostezó y se levantó del sofá para ir al baño, cepillarse el pelo.

  - ¡Ponte algo abrigado que ha nevado!

Se puso las botas de nieve, el chaquetón y los pantalones de ski. Después, asomado a la ventana, contempló el paisaje blanco y suspiró.
Regresó al salón y todos bajaron a desayunar a el comedor.
Jason escogió dos huevos, 3 tiras de bacon y una tostada y los colocó en su plato.
Miró a su alrededor mientras lo hacía buscando un truco que le permitiese ocultar la comida.

  - No, no uses las servilletas, se darán cuenta ahora que están atentos a tí- le dijo aquella voz- ¿Te has dado cuenta de que las mesas tienen mantel?

Jason se giró y efectivamente, los manteles que anoche no estaban por haberse lavado lucían sobre las mesas y llegaban hasta el suelo.

  - Mira el perro del dueño del complejo, seguro que puedes darle tu comida. No lo notarán.

Tomó otra tira de bacon, envuelta en un papel y la metió bajo su manga, además de otro plato que puso bajo el suyo. Se dirigió a la mesa antes que sus padres y tras colocar el plato en el suelo, oculto a la mitad por el mantel, desenvolvió la tira rápidamente tratando de captar la atención del perro. Tenía el brazo hacia atrás por un lado de la silla, de forma disimulada.
Sus padres se sentaron frente a él y comenzaron a comer. Jason los huevos en trozos.

  - ¿Queréis que os cuente sobre mi trabajo de biología?- dijo Jason mirando a sus padres a los ojos con una amplia sonrisa mientras continuaba cortando la comida.

  - Está bien- contestó su madre.

  - No sabía muy bien de que animal hacerlo, pero al final escogí los delfines porque son mis animales favoritos. ¿Sabíais que los delfines a veces cooperan con los humanos para conseguir comida?

  - ¿Si?- preguntó su madre curiosa.

Jason se acercó la comida a la boca fingiendo que iba a comer pero realmente continuaba hablando.

  - A veces empujan los peces a las redes a cambio de conseguir comida ellos.

  - ¡Vaya, que animales tan listos!

  - ¡Son de los animales más inteligentes! ¡De hecho...!

De pronto notó la nariz del perro oliendo su mano. Había conseguido atraerlo para su cometido.

  - ¡También golpean los barcos con la nariz para avisar de que hay peces! Hablando de barcos, ¿Habéis visto el cuadro de ahí atrás? - tomó toda la cantidad que pudo con el tenedor.

Sus padres se giraron y aprovechó para echarla al plato del suelo a una velocidad prodigiosa. Sus padres volvieron a girarse y lo vieron con comida en el tenedor cerca de su boca.

  - ¿No lo reconoceis?- preguntó.

  - No, ahora mismo no caigo - dijo su padre riendo.

  - ¡Pero si es súper famoso, vamos miradlo otra vez!

Sus padres se giraron de nuevo esta vez analizando a fondo el barco. Jason puso incluso volcar casi todo el contenido del plato en el del suelo.

  - ¡Pues no caigo ahora mismo! ¿Tan famoso es?- preguntó su madre.

  - ¡Es el Queen Mary! Hitler quería hundirlo en la segunda Guerra Mundial.

  - ¡Vaya! ¿Dónde has aprendido eso?

  - Lo leí en un libro, también leí que hay  fantasmas.

  - ¿Fantasmas? ¡Eso son leyendas, hijo!- se rió su padre.

  - ¿De dónde habrá sacado el gusto por el mar, Harold?- preguntaba su esposa sonriente

  - ¿De quién será?

  - Está claro que sois iguales en muchas cosas.

Jason comenzó a reírse alegremente mientras echaba lo que quedaba en la tostada y la partía por la mitad, aprovechando que sus padres se miraban entre ellos, comentando aspectos en los que Harold y él se parecían.
A su vez, partió uno de los trozos y lo echó en el plato. A la mitad de ese mismo le daba un mordisco cada vez que creía que miraban en su dirección y empujaba la comida bajo el hueco entre su labio superior y su diente, procurando masticar bien.

  - ¡Ya no tengo más hambre!- dijo separando el plato, que solo contenía la mitad de una tostada con huevo.

- No comas mas si no quieres, hoy has comido bien ¿Ya estás recapacitando?

  - Si- contestó- voy al baño a lavarme las manos, he tocado el huevo y está un poco pringoso.

  - Que sea rápido, no me fío de que todo lo que tienes en el cuerpo vaya fuera. Tienes 5 minutos.

Jason caminó rápidamente hacia el baño, y abrió la puerta, tapando el pasillo de recepción a dónde fue un momento. Cogió los cigarros a medio fumar había en el cenicero del mostrador  y tras sacudirlos, se los guardó en el bolsillo.
Después se metió en el baño y escupió la comida en el váter, tirando de la cisterna y lavándose las manos.
Caminó de nuevo rápido secándose las manos húmedas en el chaquetón.

  - Ya está- dijo.

  - ¿Quieres ir a buscar amigos con los que hablar? Hay muchos niños de tu edad- preguntó su madre.

  - Vale- contestó Jason alegre

  - Nosotros vamos a estar en la sauna, si pasa lo que sea nos avisas. Estaremos una hora más o menos, luego iremos a la habitación.

  - Vale mamá, yo voy a hacer ski.

  - ¡Pásatelo bien, Jason!

Él se marchó y se topó con el señor Cooperson en la salida del hotel gruñón como siempre.

  - Francis, comparte el trineo Gregory y acompáñalo para que no le pase nada por la ruta difícil.

  - ¡Por qué! ¡Papá no quiero ser su niñera, quiero estar con gente de mi edad!- se quejó Frank.

  - ¡Ya tendrás tiempo, maldita sea! Acompaña a tu hermano, como se abra la cabeza si que no te voy a dejar hacer nada, te castigo sin vacaciones.

  - ¡Pero papá, que le cuesta tirarse por la ruta normal para niños! ¡Quiero estar con Connie, íbamos a hacer el sendero!

  - ¡Haber ido ayer con tu familia, burro! ¡Ahora que no me entere de que te escaqueas!

Frank refunfuñó y se marchó con Gregory caminando distante y con las manos en los bolsillos.
El señor Cooperson lanzó una mirada amenazante a Jason y regresó al hotel.

  - Bueno, estaré una hora con Connie en el bosque y luego te acompaño a tirarte con el trineo ¿trato hecho?- dijo Frank

  - ¡No es justo! ¡Anochece rápido! ¡Seguro que te quieres escaquear!

  - ¡No! ¡Te lo prometo! Date una vuelta por ahí y busca a otros críos, cuando pase una hora me vas a buscar ¿Vale?

Gregory se marchó cabizbajo, Jason seguía a Frank desde lejos porque iban al mismo lugar, aunque el pesaba desviarse del sendero así que al llegar al comienzo ambos tomaron distintos caminos alternativos a la ruta.
Jason se sentó en un tronco cortado y se encendió un cigarrillo, le costó mucho por la humedad, pero tras varios intentos lo consiguió.
Observó el humo mezclarse con su aliento helado formando una nubecita blanca. Se ajustó su bufanda roja.

-Tu y yo formamos un gran equipo- dijo su voz.

  - ¿Que voy a comer hoy?

  - Nada, hoy no vas a comer nada.

  - Pero tengo muchísima hambre.

  - Nos daremos un atracón de dulces cuando volvamos, solo tienes que esperar. Ahora fumate otro cigarrillo para calmar el hambre.

  - ¿Cómo lo haremos está noche si no está el perro? Y si está, no será tan fácil como hace un rato, tendremos que elegir bien la conversación.

  - Se observador, tienes que tener algo interesante para contar esta noche.

  - ¿Y el truco de la taza de café?

  - La taza es pequeña y no es muy alta, es arriesgado, no creo que funcione. La comida masticada no cabrá ahí.

Jason seguía quebrándose la cabeza para planear algo.
Salió del bosque y se fue a la zona de los esquís, se montó en el teleférico y vio desde arriba a Greg en trineo, siguiendo la ruta de principiantes.
En cierto punto paro y cargando el trineo retrocedió todo el camino a pie.

- Ya debe de haber pasado una hora- pensó Jason en voz alta y miró su reloj de Mickey mouse.

Efectivamente, Greg se dirigía al bosque a buscar a su hermano.
Se paró tras ellos y analizó a Connie, era una chica común y corriente, pero ciertamente atractiva, si bien como ella había diez mil más. Tenía los ojos marrones perfilados con lápiz negro y los labios pintados de marrón rojizo oscuro. Vestía como una mujer más que como una adolescente, tratando de verse tal vez más adulta.
Su cabello era largo y castaño casi negro, cardado y abundante.

  - No es más guapa que Britts- se dijo a si mismo.
 
Su hermano Frank la agarraba de la cintura. Desde atrás Greg los veía como un par de osos, ella llevaba un gran chaquetón de pelo negro con la capucha puesta. Sus botas también tenían pelo, incluso los pantalones, forrados por dentro al igual que la cazadora de Frank.
Parecía que habían aumentado de tamaño con todas las capas de ropa gruesa que llevaban.

  - ¿A dónde vais?- preguntó Gregory confuso, mientras trataba de alcanzarles, pero los pies se le hundían en la densa capa de nieve.

  - ¡A ti que te importa!- respondió Frank molesto parando en seco para ajustarse el gorro- ¡Vete a lo tuyo!

- ¡Ya ha pasado una hora!

  - ¡Tirate solo por la ruta de los niños!

  - ¡Ya lo he hecho! ¡Me prometiste que me acompañarías después de una hora!¡Quiero la de los adultos, pero papá solo me deja si vienes tú!

  - ¿Tiene que ser esa?

  - Si, eres mi hermano y te toca ocuparte de mí. Esta discusión ya la has tenido con papá.

Frank puso los ojos en blanco y suspiró.

  - Espera media hora y vamos- le dijo- vete a seguir buscando amigos o algo.

  - Vale- contestó Gregory y se marchó cargando el trineo- pero que sea verdad esta vez.

Gregory comenzó a fabricar un muñeco de nieve junto con Steve, un niño que acababa de conocer.
Tardaron una hora justamente en terminarlo. Gregory vio que había pasado el tiempo y regresó a dónde estaba su hermano, sin encontrarlo.
Se adentró un poco más en el bosque y los encontró sentados de espaldas en el tronco de un árbol caído.
Frank tenía la mano metida en la cremallera de el abrigo de Connie manoseando sus pechos.

  - ¡Frank!- exclamó la voz chillona de Greg aproximándose.

Sacó la mano rápidamente y se volvió hacia él, rabioso.

  - ¿Que coño quieres?

  - Ya ha pasado la hora.

  - Espera media más.

  - ¡No es justo! ¡Vas a escaquearte, lo se! ¡Pronto va a anochecer!

  - ¿Qué tal si te tiras solo? Si te pasa algo le dirás a papá que yo iba contigo pero que te desviaste.

  - No quiero que me pase nada...

  - ¡Bah! ¿Qué va a suceder? Es solo una bajadita de nada, super inofensiva.

  - Será solo un momento ¡Por favor! ¡Te lo suplico!

  - Sube, te espero aquí- dijo Coonie.

  - ¡Me estás arruinando las vacaciones!- exclamó Frank- ¡Que lo sepas!

  - ¡Pues iré solo! ¡Eres una porquería de hermano! ¡Si me pasa algo será por tu culpa!

  - ¡Como le pase algo a mi trineo te la cargas!

Gregory se marchó, subió con el teleférico a la montaña y buscó el circuito que quería. La bajada que había elegido era un tanto peligrosa y no era ni mucho menos para hacerla con trineo. Solo se lograría con un snowboard o skis por la cantidad de obstáculos.
Gregory se dejó caer y al instante se dio cuenta de lo difícil que era sortear las piedras y los árboles. Al principio todo iba bien pero comenzó a oscurecer cada vez más y no era capaz de distinguir las figuras de los objetos en la oscuridad. Menos aún con la máscara, que siempre le robaba un poco de visión.
Mientras se mantuviese en línea recta estaría dentro del circuito.
Se estampó con una roca y se desvió a una zona que no estaba prevista para hacer ski ni snowboard y a partir de ahí,  por la inclinación la velocidad aumento tanto que no tenía control sobre el trineo. No podía frenarlo ni deslizarlo porque se movía a toda velocidad y fue entonces cuando salió propulsado en el aire y se golpeó la cara con un árbol, la máscara no amortiguó el golpe sino todo lo contrario.
Su trineo descendió sin control hasta que le perdió la vista.
Se quitó la marcara y tocó su frente. Tenía la mano cubierta de sangre y al tocar la herida le dolía tanto la frente como la mano que había apoyado para no chocarse con el árbol. Tal vez se había hecho daño en la muñeca.
Tomó el camino de vuelta a pie, en compañía de un empleado del complejo, encargado de rescatar a las personas que se accidentaban en la montaña.
Gregory fue en busca de Frank, atemorizado porque no sabía cómo decirle que había perdido su trineo en la montaña.
Regresó a dónde estaba el tronco, pero se habían cambiado de sitio. Lo buscó y distinguió su silueta en una zona de matorrales, con árboles talados para leña.
A medida que se acercaba Coonie escuchaba sus pasos

  - ¡Viene alguien!- dijo ella preocupada, pero Frank no le prestó atención

Gregory oyó su voz pero no respondió, desde donde estaba ahora enfocaba mejor y permaneció quieto con los ojos abiertos observando a su hermano de espaldas con los pantalones bajados hasta las rodillas, encima de Coonie que con la espalda arqueada y el vientre apoyado sobre un tronco talado giraba su rostro hacía Greg gimiendo.

  - ¡Frank! ¡Frank! - le gritó.

  - ¡Di mi nombre!- exclamó el jadeando exhausto.

  - ¡Gregory!

  - ¿Cómo?

  - ¡Está viendo!

Frank se giró inmediatamente y vio a su hermano en shock, con la boca abierta y la máscara en la mano.
La sangre de su frente chorreaba por su ceja, en la parte no quemada de su rostro, donde no cubría el pelo.

  - ¡Greg! - gritó su hermano en un tono violento.

Gregory se tapó los ojos y lanzó un chillido de disgusto.

  - ¡Noooooo!- repetía- ¡Que asco!

  - ¿Donde está mi trineo Gregory?- preguntó Frank subiendo sus pantalones y los de ella para poderse acercar a él.

  - ¡Lo perdí! ¡Se fue cuesta abajo! ¡No me peges!

  - ¡Te vas a cagar...!

Gregory se destapó los ojos.

  - Le voy a decir a papá que estabas haciendo eso con Coonie.

  - ¿Quieres cobrar, enano?

Frank le dio un puñetazo en la barriga.

  - ¡Como te chivates te juro que te entierro en la nieve!

Greg echó a correr, Frank y Coonie iban detrás pero lo lograban alcanzarlo. Temía tanto al cabreo de Frank que no se dejaría atrapar.

  - ¡Mientras más corras más enfadado voy a estar y peor va a ser cuando te coja!
 
Llegó a la cafetería del hotel. Su padre y su madre estaban tomando un té junto con Vincent.
Toda la sala se quedó atenta a la escena, tanto por los gritos de la familia como el aspecto de los chicos: Gregory con la frente ensangrentada, Frank con restos de pintalabios en toda la boca al igual que Connie que además tenía la cremallera de la chaqueta que llevaba abajo abierta dejando ver su escote.

  - ¡Papá! ¡Papa! ¡Frank me está persiguiendo para pegarme!- chillaba.

  - ¿Que te pasa en la cara? ¿Donde
  está el trineo?

  - ¡Frank me dejó solo, me caí y perdí el trineo!

  - ¡Frank! - gritó su padre al verlo- ¡Te mando a supervisar a tu hermano pequeño y mira lo que haces! ¿Qué hacías en lugar de asegurarte de que tu hermano está seguro?

  - ¡No me dejaba en paz, papá!- exclamó.

  - ¡Estaban haciendolo en el bosque!- gritaba Gregory.

  - ¡Enano mentiroso! ¡Se lo está inventando todo!

  - ¡Miraos, seréis marranos los dos! ¡Tienes la cara llena de pintalabios!

Connie se cubrió el escote.

  - ¡Ya se te ha visto!

Mientras todo esto sucedía Jason estaba frente al plato de pollo de la noche anterior riéndose del suceso con su familia.

  - Los Cooperson no pueden pasar ni un minuto sin dar la nota, madre mía...¡Que familia!

Jason tenía su taza con batido de chocolate sujeta todo el tiempo con fuerza, muy acercada a él.

  - Mastica bien la comida y empuja bien con la cuchara cuando la escupas, para hacer espacio.

A medida que comía iba escupiendo dentro de la taza y empujando insistentemente la comida al fondo.
Pudo meter toda la comida dentro y su plan hubiese sido perfecto si no hubiese escupido un poco de comida accidentalmente fuera de la taza.
Su padre al notarlo se la arrebató de un tirón y miró dentro.

  - ¿Que es esto Jason?- le preguntó señalando al interior.

El no respondía, en lugar de eso preguntaba a su voz por una salida.

  - ¿Que hago ahora? Contéstame.

  - No hables, no contestes a nada.

Jason obedeció y se mantuvo en silencio.

  - Tráele otro plato, amor- dijo Harold- tiene que cenar.

- Cuando llege con el plato tíralo contra el suelo y rompelo.

  - ¡Ab! ¡No puedo hacer eso, está todo el mundo mirando! ¡Mis padres se van a enfadar!

  - ¡Hazlo, rompe el puto plato!

  - ¡No puedo! ¡No me hagas hacer eso!

Su madre colocó el plato frente a él.

  - Empieza a comer, voy a estar atento a que mastiques y trages.

  - ¡Vamos Jason, no tienes otra salida!- chillaba Ab.

  - ¡Cállate! ¡Basta! ¡Sal de mi cabeza!

- ¿Estás bien?- preguntó su madre tocándole el hombro al verlo con la mirada fija en la nada, como su estuviese asustado. Completamente rígido y en silencio, casi temblando.
De pronto, tras un horroroso grito, sin que nadie hubiese tenido el tiempo suficiente para ver cómo había sucedido se escuchó algo romperse.
Los pedazos del plato estaban diseminados por el suelo junto con la comida, lo había lanzado con tanta fuerza que no solo estaba hecho añicos sino que los pedazos habían llegado hasta otra de las mesas que estaba a dos metros de ellos.
Su padre le soltó un fortísimo bofetón en la cara. Jason ni se inmutó, permanecía escuchando a lo que decía la gente de la sala, observando a su alrededor.

  - ¿Qué le pasa a ese chico?- preguntaba un niño riendo desde otra de las mesas, girándose para ver la escena

  - No te rías, seguramente está mal de la cabeza - susurraba su madre.

Su madre regresó con otro plato, en ese momento su padre cogió el tenedor con comida y lo acercó a la boca de Jason.

  - No vas a pasar todo el año en el hospital, eso no es vida. Te vas a arrepentir de todo esto cuando crezcas si es que no te metes tu mismo bajo tierra. Esto es muy serio, Jason ¡Solo tienes 15 años! ¡Te estás arruinando la vida!- le gritaba su padre- ahora abre la boca.

Jason se negaba y echaba la cara a un lado.

  - ¿Quieres morirte de hambre? ¿Quieres que te ingresen en un hospital y no te dejen salir hasta que cojas el peso suficiente para poder salir a la calle? No sabes lo que estás haciendo, ahora abre la boca y come.

Jason seguía negándose.

  - Como no te comas este plato no saldrás de la habitación en todos los días que estemos en el hotel. Tu decides comértelo o no.

- Ab ¿Que voy a hacer ahora?

  - No comas.

Jason accedió a comer por su cuenta, inclusive se terminó el plato.
Nadie dijo nada, todo continuaba con una increíble tensión que no cesaba.

  - Dale una patada a un trozo del plato, deja caer el tenedor y aprovecha para cogerlo- dijo Ab susurrando.

  - ¿Por qué?

  - ¡Cójelo!

Jason le hizo caso, escondiendo el pedazo en bolsillo del pantalón.
Cuando todos se fueron a la habitación y las luces estuvieron apagadas Jason conversó con Ab mientras estaba arropado, tratando de dormir.

  - ¿Por qué me hiciste hacer eso?- preguntó llorando- ahora mis padres no me hablan.

  - Ya lo harán, ¿Por qué no me has hecho caso? No pueden forzarte a comer si tú no te dejas.

  - No sabía qué hacer.

  - ¿Quieres ser una puta foca toda la vida?

  - ¡Basta! ¡Calla de una vez!

  - Te estoy ayudando a ser perfecto, que conste. Ve a vomitar.

  - ¡Mi herida acaba de curarse! ¡No voy a hacer eso!

  - Estás gordo, tienes las piernas como dos jamones. Da asco verte comer, de verdad pareces un gorrino.

  - ¡No! Para ya es suficiente.

  - Te vas a poner como una ballena y te volverán a reventar los pantalones cuando te agaches como en primero. Nadie va a querer a un gordo asqueroso ¿A alguien le gustan los gordos? No ¿Verdad? Todo el mundo dice que dan asco, nadie quiere estar con ellos. Encima has dejado en evidencia a tus padres, no te hablan por lo avergonzados que están de tí. Has quedado como un chiflado delante de todos.

Jason se levantó y buscó el trozo del plato. Sentado sobre el borde de la cama lo sostuvo en su mano amenazando con clavarselo en la pierna.

  - ¡Para de hablar, cállate, cállate!

  - Si, córtate, recuérdate lo que eres ¿Te sientes culpable verdad? Si lo haces sabes que te dejaré en paz, dejarás de oírme.

Jason asintió cegado con sus lágrimas, sollozando.

  - Debería avergonzarte comer todo lo que has comido...

Finalmente cogió se escribió gordo en la pierna con el trozo del plato.

  - Ahora no se te va a olvidar porque estoy contigo.

  - ¡Sal de mi cabeza! ¡Déjame dormir! ¡Cállate!- gritaba Jason- ¡Vete!

Sus padres encendieron la luz. Había sangre en las sábanas, en el suelo, por todas partes, como si hubiese sucedido una carnicería.
Jason tenía la pierna completamente roja y la sangre brotaba sin parar.
Las heridas eran profundas, escocían como el infierno.

  - ¡Suelta eso, Jason!- su padre corrió hacia él y le arrancó el trozo del plato de las manos echándolo a una esquina.

  - ¡Por Dios, Harold! ¡Se desangra!- gritaba su madre corriendo a recepción a llamar a una ambulancia.

  - ¿Que sucede?- preguntó el dueño que estaba en recepción.

  - ¿Tiene botiquín? Es urgente, mi hijo tiene una herida muy grave, se está desangrando.

El dueño sacó inmediatamente el botiquín y fue con ella a la habitación después de la llamada.

  - ¿Donde está el niño?

  - Ahí- señaló su madre.

  - Vale- el hombre sujetó sus manos- esto no te dolerá, tenemos que curar tu herida mientras llega una ambulancia. Mantente quieto, solo va a escocer un poco.

Mientras el hombre limpiaba su herida lidiaba con un escozor intenso hasta que le vendó la pierna.
La ambulancia llegó y lo tumbó en una camilla, lo trasladaron a un hospital donde un médico le revisó a fondo la herida.

"Porky"- leyó el médico al retirar la venda.

Salió un momento y hablo con los padres. Jason no era capaz de entender la conversación pero tenía claro que estaban hablando sobre la herida de su muslo.
Le dieron el alta ese mismo día, despues de ponerle un vendaje adecuado y recetarle medicamentos para el dolor.
Habían sido dos días de vacaciones, bastante intensos pero al fin de al cabo dos días. Regresaron al complejo para que le reembolsaran el pago por una semana. Jason estaba esperando en el coche y de pronto escuchó voces fuertes. El señor Cooperson acababa de salir del hotel con toda la familia, cargando las maletas.

  - ¡Pues vétame la entrada!- gritaba- ¡No es mi culpa que tu hija sea una fresca!

  - ¡El pervertido degenerado es su hijo!- gritaba el dueño del complejo- no voy a permitir que digas eso de mi niña.

  - ¡Tan decente no será cuando se revuelca con mi hijo! ¡Ya tiene que ser guarra...!

  - ¡Papá!- exclamó Frank.

  - ¡Tu cierra el pico! ¡Nos has destrozado las vacaciones a toda la familia! ¡Súbete a la puta camioneta!

Frank obedeció y se despidió con la mano de Connie, que estaba apoyada junto a la puerta del hotel con un chico desconocido que la sostenía por la cintura.

  - ¡Adiós Frank!- exclamaba apenada mientras la furgoneta arrancaba y se marchaba- ¡Nunca te voy a olvidar!

  - ¡Te quiero Connie!- exclamó él llorando.

Una vez Frank se dio la vuelta, Connie empezó a reírse junto con el tipo, que le agarraba descaradamente una nalga.

  - Otro idiota que cae- comento el tipo en voz baja, mirando unos segundos de reojo al padre de Connie, volviendo a entrar al hotel.

Encendió un cigarrillo para él y otro para Connie.

  - Pobre estúpido...Le echaré de menos.

Jason también se reía de la situación hasta que sus padres subieron al coche y todo se volvió tenso de nuevo y silencioso.
En el coche de los Cooperson, sin embargo no había ni un minuto de silencio.

  - ¡Deja ya de llorar, Frank!

  - ¡Era el amor de mi vida papá, tu no lo entiendes!- exclamó Frank.

  - ¡Tonterías! ¿Y qué pasa con la chica con la que salias la semana pasada? ¿Y las diez mil con las que sales? ¡Cada mes tienes una nueva majareta!

  - ¡Me robó a mi chica, papá!- gritó Gregory.

  - ¡Tienes 12 años, déjate de mujeres que para Don Juan ya tenemos a tu hermano! ¡Y no queremos dos en la familia, es más que suficiente!

  - ¡Pero papá!- se quejó Frank.

  - Pero si Connie se folla a todo lo que se mueve- comentó Bradley en un tono inexpresivo.

  - ¿Cómo?

  - Lo intentó conmigo, pero le dije que no me interesaba

  - Y conmigo- dijo Vincent.

  - ¡No puede ser!- Frank se llevó las manos a la cabeza.

  - Eso te pasa por acercarte a las mujeres ¡No te acerques a las mujeres, las mujeres son el mal!

  - Britts no es igual que Connie, Britts es perfecta...- decía Greg- nunca haría eso.

  - ¡He dicho que las mujeres son el mal! ¡Ahora silencio que no puedo conducir! No te voy a dejar irte por el mismo camino que tu hermano.

  - Britts es la niña más guarra del colegio, Greg- le dijo Frank- ¡madura de una vez!

  - ¡No!- chilló Greg.

  - ¡Como oiga una sola palabrota en mi puto coche os tiro en mitad de la nieve! ¡Me cago en la puta! ¡Joder, ni un minuto de silencio se puede tener en mi propio coche!

Golpeó el claxon con el puño, haciendo que Gregory y Frank dejasen de pelear.
Regresaron a casa, encendieron la chimenea y se sentaron en la mesa del salón. Todo Culvert estaba nevado y el frío era insoportable, para cenar tuvieron que echarse una manta sobre las piernas y encender también el radiador.
En casa de los Steele el frío entraba por el hueco del techo, cubierto con tablas de madera provisionalmente. La familia estaban prácticamente congelada y no paraba de temblar. La nieve entraba por los huecos del suelo y había goteras en el salón. Caminar era una carrera de obstáculos esquivando cubos.

  - Mañana lo arreglaremos, esto no puede seguir así. Pediremos ayuda al pueblo- dijo su padre- a este paso terminamos todos con hipotermia.

  - ¿Que pasa con el chico que se chocó con el poste?- preguntó su madre.

  - Sus padres no tienen seguro ni dinero para pagarnos, dicen que pagarán a plazos pero por ahora solo nos han dado 200$ y eso no nos da ni para pagar ni la mitad de lo que necesitamos. Incluso después de hacer la venta de garaje no nos llega el dinero. Vamos a tener que pedir ayuda al pueblo.

  - Será lo mejor, no sabemos reparar un tejado.

  - Tengo mis ahorros- dijo Jason.

  - Servirá de ayuda hijo, pero todavía nos falta mucho dinero.

- Me estoy muriendo de frío.

  - Ya, lo sabemos pero hay que aguantar hasta mañana, hablaremos con el alcalde y veremos que se puede hacer.

Jason sintió un escalofrío.

  - Jeffrey estará allí- dijo con una expresión de dolor.

  - Probablemente, intentaremos que se reúna aquí todo el pueblo y cada uno ayude en lo que pueda, como cuando se incendió el granero del señor Holligan.

Observó atentamente a las piernas de su madre, donde descansaba un libro grueso lleno de números de teléfono.

  - ¿Que es eso?- preguntó Jason.

  - Nada- contestó ella señalando un número y cerrando inmediatamente el libro- bueno, voy a hacer la cena.

Jason fue a buscar otras dos mantas y se envolvió en ellas. Esa noche durmió con 10 mantas además del edredón y las sábanas.
A la mañana siguiente fue al instituto en el bus escolar, estaba atestado porque nadie había querido ir caminando.
La carretera estaba cubierta de nieve, si no fuese porque el autobús tenía un quitanieves sería imposible conducir.
Pensar que después de comer tendría que ir a trabajar lo tenía abrumado.
A Megan se había quedado en casa por la nieve, así que iba sentado solo observando la ventana completamente empañada, con pequeñas gotas que caían. Pintó una cara sonriente pero de los ojos de esta comenzaron a caer  gotas, como si llorase.
El autobús paró frente a casa de Jack y este se subió.

  - ¡Jason!- exclamó tomando asiento junto a él- ¿Que te pasa?

  - Nada...- contestó- ¿Que tal?

  - Bien ¿Por qué faltaste al instituto?

  - Estaba de vacaciones, pero ya he vuelto.

  - Hoy tengo el torneo de lucha ¿Vendrás a verme?

  - Me gustaría, pero mi padre y yo tenemos que estar en casa para arreglar el tejado. Va a hablar con el alcalde para que el pueblo nos ayude.

  - Vaya, bueno si puedes escaparte un rato estás invitado. ¿Vendrás al concierto?

  - ¿Cuál?

  - Olvidé decírtelo, conocí a unos chicos en Columbia cuando me escapé de my uno de ellos dijo que tocaría antes de navidad. No se donde ni cuándo pero lo llamaré en estos días para preguntarle, así que quiero tener claro quién va a venir.

  - Probablemente no, seguramente esté ocupado...

  - No te preocupes, tienes mucho tiempo para pensarlo.

  - ¿Tus padres te van a dejar irte a Columbia?

  - No, no creo que me dejen. Pero seguramente vaya sin permiso, Montgomery dice que puede llevarme en su coche. Jay puede pedirle el coche a su padre así que deberías pensarlo lo más rápido que puedas antes de que alguien te quite el sitio.

  - Si, ya lo se pero lo más seguro es que no vaya.

  - ¿Es por lo de Britts?

  - Si y seguro que Frank va otra vez.

  - Pero te hacía mucha ilusión ir a la ciudad algún día.

  - Lo se, Jack, pero ya lo pensaré.

  - Frank y Britts así que a lo mejor no viene.

Britts y Frankie entraron al autobús e  invitaron a Jack a sentarse con ellas.
Jason se volvió a quedar solo junto a la ventana, viendo las siluetas difusas de la gente tratando de quitar la nieve con palas.
Pensó en qué pediría por navidad porque cada vez quedaba menos.
Tenía claro que quería una nueva bicicleta roja y morada. La había visto en el escaparate de la tienda del señor Holligan, estaba usada pero impecable y a buen precio.
Era una Raleigh morada y roja, un modelo ya antiguo pero no necesitaba que fuese nueva.
También quería algún libro, no le importaba cual, pero ya había leído todos los que tenía. Por último un gato mascota y unos patines azules, con líneas de otros colores y ruedas amarillas.
La navidad era su época favorita, porque venía toda la familia, incluyendo a Patrick aunque llevaba tres años sin verlo ni una sola vez.
Se preguntó que le regalarían a Patrick, por eso no quería pedir demasiadas cosas, tenía que quedar dinero para todos.
Quedaban solo dos semanas, en cuanto pasarán, podría decorar el árbol, colocar los calcetines con los nombres de los miembros de la familia y poner las luces fuera.
Seguro que ganaban otra vez el concurso navideño de decoración de casas, como el año pasado.
En el instituto era en lo único que pensaba: el chocolate muy caliente con malvadiscos, los muñecos de nieve en la calle, los trineos, la pista de hielo...
La nieve sin todo eso era muy aburrida y molesta.

  - ¿Jason, estás prestando atención?- preguntaba al profesor dando un golpe con la regla en la pizarra.

El asintió, pero seguia en su fantasía navideña, pensando en los postes llenos de luces y el trenecito mecánico del escaparate de la cafetería, lleno de muñecos de madera pequeños, sentados en los vagones. El circuito se rodeaba de casitas de hojalata, cada una era una tienda distinta, una por ejemplo era una juguetería y tenía miniaturas de juguetes dentro y un pequeño vendedor con gafas doradas hechas de alambre y el pelo gris, hecho con lana.
Le gustaban los detalles y esa festividad para él era la más detallista y alegre.
Su madre hacía galletas de jengibre con forma de muñecos, árboles, Papá Noel, estrellas, bolas y otros motivos navideños.
Era un poco triste que hubiese dejado de comer ese año, porque sino hubiese disfrutado comiendo merengues de color verde, espolvoreados con estrellas de colores y con una estrella de galleta en lo más alto. Pero lo que más me gustaba eran las figuras de chocolate y las casitas de caramelo.
No sabía muy bien en qué momento había empezado a pensar en comida, pero se moría de hambre.
En el recreo se fue a fumar al baño, para calmar aquella desagradable sensación.

¡Porky!- leyó en la pared izquierda, el dichoso muro de la fama.

Trató de quitarlo con sus llaves y vio que su desagradable mote estaba dentro de una frase.

Dios los cría y ellos se juntan: Porky, la puta de Megan y Jackie la marimacho.

Continuó apretando para retirar el mensaje hasta que vio un dibujo de su rostro con un agujero en la boca.

"Joto pelirrojo te la come con gusto"

Aquello lo hizo sentir mucho peor. Leyó otras menciones, parecía como si todo el pueblo estuviese enfrentado.

"Alejen a sus hermanas de Frank Cooperson"

"¡Muérete Brenner!"- aquella mención siempre le daba escalofríos

Salió del baño y habló a solas con Meg.

  - ¿Hablaste ya con Shanon?- preguntó

  - Si, hablé con ella, perdonar es un privilegio que no tengo porqué darle, pero si con eso te quedas tranquilo, hemos hecho las paces ¿Vas a ir al campeonato de lucha?

  - No puedo Meg, hoy empiezan a arreglar el tejado de mi casa, también tengo que ir al trabajo

  - ¿Todavía sigues en el trabajo?- preguntó Britts.

  - Tengo que seguir en el trabajo, al menos hasta que arreglemos el tejado o encuentre otro mejor.

  - ¿Y un poco antes del trabajo quieres darte una vuelta? Vamos a comer en el Devenson's- preguntó Montgomery- ¿A qué hora entras?

  - Voy a hacer los deberes y prefiero descansar, tengo que estar todo el día ayudando a mi madre a hacer aperitivos para los que vengan a ayudar.

  - Bueno, si luego puedes ya sabes...- insistía Jack.

Al llegar a casa soltó la mochila en su cama y miró debajo. Sus dulces no estaban.
Fue entonces cuando se percató de que el mural hecho de recortes de revista había desaparecido, así como el diario donde apuntaba el peso que perdía.
Le sorprendía haberse dado cuenta ahora de la falta de todo aquello. Evidentemente no iba a hacer preguntas. Cabreado se echó sobre la cama a hacer los deberes y tuvo una pequeña siesta.
Se despidió de su madre en la cocina antes de ir al trabajo y cogió su skate del patio trasero.
Al llegar al trabajo vio al señor McFlair en la puerta cubriendo su cabeza, parecía muy alterado.

  - ¡Jason! ¡acércate! ¿Que significa todo esto?

Observó los escaparates, rotos y llenos de huevos.

"Marica traidor"- se leía en letras rojas hechas con spray.

Se quedó sin palabras ante la insistencia del señor McFlair de una explicación.

  - ¿Que es esto, Jason?

  - No lo sé, le juro que no se nada, se lo juro no le estoy mintiendo.

  - Entenderás que esto no puede volver a ocurrir.

  - ¡No fue mi culpa! No sé quién lo ha podido hacer.

  - Jason, estás despedido. No puedo tener personas metidas en problemas trabajando en mi establecimiento, te di una oportunidad a pesar de lo que mi hija me dijo de tí. Pero me vas a salir muy caro, yo no estoy en tu contra, pero no puedo darte trabajo en mi empresa.
 
  - Esta bien- tragó saliva y respiró hondo.

  - Espero que tengas suerte para encontrar otro trabajo.

Jason se llevó el bordado de su uniforme de trabajo y entregó el mismo.
Se marchó a casa arrastrando los pies, destruido.

- Las cosas no pueden ir a peor- dijo. No podía alcanzar más miseria en un mismo día, o eso pensaba cuando vio a Jeffrey en su jardín junto con el resto de personas que venían a ayudar, trayendo materiales para el tejado y prestando mano de obra.

  - Vaya, Jason- le saludó como si nada, incluso de una forma animosa y efusiva mientras este se cruzaba de brazos, casi abrazando su pecho para protegerse.

  - Se han acabado los vasos del café ¿Podrías traerme uno?- preguntó- solo si os queda.

Jason fue a la cocina, le pidió a su madre un vaso y se lo entregó a Jeffrey.

  - ¿Que tal todo? ¿Te ha comido la lengua el gato?

  - ¿Que quieres de mí?

  - Nada ¿Está todo bien?

  - Si, lo está.

  - Pues a juzgar por lo que me he enterado te iban a echar del trabajo y acabo de ver a tu madre llamar a un psiquiatra en el pasillo.

  - Lo segundo te lo has inventado.

  - No dirás lo mismo cuando te metan en un manicomio.

  - Si voy a un manicomio primero te arrastro a la cárcel.

  - Veo que sigues con eso y te niegas a olvidarlo.

  - ¡Me has arruinado la vida!

  - No es mi culpa que tomes pésimas decisiones entre las que están tener sexo conmigo.

Jason apretó el vaso con fuerza haciéndolo explotar, después gimió del dolor porque se cortó la palma de la mano y derramó el café ardiendo sobre ella.

  - ¿Eso también es culpa mía?

Miró su herida y después observó a Jeffrey. Echo a correr a casa, subió las escaleras y sacó el botiquín para curarse la herida. Después se miró al espejo y respiró hondo.
Su reflejo le sonreía, con una mirada fija y compasiva.

  - Estás perdiendo la cabeza- le dijo.

  - ¡No estoy loco!- gritó Jason y de marchó del baño enfadado, dando un portazo.

Entonces vio a su madre, al bajar las escaleras junto al teléfono, con el libro de la noche anterior en las manos, no había visto a Jason entrar.
Efectivamente estaba llamando a otro psiquiatra, Jeffrey no estaba equivocado y con este segundo le estaba pidiendo cita.
Ella notó que estaba bajando las escaleras.

  - Jason...

  - ¡No quiero ir al psiquiatra, no estoy loco!- exclamó y bajo rápidamente los escalones que le faltaban saliendo de la casa.

Se cruzó de brazos y miró a su alrededor. Detrás de él su padre estaba en una escalera arreglando el tejado con la ayuda de un tipo del vecindario.

  - ¡Jason! ¡No hace falta que te quedes más aquí, ya están servidos todos los invitados! ¡Puedes darte una vuelta- exclamó su padre desde el tejado.

Jason se marchó sin despedirse y comenzó a caminar lejos. Podría ir al campeonato de Jack pero no le apetecía hacer nada, solo desaparecer de dónde estaba Jeffrey.
Estaba a punto de darle una crisis y sus pies no paraban de atorarse en la nieve.
Fue en ese momento cuando se dio cuenta de lo mucho que peligraba su cordura.
Entonces vio a Clark a lo lejos, como si se tratase una vez más de un juego del destino, que lo hacía cruzarse con él cada vez que necesitaba que lo salvaran del pozo en el que estaba cayendo.

  - Hola- dijo Jason mientras se sentaba a su lado, en un banco de la plaza del pueblo.

  - Hey ¿Que tal?

  - ¿Que haces aquí?

  - Probablemente me vaya de Culvert pronto, todavía estoy decidiéndolo. Quiero que mis hermanos aspiren a algo más que ser basurero. Este sitio es como una cápsula del tiempo, no pasan los años, las cosas no cambian. Es...Como el pueblo solitario

  - ¿Qué es el pueblo solitario?- preguntó Jason confuso.

  - Es de esa canción antigua de lo 50.

  - ¡Ni siquiera habíamos nacido! Seguramente no la he escuchado ¿Puedes tararearla?

Clark intentó hacerlo, pero no le salió muy bien. Jason escuchaba atentamente intentando recordar una melodía que se pareciese.

  - ¿Puedes cantarla?

  - No recuerdo la letra y canto horrible. No te prometo no equivocarme en algo.

  - ¡Inténtalo al menos!- dijo Jason riendo.

- There's a place where losers go, to cry their troubles away. And they call it 'Lonesome Town', where the broken hearts stay.

- ¡Ya la recuerdo! You can buy a dream or two to last you all through the years. And the only price you pay is a heart full of tears.

- Goin' down to Lonesome Town where the broken hearts stay...

-Goin' down to Lonesome Town to cry my troubles away...

- In the town of broken dreams, the streets are filled with regret. Maybe down in Lonesome Town I can learn to forget...

- Maybe down in Lonesome Town
I can learn to forget.

Se tomaron un pequeño minuto de silencio, que Jason rompió.

  - Pero el pueblo solitario no es un lugar real, se refiere a ese lugar que está dentro de nosotros, al que vamos para estar solos cuando no podemos más e intentamos reflexionar y salir adelante.

  - Yo siempre pensé que la canción hablaba de un montón de gente atrapada en un lugar horrible en el que sus sueños los mantienen vivos, pero se quedan solo en sueños. No había pensado en el pueblo solitario como un sitio ficticio para huir de un lugar horrible de verdad. Tareaba está canción de pequeño, pero hasta ahora no la he entendido.

  - Entonces Culvert es el pueblo de los sueños rotos y cada uno tenemos nuestro pueblo solitario al que huir.

  - ¿Que quieres hacer cuando salgas de aquí?

  - Bueno, tuve que dejar el instituto este año para trabajar y ni siquiera me gradué. Probablemente estudie en una escuela para adultos y me forme para ser médico. Quiero tener mi propia consulta, para cerrar siempre que haya vacaciones y estar con mi familia, además quiero tener mucho dinero. Se que tendré que trabajar y estudiar mucho pero valdrá la pena ¿Que vas a hacer tú?

  - Iré a la universalidad y seré biólogo marino.

  - ¿Que hace un biólogo marino?

  - Estudia a los los ecosistemas, la flora, la fauna del mar...

  - ¿Y por qué el mar?

  - Siempre me ha gustado el agua, desde que era muy pequeño. Aprendí a bucear para poder ver a los peces. Recuerdo que quería ser un pececito y quedarme a vivir ahí abajo. Una vez incluso estuve a punto de ahogarme porque no quería salir del agua.

  - ¿Cuanto estuviste?

  - Media hora, tragé mucha agua, tuvieron que llevarme al hospital.

  - ¡Media hora! ¿Pero cuántos años tenías?

  - No lo sé, unos 6 o 7 años.

  - ¿No sabías que te podías ahogar?

  -Si lo sabía, pero me gustaba estar ahí, simplemente no quería salir.

Clark se quedó en silencio.

  - A mí siempre me ha miedo bucear, nadar también, por si me ahogo. No sé lo que se siente bajo el agua.

  - Nada, no sientes ni piensas absolutamente nada, es muy parecido a estar muerto. Oyes tú respiración y dejas de existir, eres uno más con el mar o tal vez un pez...No se explicarlo es una sensación muy extraña, como salir de tu cuerpo y sentirte en paz. Ese día no me di cuenta cuando me estaba ahogando.

Comenzó a nevar y el pelo rojo de Jason se llenó de copos blancos.

  - ¿Vas a algún sitio?

  - Acabo de dejar a mi hermano en lucha, van a hacer el entrenamiento. El torneo empieza a las 20:00 y estoy haciendo tiempo.

  - ¿Quieres hacer un muñeco de nieve en el patio de mi casa? Hay comida, puedes pedir un café o unas galletas.

  - Estaría bien.

Jason se levantó y lo llevó al patio trasero de su casa, Jeffrey seguía en el delantero apoyado en la fachada con su mirada altiva.
Clark comenzó a hacer una enorme bola de nieve con la ayuda de Jason que daba palmadas para que se quedase compacta.
Cuando terminaron la cabeza fue a buscar una zanahoria para la nariz y una bufanda.
Clark puso dos piedras en los ojos y un par de ramas a modo de brazos.

  - ¿Como vamos a llamar a nuestro hijo?- pregunto Clark

  - Gorky

  - ¿Por que?

  - No lo sé, tiene cara de Gorky, es el nombre que le pega a un muñeco de nieve.

  - Pues entonces se llamará Gorky- dijo Jason en voz baja mientras se tiraba a la nieve para hacer un ángel de nieve.

  - ¿Que haces?

  - Un ángel de nieve, ven conmigo.

Clark se dejó caer junto a él.

  - Tienes nieve en las pestañas- le dijo.

  - Tu también

Jason comenzó a reírse, casi lloraba se la risa cerrando los ojos con las pestañas heladas y se abrazó a Clark.
La nieve continuaba cayendo sobre su cabello.

  - Deberías ponerte el gorro, vas a coger frío- dijo Clark.

  - No tengo frío- decía Jason apoyando su cabeza sobre el pecho de Clark.

  - Entra y ponte el gorro, te vas a enfermar.

  - Estoy bien...

Jason cerró los ojos y quedó en silencio.

  - ¿Jason?

  No respondía, aunque lo sacudía preocupado. Lo estuvo llamando un rato, hasta que solo abrió los ojos.

  - ¿Me oyes?

  - Si, ¿Por qué?- frotaba sus ojos cansado.

  - Estaba llamándote.

  - ¿Qué?

  - No respondías.

  - Solo cerré los ojos un momento porque tenía sueño- dijo Jason entre risas, no has dicho nada.

  - Vamos a entrar en tu casa, está nevando mucho y se está levantando viento.

  - Será mejor.

Ambos se fueron al cuarto de Jason, él le trajo chocolate caliente y una bolsa de malvadiscos.
También lo cubrió con una manta y se sentó junto a él, colocando otra sobre sus hombros.
Estaba más cariñoso que de costumbre, muy pegado a él.

  - ¿Como está Pauline?- preguntó Jason.

  - Bien, supongo.

  - ¿Habéis vuelto?

  - No, sigue con sus cosas, pero tengo fe en que volveremos.

  - ¿Entonces con quién vas a ir al baile de invierno?

  - No es algo que me haya plantado, no me preocupan tanto los bailes del insti y menos ahora que no estudio allí.

  - Bueno, en este pueblo...Si no fuera por los bailes del instituto estaríamos aún más aburridos todos los días durante el año. El de invierno es el más bonito, por eso es el único al que voy. Aunque este año me cole también en el de verano.

  - Nadie me ha pedido ir, así que a lo mejor ahorro el dinero. Estoy pagando clases de lucha a Junior y no tengo mucho dinero, aunque ahora mi padre nos está ayudando.

  - Entiendo, no es necesario que vayas, solo hazlo si quieres.

  - Podemos ir juntos, claro, eso si voy...No es seguro pero lo dejo ahí.

  - Me encantaría ir contigo...

  - ¿Irás a ver el torneo de lucha?

  - Jack me invitó así que supongo que sí.

Realmente no le apetecía ir, hacía mucho frío y cada vez nevaba más fuerte pero si venía Clark iría con tal de estar cerca de él.

  - ¿Que tienes en la mano?- preguntó Clark tomando su mano

  - Me corté con un cristal sin querer.

Tocó su cicatriz y Jason se quejó del dolor.

  - Tu manos tienen más heridas.

  - Es por cargar los cubos, me salen callos y cortes, las tengo muy ásperas.

Jason agarró una de ellas y acarició la palma.

  - Me gustan más las manos ásperas que las suaves, me parecen más sexys.

  - ¿Por qué? A mi no me gustan.

  - Bueno, hacen pensar que quienes las tienen han trabajado muy duro y son muy fuertes.

  - ¿Te fijas en eso cuando te gusta un chico?

  - Supongo que tú también buscaras las cosas que te atraen en las chicas.

  - No tengo un prototipo, supongo que no busco nada en concreto.

  - No creo que no tengas preferencias, a me gustan los chicos blancos, el color del pelo me da igual, aunque me gustan más los rubios. Prefiero los ojos oscuros que los claros y prefiero los altos, no saldría con un bajito. También me gusta que sean fuertes y delgados, lo último es muy importante porque nunca me fijaría en un gordo. El fisico es muy importante para mí.

  - Eso es un poco racista, Jason.

  - No es racista, yo no obligo a la gente a salir con pelirrojos, no entiendo porque no puedo elegir el color de piel que me gusta.
 
  - Pero no puedes reducir todo al físico.

  - No lo hago, lo más importante para mí es que me prometa que me quiere, lo demás es secundario.

Clark suspiró y sostuvo el hombro de Jason. Estaba preocupado por la salud mental de Jason.
Se terminó el chocolate y fueron al torneo de lucha, Jason se sentó junto a Clark apoyando la cabeza en su hombro.
Todavía no peleaba Junior ni Jack, pero si Gregory, había ganado a tres de sus contrincantes.
A Jason le incomodaba el ambiente, lo que para él era un simple deporte de niños de 12 años era una auténtica pelea para los padres.

  - ¡Gregory, te está ganando! ¡Túmbalo vamos!- gritaba el señor Cooperson.

  - ¡Rematalo, Jimmy! ¡Que no le levante!- gritaba otra voz, seguramente el padre del contrincante.

Gregory consiguió derrotarlo, los tumbaba en menos de 10 minutos, ya se había peleado con 8 y no había pasado ni media hora.
Junior llegó al campo de lucha asustado por tener que enfrentarse a su mejor amigo. Nada más sonó la campana lo tiró al suelo con una llave.
El siguiente era Jack, quién también había tumbado a todos de un golpe.
Gregory y Jack se miraron desafiantes en la pausa para el descanso. Quién ganase de los dos tendría la victoria.
Estaban sentados en una grada bebiendo agua y secándose el sudor.

  - Déjame ganar Jack, me van a mandar a un colegio militar. Por favor, todos lo han hecho, ayudame.

  - Si pierdo me sacarán de lucha, tengo que demostrar que soy bueno.

  - ¡Jack no volveré hasta los 15 años, por favor ayúdame, somos buenos amigos!

  - La lucha es la única forma que tengo de mantener vivo a mi padre, ganar este torneo es lo único que me demostrará a mis padres que se equivocan al creer que no puedo cumplir mi sueño de ser luchador solo porque soy una chica. Es mi sueño Greg, he soñado toda mi vida con esto.

  - ¡Por favor Jack!

  - No, Greg, jugaremos limpio, el destino decidirá quien gana y quién pierde como debe ser.

El árbitro los llamó, regresaron al campo de lucha y se prepararon. Sonó la campana y la lucha comenzó.
Jack tumbó a Gregory de inmediato y este no era capaz de levantarse.

  - ¡Gregory, levanta de ahí! ¿Vas a dejar que te gane una niña?- gritaba su padre furioso.

Gregory hacía fuerzas pero no lograba salir de ahí.

  - ¡O sales de ahí o ya no eres mi hijo! ¡Eres un marica!

Greg golpeó en la cara a Jack con el puño.

  - ¡Va en contra de las reglas!- exclamó Jack.

  - ¡Eres una chica, eso también va en contra de las reglas! ¡No deberías de estar aquí, esto son clases de lucha para chicos!

  - ¡No es verdad!

Gregory le arrancó la camiseta dejando ver su pecho vendado, Jack se cubrió lleno de vergüenza y le arrebató la máscara de tela que llevaba.
Todo el mundo pudo ver la cara de Greg, con aquellas horrorosas quemaduras, el ojo tuerto sin párpado y la oreja que le faltaba.
Jack se giró hacia atrás, entre las expresiones de horror estaban sus padres, distraídos, ni siquiera prestando atención. No se habían percatado de nada, estaban comiendo palomitas.
Gregory se cubrió el rostro, en una reacción tardía de vergüenza y después le quitó la máscara a la fuerza para ponérsela de nuevo.
El árbitro tocó la campana, Jack y Greg habían comenzado a pelear a puñetazos, chillando sin parar. Jack estaba en el suelo, recibiendo innumerables tortazos

  - ¡Se ha acabado! ¡Quedáis descalificados los dos! ¡Esto no es juego limpio, chicos!- retiro a Gregory de encima de Jack, tirando de su brazo.

  - ¡Ha ganado mi hijo!- exclamó el señor Cooperson mientras se alzaba- ¡Para mi eres un ganador, hijo! ¡No dejes que nadie este por encima se ti!

Megan bajó de las gradas rápidamente junto con Britts y Francine y fueron a traerle su camiseta de los vestuarios. Le ayudaron a ponersela y se quedaron abrazadas a él para consolarle con palabras de apoyo
A esto se unieron Jason y Clark y más tarde Montgomery y Jack.
Por último aparecieron los padres de Jack.

  - ¡Jack, que ha sido todo esto!- exclamó su padrastro.

  - ¡Él empezó!- contestó Jack señalando a Gregory, que escoltado por su padre y Vincent se abrazaba a su madre- me ha roto la camiseta

  - ¡Vuestro hijo es un salvaje y un sádico como vosotros!- gritó la madre de Jack.

  - ¡No permito que una inmigrante hablé así de mi familia! ¡Que sabrás tú si en tu país sois todos unos maleantes violentos!

  - ¿Maleantes? ¿Violentos? ¿Tu has visto a tus hijos?

  - ¡Yo por lo menos tengo una niña y no un enjendro!

  - ¿Enjendro? ¿Que tiene tu hija que la hace mejor que las demás?

  - Al menos parece una niña y no va con un pelo desastroso metiéndose en peleas, fumando, vistiéndose de hombre y hablando como un marinero. Cuando aprendas a criar a tu hija como es debido hablaremos. No debería de estar aquí peleando, si no la hubieseis dejado no estaríamos discutiendo.

  - ¿Está seguro de que no está describiendo a sus hijos varones?

  - ¡Vuelve a tu puto país!

  - ¡Deja de gritarle a mi mujer!

  - ¡Dile a tu mujer que ella es la que empezado a meterse con mis hijos!

El árbitro intervino entre los dos hombres.

  - Este espectáculo no es necesario, por favor le rogamos que usted y su familia abandone el local- se dirigió al señor Cooperson.

  - ¿Como? ¿Yo y mi familia?

  - Es su hijo quién ha empezado la pelea rompiéndole la ropa a su contrincante.

  - ¿Y qué pasa con mi hijo? Le ha dejado la cara descubierta, tiene la cara quemada. ¿Me ves lloriqueando? Tendrías que expulsarlos a ellos también.

  - ¡Mi hija lo que ha hecho es defenderse, tu hijo jugó sucio!- gritó el señor Stevens.

  - Abandonen todos el local ahora mismo.

Los Stevens se marcharon pero el señor Cooperson se negaba a salir.

  - ¡Usted no me echar de ninguna parte! ¡Esto es un país libre!

  - Si, pero esto es un establecimiento privado y me pertenece, así que tengo la libertad de echarle a usted.

  - ¡Me voy porque me da la gana, no porque usted me esté echando!- se dirigió a sus hijos y agarró a Gregory del brazo- ¡Nos vamos!

Mientras se marchaban, los amigos de Jack estaban allí parados, mirándose entre sí. A Junior le habían dado la victoria, pero estaba tan aturdido por la situación que no lo celebraba.
Se levantó desde el banco en el que estaba sentado observando y pegado a su hermano miró al suelo.
Nadie comentaba nada, fue Britts quien rompió el silencio soltando una risa.

  - Un día normal en Culvert- dijo Jason y soltó una pequeña sonrisa.

No todo eran risas para los Cooperson, su padre seguía maldiciendo en el coche.

  - ¡Ese hijo de puta cree que nos puede echar!- gritaba- ¡A mi, Howard Cooperson, que me jugué la puta piel por este país!

  - Nos has dejado en ridículo delante de todos- se quejaba Frank secándose las lágrimas- como siempre...

  - ¡Te estaba defendiendo, Frank! ¡Dejate de gilipolleces, solo cuido de vosotros que sois mi familia!

  - Me avergüenzas todo el tiempo, papá...Es constantemente, no hay un solo día en que no te pelees con alguien, ni siquiera en las vacaciones...

  - ¡Deja de llorar Frank! ¡Eres un maricón igual que tú hermano al que le ha pegado una niña! Encima que lo que hago es poneros en vuestro sitio delante de la gente que os quiere rebajar

  - ¡Había una chica que me gustaba! ¡Iba a hablarle pero ahora creerá que mi padre es un psicópata! ¡Estaba medio instituto allí! ¡Todos te han visto! ¡Y ahora sigues...! ¡Ni siquiera dentro del coche se termina este infierno!

  - ¡Este es mi coche y aquí sigo si me da la gana! ¿Me vas a decir lo que tengo que hacer en mi propio coche?

  - ¡Quiero bajar del coche, frena!

  - No voy a frenar el puto coche.

  - He dicho que quiero bajar- Frank abrió la puerta del coche y su padre aceleró.

  - Baja si tienes cojones.

Frank sujetaba la puerta abierta esperando a que llegasen a un semáforo.
Cuando bajó la velocidad saltó del coche, perdió el equilibrio y se cayó de lado
El coche de su padre continuó con la puerta abierta acelerando.
Otro coche que iba a toda velocidad frenó en frente de Frank al verlo levantarse. El conductor salió y lo ayudo a levantarse.

  - ¿Estás bien?- le preguntó cogiéndolo en brazos y colocándole en el asiento de atrás.

  - Ha saltado de esa camioneta en marcha- decía la mujer de aquel tipo.

Frank no respondía, tenía una mueca de dolor. Se había roto el pantalón al caer, solo tenía una raspadura en la rodilla.

  - Estoy bien, de verdad no me duele nada puedo irme.

  - ¿Estás seguro de que no quieres que te limpiemos la herida?

  - No, de verdad, muchas gracias

Frank se levantó y se marchó cojeando. La casa de Todd estaba en esa misma calle. Era un bloque de hormigón de tres pisos y se accedía a las casas por una escalera metálica exterior cubierta por la nieve.
Pego a la puerta y le abrió la madre del chico, con los rulos en la cabeza, bata y zapatillas y un bebé en sus brazos.

  - ¿Está Todd?- preguntó.

  - Tendrías que haber avisado si ibas a venir, la casa está muy desordenada. Pasa, Todd está en su cuarto.

Frank entró en el salón y recorrió el pasillo.

  - ¡Todd! - exclamó su madre- ¡Ha venido Francis!

Todd abrió la puerta de su cuarto e invitó a Frank a sentarse en su cama.

  - ¿Que hay de nuevo viejo?- preguntó en su tono usual de vacile.
 
  - ¿Que te ha pasado en la pierna, Doc?

  - ¿Esto? Un rasponcito de nada ¿Crees que a tu madre le importará si me quedo a dormir está noche?

  - No creo que le importe

  - ¿Que estabas haciendo?

  - Los deberes de clase, pero ya me queda poco. Si quieres después podemos ir al videoclub y alquilar una película.

  - ¡Si, estaría bien!

  Todd acabó las tareas y ambos salieron para ir al videoclub, pasaron un largo rato eligiendo una película y ojeando las revistas.
Finalmente escogieron E.T subieron a casa y metieron el VHS en el reproductor.
Sentados en el suelo frente a la televisión comiendo patatas fritas el tiempo se le pasó muy rápido hasta la hora de dormir.
Aquello fue una noche extraña para todos, Jack llevaba furioso toda la tarde porque le iban a quitar de lucha y durante la noche se fue nuevamente a las peleas clandestinas con su hermano mayor.
En la casa de los Cooperson el ambiente no podía estar más tenso pero acostumbrados a vivir horrores casi a diario no les costaba mucho conciliar el sueño.
Jason había pasado todo el día con Clark jugando con el trineo y ahora estaba frente a la ventana esperando verlo pasar. Quitó la humedad del cristal con la manga de su chaqueta y observo al camión frenar.
Clark bajó de la parte de atrás y cargó con dos contenedores hasta el camión, los volcó con dificultad y se quedó un rato parado hablando con su compañero.
Jason una mano dentro de los pantalones y otra apoyada en el cristal.
Cerró los ojos y gimió. De pronto escuchó unos pasos frente a su puerta, la sacó y miró hacia atrás.
No había sido nada. Suspiró aliviado y continuó con su tarea hasta que volvió a oír pasos bajando las escaleras.
Se dirigió al cuarto de sus padres y abrió la puerta, estaban ambos durmiendo alumbrados por la luz de la ventana.

"El fantasma de Culvert" - pensó y le recorrió un escalofrío, pero inmediatamente después pensó que seguramente se trataba de un ladrón.

Bajó a la cocina sigilosamente, en alerta y cogió en destornillador que se había quedado olvidado en la mesa y una linterna que guardaban en un cajón.
Un ruido provenía del salón, como si alguien estuviese rebuscando para encontrar objetos de valor.
Se asomó a la puerta y vio una silueta negra y altísima, como un hombre sombra parado en mitad del salón encorvado frente al televisor.
Apuntó a aquella criatura con la linterna a para descubrir a Bradley, tapando sus ojos por la luz.

  - ¡Pero que mierda estás haciendo en mi casa!- gritó.

Bradley corrió hasta la cocina perseguido por Jason que consiguió adelantarse y tapar la puerta del patio trasero.

  - Explicame que haces en mi casa ¿Eres tú el fantasma de Culvert?

  - Si, soy yo.

  - ¿Por que cojones te metes en casa de la gente? ¡Es muy siniestro! ¿Me has espiado mientras duermo!

  - No espío a la gente, solo la observo.

  - ¿Y que diferencia es? Las dos son allanamiento de morada! ¿Que es lo que vienes a ver? Te estás metiendo en la intimidad de la gente, en sus casas la gente hace cosas privadas en su intimidad ¿Te parece normal venir a husmear en lo personal?

  - Ya he dicho que no vengo a husmear, solo observo como un fantasma

  - ¡Voy a llamar a la policía!

  - No levantes la voz, nos van a oír tus padres.

  - ¿Por que no tendría que llamarla?

  - ¡Vengo a mirar porque no me gusta mi quevida! ¡Ya está, eso es todo! Me gusta ver las vuestras, no es porque tengan ser mejores o más felices, es porque no soporto la vida que tengo ¿Estás contento? Mi hermano y yo siempre os he tenido envidia a ti y a August, a ti sobre todo porque tus padres son un cielo. Todo el pueblo los quiere y ellos te adoran a ti porque eres su hijo, aunque a veces hagas cosas que no les gustan. Me gusta veros, es como una película en la vida real, así me distraigo.

  - ¡Sigue siendo jodidamente siniestro!

  - ¡Se que es siniestro!

  - ¿Les cuentas lo que ves a otros?

  - No, lo guardo todo en secreto, como si no lo hubiera visto. No le cuentes a nadie que yo soy el fantasma de Culvert y no llames a la policía.

  - No lo haré, pero no quiero volver a verte en mi casa nunca más.

Jason le abrió la puerta y Bradley finalmente se marchó.
Regresó a su cama pensando en lo último que Bradley había dicho.

  - ¡Díantres! ¿Como puede dormir la gente tan fácilmente? ¿No le da vueltas la cabeza?- se dijo a si mismo.

Frank celoso de él, eso explicaba muchas cosas, como que siempre que tenían que meterse con él usarán su pelo rojo o su peso por culpa de Frank. Realmente no tenía mucho más de lo que pudieran reírse, aunque él fuese una persona extraña o atípica. Pero ¿Conocía a alguien completamente normal?. Su mente dejó de dar vueltas y se quedó dormido.
Al despertarse se vistió para el instituto y bajó a la cocina con su mochila.

  - Hoy no vas a ir al instituto- le dijo su madre

  - ¿Por qué no?

  - Hoy tienes cita con el psiquiatra, siéntate a desayunar.

  - ¿Por que? No necesito ir al psiquiatra, no estoy loco.

  - Ir al psiquiatra no significa que estés loco, a él le podrás contar las cosas que no nos cuentas a nosotros para que así te podamos ayudar.

Jason observó el vaso de leche y la tostada.

«bebe la leche y mastica toda la tostada sin tragar, es pequeña, la escupirás cuando te vayas a lavar los dientes»

Jason hizo caso a Ab, se pasó todo el desayuno sin hablar para que no notasen que tenía la boca llena.

  - Abre la boca Jason, sin trucos- le ordenó su padre.

Rápidamente se tragó la comida y abrió la boca. Había aprendido a tragarla sin que bajase realmente por la garganta para regurgitarla después.
Su truco tuvo éxito, se marchó a lavarse los dientes y escupió la comida.
Después de eso fue llamado desde la entrada, era hora de irse.
El viaje en coche fue largo y pesado, por suerte la música en la radio lo acompañaba. Jason jugaba con su bufanda roja, abrochaba, desabrochaba los botones de su chaqueta marrón de piel con estampado azteca y también tocaba el forro de borrego que tenían las solapas del cuello.
Ansioso, no podía estarse quieto ni un minuto.
Llegaron frente a un edificio de pisos, en Columbia, bajaron del coche y montaron en un ascensor antiguo rejado.
La sala de espera de la consulta parecía casi tan antigua como el edificio, con sillones estampados, una mesa de madera maciza con patas gruesas sobre la que descansaban revistas de hacía un poco menos de un año.
Un reloj de cuco hacía un irritante tic tac. De pronto se escuchó una campanada que le soblesató y vio a un pajarillo que hacía "cucú", entrando y saliendo por una puertecita.
A la misma par sonó otro altísimo reloj de péndulo, que era casi una columna de madera.

  - ¡Que mal gusto tiene el psiquiatra!- susurró Jason a su madre señalando con disimulo los oleos de caballos, prados, casas y ríos que colgaban de la pared.

Su madre le sonrío y le puso una mano por encima del hombro.

  - ¿Jason?- preguntó una chica con bata blanca.

Él se levantó y fue acompañado hasta una especie de despacho.

  - Siéntate, Jason- dijo el psiquiatra y se colocó sus gafas redondas.
 
Nuevamente observó la sala, se fijó sobre todo en la enorme biblioteca que había detrás del hombre y en el grandísimo escritorio.

  - Bueno Jason, ¿Sabes por qué estás aquí?- le preguntó.

  - Por qué no quiero comer- contestó resentido.

  - ¿Crees que deberías estar hablando aquí conmigo?

  - No tengo ningún problema, estoy bien, así que no, estar delgado es mucho más sano que estar gordo. Estoy cuidando mi salud.

  - Hay formas de adelgazar sin que tengas que dejar de comer, lo que haces no es saludable.

  - Quiero hacerlo rápidamente.

  - ¿Por qué es tan importante para tí ser delgado?

  - Mi vida sería más fácil así.

  - ¿Tienes una meta?

  - 48 kilos, cuando llegue a ese peso volveré a comer, pero comeré poco para mantenerlo y haré mucho ejercicio

  - ¿Sabes que cuando pierdas todo ese peso y vuelvas a comer cogerás kilos más rápido?

  - Pues dejaré de comer otra vez.

  - ¿Sobrepasarías esos 48 kilos?

  - Aún no he llegado, si me veo bien pararé y sino seguiré sin comer.

  - ¿Cuanto mides?

  - 1,72

  - ¿Sabes que si bajas de ese peso podrías poner tu salud en muchísimo riesgo? Tu peso ideal son unos 52 o 53 kilos.

  - Lo se, se todo eso, pero me da igual.

  El psiquiatra sacó una hija de papel, la dobló por la mitad y la partió.

  - Vamos a hacer una cosa, vas a poner tu nombre en estas hojas y vas a escribir en una de ellas 10 cosas que te gusten y en otra 10 cosas que odies, eso me ayudará a conocerte mejor.

  Jason Steele

Cosas que me gustan:

  - Fumar
  - Delfines y animales marinos
  - Garfield
  - Montar en bicicleta y patinar
  - Bailar
  - el sexo
  - Comics
  - Bucear y nadar
  - Las gafas de sol
  - Los colores, mi favorito es el morado.

Cosas que odio:

  - Mi aspecto fisico
  - La gente que sonríe todo el tiempo.
  - Los chicos que van de machotes
  - Los estúpidos que se creen genios
  - Hipócritas.
  - Los pantalones de chándal.
  - Saltar el potro
  - Las agujas
  - Los hospitales
  - Pervertidos.

Comprobó que había 10 puntos en casa lista y se lo entregó al psiquiatra que se tomó unos segundos para leerlo.

  - ¿Tienes muchos amigos Jason? ¿Como es tu relación con la gente? ¿Pasas mucho tiempo solo?

  - No tengo muchos amigos. Ha sido así desde siempre.

  - ¿Crees que a la gente le cuesta entenderte?

  - Si.

  - Tus padres me han dicho que eres superdotado, tener problemas para encajar es común en personas como tú. ¿Cómo te va en el amor, Jason?

  - ¿Le cuentas lo que hablamos aquí a mis padres?

  - No, digo nada, pero ellos si me han contado cosas.

  - Mejor.

  - ¿Cuantos cigarrillos puedes fumar en un día?

  - Una caja entera

El psiquiatra apuntó aquello en un papel, de hecho llevaba tomando apuntes desde que había empezado la cita.

  - ¿Algún primer amor?

  - Malboro, los cigarrillos fueron mi primer amor.

  - ¿Desde cuándo fumas?

  - Desde los 10 años.

  - ¿Lo consideras una adicción?

  - Si, pero no puedo dejarlo.

  - ¿Por qué lo haces? ¿Que sientes cuando fumas?

  - Cuando estoy preocupado, ansioso, enfadado...Estoy así la mayoría del tiempo. Fumar me hace sentir una tranquilidad melancólica y menos hambre.

  - Dijiste que te gustaba el sexo ¿Has tenido ya experiencias?

  - Si

  - ¿Y como te has sentido?

  - ¿Emocional o físicamente?

  - Ambas

  - Emocionalmente como un puto trozo de carne, físicamente bien en la mayoría de los casos, pero de todos modos me han utilizado todas esas veces.

  - ¿Tu pareja te trataba bien?

  - Era manipulador, posesivo y celoso. Me hacía el vacío todo el tiempo, si no era a solas no me quería ni ver.

  - ¿Por qué no lo dejabas?

  - Si fuera delgado podría elegir de entre muchos chicos el que me trate mejor, pero como soy gordo, feo y vivo en un pueblo en el ojete de estados unidos me conformo con que se fijen un mínimo en mí porque sé que nadie lo hará.

  - Estar en relaciones así no es sano.

  - Se que no va a quererme nadie, intento aceptar que tendré que acostarme con quién me de un mínimo de cariño para sentirme deseable y odiarme un poquito menos.

  - ¿Haces eso?

  - Si, pero solo funciona hasta que el acto termina y después vuelvo a sentirme como una cerdo de mierda, raro y horrible, me doy cuenta de que han vuelto a usarme una vez más y no ha servido de nada pero se que volvería a hacerlo con tal de no sentirme asqueroso aunque sea por 30 minutos.

  - Tienes una visión muy distorsionada de tí mismo, te tengo aquí delante y no te veo ni feo ni gordo y lo mismo que yo veo lo ven más personas.

  - Lo dice porque es mi psiquiatra y su trabajo es convencerme de que coma porque mis padres te pagan, pero se que me mientes.

  - Vamos a hacer otro ejercicio, ahora vas a escribir 10 cosas que te gustan de ti y 10 cosas que no te gustan de tí.

Le entrego las hojas que había escrito antes y les dio la vuelta.

Cosas que no me gustan de mi:
  - Ser gordo
  - Mi pelo
  - Las pecas
  - Ser inteligente
  - Ser raro
  - Mis dientes
  - Mis ojos
  - Mi personalidad, porque es insoportable
  - Mi carácter
  - Mi mente

Cosas que me gustan de mi:
  - El color de mis ojos
 
Entregó ambos papeles, el psiquiatra los leyó y colocó sobre la mesa

  - Solo has escrito una cosa que te gusta de tí.

  - No se me ocurría nada, tendría que pensar mucho.

  - ¿De una escala del 1/10 cuánto crees que es importante ser bello en nuestra sociedad?

  - 8/10

  - ¿Y ser delgado?

  - Un 10/10

  - ¿Qué número le darías tu en la escala?

  - 10/10 a ambas.

  - Dices que odias ser inteligente ¿Por qué?

  - Las personas que más entienden el mundo siempre son las más tristes.

  - ¿Cambiarias tu inteligencia por la belleza?

  - No sabe lo mucho que he pensado en golpearme la cabeza hasta quedarme estúpido o al menos normal. Solo quiero ser una cara bonita con un cerebro vacío. Es una de las razones por las que no como, el hambre poco a poco me pudrira el cerebro y cuando alcance mi meta al fin me veré bien. Hermoso y vacío.q

  - ¿Pero y lo frágil que estarás por el hambre?

  - Bueno, la mayoría de las cosas hermosas son frágiles y efímeras.

- Te vas a matar poco a poco, esto es una enfermedad Jason y aunque no mueras cada día te vas restando vida.

  - Yo no tengo ninguna enfermedad- dijo con una amplia sonrisa- estoy perfectamente y no necesito su ayuda.

  - Piensa que nunca estarás satisfecho contigo mismo, cuando llegues a tu meta seguirás, todos lo hacen. Estás poniendo tu vida en un fuerte riesgo.

  - No voy a morir, pero si lo hago seré un bonito cadáver.

  - ¿No le tienes miedo a la muerte?

  - La muerte, la enfermedad y la soledad son lo que más me aterra, pero hay que arriesgar para ganar y estoy dispuesto a vencer mis miedos.

  - Jason, ¿Sabes que si dejas de alimentarte acabarás en un hospital psiquiátrico?

  - ¿A un psiquiátrico? ¿Por no comer? No estoy loco

  - No se trata de estar loco, tus padres me dijeron por teléfono que también te has hecho daño a tí mismo y has expresado tus ganas de no estar en este mundo desde que eras muy pequeño.

  - Si estuviese dentro de mí lo entendería, pero la psiquiatría es una pseudociencia.

  - No puedo ayudarte si tú no me dejas.

  - No quiero que me ayude.

  - Si sigues así van a ingresarte en algún momento, yo solo trató de evitarlo.

  - Mis padres nunca me llevarían a un manicomio.

  - Si tu vida pende de un hilo irás.

  - Se lo que estoy haciendo y no me van a convencer de que coma.

La cita había terminado, el psiquiatra miró su reloj.

  - Quiero que para la siguiente cita te describas a ti mismo, así que puedes escribirlo y preparártelo para que salga mejor. Es como una presentación.

  - Está bien, adiós.

Jason se levantó de la silla y se marchó, caminó rápidamente por el pasillo y se reencontró con sus padres.
Durante el largo viaje de coche sus padres hablaban entre ellos.

  - ¿Como ha estado tu cita?- preguntó su madre.

  - Muy bien

  - ¿Te has sentido un poco mejor?

  - Si.

  - Me alegro mucho, así tiene que ser- dijo su padre y retomó el tema anterior.

  - Oye mamá, hoy voy a comer con Jack en el Devenson's.

  - Está bien ¿Tienes dinero suficiente?

  - Si.

  - Vale, que os lo paséis bien.

Llegaron a casa, Jason llamó por teléfono para pedir los deberes, tardó menos de 30 minutos en hacerlo y se marchó a dar un paseo no sin antes coger dinero de sus ahorros.
Entró al minimercado y esperó frente al mostrador a ser atendido por el farmacéutico.

  - ¿Que quieres, Jason?- dijo en un tono serio Jason que de costumbre.

  - Una caja de cigarros y otra de laxantes.

  - Jason, tu padre me llamó por teléfono porque encontró laxantes en tu cuarto. Me ha pedido expresamente que no te venda ninguna pastilla y si lo hago tengo que llamarlo por teléfono e informarle.

  - Deme solo el tabaco entonces.

  - Le he dicho que compras siempre dos cajas y me ha dicho que una de ellas te la quedas para ti, así que también me ha encargado que no te venda más tabaco.

  - ¡Pero puede vender lo quiera, es su negocio! ¡Yo no soy tu responsabilidad!

  - Escúchame Jason, te he visto crecer, te conozco desde que no llegabas al mostrador y se que eres muy listo, algo estarás tramando para habernos engañado a mi y a tu padre. No se que quieres hacer con tantos laxantes, pero no quiero formar parte aunque eso suponga ganar menos dinero.

Jason no respondió.

  - ¡No diré nada, por favor, nadie los va a descubrir esta vez, tiene que dármelos...!- exclamó dejando ver una desesperación más que preocupante.

  - Jason no insistas, lo que sea que estés haciendo no es nada bueno.

  - ¡Le pago lo que quiera! ¡Hago lo que me diga solo demelos! Que me descubrieran fue un accidente, esta vez los esconderé mejor.

  - Jason, voy a contarle esto a tu padre, me preocupas. Esto no es normal tienes un problema

  - ¡No, no lo haga! ¡Se lo suplico!- gritó arrodillado a punto de llorar- ¡No diga nada!

  - No voy a llamar a tu padre, pero no quiero volver a verte por aquí intentando comprar medicamentos.

  - Está bien, te juro que no lo voy a hacer.

Jason se despidió con un gesto de mano y salió del minimercado.

  - ¿Que vemos a hacer ahora?- preguntó en sus adentros.

  - Hay mucha gente en el pueblo que te puede ayudar a comprar las pastillas. Pídele a alguien que no conozcas mucho que te las compre pasado mañana. Espera a que se acaben y busca cada vez a uno nuevo para que no sospechen. Sería muy raro que una misma persona comprase tantas pastillas.

  - Está bien.

Fue al estanco del pueblo y al supermercado del señor McFlair, eran los dos únicos sitios donde podía comprar tabaco y a ambos había llamado su padre diciendo que no le vendiesen ni un solo cigarrillo. Estaba jodido, pero no le sería muy difícil encontrar a alguien que le hiciese el favor de comprarlo por el.
En su paseo por el pueblo se acercó a la plaza en busca de algún candidato perfecto para hacerle ese favor.
Vio a Montgomery sentado en un banco junto con Jack comiéndose un sándwich.
Se acercó a ellos con una sonrisa falsa, tratando de ocultar que Montgomery le parecía un mononeuronal.

  - Pero si es Vicky el vikingo- dijo al verlo y se echó a reír.

"Idiota"- pensó Jason, sabía que no lo hacía para reírse de él sino con él, pero igualmente le resultaba molesto y ridículo.

  - Gomer, necesito que me hagas un favor- le dijo.

  - ¿Cuál?

  - Ir a comprarme una caja de cigarrillos, yo te doy el dinero.

  - Vale pero ¿Por qué no vas tú?- comenzó a reírse, en ese momento Jason se dio cuenta de que iba emporrado.

  - Necesito que seas mi intermediario, no pueden verme comprando tabaco.

  - Si si, pues descuida, mañana te traigo la caja al instituto. Dame el dinero.

Jason le dió el dinero disimuladamente.

  - Mañana nos hemos en el baño del insti- le dijo- Adiós Jack.

  - ¡Adiós!

  Continuó caminando en busca de un posible candidato a comprarle las pastillas.
En el camino vio un cartel en papel rosa.

Se busca canguro para dos niños, pago 20€ la hora. Suelen estar solos unas 3 horas por la tarde. Interesados llamar al teléfono. *Insertar teléfono*
(Sra. Malcom)

Aquello era una buena posibilidad de trabajo, como no tenía nada mejor que hacer fue a la residencia Malcom y pegó al timbre.
Le recibió la madre de los niños y lo invitó a sentarse en el sofá.

  - ¿Vienes para el trabajo de canguro? Esperaba que viniesen chicas...¿Quieres tomar algo, un café, un chocolate...?

  - Necesito el dinero, se cuidar niños, tengo mucha paciencia, no se arrepentiría de darme una oportunidad.

  - No lo dudo, conozco a tus padres, sé que eres muy trabajador y de buenos valores, aunque digan cosas de ti. Además que como les llevas solo 8 años se lo van a pasar mejor contigo que con una persona mayor.

  - ¿Que dicen de mí?

  - Bueno, que eres... Pero vaya, que eso no influye para cuidar niños, es cosa tuya y que te echarán del trabajo fue cosa de unos gamberros. Yo no apruebo la homosexualidad pero tampoco me gusta que haya ese ensañamiento, no le haces daño a nadie

Jason estaba sorprendido de cómo corría la voz de todo en el pueblo, llevaba toda su vida y aún eso le pillaba por sorpresa.

  - ¿Entonces...?

  - Mira, si quieres esta tarde te doy una oportunidad con ellos como a otros candidatos y ya que ellos elijan con quién se sienten más cómodos ¿Que te parece?

  - Genial.

  - ¡Annie, Richard!- les llamó.

Los niños aparecieron en el salón.

  - ¿Que pasa?- preguntó Annie.

  - Jason va a cuidar de vosotros esta tarde ¿Que os parece?

  - Vale- contestaron al mismo tiempo.

  - Bueno, yo me voy a trabajar en 10 minutos ¿Te sirvo algo?

  - No, no hace falta.

  - Vale, los niños meriendan a las 18, a veces se duermen una siesta. No le abras a nadie y si llaman al teléfono di que estoy trabajando y que llamen a parir de las nueve.

  - De acuerdo.

  - Bueno, hasta luego- se despidió la mujer cerrando la puerta.

Los niños se agarraron a las piernas de Jason.

  - ¿Juegas con nosotros?- preguntaron.

  - ¿A que queréis jugar?

  - Cuéntanos un cuento- dijo Annie.

  - ¿Cuál queréis que os cuente? ¿Caperucita roja? ¿Los tres cerditos?

  - Uno nuevo, inventado- pidió Richard.

  - Vale- Jason los tomo en brazos y se sentó con ellos en el sofá- dejadme que piense un poco ¿De qué queréis que hable la historia?

  - ¡De amor!- exclamó Annie.

  - ¡Que rollo, estoy harto de las princesas! ¡Que sea de fantasía!- se quejó Richard.

  - Puedo inventarme uno que tenga las dos cosas y que no tenga princesas.

  - Siiii.

- Pero queremos que sea un cuento especial, que tenga un final diferente.

  - ¡Eso, un cuento en el que no coman perdices!

  - Un cuento triste, como la vendedora de fósforos, para que no sepamos que va a pasar.

  - ¿Estáis seguros de que queréis un cuento triste?- se aseguró Jason extrañado.

  - Bueno, un cuento feliz pero también triste. Un cuento que tenga muchas cosas, como la sirenita.

  - ¿Queréis que os cuente el cuento de la pececita? Era mi cuento favorito, se lo inventó mi hermano mayor, puedo hacerle algunos cambios.

  - ¡Siii! ¡Cuéntalo!- exclamaron los niños ilusionados.

  - Está bien. Érase una vez un mundo mágico bajo el mar, tan tan profundo que ni los submarinos podían llegar. Allí vivían solamente, en un enorme castillo, un montón de pececitos. En ese lugar todos, jugaban todo el día, se querían mucho y eran felices. Sin embargo esos pececitos no eran peces cualquiera, tenían una misión muy especial.
Había un pez grande, le decían el "el Pez Gordo" y era el papá de todos los peces.
Pez Gordo, de vez en cuando, elegía a algunos pececitos para que subieran al mundo de los humanos y les trajesen su amor y felicidad.
Aquello era el mayor honor y todos los pececitos intentaban ser siempre muy buenos para que los eligiesen.
Un día Pez Gordo se acercó a una pececita naranja que se llama Nina y le dijo que ese día se iría a vivir a la tierra.
Ella estaba muy ilusionada, tenía muchas ganas de ver lo que había fuera del agua y contárselo al resto de los peces.
Sin embargo, Pez Gordo le dijo que una vez se fuera no podría volver, además, no recordaría su vida como pececita, aunque en ocasiones le vendría la sensación de pertenecer a otra parte.
Nina no quería marcharse del mar, pero debía cumplir su misión.
Pez Gordo la transformó el una niña humana con el pelo rojo como el fuego y la advirtió de que en el mundo de los humanos había cosas horribles y de que ella como pececita, sería más sensible y frágil al dolor.
Ella a pesar de eso aceptó.
Cuando la niña iba creciendo se daba cuenta de que los humanos tenían sentimientos horribles como el odio, la envidia, el dolor, la tristeza. Ella intentaba cumplir su misión trayendo la felicidad y la alegría a las demás personas pero muchas veces, aunque ella los contagiase de su alegría ella se llenaba de sentimientos dolorosos.
Mientras más tiempo pasaba, la pececita estaba más herida y sentía que no encajaba en ese mundo, aunque no recordara su vida de antes. Ya no tenía más fuerzas para seguir haciendo felices a los demás y se volvió una niña triste.
Un día la pececita estaba triste asomada a su ventana y vio a un chico en un gran coche parar frente a su casa.
Ella se enamoró profundamente de él, tanto que todos los días se asomaba a la ventana para verlo, pero ella había recordado de dónde venía y quería volver nadando a su hogar porque no aguantaba más estar en ese doloroso mundo.
Nina una noche se fue a la playa y se metió en el agua, dispuesta a nadar hasta el fondo del mar.
Sin embargo el chico apareció allí para convencerla de que no volviese al mar, ella le explicó que era un pececita y que no quería vivir en un lugar tan cruel como la tierra pero el chico se fundió en un beso de amor verdadero y le prometió darle todo el amor del mundo, con tal de que se quedara en la tierra.
Le dijo todas las cosas bonitas que hay en el mundo y le animó a seguir en la tierra, diciéndole que aunque fuera un pez, era casi idéntica a un ser humano.
Ella sabía que por mucho que se pareciese por fuera a los demás, por dentro siempre sería diferente y así que con su ayuda, yo se hizo lo suficientemente fuerte para seguir en la tierra. Fin. ¿Os ha gustado el cuento?

  - Pero la pececita ¿Como iba a volver a su casa si los humanos no podían llegar a las profundidades?- preguntó Annie.

  - Es verdad, además los humanos no pueden respirar debajo del agua y en ese mundo solo podían estar los peces.

Jason se paró a pensarlo por un momento y entendió que ese inocente cuento de su hermano tal vez tenía un trasfondo bastante oscuro.
En la versión que a él le contaba el protagonista era un pececito llamado Blue y no existía un amor romántico, sino por parte de su familia que representaba al fin de al cabo la del propio Jason.

  - Bueno, es un cuento, como ella había sido un pez primero a lo mejor podía regresar. Ya son casi las seis ¿Queréis que os haga la merienda?

  - Si- dijeron a la vez.

Jason se levantó y se fue a la cocina.

  - ¿Que os hago?- preguntó alzó la voz.

  - ¡Sandwich de jamón y queso y leche!- gritó Annie.

  - ¡Yo quiero lo mismo!

Jason regresó con la merienda y la colocó sobre la mesa de centro. Encendió la televisión, puso dibujos animados y se sentó con ellos hasta que llegó su madre.
Los dos niños estaban durmiendo y Jason los arropó.
Ella entró junto con su marido y cerró la puerta con llave.

  - ¿Se han portado bien?- preguntó en voz baja.

  - Si- contestó Jason dirigiéndose a la puerta.

  - Espero que no te hayan dado mucha guerra.

  - No, han estado muy tranquilos.

  - ¿Te importa que te page solo 15 dólares y te de los otros 5 cuando nos veamos otra vez? No tengo más en efectivo.
 
  - Está bien.

Jason cogió los billetes y los dobló para meterlos en el bolsillo más pequeño de su pantalón.

  - Muchas gracias por todo Jason, ¿Podrías dejarme el teléfono de tu casa por si te contrato?

  - Si, claro.

La señora Malcom cogió un bloc de notas adhesivas amarillo y un bolígrafo.

  - Puedes escribirlo aquí.

Jason arrancó una de las páginas y escribió su teléfono junto con su nombre.

  - Bueno, voy a pegarla en la nevera, si luego no te contrato te llamaré también para avisarte. Muchas gracias por todo.

  - A ti, hasta luego

Jason se marchó y caminó por la nieve, la capa era más gruesa y sólida y sus pies ya no se quedaban enterrados.
Entró en casa y dejó el dinero sobre la mesa.

  - Para el tejado- dijo.

  - ¿De dónde lo has sacado?- pregunto su padre.

  - He estado trabajando de canguro para la señora Malcom.

  - Eso está muy bien, el tejado pronto estará listo.

  - ¿Te ayudo a poner la mesa, mamá?

  - Si hijo, pon el mantel y los cubiertos.

  - ¿Y te va a contratar como canguro?- preguntó su padre.

  - Dice que me llamará si me contrata pero parecía satisfecha.

  - No tienes porque darnos todo el dinero que ganes.

  - Ya, pero el tejado...

  - El tejado se arreglará, iremos pagando poco a poco la deuda con los vecinos y ya está.

  - Ya pero quiero que esté ya arreglado y no me gusta que le debamos dinero a nadie.

  - Mañana otra vez van a venir a ayudar, cada vez le queda menos.

Su madre sirvió la cena, era algo ligero, una ensalada y pescado. Se acabó la cena y se fue a dormir pensando en el atracón del día siguiente.